Creo, aunque no estoy seguro, haber expresado en este blog mi miedo a que el avance, en los últimos años, de las neurociencias nos lleve a una despersonalización del comportamiento humano: no fui yo, fue mi amigdala; mi nervio vago me impide quererte; estaba con la oxitocina por los suelos; soy un buen tipo pero con demasiada testosterona…

Por eso hoy traigo dos ejemplos en los que una grave alteración neurológica, por enfermedad o accidente, privó a dos personas de unas funciones neurológicas fundamentales y, sin embargo, no por ello se rebajó ni un ápice su dignidad humana.

En un caso la lesión le privó de 12 años de recuerdos. Cuando lo visitó en el hospital a los pocos días de su accidente de coche su hijo era un tiarron con barba de 20 años. Pero su último recuerdo de él era llevándolo al colegio el día que cumplía 8 años. Todos los recuerdos intermedios de él y de todo el mundo borrados de su cerebro.

En el otro caso lo que se borrró no fue la memoria sino la capacidad de comunicarse con palabras o con gestos. Al no comunicarse los de «fuera» pensaron que dentro no había conciencia pero esta seguía intacta. Encerrado en su propio cuerpo durante 13 años contemplando a todo el mundo sin poder expresar «sigo aquí».

No me cabe duda que la experiencia les cambió como persona. Pero conocer su experiencia podría enseñarnos muchas cosas sobre la complejidad del SER humano y lo irreductible que es a una faceta o rama del saber.

El primer caso lo he conocido a través de la serie italiana «Doc». Una mezcla perfecta entre «A propósito de Henry», «Anatomia de Grey» y «House». Rastreando en internet para confirmar que está rodada en Milán me encuentro que está inspirada en el caso real del doctor Pierdante Piccioni.

Si pones su nombre en un buscador obtendrás suficientes reseñas sobre su caso al hilo del estreno en España de la serie. Y supongo que también, debido a ello, algún día alguna editorial española publicará la traducción de alguno de sus libros en Italiano.

De la información que he podido obtener me quedo con dos ideas. La primera es que señala que lo malo de perder los recuerdos no es perder las imágenes, los sonidos…. sino perder las emociones asociadas a ellos. Es curioso que lo que es una bendición para la recuperación de un trauma psícológico puede ser una desgracia para el bienestar psíquico.

La segunda idea con la que me quedo es que la verdadera transformación personal para Piccioni no vino de la pérdida de la memoria sino la experiencia de pasar de médico a paciente, lo que le convertido en un profesional mucho más empático.

El segundo caso me llega por el simpático algoritmo de mi cuenta de la plataforma TED que periódicamente me hace recomendaciones según mis intereses que él conoce mejor que yo mismo. Esta vez ha acertado, sin duda.

Se trata de la historia contada, con ayuda del preciso apoyo tecnológico, de Martin Pistorius.

Tiene traducción en castellano

También puedes leer su historia puesto que existe edición en España de su libro

3 comentarios en “12 y 13 años menos

  1. Javier, no sé si tu post ha tenido un ataque de olvido y nos has dejado con las ganas de saber para qué aprovechabas que los años son importantes. Muy interesante las vidas de estas dos personas y, sobre todo, el mensaje que trasladas; no simplifiquemos a procesos neurológicos obviando todo lo demás. El vídeo de Martín me ha dejado impactada. ¡Un abrazo!

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