Existe unas cuantas ocupaciones profesionales que implican tomar decisiones cruciales sobre la vida de personas desconocidas, como la de jueces y médicos. Otras en que los consejos o propuestas pueden afectar seriamente a los clientes, como en el caso de asesores fiscales o financieros. También algunas en que el juicio profesional puede inclinar la balanza en la decisión de otros, como en el caso de peritos o forenses.

La decisión de un o una profesora de aprobar o suspender también puede afectar a el o la alumna y a su familia. O el juicio de un responsable de recursos humanos de una empresa te puede dar trabajo o dejarte en la calle. Siendo esto importante en la trayectoria vital de las personas no es lo mismo que condenar a la cárcel, conceder permiso carcelario o plantear una intervención quirúrgica.

Hay decisiones también con menos peso como en el caso de los árbitros o jueces deportivos. Un partido perdido del Valencia C.F por una decisión arbitral injusta a mí me supone 10 minutos de cabreo, media hora a lo sumo. Gracias a Dios no me va la vida en que mi equipo gane La Liga.

Observo por tanto una gradación de más a menos en el impacto que ciertas decisiones profesionales tienen en la vida de las personas.

Y también observo diferencias significativas, y también gradación, en los anclajes que cada uno de estos campos profesionales tienen para realizar su tarea (normativa, pruebas diagnósticas, colaboración o consentimiento de la persona afectada, etc)

Un ejemplo claro es precisamente el de los árbitros, en este caso de futbol, que no dejan de dar gracias a los dioses por la implantación del V.A.R. No cabe duda de que su tarea ahora es más fácil. Otra cosa es lo que a los aficionados o futbolistas nos guste o no.

Pronunciarse sobre si un niño, niña o adolescente puede seguir viviendo con su familia, cuando se detecta que hay indicadores de que no se le está atendiendo como debía (por sus padres o por los recursos sociales) me parece que:

Uno. Está al mismo nivel de repercusión en sus vidas que la decisión de un juez o casi la de un médico.

Dos. Los procedimientos o instrumentos que tenemos, incluso algunas escalas de valoración al uso en algunas Comunidades Autónomas, siguen teniendo grandes niveles de subjetividad.

Tres. Rara vez el niño, niña o adolescente y su familia nos percibe como ayuda.

Cuatro. Te puedes ver en esa papeleta de la noche a la mañana, sin quererlo ni saberlo.

De ahí lo de «¿Quien amparará al desamparador?» y de ahí la importancia de un documento como el de Antonio Ferrandis en «Renovando desde dentro» que sirva de base para la revisión y la reflexión sobre esta difícil tarea.

Gracias Antonio por sintetizar algo tan complejo en unos cuantos folios.

Un comentario en “Blog de notas: ¿Quién amparará al desamparador?

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