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Archive for the ‘Bibliografía’ Category

Post/eridad

(Como nunca se sabe… he preparado este borrador para Wikipedia)

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Psicoflexología

Psicoflexología (Del griego psique; del latin, flexum y del griego logos) Rama de la psicología que se interesa, teóricamente y de forma aplicada, por la flexibilidad cognitiva o mental, como un elemento esencial del fenómeno de la resiliencia humana.

Orígen

Con independencia de distintas tradiciones religiosas y filosóficas que habían abordado el tema, así como otras disciplinas o escuelas psicológicas modernas o contemporáneas (como la Terapia de Aceptación y Compromiso, por ejemplo) se puede fechar el inicio de la Psicoflexología el 16 de octubre de 2016 cuando el psicólogo valenciano (España) Francisco Javier Romeu Soriano (1960 –        ) publica un post un su blog http://www.disparefuturo.wordpress.com recomendando un libro de Matteo Rampin para favorecer la flexibilidad mental de un potencial interlocutor.

El autor propuso este nombre dado que ya aparecían en Internet expresiones como “Pilates Mental”

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Fundamentos

Romeu mantenía que:

  • la resiliencia es un fenómeno complejo en el que se interrelacionan aspectos culturales, sociales, afectivos, cognitivos, biológicos…
  • consideraba que los aspectos cognitivos han sido los menos estudiados hasta el momento y por ello se decide a impulsar esta nueva disciplina.
  • desde el punto de vista cognitivo o mental la cualidad favorecedora de la resiliencia no es la fortaleza sino la flexibilidad, es decir, la capacidad de adaptarnos mentalmente a una nueva situación cuando la vida nos ha golpèado con fuerza o persistentemente.
  • mantenía que se pueden reconocer en las personas en las que se ha dado la resiliencia movimientos mentales caracteristicos de dicha flexibilidad mental. Algunos de ellos son:
    • el reconocimiento de límites
    • el contraste o la comparación. Puede ser temporal o histórica o no, real o imaginada
    • el cambio de lenguaje
    • el cambio de perspectiva

Desarrollos posteriores

Aunque F. J. Romeu fue capaz de intuir aplicaciones comerciales en terrenos hoy en voga como el Coaching o el tirón editorial de la felicidad, y a pesar de su privilegiada pero ajustada economía familiar, renunció a cualquier aventura en este terreno.

Más bien, y en consonancia con el título y subtitulo de su blog (“Diseñando pasados Recordando Futuros. La relación de ayuda desde el fenómeno de la resiliencia) estába más interesado en las aplicaciones encaminadas a mejorar la relación de ayuda, profesional o no. Es célebre su frase: “Dejémonos de una vez de buscar y vender la puñetera felicidad personal y esforcémonos en preparar a nuestros hijos, alumnos… para una vida cambiante y en ayudar a quien ha sido golpeado por ella. Y quizá de paso consigamos lo primero. O no.”

Lenguaje y resiliencia

Aún hoy en día, Romeu da una gran importancia al lenguaje como elemento modulador de la realidad. No obstante, como algunos pretenden, no recomendaría enfrentarse a un tigre repitiendose hasta la saciedad “¡Qué lindo gatito! ¡Que lindo…!

Resultado de imagen de matteo rampin miralo maneraMuchos ejemplos de cómo un cambio en el lenguaje puede provocar una interpretación de la realidad mucho más adaptativa se pueden encontrar en el libro motivo al post iniciatico de la Psicoflexología:  “Míralo de esta manera. Prontuario para cambiar la realidad cambiando las palabras” (Editorial Alianza, 2016) del terapetua estratégico italiano Matteo Rampin (Había sido ya publicado por la misma editorial con el título de “El trigo y la cizaña” y el mismo subtitulo)

Este autor ya había publicado en España “Vender la moto. Trucos de la manipulación del lenguaje” y “Pensar como un mago. Resolver problemas con el pensamiento ilusionista” (Alianza Editorial) y “La palabra justa. Aforsimos para una comunicación eficaz” (Editorial Paidos) todos ellos recomendados por Romeu.

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Libros muy paradójicos, especialmente el ahora reeditado, pues con un tamaño siempre de bolsillo y muy pocas páginas (y un precio en consonancia) se tarda mucho en leerlos dado que es muy fácil que tras cada capítulito el lector se quede unos minutos dándole vueltas al contenido. Son libros de “leer y rumiar” ha afirmado Romeu.

En “Míralo de esta manera…” (con una portada acertadísima) Rampín nos condensa, en una o dos frases, una manera de ayudar a un interlocutor atrapado en una situación mental que no favorece para nada su bienestar. Rampin ofrece 72 respuestas a otras tantas “frases-trampa” muy habituales. Por ejemplo si alguien afirma que “No tengo la fuerza para cambiar” le podemos reconocer que “Ello requiere un gran esfuerzo” porque es prácticamente imposible no cambiar dado que en la vida todo cambia. O a quien te dice que siempre fracasa le podrás preguntar cómo consigue no fracasar en fracasar.

