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Archive for the ‘Blog-rrador’ Category

BLOG DE NOTAS: Amistad

Esta vez Iñigo y Sagrario de Dando vueltas sobre vueltas han pinchado en la elección de entrevistado pero hay que felicitarlos por sus 6 meses de blog que sigue siendo ¡ABSOLUTAMENTE RECOMENDABLE!

Visitarlo todos los martes (como mínimo)

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Cuando hace ya un “tiempecito” conocí la famosa “Casita de la resiliencia” presentada por Stefan Vanistendael me chocó que el desván de la misma lo definiera como la “apertura a otras experiencias”.

¿Cómo podía ayudar a una persona en una situación difícil conocer otras experiencias distintas a la suya? Sin embargo, desde entonces, la vida no ha hecho otra cosa que convencerme de la importancia de una ventana a otras realidades.

Muchas veces (cada vez menos, es cierto) he oído a gente  criticando, por ejemplo, el acogimiento temporal de niños apelando a que se iba a poner al niño en una situación mejor que la que tenía para, probablemente, luego devolverle a su situación (peor) de origen.

Evidentemente la lógica de partida del acogimiento no es esa (la del acogimiento simple en España que no las estancias vacacionales de menores saharauis, etc.). Se pretende con esta medida que el niño o la niña vuelvan a una situación familiar de origen mejorada durante el acogimiento. Pero todos sabemos que no siempre podemos afirmar que esto sea así.

En todo caso creo que la secuencia MALO – MEJOR – MALO siempre es mejor que la secuencia MALO – MALO – MALO. Por eso mantengo que el acogimiento familiar temporal de menores tiene sentido. Precisamente porque puede suponer hacer subir a un menor a un desván desde cuya ventana se ve un paisaje atractivo que le motive a (le haga desear) salir de una casa con goteras y grietas.

Entiendo que mucha gente no lo vea así. Pero me cuesta más entender porque entonces esa misma gente se toma todos los años su mes de vacaciones. ¡Es cruel si luego van a tener que volver a su trabajo!.

Ni tampoco entiendo que estén de acuerdo en que sus hijos vayan “de Erasmus” a Noruega, Bélgica e Inglaterra. Probablemente aleguen que es un experiencia enriquecedora.

Al parecer es aceptable una secuencia BUENO – MEJOR – BUENO pero es intolerable y cruel una secuencia MALO – MEJOR – MALO. Las experiencias temporales enriquecedoras  son crueles… ¡excepto para los ya ricos!.

Al parecer también a la gente que sufre la adversidad hay que convencerla de que debe salir adelante, de que luche por mejorar…¿Por qué? Porque sí. Por que es lo razonable. Lo cual sería acertado si el ser humano fuera razonable pero me temo, o quizá me alegro, que no es así. No hay nada como una buena emoción para que “movamos el culo” (perdón).

En todo caso ya dijo no sé qué padre de los planteamientos sistémicos: “la noticia de una diferencia es el primer paso para el cambio” (o algo así). Tendemos a pensar que la realidad es como es y no puede ser de otra manera. Pero el día que descubrimos que sí puede ser de otra manera ya nada será igual.

El jueves pasado tuve el placer de recoger y enseñarle el centro en el que trabajo a Iñigo,  educador de la entidad IRSE-Álava (Instituto de Reintegración Social de Álava) que trabaja en un Centro de Preservación Familiar en Vitoria. Cristina Rojo, la coordinadora del área residencial, que me conocía de este dichoso blog en el que ya es una “asidua comentarista”, me pidió si podía atenderlo ya que venía a Valencia al Congreso de Educadores Sociales.

Pues bien… la conversación con Iñigo, a lo largo de dos horas, fue para mí como si me abriera una ventana y viera un paisaje desconocido y atractivo. No se trata ahora de explicar los detalles de esta sensación. Simplemente diré que en la Comunidad Valenciana no existen Centros de Preservación Familiar. Tenemos Servicios de Intervención Familiar (SEAFIS) y Centros de Día de Menores. Pero no las dos cosas juntas.

