Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Apoyo emocional’ Category

Sabemos que cuando un tutor de resiliencia es una persona que ofrece un apoyo emocional para la persona en dificultad o adversidad gracias a que le mira de una manera especial y distinta a la habitual. Como dice Jorge Font “todos nos reconfiguramos en la mirada de los otros”

Pero ¿qué es ese cambio de mirada más allá de una frase bonita o sugerente? Al igual que existe una neurociencia de la vista y la mirada física ¿podría haber una explicación neurológica del “cambio de mirada” psicológica?

Dos experiencias recientes me invitan a pensar que sí. Sirvan las líneas que siguen para compartir la primera y explorar este territorio.

Hace unos días me propuse, y así se lo dije al grupo de profesionales de la educación que me aguantaron en una Jornadas de Formación, llegar a su cerebro emocional a través de su cerebro racional. Probablemente no lo conseguí. Pero ¿por qué este empeño?

Simplemente porque sabía que una charla académica sobre los efectos a medio y largo plazo de la negligencia y el maltrato en las estructuras neuronales de los niños duraría en ellos y ellas lo que tardaran en llegar a sus casas. Sin embargo, si conseguía que durante la charla su amígdala o su hipocampo reaccionara de alguna manera, aunque fuera con la pena, se produciría una emoción y los datos quedarían mucho mejor fijados. Quería sensibilizarlos, no hacerlos más sabios.

Amígdala cerebral

Cuando al día siguiente hice un post con la síntesis de la intervención David Montejo que trabaja de director de un Centro de Menores aportó, en varios interesantísimos  comentarios, la idea de lo difícil que es poder ver más allá de la conducta de los y las menores con los que trabaja cuando cuestiones administrativas, convivenciales, etc te ponen la propia amígdala y cerebro emocional al rojo vivo. Quizá la lectura del post le había ayudado, cual extintor intelectual, a apagar su quemazón de una larga y estresante jornada laboral (no olvidemos que uno de los componentes esenciales del Cansacio de los buenos – antes llamado Burnout – es el cinismo y la despersonalización)

Pero ¿es suficiente este viaje del cerebro emocional al cerebro superior o racional? (Probablemente es el cielo que proponen los idólatras de la ciencia: la felicidad proviene de conocer) Para distanciarse sí. Pero para para cambiar de mirada, no.

Porque dejaremos de ver a ese niño o niña, usuario o usuaria, cliente o clienta… como alguien que me fastidia todo el rato y podremos verlo o verla de una manera más objetiva, como una víctima y no como un verdugo. Y quedará clavado con alfileres en una tabla de madera para nuestra regocijo intelectual. Hasta que en un movimiento inesperado libere una de sus brazos y nos suelte un nuevo bofetón en plena cara.

Me temo que el apoyo emocional que ofrece el o la tutora de resiliencia sólo es posible si se da un viaje a la inversa. De las neuronas del cortex superior otra vez al cerebro inferior, de forma que, al menos alguna neurona apartada de nuestro cerebro emocional, se encienda cual cerilla. Basta una simple cerilla para ayudar a alguien a encontrar la salida de una habitación a oscuras. De la misma manera que bastaron los ojos llorosos de compasión de una jueza para que el jóven Tim Guenard la empezara a llamar “madre”.

Y dado que el cerebro emocional reacciona cuando algo nos asusta, sorprende, desconcierta, etc ¿qué mejor que intentar conectar la situación de la persona a la que tenemos que ayudar con alguna vivencia (experiencia+emoción) propia? (algunos psicólogos y neurocientíficos empiezan a afirmar que la felicidad proviene del conectarse con otros y otras)

En conclusión: Cuando alguien que debe recibir tu ayuda te mate, inflamando tu cerebro emocional, enfriate mandándolo a tu razón intentando comprenderlo. Pero si lo dejas allí la siguiente embestida producirá el mismo efecto. Así que intenta mandarlo de nuevo al cerebro emocional y encontrarle un sitio más adecuado. Y desde allí quizá surja una nueva mirada.

El cerebro emocional reacciona a un ataque con emociones y sentimientos negativos y probablemente con una muy de moda: la indignación. Pero también es el territorio de la compasión y de una emoción muy poco tratada e interesante: el asombro. Para profundizar en ella me remito a Catherine L´Ecuyer, su blog o su libro.

¡Que fácil es indignarse ante un hijo o hija adolescente! (yo lo hago tres o cuatro veces al día) Pero también lo es asombrarse y admirar la transformación de niño a hombre, de niña a mujer (yo lo hago tres o cuatro veces al mes) Pero todo es ponerse.

Dice magistralmente el cantautor Migueli en una de sus canciones “Según me coloco, me encuentro a la gente o no veo ni a Dios” Podríamos parafrasearle:  “Según me colocó (en mi cerebro) me encuentro a la gente o no veo ni a Dios“.

En el próximo post intentaré analizar la influencia del tiempo (pasado, presente y futuro) en el cambio de mirada.

Read Full Post »

¡Kanamori vuelve!

Desde que alguien me recomendó al documental “Pensando en los demás” es rara la charla o el curso donde no haga referencia a él o cite los especiales planteamientos y métodos del profesor japonés Toshiro Kanamori.