Otro ejemplo de la relación entre lenguaje y resiliencia, pero en el sentido inverso, es el de como algunas personas que han experimentado la resiliencia han sido capaces de condensarla en una sóla frase para titular el relato de las mismas.

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Tres ejemplos de una gran flexibilidad mental. La necesaria para dejar todo para cuidar a una hija con una enfermedad incurable; para pasar de campeón de esquí acuático a campeón de la silla de ruedas; y para pasar de médico a enfermo.

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A mi biblioteca Kindle han entrado en las últimas semanas dos libros que llevan en el titulo la palabra GRATITUD. Pero no pueden ser más diferentes el uno del otro.

Uno de ellos, de hecho, no lleva más palabras. Se llama así “Gratitud” y el autor es Oliver Sacks (Editorial Anagrama)

Se trata de una recopilación póstuma de cuatro cartas o textos que el famoso neurólogo escribió tras terminar, con 80 años, de escribir sus memorias. Y tres de ellos tras conocer, unos meses después, que los médicos no podrían hacer mucho más ante la metástasis de un cáncer con el que habían estado luchando los últimos años.

El libro se lee literalmente en veinte minutos o media hora como mucho. En los cuatros textos, y especialmente en el llamado como el resto del libro, la gratitud aparece como el resultado de una persona que, conociendo que la vida se le acaba, se siente agradecido por lo vivido. La gratitud en este caso es algo que parece brotar de forma natural en una persona afortunada o con un carácter y una entereza envidiable.

Sin embargo el libro El Diario de la Gratitud (Editorial Planeta) es casi lo contrario. La autora, Janice Kaplan, editora y escritora, se propone un día de Año Nuevo aumentar su nivel de felicidad y la de los suyos practicando conscientemente la gratitud. Una elección que hace al recordar un estudio sobre la misma que conoció gracias a su actividad como editora.

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El libro es por tanto la crónica de un esfuerzo deliberado de la autora de, por un lado, ejercitar la gratitud (como quien ejercita la resistencia aeróbica haciendo running) y, por otro, investigar acerca de lo que sabemos de la misma.

Y yo lo que le agradezco a ella de todo corazón es que no haya escrito un libro de autoayuda más. Porque no nos dice lo que tenemos que hacer sino que nos cuenta lo que ella hizo. De tal modo que cuando lo empecé pensé que el libro no podía dar para mucho más de 15 páginas. Pero llevo un tercio del mismo y todavía no me he cansado.  Por sus páginas aparecen no sólo sus ejercicios para aumentar la gratitud sino entrevistas con reconocidos investigadores del tema como el mismísimo Martin Seligman.

Me ha gustado especialmente el capítulo en el que se trata de la especial dificultad de los adolescentes para agradecer algo a sus padres, no como fruto de locura transitoria sino por su propia posición vital. También la larga referencia a las investigaciones, que yo conocía pero no su autor,  y que demuestran que se invierte más en felicidad gastándose el dinero en experiencias que en cosas.

Por tanto, los dos libros me parecen de interés pero… ¿Cuál de los dos ejemplifica la verdadera esencia de la gratitud? Todos podemos conocer personas como Sacks que parecen disfrutar hasta en un funeral, y personas que, por el contrario, viven prisioneras de la queja. Es difícil negar que las personas somos muy diferentes en nuestra capacidad de ser agradecidos.

Pero si Kaplan tiene razón, la gratitud es un hábito como otro cualquiera. Igual que podemos entrenar a nuestro cuerpo para resistir 42 kilómetros corriendo podemos entrenar nuestra mente para ser o estar agradecidos.

La solución a este dilema la da el propio Martin Seligman en el libro de Kaplan: hay personas que de forma natural son agradecidas, pero eso no significa que quien no es así no tenga un margen de maniobra para, mediante la práctica, aumentar su nivel de gratitud.

Me viene a la memoria una investigación que atribuye el 50% de la felicidad de una persona a factores individuales o propios de la persona; sólo un sorprendente 10% a las circunstancias, y un 40% a lo que se haga en la práctica para cultivarla.

Olver Sacks representaría quizá al tipo que trae puesta casi la mitad de su felicidad en sus propios rasgos de personalidad. Janice Kaplan a la persona que se ha dado cuenta de que hay maneras más sabias de vivir que otras y ha optado por una de las mejores según la filosofía, la teología y ahora la psicología social y positiva.

Pero hay un punto por el cual el libro de Kaplan me interesa especialmente. En su introspección sobre sus sentimientos y pensamientos de queja o de gratitud, la autora va desgranando muchos matices clave para poder entrar en el agradecimiento. Me interesa mucho la revolución interior que se produce casi siempre en las víctimas de la adversidad. Se trata de una especie de movimiento mental. Por eso siempre he defendido que la resiliencia no necesita de fortaleza mental sino de flexibilidad mental.

