UN PAÍS COMO TUTOR DE RESILIENCIA

En “Made in Spain. Como un país cambio mi forma de ver la vida” de James Rhodes (Editorial Plan B. 2020)

En 2017, con tres maletas, cuatro palabras de español y un cansancio tremendo, me instalé en España. Ni me imaginaba el impacto colosal que esto iba a tener en mi vida. (…)

En mi experiencia, de vez en cuando y si tenemos mucha suerte, se nos presenta una ocasión de volver a hacerlo todo. De empezar de nuevo. Otro comienzo. Es decir, plantearse la vida de una manera distinta. Digo de vez en cuando, pero en realidad es algo superinfrecuente. Las segundas oportunidades son una cosa. Tener la posibilidad de volver a empezar de cero, con una nueva familia, nuevos amigos, una cultura, un hogar, un país, una forma de vivir distinta… Bueno, es algo espectacular. Una especie de programa de protección de testigos para gilipollas que han desperdiciado su primera versión de la vida (…)

…muy de tanto en tanto y por un golpe de gracia, logramos acceder a una misteriosa, excepcional y recóndita fuente de resiliencia y energía, que nos brinda la capacidad de reescribir nuestros últimos capítulos. Tal como dejó escrito el difunto y genial C. S. Lewis: «No puedes volver al principio y cambiarlo, pero sí puedes empezar por donde estás y cambiar el final».

Hace escasos años se me presentó esa oportunidad. Una ocasión de cambiar para siempre, y a mejor, el curso de mi vida. Recibí algo de ayuda en el camino, algún que otro empujón, alguna sorpresa esporádica e inesperada del universo, pero, harto de pasar tantas horas desgraciadas en la sala de espera del infierno, de verme arrastrado por una vida que me estaba matando y deprimiendo a partes iguales, decidí que ya estaba bien y cambié de país, de idioma, de identidad y, finalmente, de nacionalidad. Casi de un día para otro. Y no fue tan difícil como podría pensarse. Por extraordinario que parezca, la verdad es que fue algo tan fácil, natural, sosegado, ordenado, divertido y agradable que se lo recomiendo a cualquiera a quien le apetezca hacerlo. La versión sencilla y corta es que, al igual que una serpiente que muda de piel, en el transcurso de un fin de semana básicamente me deshice de la mochila de mierda que había llevado toda la vida, me despedí de casi toda la mierda insana, pesada y tóxica de la que había estado rodeado, cogí un avión e inicié muy entusiasmado, aunque con ciertas dudas, la vida que me correspondía vivir en vez de aquella que me había tocado por error, por culpa de una tremenda cagada cósmica perpetrada por los peces gordos que gestionan el almacén de la vida. Si lo pienso ahora, la verdad es que tenía bastante sentido que eligiese un país que, por lo visto, se gusta muy poco, algo que manifiesta con una pasión de lo más arraigada. Un amigo mío me decía en broma que, si me pusiera delante cien chicas para que yo eligiera una con quien salir, de forma instintiva escogería a la más dañada emocionalmente y me enamoraría de ella al cabo de unas horas. Los traumados nos reconocemos unos a otros. Tenemos una especie de radar para detectar a las personas disfuncionales y destrozadas. Y, aunque se trata de algo rotundamente falso, según mi experiencia, España se ve justo así: disfuncional y destrozada. Quizá sea la herencia de una brutal guerra civil, de la dictadura, los apuros económicos, demasiado sol, El hormiguero, la corrupción política, la paella de Jamie Oliver…, yo qué sé, pero, por lo que yo he vivido, cuando les dices a los españoles que te encanta su país, instintivamente hacen todo lo posible por decirte que no tienes ni puta idea. Y pueden ser bastante persuasivos. Quizá por eso quiero tantísimo este sitio. Si habéis leído mi primer libro, Instrumental, lo entenderéis a la perfección. Mi vida ha estado llena de confusión: la he sobrellevado entre el desconcierto y el miedo, la escasez de calorías y los subidones de cortisol, corriendo para no caerme o en estado catatónico, inmóvil, tratando de olvidar. No tenía ningún concepto de lo que era un hogar, de lo que eso significaba. Mi casa siempre me había parecido una zona de guerra. Había tenido un padre ausente y narcisista, una madre que no se enteraba de nada ni de nadie que no fuera su diálogo interior, rotundamente ensimismado y ansioso, y cuya salud mental andaba lo bastante mal para que ese diálogo siempre se expresara en voz alta, para que nunca se quedara en el interior, donde procuran mantenerlo todos los lunáticos respetuosos. La seguridad no existía. El mundo dolía. Yo estaba menguado. La confianza era inexistente. Fiarse de algo era inimaginable.