Estoy preparando una sesión sobre emociones y resiliencia para un grupo de profesores y profesoras, y como es más que probable que lo conozcan sólo quería usarlo de excusa para lanzar una sospecha que empiezo a tener (¿No nos estarán vendiendo una cabra con lo de la “Inteligencia emocional”? pero eso es para quizá otro post)

Y para ello pensaba usar el contraste entre los comentarios elogiosos a éste profesor de un columnista digital con uno de los comentarios de un lector (seguramente profesor o profesora) mucho más hostil:

51 .- Con que los nenes escriben sobre lo que sienten respecto a determinados acontecimientos. . . y ¿no hay ninguno que se niegue a escribir? ¿a ninguno se le ha olvidado el boli? ¿ninguno le dice al maestro Kanamori que eso es un coñazo? ¿ninguno pregunta que para qué tienen que hacer eso? ¿ninguno faltó a clase ese día? ¿ninguno le pregunta qué significa “acontecimiento”? En fin, aquí lo quería yo ver.

Y en esto estoy cuando descubro que existe más material sobre Kanamori. Se trata de un video con un monólogo del propio Toshiro sobre su manera de entender la educación. A pesar de que “voy pillao de tiempo” con lo que tengo que abordar el lunes, no he podido dejar de traer este material al blog.

 Emociones

http://whatonline.org/i/what-sobre-el-futuro-toshiro-kanamori/

Por si no te apetece verlo tre copio el texto de presentación del video de la plataforma propietaria (WHAT)

 ‘La felicidad viene de la conexión entre seres humanos’.

Después de ejercer como profesor de primaria durante 38 años en diferentes escuelas, se retiró en marzo de 2007 y actualmente es profesor del Departamento de Educación Infantil en la Universidad de Hokuriku Gakuin (Japón). A través de su idea de educación ‘Empatiza con tus amigos para ser feliz’, Kanamori investiga, desde los años 80, diferentes vías para trabajar directamente con las personas y la naturaleza. En el documental ‘Pensando en los demás’(Children Full of Life), producido por la NHK (Televisión Nacional de Japón) se muestra lo que sucedió en una de sus clases a lo largo de todo un curso. Este documental obtuvo un gran éxito que se tradujo en la obtención de varios premios y una gran difusión y repercusión mundial. Su trabajo ha conseguido llamar la atención de la comunidad educativa, pero también ha logrado el reconocimiento de otros sectores que pueden parecer más alejados, como el de la salud.

Read Full Post »

Recojo el reto de Conchi Martínez en su último post de compartir, como ella, el Encuentro con Tim Guénard y su mujer este pasado fin de semana en Valencia.  Pero para no repetirme con Conchi me voy a centrar en la intervención de Tim no el viernes sino el sábado en la Universidad Cardenal Herrera CEU de Valencia.

Y dentro de éste me voy a centrar en aquello que yo llamo idea sugerente e indeleble. A diferencia del viernes que tengo 6 ó 7 folios de anotaciones el sábado decidí escuchar. Y escuché. Y muchas cosas me gustaron pero básicamente una es la que me sorprendió y no necesitaré nunca apuntármela para recordarla.

Pero antes tengo que dar dos pinceladas del contexto del Encuentro.

La Sala Magna estaba llena y sobre todo estaba llena de gente muy joven. También me consta que bastantes de esos jóvenes tenían historias difíciles.

Y la metodología del encuentro fue sencilla. Se dio por hecho que todo el mundo conocía la historia de Tim (cosa que quizá no fue lo más acertado) y directamente el moderador y traductor (Gabriel Gerez) le formuló dos o tres preguntas que dieron para probablemente hora y media de intervención de Tim. Después 4 ó 5 personas pudieron preguntarle también.

Si hubo un tema estrella fue el del perdón. Fue la primera pregunta: ¿Cómo has podido perdonar a tus padres tras lo que te hicieron pasar? Y la pregunta rebotó en otras personas que habían pasado por lo mismo.

Sé que a Iñigo y Sagra (de www.dandovueltas.es) y a la gente de ADDIMA les gustará saber que Tim se refirió a la importancia de la mirada de los otros. Pues bien. Para mí ha dejado de ser una metáfora.

Porque una de las personas que le pidió que insistiera en el tema del perdón, ya que ella se había sentido completamente rechazada por su madre, estaba sentada delante de mí. Y mientras intentaba secarse las lágrimas, pude ver la mirada de Tim hacia ella. Una mirada que expresaba ternura, sencillez y respeto. Si tuviera que resumir su respuesta sería algo así como (no son palabras textuales pero creo que recogen el espíritu de las suyas) “No tengo respuesta para tus sufrimientos. No hay varita mágica. Pero aquí estoy. Y seguiré pensando en ti y espero (tengo esperanza) que algún día nos volvamos a encontrar y me cuentes que te has topado con gente buena que te ha ayudado a perdonar, a soltar lastre, y a seguir adelante”.

Algo que yo, desde el extremo opuesto a la sencillez de Tim, un día describí como “reconocimiento del dolor + acompañamiento + nada más (y nada menos)”. Sólo que en su caso, encarnado y, en mi caso, sólo elaborado intelectualmente.