Y por ello me atrevo a mantener que quién no se consuela no es porque no quiere… sino porque no puede pero también porque no sabe. Dicen que existen “trucos” para tener una mente más creativa. ¿Los habrá para ser más resiliente (aunque odie este adjetivo)? Soy un convencido de que cambios en el contexto pueden favorecer la resiliencia (que no provocarla). Pero también de que la resiliencia necesita un movimiento interior ¿podremos encontrar pistas para favorecerlo?

Deberé consultar, cuando lo compre, también el libro de Brené Brown llamado “Más fuertes que nunca” (ediciones Urano) a pesar de que no me gusta el modo “yankee” de entender la resiliencia que se desprende de título y planteamiento, pues “examina el complejo viaje que requiere trascender las catástrofes de la vida con valor y resiliencia, ya sea el final de una relación o un colapso profesional. (…) la autora examina las cualidades, patrones emocionales y hábitos mentales que permiten a las personas transformar el desastre en coraje, generosidad y sentido de la propia valía…” (La cita es de la sinopsis editorial y la negrita mía)

P.D.: Parece ser que hablar o leer sobre la gratitud ya tiene de por si un efecto favorecer de  la misma. Así que aprovecho para señalar que gracias a Emilio he podido corregir un montón de errores tipográficos, ortográficos, gramaticales, etc del post. Y encima me envía esta viñeta que le viene “al pelo” (de perro)

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El teatro ofrece muchos ejemplos de pequeñas tareas que, si no se realizan bien, pueden tener consecuencias catastróficas.

Imagina un tramoyista que levanta el fondo del escenario antes de que haya bajado el telón. O un apuntador que canta el texto cuando el actor o actriz no lo necesita distrayéndole. O un telón que no baja cuando la representación ha terminado, dejando a actores y público desconcertados. O, lo que sería, peor: justo lo contrario.

Estas tareas requieren dos cosas esenciales. La primera, claro está, la precisión. Una precision en forma de estar atento. Si el encargado o encargada de lanzar el trueno y el humo que permite al alcalde de El diluvio que viene ser fulminado por un rayo delante de todos los espectadores se retrasa un solo segundo el gag perderá toda su eficacia.

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Pero este tipo de tareas requiere también algo no tan obvio, algo más sutil: aprender, tanto o más, a no hacer que a hacer. Aparentemente es un trabajo donde apenas tienes que hacer nada. En dos horas tienes que intervenir en, a lo mejor, dos, tres, cuatro o cinco instantes. Pero implica un gran trabajo de no hacer y de esperar.

En la relación de ayuda emocional  es muchísimo más difícil aprender a no hacer o decir, aprender a esperar, que a lo contrario. Ante el sufrimiento de un interlocutor es muy dificil quedarse callado. Cuando empatizamos el sufrimiento se hace también un poco nuestro y nuestra mente no para de buscar soluciones. Y si no controlamos la lengua, el órgano mas peligroso de todo el cuerpo, es probable que vomitemos algún consejo, sugerencia o incluso  recriminación (eso te pasa por… si no hubieras….) Quizá con el consejo o la sugerencia tengamos suerte y acertemos. Es posible. Pero no probable.

Por eso pienso que la mejor preparación para una persona que quiera dedicarse a la psicología, psiquiatría, educación o trabajo social, etc. es la que viene de acompañar a personas con problemas que no tienen solución. Es lo que ocurre, por ejemplo, en las Unidades de Cuidados Paliativos.

Pero es evidente que los y las pacientes que se encuentran en ellas no estan precisamente para hacer de conejillos de indias. Y sin embargo hay una solucion: leer un libro.

COUNSELLING Y CUIDADOS PALIATIVOS

Un libro concreto editado en España hace tan solo unas semanas.

Se titula Counselling y cuidados paliativos, y está escrito por Esperanza Santos y José Carlos Bermejo, publicado hace unas semanas por Descleé De Brouwer.

No conocía a Esperanza pero sí le sigo la pista a José Carlos desde hace tiempo a través de sus muchos (más de 40) libros publicados. Me interesa mucho su interés por re-humanizar la atención sanitaria, comparto su pasión por los cuentos como instrumento terapéutico y su interés por la resiliencia.

Es difícil poner en tan pocas paginas (no es un libro voluminoso) un material tan interesante y práctico sobre el acompañamiento humano en las escenas finales de la vida cuando la medicina ya no tiene argumentos para retrasar el desenlace.

Con pinceladas teóricas concisas y precisas para introducirnos en muchos ejemplos, ejercicios y preguntas para la reflexión, su lectura es una experiencia de inmersión en el acompañamiento a pacientes y familiares.

Se nota que no es un libro escrito desde la teoría o la investigación sino que me atrevo a decir, sin conocerlos personalmente, que es el resultado de haber exprimido al máximo la experiencia de muchos años de sus autores y colaboradores.

Esperanza SANTOS - José Carlos BERMEJO

Se nota también la experiencia de los autores en la formación pues podría ser perfectamente la transcripción de un taller práctico. Un taller donde encontraremos temas esenciales como la conspiración del silencio ante la enfermedad sin solución, la claudicación familiar, la comunicación de malas noticias, el sentido y el perdón, o el propio desgaste psíquico de los profesionales implicados. ¿Qué más se puede pedir?

