Es pronto para saber lo que la pandemia mundial se ha llevado o lo que ha dejado tambaleando. Pero algunas cosas ya se vislumbran.

Entre las ideas culturalmente aceptadas en los paises llamados desarrollados la de que las residencias de ancianos son una buena solución parece que va a resisitir. Recibió el impacto de cientos de miles de ancianos y ancianas contagiándose y muriendo. Ahora que están vacunados y vacunadas la idea se recupera e incluso se refuerza: más seguros que allí no pueden estar.

Maite Alberdi no es psicóloga, ni psiquiatra, ni geriatra, ni socióloga. Es una documentalista o cineasta chilena que opina sobre todo esto cuando le entrevistan debido al éxito de su documental “El Agente Topo” en todo el mundo.

Y puede hacerlo con propiedad tras horas y horas de observar por la lente de una cámara como, por ejemplo, a muchos entierros de ancianos y ancianas que morían en una residencia de Tercera Edad no acudía ningún familiar. Lo asombroso es que cuando ella lo rodó en China todavía ningún murciélago había pasado el virus a ningún pangolin.

Eso le permite afirmar que esta pandemia ha llegado sobre otra que ya existía: la de la soledad de las personas mayores.

En una entrevista en El Cultural (digital) afirma:

Hemos pasado de que los mayores vivan en las casas, más integrados en el entorno. Luego nos fuimos a vivir a casas más pequeñas y las residencias se convirtieron en los hogares de las personas mayores. Lo que pasó fue que esa partida a la residencia implicó una desconexión social, comenzamos a aislarlos. Tiene que ver con todo, la familia, la política y los medios. Viven al margen. (…)

El problema son las etiquetas, como hablar de ser mayor. No hay una mirada unívoca sobre la tercera edad. Hay señores como Sergio que abren el periódico buscando oportunidades laborales porque necesita completar su pensión o quieren estar activos o señoras de ochenta años que todavía quieren encontrar el amor y se quieren casar, otra que tiene Alzheimer y otra que lo que quiere es que la vayan a ver (…)

Quiero creer que la gente no es tan mala. Pasa un poco como la relación con tus amigos, que piensas que vas a llamar y no te das cuenta y pasan meses y no lo haces. Uno tiene otra relación con el tiempo y para los ancianos sus familiares tardan una eternidad en ir a verles, pero la gente no lo siente así porque te pasa la vida. Hay una pandemia de la soledad que estaba arraigada antes de esta pandemia.

Hay muchos documentales muy buenos que cuentan además historias magníficas. Pero debe haber muy pocos que la historia del propio documental sea tan interesante como su contenido. La historia de una cineasta que pretendía una cosa y se encontró con otras más valiosas porque fue capaz de ver más allá de su propio proyecto. La historia de un anciano desastroso para el espionaje pero sabio sobre la vida. Y las historias luminosas de personas apagadas por el celemin de los condicionantes socio-económicos de nuestra cultura.

Un documental que te deja sonriendo mientras te preguntas: vale, quizá las residencias de ancianos sean buenas… pero ¿para quién?.

Un comentario en “Documentando: Bueno… ¿para quién?

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