Pero una vez acogido el dolor del otro y el suyo propio (“De pequeño yo imaginaba que mi padre cambiaba. Que alguien lo metía en una lavadora lo limpiaba, lo centrifugaba y al abrir yo ya tenía un buen padre… Pero llegó un momento que la imaginación ya no servía para sobrevivir)  Tim se abre al mundo de las posibilidades y se niega a quedarse en el de los determinismos. Lo pasado, ahí está, pero lanza una propuesta sorprendente:

Si tus padres no te han querido, has sufrido la violencia, su desamor… no puedes cambiarlo pero te voy a enseñar a robar un padre o una madre. Y además nadie te meterá en la cárcel por ello.

Porque eso es lo que él hizo. Observar la vida. Y le llamaba la atención que había padres distintos a los suyos. Padres que querían a sus hijos. Y eso le atraía. Llegó a seguir a un padre y a un hijo por la calle (y no atracar el banco que pensaba atracar) porque vio como el padre lo besaba y le decía “estoy orgullosos de ti”. Pudo superar el miedo a repetir la historia de sus padres en el momento de su boda gracias al ejemplo de un jefe que tuvo que lo consiguió.

En concreto le dijo a otra persona que expresó también el dolor de su historia: Cuando conozcas a un hombre bueno piensa “es mi padre”. Y de hecho contó varias historias en las que el mismo ha sido adoptado como hermano o como padre por algunas de las personas acogidas en su casa.

Me parece sugerente esta idea de robar padres y madres. Porque ¿no hacemos algo parecido en el sistema de protección? Les quitamos padres a niños y les damos otros (adopción) o les colocamos en una familia para que otros hagan “como de padres” (acogimiento).

¿Y por que no lo pueden hacer los propios niños y niñas? ¿Por qué no les podemos decir: quien hay en tu vida que se merece ser tu padre o tu madre? Tus padres, por su propia historia quizá, no se merecieron ese nombre pero ¿a quién se lo podrías otorgar? ¿A quien te hubiera gustado poder llamar papá o mamá? ¿Y quien te lo impide?

Tú amigo Juan tenía una buena madre, muy distinta a la tuya… róbasela. La madre de Juan fue un poco tu madre. Tu profesora de inglés te miró de otra manera, te sentiste acogida o acogido por ella. Róbasela a sus hijos. Nómbrala en tu interior tu madrina.

Recuerdo que Francoise Doltó decía todos los padres (biológicos) hay un día que adoptamos a nuestros hijos (biológicos) de lo cual yo al menos puedo dar fe.  Pues Tim Guénard viene a decir algo igual pero en la otra dirección. No puedes cambiar a tus padres (por mucho que lo imaginaras y desearas cuando eras niño) pero si puedes adoptar padres y madres.

Todo esto puede parecer sentimentaloide, cursi o abstracto pero mirado con una cierta perspectiva es algo, al menos para mi, copernicano. Algunos “inteligentes” como nos llamaría irónica y cariñosamente Tim, nos devanamos los sesos en cómo plantar tutores de resiliencia en la vida de la gente que sufre.

Tim Guénard va en la dirección opuesta (pero complementaria). Simplemente y llanamente le dice a quien sufre. ¡Observa! ¡Busca tus tutores! ¡Yo los tuve! ¡seguro que tu también! Así de sencillo. Así de directo.

Porque Tim Guénard no es un teórico de la resiliencia. Tampoco un resiliente (héroe o superhéroe). Es simplemente un testigo de la resiliencia. Y da testimonio de ella.

Su único mérito (según el mismo) es el de la valentía de haberse atrevido a vivir la vida a pesar de los pesares. La de ser un tipo duro capaz de decirle a su mujer y sus hijos “Te quiero”.

Pero para ello necesitó del ejemplo y el encuentro de muchas personas que, como el dice, con su mirada plancharon sus arrugas. Personas que, según sus sus creencias, puso el Big Boss (Gran Jefe) en su camino.

Y, por cierto, para los que comparten sus creencias cristianas un apunte:

Sugerente también su comentario de que el mandato divino no es “Amarás a tu padre y a tu madre” sino “Honrarás a tu padre y a tu madre” (dice que aún no sabe lo que significa honrar – pero que no le preocupa, ya lo entenderá- pero que al menos sabe que Dios no le ha exigido nunca amar a sus padres)

En todo caso. Yo también he leído en el Evangelio lo de “Odiarás a tu padre y a tu madre” como expresión de la necesidad de romper un día el cordón umbilical que nos sigue atando a ellos más allá del nacimiento. Y a los psicólogos hablad de “Matad al padre” en la misma línea.

Pero nunca había oído que se podían robar padres y madres.

Y habrá que seguir dándole vueltas.

P.D.

Durante el Encuentro y cuando Tim animaba a los jóvenes a no tener miedo de repetir la historia me acordé que un día escribí un cuento pensando en una joven madre a la que le pasaba esto mismo. Bernardo Ortin tuvo la osadía de incluirlo, junto con otros muchos, en su libro “Cuentos que curan”.

Si eres familia de acogida o trabajas en un centro de menores quizá algún día te pueda ser útil. Está en la zona de descargas pero te lo dejo aquí.

Read Full Post »

Hace un tiempo me di cuenta (es que soy mentalmente lento) que de los cursos, talleres o conferencias a las que asisto al cabo de un tiempo sólo recuerdo alguna idea que él o la docente expresó y que a mi me pareció tan sugerente o interesante que se me fijó en la memoria y ya no la he olvidado.

idea

Estas ideas permanecen en mi memoria incluso cuando, en alguna ocasión, se me borra el nombre de quien me las transmitió. Muchas veces van envueltas en forma de metáfora; otras envueltas en una anécdota; a veces en una experiencia personal…

Incluso he llegado a evaluar un curso, taller, etc. o a un autor en función del número de ideas sugerentes que me aportan. Incluso puedo decir que si de un curso me llevo dos ya me parece fantástico. Y con una… me conformo.