Un libro imprescindible no solo para los que se dediquen o se dedicarán algún día a los Cuidados Paliativos sino para toda persona que le interese el Counselling en general, definido por la OMS como un proceso dinámico de diálogo a través del cual una persona ayuda a otra en una atmósfera de entendimiento mutuo (tomado del mismo libro)

Un libro que se complementa maravillosamente con otro que tengo entre manos. Se trata de “Ser mortal” del medico y escritor Atul Gawande y editado en Galaxia Gutenberg.

Un libro en el que no me detengo solamente por no desviar la atención de el de Esperanza y José Carlos y porque seguro que lo citaré en más ocasiones dado el impacto que me está produciendo

Sólo te dejaré su hipótesis central: hemos dejado la atención a las personas con enfermedades crónicas; terminales o en la tercera edad en manos de criterios exclusivamente médicos. Un gran error que hay que remediar cuanto antes.

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Antes, cuando sólo existían los libros en papel, si veía un libro interesante pero que no me venía bien comprarlo o sabía que no iba a leer, por estar liado o tener otros pendientes, intentaba recordar el título o el autor para en un futuro quizá comprarlo o buscarlo en una biblioteca. Luego normalmente se me olvidaba o perdía el papel donde lo había apuntado. ¡Cuantas referencias bibliográficas interesantes habré perdido en mi vida! Pero ahora las cosas han cambiado.

El otro día surgió esa oportunidad de dedicarme media horita al placer de entrar en una librería y ver las novedades. En mis secciones habituales (no ficción) descubrí 3 ó 4 libros que me llamaron la atención pero que estaban en la categoría de libros que acabo definir. Así que, y esta es la realidad actual, saqué mi smartphone y entré en Kindle. Tecleé el titulo de uno de ellos y comprobé que sí estaba editado en castellano en formato electrónico. Pulsé la opción “leer un fragmento” y al instante las primeras páginas del mismo estaban en el carrusel de Mi Kindle (Android) al que además puedo acceder desde cualquier dispositivo (por si alguien está pensando en que se me puede perder el móvil)

De los 4 libros, 2 estaban en formato electrónico en castellano y 2 en otros idiomas. También decirte, por si no estás puesto o puesta en esto del libro electrónico, que con lo que valía uno en papel podía comprar tres en digital (el epub se cargará a los libreros, es cierto, pero no a las editoriales, a los y las autoras, ni a la cultura) Y no desprotejo y envio a alguien un libro electrónico más veces que las que pueda dejar un libro en papel (sólo que ahora no me preocupa que no me lo devuelvan)

Así que ahora los libros interesantes que quizá nunca lea están guardados en un lugar de “mi nube” esperando que un día quizá haga un click y los compre (en electrónico o en digital) para leerlos.

Y he pensado que si a mi me parecen interesantes quizá a ti también. A lo mejor ya lo has leído y puedes darme o darnos tu opinión. A lo mejor tú sí quieres y puedes leerlo ahora y el post seguirá aquí. Igual conozcas algo de los y las autores que nos pueda interesar.El arte de pedir

No conocía a esta artista neoyorkina que hace punk-cabaret pero me llamó la atención el título. De partida estoy de acuerdo que pedir es un arte, porque si te pasas te quedarás sólo pero si te quedas corto a lo mejor te mueres de asco. Orgulloso u orgullosa, pero muerto o muerta.

Dado que el tema del equilibrio entre el dar y el recibir es uno de mis preferidos lo estuve ojeando (virtualmente)

No descarto descargarlo entero pero de momento he podido ver una charla de ella en TED que en apenas 14 minutos nos cuenta sus planteamientos.

Te la recomiendo

 de cómo me convertí en alcalde y cambié el mundo-jon gnarr-9788494367618

¿Votarías a un partido llamado el Mejor Partido que promete un oso polar para el zoológico de tu ciudad o que las piscinas municipales regalen las toallas? Pues eso ocurrió hace unos años en la capital de Islandia, ganaron con mayoría simple y gobernaron durante 4 años en coalición. El alcalde y fundador del partido era un conocido humorista.

No tenía muy claro si poner este libro en este post puesto que la relación con el tema general del blog está cogidita por los pelos, como no sea ¿es el sentido del humor una vía para recuperar el sentido perdido de la política? Pero indagando en Internet me encuentro un artículo en La Vanguardia y leo estos párrafos:

Nació en 1967, en el seno de una familia de clase media. Su madre trabajaba en una cafetería y su padre era policía. Su nombre original no era Jón Gnarr sino Jón Gunnar Kristinsson. Pero su difícil infancia, en la que llegó a sufrir violencia doméstica y tuvo que hacer frente a varios estigmas como la dislexia o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), le llevaron a cambiarse de nombre cuando tenía 14 años.