Iñigo, que es un tipo de encantador, abrió la ventana y dijo: – Mira –. Y yo dije: -¡Ostras!…  Pero cuando se fue NO ME QUEDÉ FASTIDIADO pensando: ¡Que asco… nosotros no lo tenemos!. Al revés. Pensé… ¡Que chulo! ¡QUIZÁ ALGÚN DÍA…!

Si como profesionales a veces necesitamos subir al ático, abrir la ventana y mirar lo qué hay más haya de nuestros límites cotidianos, ¿no deberíamos pensar que la gente que está en situaciones desfavorables necesita experiencias gratificantes que le insuflen “el realismo de la esperanza”?

He sido beneficiario de la curiosidad de Cristina e Iñigo y además estoy seguro de que los menores y familias del Centro de Preservación Familiar de IRSE en Vitoria tienen suerte de que sus profesionales miren la vida con gafas de resiliencia.

(Ubicación en el blog-rrador: 8.d)

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La imagen del “taburete de la resiliencia “ fue muy estimulante para mi durante un tiempo.

Con ella conseguía recoger la idea escuchada en directo a Boris Cyrulnik de que para que se dé la resiliencia se necesitan tres cosas: disposición de recursos externos;  adquisición de recursos internos y significado o sentido.

Además eso me permitía ir clasificando lo que encontraba en la literatura que ayudaba a la resiliencia. Algunas veces la clasificación era fácil. El sentido del humor se tiene o no se tiene. Podré fomentarlo, enseñarlo, modelarlo pero, al fin y al cabo, podemos ordenar a las personas en función de SU sentido del humor. No tengo duda de que es un recurso interno que se debe haber adquirido para facilitar la resiliencia.

Sin embargo el sustento emocional es claramente un recurso externo. La propia expresión lo dice: sustento. Puedo quererme a mi mismo pero eso es otra cosa.

Y hay algunos que están a caballo de lo externo y lo interno. En la última entrada del blog  me decantaba de colocar los retos entre los recursos externos que deben ser ofrecidos. Pero no cabe duda que una vez ofertados la superación del reto es un recurso interno.

Pero Cyrulnik también insiste en una relación dinámica entre estos tres factores. Aquí la imagen de el taburete empieza a quedarse corta. Lo único que lo representa es la madera circular que suelen llevar los taburetes para unir las tres patas y darles así estabilidad.

Así que necesitaba una imagen que me permitiera reflejar gráficamente las distintas configuraciones que pueden explicar la resiliencia en cada caso concreto. Y preparando un curso comencé a utilizar esta otra imagen (las rayas que conectan a unos con otros son sólo posibilidades entre otras muchas)

sinapsis

Al principio no le di más importancia que una manera más atractiva de ir presentando los distintos elementos de la resiliencia. Primero aparecería sólo (y de uno en uno) los factores externos (en azul) y con rayas horizontales; luego los recursos internos (en rojo) y con rayas horizontales que surgen del interior de la persona; más lo que el cerebro de la persona construye con todo lo que le pasa (el significado, sentido o perspectiva).

Pero luego me di cuenta de que este modelo me permitía reflejar las conexiones que se pueden dar entre unos elementos y otros de las tres vertientes de la resiliencia (y que con el taburete no podía reflejar).

Podemos en este gráfico ver muchas posibles interacciones. Un par de ejemplos:

1.- La persona que sufre la adversidad y se coloca en posición de humildad (necesito ayuda pero no la exijo) es mucho más probable que pueda recibir sustento físico, pero sobre todo emocional, porque alguien recibirá satisfacción por ayudarle (no hay quien ayude a quien nos rechaza la ayuda , y a quien nos la exige acabaremos por mandarle a esparragar) Ese sustento emocional le ayudará a considerarse que es valioso para otro u otros y eso influirá en su autoestima. Con ella es más probable que pueda asumir pequeños retos que, una vez vencidos, le ofrezcan una perspectiva histórica de superación: lo que antes parecía imposible ahora ya no tanto….