No cabe duda que las ISI (ideas sugerentes e indelebles) son personales e intransferibles. La que lo es para mí puede no serlo para otra persona. Entonces, y si para mi son indelebles y no necesito apuntármelas, y pueden no ser sugerentes para otros ¿por qué recogerlas?

Por lo mismo que cuando a una persona le chifla una canción le encanta que gente cercana a ella la escuche… ¡con ella! (aunque al otro quizá no le acabe gustando). Y ¿no es acaso un blog una forma de conectarse compartiendo ideas, experiencias, noticias…?

Un ejemplo, para mí muy claro, de ISI es la de la comparación que Boris Cyrulnik hace en algún lugar (recuerdo la idea pero no la fuente) de la salud mental de los ex-combatientes norteamericanos de la Guerra del Vietnam con los ex-combatientes norteamericanos de la Segunda Guerra Mundial. Cuando intentas explicar su idea del doble golpe o la doble herida observas las caras de desconcierto o no entender del auditorio. Pero cuando lo explicas con el anterior ejemplo, ineludiblemente todas las caras al unísono se relajan y asienten.

Y hablando de doble herida quiero compartir otra ISI relacionada con ésta y que, ésta vez, no he escuchado sino leído en el libro de Bernard Rimé “La compartición social de las emociones” (DDB). En el capítulo 8 sobre respuestas bienvenidas y no bienvenidas al la expresión del sufrimiento se habla del fenómeno de la “muerte vudú”

hechicero

En las tribus o pueblos donde se practica el vudú en ocasiones el hechicero lanza alguna maldición sobre alguna persona y, en ocasiones, y al cabo de unos días esa persona llega a morir.

La explicación psicológica se basa en dos fenómenos. Un primer proceso de profecía auto-cumplida. La noticia de la maldición provoca síntomas ansiosos que son interpretados como las primeras manifestaciones del hechizo entrando en una espiral auto-mantenida. Pero esto se agrava con la reacción del entorno que sabedor de la maldición la evita, se aleja de ella y la aísla.

La persona se convierte así en un “muerto en vida” y esta brutal reacción del entorno lo empuja a la desesperación y el sinsentido.

No podemos olvidar que muchas personas víctimas de un acontecimiento trágico expresan que desde ese momento tienen un sentimiento de “no pertenencia” (ya no soy como los demás). Pero como bien señalan las investigaciones y trabajos que recoge Rimé también el que escucha a la víctima desarrolla un pensamiento de “no pertenencia” al mundo de la víctima (Lo que le ha pasado es horrible, a mi no me ha ocurrido y no puedo estar a su nivel. A él lo torturaron, a mi no; a ella se le ha muerto un hijo, a mí no….)

Por eso cuando en las Jornadas de ADDIMA se nos preguntaba cómo debemos reaccionar ante la expresión del dolor por parte del otro yo sólo me atreví a responder que: reconociendo su dolor + acompañándole+ ¡Nada más!

Pero debía haber añadido: desplegando un puente con él a efectos de prevenir la “muerte vudú”

 

Pero como una cosa es que una idea sea una ISI y otra bien distinta es que yo la explique bien voy a copiar las conclusiones del capítulo del mencionado libro, y que me parecen magistrales (las negritas son mías). Si te basta con mi torpeza expositiva puedes dejar de leer. Pero yo te recomiendo que sigas.

Todo ello esperando que la editorial no me riña sino que lo considere como propaganda del libro y homenaje a su publicación

“Conclusiones: la preservación del lazo social:

    Las situaciones desgraciadas les son extrañas a la gente sana. Por tanto, generan en ellos un buen número de actitudes inapropiadas: torpeza, ansiedad, evitación, minimización, denegación, reprobación o denigración. Un mismo motivo subtiende lo esencial de esas manifestaciones. Es el de la propia protección ante una amenaza simbólica difícilmente tolerable, que constituye para ellos la exposición a la desgracia humana.

Entre las respuestas inapropiadas de los sanos, aquellas de las que dicen sufrir más las víctimas son la falta de reconocimiento y de implicación. Podemos extraer indicaciones importantes sobre la demanda social implícita de aquellos que sufren. Éstos saben que su experiencia negativa forma a partir de ese momento un compuesto indisociable de su personalidad, pero al propio tiempo experimentan el carácter fundamentalmente alienante de esta nueva parte de sí mismos; los coloca al margen del mundo al que han pertenecido hasta entonces. Los sentimientos de soledad y de ansiedad que engendra esta alienación son difíciles de soportar. La demanda implícita que esas personas dirigen entonces a su entorno apunta a la invalidación radical de la alienación. Esta demanda se articula en dos tiempos. Primero, ellos quieren reconocimiento: que sus allegados e incluso la sociedad entera admitan y validen incondicionalmente esa parte nueva de su identidad. A continuación, quieren implicación: que sus allegados se comprometan en su caso, que le aporten amor, intimidad, adhesión, ayuda, apoyo y asistencia. Mediante tales actos, los allegados garantizarán el carácter inalterable del vínculo que los une a la víctima. Darán prueba de facto de que ese lazo transciende los riesgos del destino, y que aquel que sufre sigue siendo objeto de las mismas atenciones sociales que en el pasado.