“Jón Gunnar Kristinsson era un niño pequeño abandonado que consideraban un retrasado mental. Jón Gnarr, por el contrario, es un adulto optimista, creativo, honrado y valiente”, explica ahora. Sin embargo, las férreas leyes islandesas sobre nombres y apellidos nunca le han dejado oficializar el cambio.

(…) Tal desenlace revela, por ejemplo, lo equivocado que estaba uno de sus profesores de adolescencia cuando le decía que con sus “tonterías” nunca llegaría a nada. “Desde entonces y hasta ahora, he constatado todo lo contrario. Sin mi sólido sentido del humor, hoy quizá estaría metido en algún psiquiátrico”, bromea.

¿A qué cambia la cosa? Por cierto en pocos meses es el segundo caso  que conozco de persona que cambia de nombre para marcar un renacer. El otro lo tienes en el caso de Édouard Louis antes Eddie Belleguele y que puedes conocer en este otro post.

Y por cierto, por ser también un caso de resistencia y resurgimiento, ante una situación de acoso por la condición sexual, es también interesante el libro…

Resultado de imagen de andraka uno bastaSe trata de la historia de Jack Andraka un adolescente y científico amateur quien parece (hay cierta polémica al respecto) haber dado con la clave para un sistema de detección temprana del cáncer de páncreas y quizá otros tipos de enfermedad oncológica.

Pero la historia de Jack no es solo la del éxito internacional debido a sus capacidades inventivas, sino que también nos muestra como se ha sobrepuesto a la depresión por el bullying homofóbico sufrido en el colegio y la resiliencia necesaria para poder sortear esos obstáculos y salirse con la suya y perseguir sus propios sueños. (De la reseña editorial del libro)

Puedes ver un video de 20 minutos en la que el mismo explica la clave de su descubrimiento ciéntifico.

Quizá también te interese esta otra charla de Josef Schovanec que habla sobre el autismo (Asperger) Le avala para ello padecer (el no estaría de acuerdo con este verbo) dicho Síndrome

Lo menciono porque el último libro de este post es de él y se llama “Yo pienso diferente”. Después de ver el vídeo creo que el titulo del libro es preciso pues, como el mismo explica, no hay mucha diferencia entre interesarse por los decimales del número Pi que por recordar los resultados de los partidos de fútbol. ¡Ahí me has dado!

Yo pienso diferente

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Hace un mes publiqué un post recomendando la lectura del nuevo libro de Reyes Adorna “El origen de la infelicidad” (DDB).

Ahora os dejo el enlace al nuevo blog www.elorigendelainfelicidad.blogspot.com que Reyes ha decido crear para poder compartiendo reflexiones y materiales que tienen que ver con los temas que aparecen en el libro.

Adorna BlogEspero que, además, nuestras visitas y comentarios le sirvan para inspirar nuevas publicaciones, o simplemente que se convierta en un foro donde poder seguir aprendiendo de eso tan apasionante que es nuestra propia naturaleza.

Gracias, Reyes, por abrir este blog.

Si te parece interesante ¿me ayudas a difundirlo?

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Llevo una semana intentando hacer una reseña del nuevo libro de Reyes Adorna titulado “El origen de la infelicidad“, publicado en la Editorial Descleé de Brouwer, que esté a la altura del mismo, lo cual no es nada fácil debido a su precisión, su honestidad y su utilidad.

EL ORIGEN DE LA INFELICIDAD

Así que finalmente, y tras otros dos enfoques fallidos, voy a utilizar la reseña de otro libro para reseñar el de Reyes (¡Doble salto mortal! O triunfo o me la doy de pleno. ¡Va por ti, Reyes!)

El año pasado un joven historiador israelí, Yuval Noah Harari, consiguió vender en su país 300.000 ejemplares de un libro titulado “Sapiens. Una breve historia de la humanidad“. Se ha traducido a más de 20 idiomas. En España, la editorial Debate ha respetado el título original del autor: “De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad“.

Tras leer las primeras páginas disponibles en internet le sigo la pista al autor y encuentro varias entrevistas de cuando vino a España presentar el libro. En una en El Periódico encuentro estos dos párrafos:

“Empezamos hace 70.000 años como animales, no muy diferentes a otros animales. Y nos hemos desarrollado hasta una situación en la que estamos a punto de convertirnos en dioses. Y esto no es una metáfora, literalmente estamos adquiriendo capacidades que tradicionalmente eran consideradas poderes divinos, como crear vida y modificar nuestros cuerpos y mentes”

“Tenemos tres revoluciones, la cognitiva, que transformó hace 70.000 años a un animal africano poco relevante en la fuerza más potente del planeta. Después la agrícola, otro paso enorme. Y después la científica, que puede acabar dando a los hombres esas facultades divinas. El hilo común es el aumento continuo del poder, de transformar el entorno y a sí mismo, y que ese poder es muy difícil traducirlo en felicidad”Resultado de imagen de Yuval Noah Harari

Y esa última frase me lleva necesariamente al libro de Reyes Adorna. Los planteamientos no son iguales pero es evidente que convergen. Y digo que convergen pues me consta que Reyes no conoce aún el libro de Harari, aunque parádójicamente ha sido el de ella el que me ha llevado a el de él.