2.- Soy un deshecho humano. Lo que me ha pasado es terrible y nadie me puede entender. Mejor no contarlo. Pero hay una cosa que hago bien y que es lo único bello en mi desgracia: la música (capacidad artística). Puedo refugiarme en un refugio de belleza y escapar de mi vida horrorosa. No puedo mostrarme a los demás (rechazarán mi dolor) pero puedo mostrar mis composiciones y a través de ellas me volveré a conectar con los otros (sustento emocional). Y quizá poco a poco, y a través de la música podré expresar de forma indirecta mi dolor y quizá un día narrarlo. Y si alguien se siente reflejado en mi sufrimiento quizá yo pueda ayudarle (altruismo) y sentirme de nuevo vivo y útil. Quizá así mi vida vuelva a tener sentido. Igual Dostoievski tenía razón y “la belleza salvará (salva) el mundo”.

Por esto creo que de momento a esto le podemos llamar “modelo sináptico (sipnasis = enlance) de la resiliencia” porque nos permite describir ciertas dinámicas de los procesos de resistir y rehacerse de la adversidad que escuchamos de quienes la han vivido.

Además representar cada elemento como una raya me recuerda a los “tutores” que se utilizan con las plantas, bien sean verticales (como en las tomateras) como horizontales (como en las vides).

(Ubicación en el Blog-rrador: 11 )

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He tenido experiencias y he conocido situaciones en las que una ayuda bienintencionada ha podido tener efectos, cuanto menos, paradójicos o contradictorios. Se ayuda a corto plazo a una persona pero:

  • se genera otro problema a medio o largo plazo, o
  • se retrasa la verdadera solución del problema

Podemos encontrar así:

  • personas allegadas a una familia con menores en situación de riesgo que intentan cubrir necesidades mínimas o esenciales de los mismos porque sus padre son incapaces. Es lo que en acción social se llaman “parasociales” y que algunas familias de acogidas llegan a ser cuando el menor acogido retorna a su familia (sin que la situación haya cambiado significativamente). Yo lo he sido. Lo confieso. No me arrepiento pero no dejo de ser consciente de que quizá ayudé a mantener una situación  que finalmente cayó por su propio peso.
  • familiares que por afecto a un miembro de su familia impiden que se de el golpe que quizá necesita para tomar otro camino.
  • padres que no soportan el más mínimo sufrimiento de un hijo y no le dejan crecer.

Así que me preguntaba “yo a mi mismo” si esto de la resiliencia tenía que decir algo al respecto. Y en mi única neurona repasé mis esquemas sobre variables para la resiliencia… “A ver… disposición de recursos externos…  ¡Goool!¡Goool del Valencia!….. ¿en qué estábamos? …¡Ah!¡Sí!… adquisición de recursos internos!… no, Pablo , no… ahora no puedes usar el ordenador…. significado o sentido…¡Mila! ¡recoge tu cartera!.”….Y de repente en el esquema mental de recursos externos, en el último apartadito, ahí estaba…¡RETOS!

Muchas personas que han experimentando la resiliencia nos dicen que cuando se sale de una gorda en la vida a veces queda la sensación de que se puede con todo. Una gran tragedia puede inocular sentimientos de fragilidad y gratitud pero también, y no es incompatible aunque lo parezca, de invulnerabilidad.

Podría ejemplificarlo con algún ejemplo real, como por ejemplo el propio Boris Cyrulnik (Ver en su libro “Me acuerdo…”) pero justo hace dos días en un capítulo de una serie de televisión (“Alcatraz”) uno de los protagonistas le dice (más o menos) a un niño que acaban de salvar de un secuestro y posible asesinato:

“Cuando yo tenía 11 años también pasé por una situación como la tuya. Fue duro pero conseguí escapar. Desde entonces tuve la sensación de que tenía poderes. Como los superhéroes. Por eso dibujo comics”

Esta frase algo exagerada refleja muy bien lo que quería expresar.