rime ¿Por qué es tan importante preservar el lazo social para aquel que sufre? El análisis del fenómeno de la “muerte vudú” propuesto en otro tiempo por Walter Cannon permite responder a esta pregunta de manera ilustrativa. En la cultura vudú, se le reconoce al brujo el poder de echar una maldición a un miembro de la comunidad. Cuando quiere ejercer este poder, el brujo apunta con un instrumento simbólico hacia su víctima. Posteriormente, ésta se va deteriorando y muere en un plazo de tiempo relativamente corto. Las descripciones antropológicas de este fenómeno intrigaron al gran fisiólogo de la emoción. Su lúcido análisis puso en evidencia las condiciones para que sea posible esta condena a muerte (Cannon, 1942). La condición más fundamental es la creencia consensual en el poder del brujo: es el origen del impacto emocional de la condena en la víctima. Ella cree en esa condena. Los importantes cambios fisiológicos que resultan de ello alimentan a continuación en esta víctima un análisis confirmatorio: se toman los síntomas emocionales como las primeras manifestaciones de los efectos de la maldición. Pero lo esencial viene después, con las manifestaciones del entorno. En la comunidad que comparte esa creencia, la víctima del brujo es a partir de entonces tratada como alguien que ya no pertenece al mundo corriente, al mundo de los vivos. Desde ese momento, la situación evoluciona rápidamente: las emociones de la víctima se acentúan, los síntomas se agravan, deja de cuidarse a sí misma, su estado se degrada. Muere en algunos días. Dos procesos diferentes se han combinado así para desembocar en esta ejecución a muerte social: el primero se deduce del poder simbólico atribuido al brujo; el segundo es el efecto de la exclusión social consensual. El ejemplo muestra de manera caricaturesca las consecuencias confirmatorias dramáticas que pueden resultar de la exclusión social cuando ésta se manifiesta en dirección a una persona predispuesta ya a creer que su destino está sellado.

    A los ojos del que sufre, lo que acarrean las manifestaciones de su entorno de evitación, minimización, denegación, reprobación, denigración o ansiedad es claramente un sentido de aislamiento y de exclusión social. Y a la inversa, justamente sentirá su integración social salvaguardada mediante demostraciones de adhesión, escucha incondicional y comprensión empática con respecto a él. Toda manifestación del doble afán de reconocimiento-implicación será portadora de esta significación social. Cuando la víctima lo experimenta claramente, lo esencial está a salvo. No es entonces exagerado decir que el afán de reconocimiento-implicación representan el ABC de las respuestas que hay que dar ante la expresión de la desgracia.

    La doble tarea sobre la que acabamos de insistir está lejos no obstante de ser lo único que esperan las víctimas. Deben añadirse otras dimensiones importantes de apoyo social y, en particular, el enfoque cognitivo, con la información, el análisis y la ayuda para la comprensión de la experiencia emocional, así como las dimensiones de asistencia concreta e intervención pragmática. El desarrollo de los capítulos siguientes nos ayudarán a despejar lo que en profundidad está también en juego en esas dimensiones.”

Read Full Post »

Desde hace años han sido muy orientadores para mi los comentarios de Boris Cyrulnik (llevaba unas cuantas entradas sin citarlo) sobre la importancia de la reacción del entorno ante el dolor de la víctima.

Siempre me ha parecido que la idea de que la reacción del entorno ante el sufrimiento de una persona puede ser tan dolorosa o más como la desgracia en si misma era algo que saltaba a la vista.

Y cuando quiero convencer a alguien del argumento (en alguna charla o curso) sólo tengo que poner el ejemplo (o mejor dicho EL EJEMPLO con mayúsculas por inapelable). El de los ex-combatientes norteamericanos en la guerra del Vietnam.

Como el propio Cyrulnik señala estos tuvieron un porcentaje muchísimo mayor de trastornos mentales en los años siguientes a su regreso que los ex-combatientes de su mismo país en la Segunda Guerra Mundial. No parece que esto se pueda explicar por las características de las dos contiendas. Las escenas vividas por unos y por otros no debieron ser muy diferentes. Emboscadas, explosiones, compañeros mutilados, conflictos morales, miedo, pánico….

Sin embargo cuando los de la primera guerra regresaron fueron recibidos y tratados como héroes. Homenajes, monumentos… Y una población receptiva a escuchar sus relatos.

Pero los segundos tuvieron la desgracia que gran parte de la sociedad norteamericana se puso en contra de la participación en el conflicto en Vietnam. Y aunque resulte paradójico el movimiento pacifista causó estragos en los ex-combatientes. Les dijeron que iban a defender no sé qué valores pero cuando regresaron no eran héroes sino “asesinos de niños vietnamitas”. El patio no estaba para ir contando su dolor. Ellos ya no eran las víctimas sino los verdugos.

Pero no hace falta irse a la guerra para experimentar todo esto. Todos tenemos experiencias de relatar a alguien un sufrimiento y nada más empezar a hablar darnos cuenta de que mejor hubiera sido quedarnos calladitos.