Reyes ADORNA

Parece que Harari incide más en que la infelicidad pueda ser el pago que tengamos que hacer por nuestro camino hacia la “divinidad”. Adorna se centra más en la infelicidad provocada por los lastres de nuestra evolución. Ambos planteamientos son interesantes y quizá complementarios pero indudablemente los de Reyes son mucho más contrastables que los de Harari.

Pero la convergencia no termina aquí.

Harari mantiene que lo esencial de la revolución cognitiva en el Homo Sapiens fue la capacidad de contar, relatar y a partir de ahí imaginar y crear historias.

“Cotillear te permite crear sociedades de 150 o 200 individuos. Para crear grandes redes de cooperación política, la clave es la imaginación, la capacidad de crear y difundir ficciones. Realidades que existen porque nosotros nos las inventamos. El poder se basa en la ficción: la religión, evidentemente, pero también la economía y la política. La nación es una ficción. El dinero también. Pero sirve para que personas que no se conocen colaboren, porque ambas creen en una misma historia. Dos chimpancés de grupos distintos no sabrán intercambiar un plátano y un coco. Nosotros sí sabemos cambiar un trozo de papel en el que ambos creemos por una botella de agua”

Estoy seguro que a Reyes Adorna, cuya pasión es la escritura, y os recuerdo que su primer libro fue “Practicando la escritura terapéutica. 79 ejercicios” (DDB) no le costará aceptar, o no le disgustará, que alguien mantenga que la capacidad humana para narrar no es sólo un producto de la evolución sino la causa de la explosión evolutiva en el homo sapiens.

Pero hay algo más. Dice Harari ahora en otra entrevista  en Vozpopuli:

“El principal cometido de la historia no es conocer mejor el pasado, sino liberarnos de él. Eso de aprender de la historia es mentira, porque las condiciones siempre cambian. Es casi imposible aprender de la historia”. 

Curioso. Un historiador diferente. Un tipo que mira el pasado… ¡para liberarse del mismo! Reyes Adorna propone, en mi opinión, exactamente lo mismo pero, a diferencia de para toda la humanidad, para… ti, para la persona que lo lea.

En alguna de las entrevistas se le acusa a Harari de postmoderno y relativista. Como todo es ficción, todo vale. Se defiende utilizando una prueba del algodón de lo que es real: el sufrimiento. Las naciones, las instituciones, las empresas, los partidos, los bancos no sufren. Las personas, sí. Si Bankia acaba desplomándose no sufrirá, pero las miles de personas a las que se les engañó con una ficción, un relato, un mito llamado “preferentes” sí que están sufriendo. Lo que ha motivado a Reyes a escribir este libro es el sufrimiento real de las personas y no un simple análisis sociológico, antropológico o psicológico.

Y es que un momento pensé en remarcar que en “El origen de la infelicidad” no te ibas a encontrar un libro de autoayuda al uso. Sigo pensándolo pero, como la propia Reyes me ha señalado, sí ha sido escrito para ayudar. No se conforma con una reflexión teórica y magníficamente argumentada. Pretende que nos demos cuenta de que nuestra infelicidad muchas veces proviene de estructuras cerebrales y mentales que hemos heredado “por ser vos quien sois”.

Nadie cuestionará que intentemos liberarnos de deudas o cargas económicas que hayamos podido heredar de nuestros padres. Y por tanto también es lícito intentar liberarnos de cargas o herencias psicológicas que hemos recibido de nuestros antepasados por muy lejanos que estos sean. Para ella la autora nos localiza esas cargas o herencias y luego nos ofrece un ramillete de ejercicios para eliminarlas o ponerlas en el lugar donde molesten lo mínimo posible, como la ostra que rodea de nacar la partícula o el intruso que no consigue expulsar.

Mientras redacto este post he publicado un comentario de Merche al post anterior en el que me propone que se trate en el blog el tema de las “trampas mentales”. Pues aquí tienes Merche un libro para empezar.

Cuando le pregunté a Reyes que iba a escribir después de que se le publicara su anterior libro ese fue el asunto que me dijo que le estaba rondando la cabeza. Ella se ha centrado en aquellas que sabemos que nos vienen de serie por pertenecer a la especie Homo Sapiens. Pero, para empezar, más que de sobra.

Reyes me pidió que no reseñará su segundo libro sin haberlo leído todo entero y, de alguna manera, me ha presionado para que sea crítico con ella. No he renunciado a ello y puedo prometerte que lo he hecho con el cuchillo entre los dientes. No descarto recoger más adelante algunas cuestiones que me han dado mucho juego para pensar y alguna otra en la que puedo hasta disentir. Pero no es el momento y además me va a costar Dios y ayuda argumentarlo.