También recuerdo un curso en el que, al comentar esto, una compañera compartió con nosotros que, en el centro de mujeres donde trabajaba, una usuaria llegó y comentó que el oftalmólogo le había dicho que iba a perder la visión en un ojo. Sin embargo la chica parecía más animada que las propias compañeras y profesionales del centro. Estas últimas habían interpretado esto como un proceso típico de la fase de “negación” en el duelo. Sin embargo ahora, quien nos lo contaba, recordaba que esta chica había pasado muchas adversidades en la vida a pesar de las cuales había seguido adelante. Y, de hecho, fue al hablar de esto en el curso cuando ella recordó que ese fue más o menos el comentario de la muchacha: ya he salido de otras, también saldré de esta.

(Un aparte: Es curioso. Si me pongo las gafas del duelo veré duelos por todas partes, si me pongo las de la resiliencia, veré resiliencia… Pero a cada uno nos gustan unas gafas y a mi me gustan estas)

Por tanto, si una vacuna inocula una porción de virus para que nuestro cuerpo genere anticuerpos, un reto puede actuar como “generador de resiliencia”.

Si lo ubico mentalmente en “disposición de recursos externos” es porque no podemos esperar que la persona “sufriente” tome la iniciativa en este sentido. Porque entonces estaríamos en la  posición de la resiliencia como fortaleza interior y que, a mi particularmente, no me interesa demasiado. Pero también es verdad que el reto se ofrece para que el otro lo supere. Por ello los retos serían el puente natural entre recursos estenos y recursos internos.

El reto debe ser ofrecido o planteado desde el exterior y superado desde el interior. En una conferencia escuché a Giorgio Nardone, terapeuta estratégico italiano, decir algo así como: “Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es ofrecerle un reto cada día”.

Me recordó otra recomendación que oí muchos años y que me ha servido mucho como padre (aunque esto habría que preguntárselo a mis hijos): “A los niños hay que tratarlos como si fueran mayores de lo que son… pero sabiendo que no lo son”. Es decir exigirles un poco más cada vez pero entendiendo, si no lo consiguen, que no pasa nada grave. Si no les exijo, quizá no crezca. Si solamente les exijo, los machacaré.

Por tanto para ayudar a personas a resistir y rehacerse de la adversidad no solo hay que ofrecerles sustento físico y emocional sino también oportunidades, experiencias y … retos. O no evitárselos.

Si no es así puede pasar eso de lo que estábamos hablando. Les ayudaremos de momento y quizá les tengamos que ayudar toda la vida.

Si la persona no puede saltar metro y medio puedo ayudarle a hacerlo pero al mismo tiempo debería pedirle que intente saltar 50 cms. Y cuando lo consiga proponerle el reto de saltar 70 cms. Si hago lo primero solo ya me veo ayudando a saltar a esa persona toda la vida.

Tengo que concluir pues, que efectivamente, puede haber formas de relación de ayuda que no favorezcan la resiliencia.

Un planta trepadora se sirve de su tutor pero la que crece es ella.

(Ubicación en el blog-rrador: 8.f.)

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         Un padre siempre debe adoptar a su hijo. Unos lo adoptan al nacer, otros algunos días o semanas después, otros cuando empiezan a hablar, etc. Sólo hay padres adoptivos.

Froncoise Dolto

Años después de la separación de The Beatles, John Lennon compuso, y triunfó de nuevo, con una hermosa canción. Hermosa en su música y hermosa en su texto:

Imagina que no hay paraíso.
Es fácil si lo intentas.
No hay infierno debajo nuestro,
Arriba nuestro, sólo cielo.
Imagina a toda la gente
Viviendo el presente.
Imagina que no hay países.
No es difícil hacerlo.
Nada por lo cual matar o morir,
Y tampoco ninguna religión.
Imagina a toda la gente
Viviendo la vida en paz.
Quizás digas que soy un soñador
Pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros
Y el mundo será uno solo.
Imagina que hay posesiones.
Me pregunto si puedes.
No hay necesidad de codicia ni hambre.
Una hermandad humana.
Imagina a toda la gente
Compartiendo todo el mundo.
Quizás digas que soy un soñador
Pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros
Y el mundo será uno solo.