Pero esta entrada no es para volver a darle vueltas a lo mismo sino para compartir que he descubierto que existen investigaciones concretas sobre todo esto.

Se pueden conocer en el libro “La compartición social de las emociones” de Bernard Rimé (2011) editado por DDB. El autor es doctor en Psicología, profesor de psicología en la Universidad de Lovaina e investigador del Centro de Investigación para el Estudio del Comportamiento Social de esta universidad.

En la tercera parte del libro se analizan la expresión de las experiencias emocionales negativas. Y el capítulo primero de esta parte (el 8 del libro) tiene un título muy significativo “Respuestas bienvenidas, respuestas no bienvenidas”

El autor nos introduce claramente:

El malestar ante el sufrimiento ajeno

El encuentro con una persona afectada por una experiencia emocional negativa importante es un problema para cualquiera. Muchos datos muestran que en presencia de víctimas, los comportamientos de las personas “no víctimas” están generalmente lejos de ser apropiados (…) Toda persona que es “víctima de las circunstancias” o que ha sido “golpeada por el destino”, ya se trate de un accidente, una enfermedad, malevolencia, duelo, u otros tipos de dramas, también desencadena manifestaciones de este tipo y se encuentra pues confrontada a la angustia y al malestar que suscita a su alrededor de forma totalmente involuntaria.” (No sé si tiene sentido citar la página cuando se consulta en una edición digital “comprada-lo-prometo”, que puede depender del software para su lectura)

En los últimos decenios, la psicología social ha mostrado interés por estas dificultades que todos experimentamos ante víctimas de experiencias penosas. Wortman y Lehman (1985) han descubierto tres causas principales.”

Me salgo de las comillas para sintetizar:

1.- La ignorancia.

No se tiene un bagaje experiencial suficiente para ponerse en lugar de la víctima y lo más probable es que se subestime el tiempo que se necesita para reponerse de un acontecimiento de esa índole (“Vale, vale… es muy gordo lo que le ha pasado pero ya ha pasado una semana y todavía…”)

2.- El espectro de la vulnerabilidad humana.

Tendemos a vivir cotidianamente como si fuéramos invulnerables, como si nada malo nos fuera a pasar. Por eso cuando la desgracia cae en alguien cercano cual disparo de francotirador, tomamos conciencia repentina de nuestra propia vulnerabilidad.

Si además la persona que escucha el dolor del otro tiene en su interior la teoría implícita del “mundo justo” (cada uno tiene lo que se merece) es muy probable que nos defendamos haciendo a la víctima responsable de su desgracia. (“No te habrían agredido si…”)

3.- La alienación.

Vuelvo a las comillas porque es imposible decirlo mejor.

“El mundo de la vida cotidiana es un mundo donde todo va bien. La fatalidad y la desgracia están activamente descartadas por efecto del consenso social. La gente no cesa de confirmarse mutuamente que forma parte de este mundo privilegiado. En cada encuentro, nos preguntamos los unos a los otros “¿va todo bien?” y todos respondemos a esta pregunta ritual afirmativamente. Y es especialmente así cómo se constituye el tranquilizador mundo de la vida cotidiana. En este contexto, la confrontación con alguien a quien “no le va bien” equivale pues a encontrarse ante un extraño. Esa persona es diferente. Forma parte de otro mundo. Ha atravesado acontecimientos o circunstancias que no pertenecen a la vida ordinaria. Es extraña al tranquilizador mundo de la vida cotidiana. El sentimiento de alienación que surge en el encuentro con ese persona será tangible por ambas partes”

La última frase me trae a la memoria el testimonio de Jorge Font (ya reseñado en este blog) cuando dice que tras su accidente de esquí acuático que le dejó paralítico le invadió un sentimiento angustioso de no pertenecía. (“Yo ya no soy como el resto”).

Pero nunca había pensado que ese mismo sentimiento es el que puede distanciarme de la víctima (“Ha pasado por algo terrible. Ya nunca será normal como yo”)

Y termino esta entrada con la investigación a la que en realidad me refería al principio:

Los efectos conjugados de la ignorancia, del sentimiento de vulnerabilidad y de alienación convierten en innumerables las respuestas inapropiadas que pueden tener lugar en el encuentro con una persona angustiada. Una lista establecida a partir de varios autores (Ingram, Betz, Mindes, Schmitt y Smith, 2001; Wortman y Lehman, 1985) recuerda particularmente los siguientes elementos:

    • la molestia, el malestar o la evitación física propiamente dicha;

    • el examen curioso, la insistente fijación visual;

    • la evitación de la comunicación franca;

    • la distancia, las manifestaciones de insensibilidad, la rudeza que puede derivar de la falta de compromiso emocional;

    • la expresión de una inquietud exagerada, el pesimismo;

    • las manifestaciones provocadas por las reacciones como alegría forzada, optimismo de fachada, minimización (“no es nada”; “podría ser peor”), la denegación (“no veo problema”; “va a ir bien”):

    • el desaliento de la libre expresión (“vale más no hablar de ello”);

    • el recurso a comportamientos de ayuda estereotipados como dar opiniones o consejos (“tienes que salir”), apelar a fórmulas que banalizan (“es el destino”) o que normalizan la situación (“eso puede ocurrirle a cualquiera”), identificarse con los sentimientos de la persona o intentar acercarse de forma artificial (“yo sé lo que sientes”);

    • las manifestaciones proteccionistas o actitudes hiperproteccionistas, particularmente frecuentes cuando los comportamientos de ayuda se utilizan como recurso con el fin de gestionar la propia angustia;

    • la censura, la crítica o el juicio; la búsqueda de faltas y la atribución de responsabilidades; el aliento para una rápida recuperación y la expresión de expectativas inapropiadas sobre el proceso de adaptación.