Mientras tanto espero que Reyes venda tantos libros como Harari y gracias a los derechos de la propiedad intelectual (supongo que para el filósofo otro mito al que probablemente no haya renunciado) se enriquezca razonablemente. Si es así cuando por fin pueda conocer a Reyes en persona ella pagará la comida, y cuando le entregue los billetes al camarero rezaremos para que el mismo siga creyendo el relato de que esos papelitos siguen teniendo valor.

Aunque, tal como están las cosas… ¡igual nos pide que le paguemos con cocos y plátanos!

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En el post que publiqué el domingo pasado hice una NO-reseña de la película Invencible (Unbroken). Le llamo así porque en él señalaba que la misma me estimuló más por lo que no contaba que por lo que veíamos en ella. Así que he ido a la fuente que es el libro de Laura Hillenbrand (Inquebrantable en Ed. Aguilar y cuyo título original es Unbroken: A World War II Story os Survival, Resilience and Redemption). He disfrutado tanto o más de su lectura (de los capítulos de infancia y post-liberación) como de la película.

Pero antes de hacer algunas reflexiones es preciso aclarar que el libro es el fruto de siete años de dedicación de su autora. La lista de agradecimientos a todas y cada una de sus fuentes de información es apabullante. Sólo con ella podría justificar el libro pero si se le añade que mantuvo 65 entrevistas con Louis Zamperini podemos entender que este mismo bromeara: Cuando quiero saber lo que me pasó en la Segunda Guerra Mundial se lo pregunto a Laura.

 La resistencia lo es hasta que no lo es.

Si sólo vemos la película, que acaba con el reencuentro con su familia, podemos concluir que Zamperini  fue efectivamente “unbroken” (inquebrantable o invencible) pero cuando seguimos leyendo su historia descubrimos pasajes como estos (y son sólo una pequeña muestra) :

“Pronto comenzó a beber tanto que se quedaba inconsciente”

“La ira comenzó a consumirlo. Una vez gritó a un hombre por cruzar demasiado lento frente a su coche y el hombre terminó por escupirle. Louie subió el coche a la acera, salió y golpeó al hombre hasta dejarlo tirado mientras Cynthia– su mujer- gritaba que se detuviera ya. En otra ocasión, cuando un hombre dejó que la puerta de un bar se abatiera sobre él sin querer, Louie lo provocó hasta protagonizar un penoso incidente en que restregó el rostro del supuesto infractor contra la tierra”

“Cynthia estaba desconsolada al ver al hombre en que su marido se había convertido. En público su conducta daba miedo y era vergonzosa. En privado solía mostrarse susceptible y duro con ella”

“En Hollywood Louie bebía aún más. Nadie podía llegar a Louie porque en realidad nunca había vuelto a casa. En la prisión había sido golpeado hasta caer en una obediencia deshumanizada, en un mundo gobernado absolutamente por el Pájaro – como los presos llamaban al militar japonés al mando y que se ensañó con él –, y Louie seguía viviendo en ese mundo. El Pájaro – Mutsuhiro Watanabe – se había llevado su dignidad, dejándolo humillado, avergonzado e impotente. Así, Louie creía que sólo el Pájaro podía restaurarlo si sufría y moría en sus manos (…) Durante la guerra el Pájaro no había permitido que Louie escapara de sus manos; después de ésta, era Louie quien no podía soltar al Pájaro”

La película no muestra esto, ni tampoco los subtitulos finales hacen mención a esta etapa de su vida. Saltan al segundo resurgimiento señalando que rehízo su vida y que viajó a Japón y perdonó en persona a sus captores. No pudo hacerlo con El Pájaro porque este se negó.

Pero la verdad es que, como es normal y se ejemplifica con los fragmentos anteriores, Zamperini sí se quebró psicológicamente y fue vencido porque ya liberado siguió preso de sus pesadillas con El Pájaro, su principal captor.

De hecho tengo que decir que la parte que la autora dedica a explicar los efectos del estrés post-traumático es de lo mejor que he leído nunca al respecto. Tanto que debería ser de lectura obligada para cualquier persona que se dedique a ayudar, no a víctimas de guerra, sino a cualquier persona, incluidos niños y niñas, que haya sufrido malos tratos. Los ejemplos de cómo estímulos aparentemente inocentes “gatillaban” la reacción automática de miedo o defensa son impresionantes.

Particularmente admiro más a Zamperini cuando descubro que su perdón no fue neurosis ni alienación, sino camino para la liberación.

Resistencia y resiliencia son antagónicas.

Porque la resistencia significa aguantar, no bajarse del burro, insistir… pero la resiliencia significa cambiar de rumbo, dejar de empeñarse, ser flexible, re-surgir.

Efectivamente, Zamperini resistió un naufragio de más de un mes y resistió las torturas y malos tratos durante meses.  Pero como decía Iñigo en un comentario al anterior post resurgió dos veces. Gracias al atletismo, de una infancia y pubertad al margen de lo exigido por la sociedad y resurgió a la vida tras varios años de estrés post-traumático y alcoholismo.