La canción es una invitación explícita a unirse a una marcha hacia un mundo ideal. Su mundo ideal. Y en éste no tenía cabida ni las fronteras, ni la religión, ni el hambre, ni la codicia…

Ni la paternidad. John Lennon debería incluido una frase más o menos parecida:

Imagina a todos los niños queridos por sus padres

Pero no lo hizo, a pesar de que fue su experiencia. Como el mismo escribió:

“Lo más doloroso es no sentirse querido o comprender que tus padres no te necesitan tanto como tú a ellos (…) El desamor acabó calando en mis ojos y en mi pensamiento (…) En realidad nunca me quisieron. Si soy una estrella, es sólo a causa de mi represión. Nada me habría llevado a todo esto si yo fuera normal”

La historia es bien conocida. Pero además el mismo la ha contado:

Mi madre y mi padre se separaron cuando yo tenía cuatro años…” – y su padre se fue a un país lejano – … y me fui a vivir con mi tía Mimí (…) A mi madre, la vida le superaba. Era la menor (de 5 hermanas) y no sabía muy bien que hacer conmigo, así que acabé viviendo en casa de su hermana mayor”

Para colmo, en su adolescencia, cuando estaba recuperando la relación con su madre (aunque fuera más como una hermana o una amiga) murió atropellada por un conductor borracho.

“La perdí dos veces: una cuando me llevaron a vivir con mi tía, y otra a los 17, cuando murió físicamente”

¿No debería haber deseado un mundo donde todo niño se sienta importante para sus padres? ¿Un mundo sin abandonos afectivos? En Imagine se habla de fraternidad, de hermandad, de compartir… pero nada de familia, nada de niños…

O lo que es peor ¿no debería haber hecho todo lo posible para que su hijo Julian no tuviera ese mismo sentimiento de desamor?.

Si bien en la actualidad Julian dice haber perdonado a su padre no fue así durante muchos años. En 2000, durante la conmemoración del vigésimo aniversario de la muerte de John Lennon, declaró: “Podía hablar de paz y amor al mundo pero nunca los mostró hacia las personas más cercanas a él“.

Cuando Julian nació, los Beatles estaban empezado a triunfar. Se había acordado que se ocultaría el hecho de que John y Cynthia se habían casado, unos meses después de que conocieran el embarazo.

John fue a visitar al hospital a su mujer varios días  después de que su hijo naciera y al respecto el propio John refirió:

“Cyn iba a tener un niño y las vacaciones ya estaban planeadas, pero yo no iba a renunciar a las vacaciones por un bebé. Así que me dije que era un hijo de puta y me fui”

Esta es la tónica general de la actitud de John Lennon hacia su hijo Julian, al menos durante los 5 años que duró el matrimonio de sus padres.

John Lennon no rompió el círculo. No adoptó a su hijo ni en el momento de nacer, ni unos días o unas semanas después, ni nunca.

La clave probablemente está en su comentario: “El desamor acabó calando en mis ojos y en mi pensamiento” . Porque lejos de compadecerse de su situación empezó a verle ventajas:

”A veces me alegraba de no tener padres (…) Algunos no ven que sus padres, incluso a los 40 ó 45 años, los siguen torturando. Siguen dominando por ellos, el pensamiento o la mente. Yo nunca tuve ese miedo a mis padres, ni ese afán de agradarles”

John Lennon consigue verle una ventaja a su desamor. Y de ahí a justificarlo sólo hay un paso:

“Al noventa por ciento de las personas de este planeta, sobre todo de occidente, las ha traído al mundo una botella de whisky un sábado por la noche, y el hijo no figuraba en sus planes. El noventa por ciento de nosotros somos accidentes: no conozco a nadie que haya proyectado tener un niño. Todos somos sorpresas del sábado noche”

Sorpresas del sábado noche en marcha fraterna por un mundo sin fronteras, sin religión, sin hambre… y sin padres que asumen que son padres.

(Ubicación provisional en el Blog-rrador : 2)

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Párrafos y párrafos dedicados a la resiliencia sin hablar del sufrimiento es un ejercicio de alta cocina. “Escabeche de capón al aroma de lluvia cítrica”, “Confitura fría de foie con virutas de ibérico”, “Helado de aceite de oliva a las lágrimas de oro”… Todo muy sugerente (los platos son inventados, creo) pero si los pidiéramos no estaríamos muy seguros de lo que íbamos a comer.