   Para la persona afectada, las respuestas de este tipo resultan abrumadoras. Significan que no existe reconocimiento sobre la experiencia que está atravesando y que se desestiman sus sentimientos, que son muy reales. Se confirma así la alienación que presiente: se encuentra sola, abandonada a su suerte, y precisamente en el momento en que su necesidad de consuelo y de apoyo social es mayor.”

Mejor quedarse callado.

O tampoco.

(Continuará)

Read Full Post »

Me encantaría. Pero va a ser que no.

Pagaría por tener una fórmula para generar la resiliencia.

Llamaría corriendo a mis seres queridos que están sufriendo y les diría: No puedo quitarte el dolor ni volver el tiempo atrás. Pero si me haces caso te garantizo que aunque nada será igual, todo será estupendo.

Me temo (o quizá me alegro) que, en este sentido, no existe fórmula o fórmulas para la resiliencia.

Pero sí podemos desarrollar fórmulas (matemáticas) para transmitir de forma rápida, eficaz y quizá divertida las ideas esenciales sobre la resiliencia.

Desde que llevo con “esto de la resiliencia” he oído o leído que la mejor manera de traducirla al castellano ortodoxo (hoy por hoy la palabra resiliencia no está en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española – Ver comentario abajo) era como resistir y rehacerse. O lo que es lo mismo:

Resiliencia = Resistir + Rehacerse

Y con esta sencilla expresión se dejaba patente que la resiliencia es algo o mucho más que resistir o aguantar la adversidad. Además la idea de rehacerse lleva implícita la idea de volver a empezar.

También hace unos años buscaba un esquema para recoger todos los aspectos o variables facilitadores de resiliencia. Hasta que Boris Cyrulnik en una conferencia me lo regaló. Y su idea se podría resumir en la fórmula:

Posibilidad de resiliencia = Disposición de recursos externos + Adquisición de recursos internos + Significado

Es una expresión que, como tal, aporta un plus al contenido de sus partes y es la idea de que si falta uno de los términos la resiliencia deja de ser posible. Es cierto que esta idea es esencial para la forma “francófona” o europea de concebir la resiliencia y no para otros muchos autores. Pero es la manera que yo defiendo en este blog.

Así que, de una forma u otra, ya estábamos usando fórmulas matemáticas como estrategia didáctica.

Lo mismo le debió pasar a un tipo americano llamado Chip Conley.

Cuenta que, en unos momentos bien jo…robados de su vida, leyó el libro de Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido” y que de alguno de sus párrafos destilo esta sencilla fórmula (por cierto muy relacionada con la resiliencia):

Desesperación = Sufrimiento – Sentido

Esta fórmula se instaló en su cabeza y que le ayudó a darse cuenta de que no podía reducir el sufrimiento pero sí podía buscarle sentido y con ello disminuir la desesperación. A partir de ahí comenzó a utilizar las fórmulas matemáticas para analizar el mundo de las emociones y los sentimientos y la relación entre ellos.

Acaba de publicarse en España su libro “Ecuaciones Emocionales” (Ediciones B) y que aun estoy pensando sí recomendar o no (muy buenas anécdotas, fórmulas sugerentes… pero mensaje “todo depende de ti” que no acaba de encajar en la 2 fórmula que he señalado)

Y entonces pensé: ¿puedo encontrar fórmulas sugerentes para la resiliencia?. Rápidamente (tan rápido como mi neurona puede trabajar multitarea) me vinieron algunas a la cabeza .

Es mi intención ir compartiéndolas y empezaré por la que más orgullo me provocó por un ligero toque de humor.

Apoyo emocional = Reconocimiento del dolor + Acompañamiento + ¡Nada más!

He pasado muchas horas (la dichosa neurona) reflexionando sobre lo que es eso del apoyo emocional y a una conclusión sí he llegado. ¡Qué difícil es callarse cuando una persona te expresa su sufrimiento!

Somos seres empáticos (menos el psicópata de turno) y, cuando alguien nos importa, escuchar su sufrimiento nos mata. Queremos salir corriendo pero se supone que debemos seguir con el ser querido. Y es muy posible que:

  • le demos un consejo (dirigir su conducta)
  • le digamos que no es para tanto (quitar importancia)
  • preguntarle detalles (morbo o sospecha)
  • le digamos que se le pasará (obvio)
  • intentemos distraerle (quizá la opción menos mala pero no siempre respetuosa)
  • etc..

Cuando tengo la fortuna de dar una clase, curso o charla siempre le pido a la gente que imagine una situación de intenso dolor y que valore el efecto que le produce cada una de estas reacciones de los demás. Es contundente y, la verdad, nos solemos “echar unas risas”. Nos imaginamos cagándonos (perdón por la expresión) en nuestra bientencionada persona benefactora.