Comentario: 1) Conocía ejemplos de tutor de resiliencia no humanos: un animal, una actividad, un deporte… pero ¿un país? Lo añado a la lista. Aunque quizá no sea exactamente eso sino lo que Boris Cyrulnik lleva expresando desde siempre: una cultura. A Cristian Andersen su cultura le ayudó, a Marylin Monroe, le destruyó. 2) Otra vez la idea de resiliencia como Opción o Plan B. Y la frase de mi querido C.S. Lewis para enmarcar. 3) “Los traumados nos reconocemos unos a otros” ¿Quién te va a entender mejor que quien ha pasado por lo mismo que tú? 4) El lobo se disfrazó de oveja (ver “Instrumental”) para atacar al corderito ya herido.

ORIENTARSE PARA ORIENTAR

En “Educar sin GPS. Una visión global de la crianza para que disfrutes por el camino” de Ares González (Editorial Planeta. 2020)

…sobre los tres grandes problemas a los que nos enfrentamos los padres y las madres del mundo actual. En primer lugar, vivimos en una constante infoxicación. La cantidad de información que recibimos relativa a cómo educar y criar a nuestros hijos e hijas es tan grande que es muy difícil procesarla y ordenarla (…)

Al final, con tanta información, en vez de aclararnos, nos confundimos y dudamos. Es muy difícil seleccionar cuáles son buenas fuentes educativas, porque algunas incluso se contradicen y es posible que en ocasiones sigamos criterios con los que no nos sentimos bien porque lo hemos leído o nos lo ha recomendado alguien. Así es como llegamos al segundo problema: distinguir lo importante de lo secundario. ¿Qué es lo que necesita un niño o una niña para desarrollarse completamente? ¿Qué es necesario para vivir una vida en familia con bienestar y equilibrio? (…)

La infancia de hoy en día lo tiene todo: más cosas (juguetes, complementos, ropa, alimentos), más libertad (puede hacer lo que quiera, se respeta más su desarrollo y necesidades), más información (cuentos, juegos, dispositivos digitales…) y, sobre todo, más velocidad (un ritmo adulto lleno de estrés). Esta vida apresurada y trepidante arrastra a los padres a estar menos tiempo con ellos o, cuando estamos, no estamos disponibles. Esta falta de presencia hace niños menos autónomos y con mayor dependencia hacia el adulto (…)

Si sumamos todo este volumen de información a la cantidad de mensajes diarios sobre cómo lo deberíamos hacer con nuestros hijos, al final nos afecta y aparece el síndrome de la madre perfecta. La autoexigencia se apodera de nuestras vidas, queremos llegar a todo y de repente descubrimos que pesa más el agobio que el disfrute de estar en familia. Nos quemamos, nos agotamos y vivimos la crianza desde el estrés.

Comentario: ¿Cómo puñetas iba yo hace 20 o 30 años a sitios que no había ido nunca? Me cuesta hasta recordarlo. Pero si lo hago me llegan olores de aventura, de logro… que nunca he sentido con el navegador. En todo caso me parece una buena metáfora para padres y madres: orientarse con una brújula y un pequeño mapa o croquis y dejar de esperar que nos digan y confirmen a cada momento lo que tenemos que hacer. Ares propone 6 ejes para esta brújula: presencia, cuidados, autonomía, límites, permitirles “ser” y bienestar familiar. Los compro.

Un comentario en “Leido este mes (Abril de 2021)

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