Sin embargo, en la cocina tradicional, los platos se nombran, normalmente, por sus componentes: pollo con limón; hígado de oca con jamón… ¡Huevos con patatas! Y de vez en cuando alguna referencia a la técnica: escabeche de perdiz, calamares a la romana…

La resiliencia implica la elaboración del sufrimiento. Sin sufrimiento no hay resiliencia. Pero puede pasarnos como en la cocina creativa: que al final nos centramos tanto en el resultado final que lo menos importante sea el sufrimiento a partir del que se construyó (y que además no desaparece del todo).

Si repaso los materiales (presentaciones) que uso en los cursos sólo descubro, entre cientos de “diapositivas”, una o dos dedicadas a hablar de los tipos de adversidad. O de otra manera, en un curso de 30 horas habré dedicado 2 ó 3 minutos a hablar sobre las adversidades de la vida.

Que si unas son noqueantes (te dejan sin sentido o fuera de combate) como la pérdida de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad de difícil curación, un despido laboral imprevisto… y que si otras, sin embargo, no te tumban, se puede vivir con ellas, pero te desgastan y te pueden llevar a la extenuación: una enfermedad no mortal pero incapacitante, un trabajo mal pagado, un desencuentro con un ser querido…

Que si hay adversidades que suponen un ataque a nuestra integridad física o a nuestro bienestar emocional (cualquiera de las anteriores) y otras que en realidad suponen un impedimento a nuestro normal desarrollo aunque en principio no las vivamos mal (por ejemplo crecer con unos padres negligentes o incapaces, o crecer sin los recursos escolares mínimos o en la extrema pobreza….)

Y poco o nada más. Es decir, dos párrafos en 70 entradas en un blog.

Resulta contradictorio que el sufrimiento humano, junto con el amor, haya inspirado: las grandes religiones;  la mayoría de las creaciones artísticas; los grandes avances técnicos y sociales de la historia universal… y yo me lo liquido en dos párrafos. Genial.

Es cierto que el sufrimiento destila de la adversidad y que con él, en ocasiones, se elabora el buen vino de la resiliencia. Pero no todos los vinos son iguales porque no todas las uvas son iguales. Y hay sufrimientos y sufrimientos.

El dolor emocionalPara enmendar todo esto tengo que recomendar, para quien quiera darse un paseo por los paisajes del sufrir, el libro “El dolor emocional. Crecer desde el sufrimiento”. Se trata de una interesante iniciativa de Plataforma Editorial. Se les ocurrió reunir a Ramón Bayés, catedrático emérito de Psicología; a Miquel Vilardell, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Cataluña y médico en ejercicio; y a Tina Parayre, coordinadora del departamento de voluntarios del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, y poner una grabadora mientras reflexionaban sobre el sufrimiento.

A lo largo de sus no demasiadas páginas podemos empezar a descubrir un sinfín de matices y aspectos del sufrimiento humano: la diferencia entre dolor y sufrimiento; el sufrimiento compartido; la soledad del sufrimiento o el sufrimiento por soledad; la preparación o el entrenamiento en el sufrir; la incertidumbre como núcleo de todo sufrimiento; sufrimientos de primer o de segundo nivel; el sufrimiento útil y el sufrimiento inútil; los sufrimientos específicos de la infancia o de la vejez; el desamor o la pérdida del ser amado; la necesidad de humildad frente al sufrimiento…

Una lista de contenidos que aparentemente puede deprimir al mas divertido de la fiesta pero que tratada con la sencillez, la profundidad y la talla humana de los contertulios actúa paradójicamente como un bálsamo para los dolores del alma.