La anterior fórmula pretende ser un mantra que al evidenciar el término “Nada más” nos frene a la hora de relacionarnos con la persona que sufre. Porque como a veces digo, en esos momentos, digas lo que digas tienes todos los puntos para meter la pata hasta el fondo. Y si no nos mandan a esparragar es porque el sufrimiento será mayor que la asertividad o la rabia.

¿No es bastante con escuchar y reconocer su dolor y con permanecer a su lado?

Y como soy el primero que no aprendo a quedarme calladito (ya habrá oportunidad de hablar) espero que esta fórmula me ayude en el futuro a recordar que no soy salvador de nadie. Por mucha resiliencia que estudie o por mucho blog que escriba.

Y cuando escribo esto el dolor de personas muy queridas me duele a mí.

(No me hago responsable de que te guste si te lo compras aunque, ya ves, yo le he sacado partido)

Read Full Post »

Tengo ganas de leer el nuevo libro de Jeff Jarvis en el que analiza como Internet está obligándonos a redefinir lo que es privado y lo que es público.

Pero mientras tanto me tiraré a la piscina y confesaré algo por lo que muchos me clasificarán de “tipo raro”:aunque siempre me ha gustado leer, llevo muchos años en los cuales apenas leo ficción.

Y no es que no me parezca un placer leer una buena novela con una historia que te atrapa y bien escrita. Es simplemente que en la vida real también hay maravillosas historias que han sido contadas por sus protagonistas o por otros. Quizá no es la historia mejor trenzada pero es una historia real. Así que me encanta leer cosas que les ha pasado a la gente y otros libros donde se analizan las cosas que les pasa a la gente.

Y como a los productores de cine les encantan estas historias reales muchas veces es el cine quien nos descubre una historia estimulante que no conocíamos, porque quizá el libro o documental inicial no había sido traducido al español.

Este es el caso para mi de la película “Intocables” escrita y dirigida por Olivier Nakache y  Eric Toledano a partir de la historia real de Philippe Pozzo di Borgo y el inmigrante, Abdel Sellou, al que contrata para atenderlo debido a su tetraplejia por un accidente de parapente.

También se puede lee el libro publicado anteriormente  por el protagonista, en España  en la editorial Anagrama , y se puede ver en youtube videos (en francés) con los personajes reales de la historia.

Espero poder leer el libro o poder ver traducido el documental que en 2004 se hizo sobre esta curiosa relación (“A la vie, à la mort”) pero de momento he visto en youtube (3 partes) Intouchables: La Veritate Historie. No sé francés pero más o menos te das cuenta de que en lo esencial la película es fiel a la historia.

Historia que hace pasar un buen rato y que nos revela algunas cosas interesantes sobre la relación de ayuda.

Por ejemplo, que cuando una relación de ayuda se basa en el intercambio de ayuda puede llegar a ser tan fructífera o más que una relación profesional. Por otra parte el sentido del humor puede ser una clave más potente de lo que se suele pensar para consolidar una relación de ayuda (o simplemente una relación).

Mi mujer tiene un grupo de amigos de la juventud con los que suele quedar frecuentemente y siempre me dice:”¡Me rio tanto con ellos!”. Recuerdo que en un post anterior señalé (la frase no es mía) que lo contrario del juego (lo lúdico) no es el trabajo, sino la depresión.

Pero al ver la película se puede pensar que es más fácil que se dé la resiliencia si se es multimillonario. Más fácil sí. Indudablemente. Pero no es suficiente.

La resiliencia siempre, insiste Cyrulnik, necesita de la disposición de recursos externos (el protagonista de esta historia tiene, debido a su riqueza, todos los recursos necesarios), adquisición de recursos internos y significado. Sin los segundos y sin lo tercero Philippe Pozzo di Borgo podría perfectamente haberse despeñado adrede por un acantilado en un descuido de sus cuidadores.

De hecho en un momento de la película o en su libro (ahora mismo no recuerdo) dice: “Lo peor no es estar aquí en una silla de ruedas. Lo peor es estar aquí sin Beatrice” Su mujer falleció, unos años después (creo) de su accidente.

Es indudable que Philippe Pozzo di Borgo lo tiene mucho más fácil que Olga Bejano que, además de tener una parálisis más grave que le impedía hablar, y era ciega, no tenía los medios económicos que el primero. De hecho Olga tuvo que luchar hasta su fallecimiento luchó para reclamar de la Administración que se cubriera la necesidad de tener un cuidador permanente a su lado las 24 del día.

Digamos que Philippe Pozzo di Borgo es un ejemplo de resiliencia de lujo. Para compararlo con otro caso de resiliencia sería como comparar dos viajes en coche:

  • ¿Quién tiene el mejor coche? (Pozzo Di Borgo el mejor del mercado)
  • ¿Quién conduce mejor? ¿Quién elige mejor las rutas? ¿Quién para en los lugares más bonitos y en los mejores restaurantes?…..
  • ¿Quién se dirige o viaja  un destino más hermoso?

El dinero facilita un mejor coche, mejores hoteles y restaurantes pero un viaje en un wolkswagen polo (por ejemplo) y con presupuesto limitado puede llegar a ser más divertido que el de un multimillonario.

Así que decir que una persona rica tiene más fácil ser resiliente es como decir que una persona rica necesariamente realizará un mejor viaje en coche. Es cierto lo tiene todo a su favor pero como sea un zoquete, un neurótico o un aburrido….

Read Full Post »

Older Posts »