Resistió o, mejor, sobrevivió (el survival del título en inglés) donde no tenía otra opción: en mitad del océano y siendo prisionero. Pero resilió (si el verbo existiera) en dos momentos de su vida donde, estando abocado al desastre,  pudo cambiar de rumbo.

La primera cuando pasó de llamar la atención de todo el mundo con sus constantes conductas asociales a buscar la atención de sus conciudadanos destacando en un deporte. La segunda cuando pudo releer su trágica historia para dejar de verse como víctima y verse como afortunado.

El sentido o significado aparece muchas veces por un cambio de mirada: de los demás hacia nosotros o de nosotros a nuestra vida.

La resiliencia se detecta alrededor de un punto de inflexión

Es curioso, pero el hombre puesto en una situación límite puede resistir más allá de él. Y eso es una virtud, algo admirable. Pero el hombre libre abocado al desastre también puede empeñarse en seguir y seguir en el mismo camino. Se pierde por no detectar el límite. Tan admirable como superar el límite es saber encontrar el límite.

Ser capaz de discriminar que un camino es intransitable o que no lleva a nada bueno es para mí la clave de la resiliencia. Zamperini, con ayuda de personas que lo querían, pudo bajarse de un tren y tomar otro en el sentido contrario o con otro rumbo (cosa que hizo literalmente cuando como adolescente obstinado se marchó de su casa ante la mirada angustiada de sus padres)

Resurgir no es surgir en el mismo sitio y de la misma manera que antes. Resurgir es volver a surgir (aunque sea en otro lugar o de otra manera).

La clave no es contar ni no contar, sino contar en su justo momento o tiempo

Siempre he utilizado la comparación que hace Cyrulnik de los porcentajes de trastornos mentales entre los soldados supervivientes de la II Guerra Mundial y de la guerra del Vietnam. Fue mucho mayor en los segundos porque fueron tratados como asesinos a su regreso y tuvieron que permanecer en un silencio devastador.

No fue el caso de Zamperini que fue recibido como un héroe e invitado constantemente a contar su historia. Esto podía ser sanador. Pero justo eso fue, según Hillenbrand, lo que le abocó a la bebida.  Tener que enfrentarse constantemente a la recreación (que no recuerdo, como bien señala la autora) de los malos tratos le llevó a encontrar en el alcohol un anestésico.

Mucho más tarde, en su segundo resurgimiento:

“Louie iba alegremente por el mundo relatando su historia a auditorios maravillados”

Contar su historia lo acabó matando en un momento dado y en otra lo salvó.

En diciembre les decía a familias acogedoras en Albacete que los niños acogidos necesitan poder hablar de su historia familiar pero que hay que tener una sensibilidad extrema para saber cuando es el momento de favorecerlo y cuando hay que respetar su silencio.

Quiero pensar, como no, que la experiencia de Zamperini nos aconseja lo mismo.

Lo que ayuda a la resiliencia en una ocasión puede no hacerlo en otra.

Zamperini encontró (gracias a su hermano, a una humillación ante unas compañeras y a descubrir una habilidad especial) el atletismo como punto de apoyo (que dirían José Luis y Gema de ADDIMA) para cambiar de trayectoria.

Cuando regresó de la guerra y empezó a verle las orejas al lobo intento agarrarse a él y volver a la alta competición. Es cierto que las secuelas físicas de las torturas recibidas acabaron por impedírselo. Pero incluso antes de llegar a ese punto:

“… el atletismo no era igual que antes. Lo sentía forzado y no liberador como lo había sido en un principio. No sentía alegría alguna al correr”

Esta es la belleza de los tutores de resiliencia. No se pueden crear. Surgen cuando menos te lo esperan y no estarán ahí para siempre. Por eso hay que esperarlos. Porque no los podemos atrapar.

La resiliencia es restitutiva

El Louie adolescente era mal visto por la práctica totalidad de sus conciudadanos en Torrance. No sólo había sido marginado por su origen italiano sino que ya se había encargado él mismo con sus robos y tropelías que así fuera. Pero cuando se transformó en un deportista de élite y llegó a participar en los Juegos Olímpicos la ciudad de Torrence pasó del odio a la exaltación. De alguna manera con la fama restituyó a sus vecinos todo lo que les había quitado.

Cuando Zamperini se liberó del estrés post-traumático, rehizo su matrimonio roto, y encontró un sentido a su vida se dedicó a un proyecto social muy concreto: creó un campamento para chicos y jóvenes con problemas de marginalidad. Durante años se implicó totalmente y compartió horas y horas con ellos. Cerró el círculo. El niño que fumaba desde los cinco años, bebía alcohol desde los siete, y robaba sin parar acabó dedicando su vida a intentar ayudar a chicos como él.

La resistencia aguanta el mal. La resiliencia lo transforma en bien.

¿Se entiende porque la lectura de lo que no sale en la película me ha emocionado más que lo que sí sale?

Quizá me esté haciendo mayor. Pero siempre hay esperanza…

Zamperini aprendió a ir en monopatín a los 70 años.

 

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