No es fácil encontrar un libro así porque lo habitual es encontrar libros con la idea contraria: todo sufrimiento es inútil (hay un título casi literal) y evitable. Los psicólogos hemos contribuido mucho a lanzar a la sociedad el mensaje: si sufres es porque eres idiota y si me haces caso dejaras de hacerlo.¡Qué curioso! ¡Justo el mensaje que puede llegar a bloquear la resiliencia! La resiliencia necesita casi siempre que haya un reconocimiento y respeto por el dolor de la víctima.

Ya Boris Cyrulnik tuvo las narices de escribir un libro llamado nada más y La Maravilla del Dolor (Spanish Edition)menos que “La maravilla del dolor” Y se quedó tan pancho, el tío (el subtitulo es “El sentido de la resiliencia) No sé si fue su primer libro pero sí fue el primero que yo leí. Buscaba “Los Patitos Feos” que estaba pegando fuerte en ventas en ese momento pero en la librería de mi barrio no lo tenían. Caprichoso por naturaleza e impaciente me llevé éste publicado anteriormente en otra editorial (Granica). Y hay empezó esta neurosis mía sobre eso tan raro de la resiliencia.

Así que todo empezó por el dolor y, varios años después, en un blog que en aquel entonces ni soñaba, debo reivindicar que es necesario no usar la resiliencia para no hablar del sufrimiento. Existe el peligro que fascinados por la resiliencia olvidemos que el sufrimiento, mientras no se demuestre lo contario, es consustancial a la vida y a la naturaleza humana. Así lo creo yo al menos.

Incluso los sufrimientos evolucionan con la historia. Quizás, permitidme el atrevimiento, en la edad media y hasta no más de un siglo y medio, perder un hijo no suponía el mismo sufrimiento que hoy en día aunque sólo fuera porque era muy normal.

Estamos contemplando y viviendo el impacto brutal de los nuevos medios y tecnologías de comunicación que está provocando una revolución de corte mundial que aún no sabemos dónde nos llevará. Lo que es seguro que aparecerán soluciones para algunos sufrimientos (estoy convencido que la calidad de vida de muchas personas con discapacidades mejorará) pero aparecerán también nuevos sufrimientos o trastornos, algunos de los cuales ya podemos intuir… aunque sea riéndonos un poquito:

– El vacio existencial provocado por el “no hay correos en la bandeja de entrada” (o Síndrome ¿hay alguien más ahí?)

– La adicción al contador de visitas del escritor de blogs

– El síndrome “si no contesto me muero” o su complementario “el imbécil me ha dejado con la palabra en la boca y se ha puesto a hablar por el móvil”

– La alucinación “A alguien le debe importar que yo esté en la peluquería“ (Síndrome Twitter)

¿Se te ocurre alguno más?

Soy básicamente optimista con todas estas tecnologías pero quizá un días descubramos que igual que hay gente que recurre al alcohol para huir o afrontar ciertos sufrimientos empiece a haber gente que recurre a ellas para lo mismo.

¿Qué sufrimientos se esconden detrás de este blog?

Siempre he bromeado (broma: verdad amarga envuelta en humor) que este blog es mi tutor de resiliencia para resistirme y rehacerme de la Administración en la que trabajo (espero que no lo lean mis jefes y jefas). Pero siendo honesto también para huir de “mis demonios” que a veces , como a todo el mundo, me hacen sufrir. Pero lo dejo para cuando tengamos más confianza….

(Ubicación provisional en el Blog-rrador – con retoques- : 6)

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De Cebras y Hombres

Últimamente las cebras se han puesto muy de moda entre los psicólogos.

Supongo que todo arranca de un libro, ya clásico, de Robert Sapolsky especialista en el tema del estrés que se llama “Por qué las cebras no tienen úlcera”

De alguna manera las cebras, junto con otros herbívoros de la sabana africana, ejemplifican una situación que a todos nos puede pasar en un momento dado. La vida de las cebras discurre normalmente en un ritmo pausado. Pastan, corretean y juguetean, se aparean… y de repente surge el peligro, la adversidad: llega el olor a leona. El grupo se pone en tensión. Finalmente se produce el ataque y en pocos segundo todo habrá pasado para bien o para mal. O las leonas no conseguirán atrapar a una de ellas o al conseguir una presa se olvidarán del resto por varios días.

Puede ser una metáfora de la vida misma. Vamos viviendo y de vez en cuando a nuestro lado surge la desgracia: un familiar sufre un infarto; a un amigo le diagnostican cáncer; tu hermano te dice que se separa…. Ataques de la vida que se va cobrando presas… Hasta que un día el zarpazo de la vida lo recibes tú.

Quizá sea por ello que se han puesto de moda las cebras entre los psicólogos.

Pero la analogía, poética hasta ahora, se derrumba casi por completo una vez ha terminado el ataque de las leonas.

Imaginemos que una de ellas persigue a una pareja de cebras que han quedado rezagadas. Finalmente la leona consigue saltar sobre una de las dos y atraparla. Las otras leonas acuden a ayudar a su compañera y en consecuencia la segunda cebra toma distancia y se salva (Ya lo indica Jorge Wasenberg en su libro A más cómo, menos por qué: 747 reflexiones con la intención de comprender lo fundamental, lo natural y lo cultural: una cebra no necesita correr más que una leona para salvarse. Necesita correr más que otra cebra)

¿Cómo estará la cebra superviviente una o dos horas después del ataque? Podríamos asegurar que prácticamente igual que una hora o dos antes del mismo. Volverá a su vida anterior: comer hierba, aparearse, pegar coces a una compañera de manada….

Imaginemos ahora que el grupo de leonas cazadoras encuentra en su camino a dos seres humanos que se han separado imprudentemente del campamento de un safari fotográfico. Cuando las dos personas descubren a las leonas comienzan a correr, con lo cual éstas, a su vez, descubren que esos seres extraños que caminan a dos patas son presas.

Finalmente las leonas atrapan a una de las dos personas. La otra consigue refugiarse en un árbol y desde allí contemplar como los felinos se alejan arrastrando el cadáver de su pareja de aventura.

¿Cómo estará la persona superviviente dos horas después aún en la seguridad del campamento? ¿Y a los dos días?¿Y a los dos años? …

Se me ocurren varias posibilidades:

  • Estará en pleitos judiciales contra la empresa organizadora del Safari por no haber delimitado con cinta un perímetro de seguridad.
  • Habrá creado la Asociación de Víctimas de Leones o la Asociación para la rehabilitación de leonas asesinas
  • Habrá escrito un libro contando su historia
  • Habrá generado fobia a los gatos
  • Padecerá una depresión y se sentirá culpable por haber corrido más que su pareja
  • Etc.

Evidentemente no puedo asegurar que ocurrirá ninguna de estas cosas pero sí puedo asegurar que la persona superviviente hará algo con la tragedia que le sucedió.

Esa es la diferencia entre cebras y hombres. A las primeras les suceden cosas. Los segundos hacen cosas con lo que les sucede.

La resiliencia depende no sólo de la adversidad objetiva sino de la lo que mi cerebro hace con la adversidad que me sucede. Y unas personas harán una “desgracia de la desgracia” y otras harán una “oportunidad de la desgracia”.

El que se construya una cosa u otra no depende sólo de mis recursos internos o de mi carácter, sino también de la reacción del entorno… pero el hecho es que cada persona elaborará de una manera diferente lo que le ha sucedido.

Y esto pasa en las mejores familias. Una misma realidad familiar, unos mismos padres, un mismo incidente familiar es, con el paso del tiempo, recordado y valorado de forma diferente incluso por cada uno de los hijos.

Unas personas ven designios divinos hasta en el más nimio detalle de su vida (¡Gracias Dios mío! ¡Un sitio para aparcar!). Otros no los verán ni aunque se le aparecieran los cuatro arcángeles en su habitación. Unos encontrarán un significado sexual al hecho de que alguien olvide las llaves frecuentemente. Otros asegurarán que invitar a cenar a un o una empleada en un restaurante de lujo es trabajo.

El ser humano es una máquina de otorgar significados. Y por ello el significado que se da a la circunstancia adversa es esencial para que se dé o no la resiliencia.

(Ubicación de la entrada en el Blog-rrador: 10.a )

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