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Archive for the ‘Sentido’ Category

el móvil

Desde que leo y escucho sobre el tema de la resiliencia tengo claro que la trascendencia es importante para la misma. Pero es un tema complicado de abordar, y por eso a penas lo he tocado, pues tiende a confundirse con las creencias (religiosas o laicas, como le gusta matizar a Boris Cyrulnik) y no es mi intención meter, conscientemente, el blog en arenas demasiado movedizas.

Pero esta mañana me ha ocurrido un hecho aparentemente insignificante que me ofrece una metáfora para abordarlo “en modo seguro”.

A las ocho y media de la mañana, en uno de los momentos más álgidos del habitual estrés matutino de la locura cotidiana de mi casa, el móvil de mi mujer ha sonado. Era una persona muy querida por nosotros y que está pasando unos momentos objetivamente muy, muy difíciles.

A mi mujer, que tiene el superpoder de convertirse en Earwoman (“la mujer oído”) o “la oreja que siempre escucha”, ni siquiera se le ha pasado por la cabeza decirle “Me pillas acabando de arreglarme y con mi marido histérico por las prisas…” El resultado es que se ha acabado de arreglar; hemos bajado al coche; me ha reñido con un gesto por mosquearme con otro conductor; hemos hecho todo el trayecto hasta su trabajo; nos hemos despedido con otro gesto, y durante veinte minutos (saludar a los compañeros, encender el ordenador, etc) ha seguido la conversación con esta persona totalmente ajena a lo que mi mujer estaba haciendo mientras hablaba con ella.

Si mi mujer hubiera dicho algo por lo que su interlocutor o interlocutora pudiera adivinar las circunstancias de mi mujer estoy seguro que habría reaccionado diciéndole algo como: “Ya te llamo luego”… “habérmelo dicho”… Pero como no tenía ningún indicio, lo normal es que se haya imaginado a mi mujer cómodamente sentada en la mesa de su trabajo o en casa. Normal.

Como normal es que que cuando la vida nos va suficientemente bien y, en nuestro cercano alrededor, no hay grandes desgracias (la vida no nos dice que está jodida) no pensamos en los sufrimientos. Ni nuestros, ni de nadie. Es como si al otro lado del teléfono todo estuviera tranquilo.

Pero cuando la adversidad nos visita y nos deja grogui, tambaleándonos,… sentimos que algo nos desgarra de ese mundo sin sufrimiento en el que creíamos y anhelamos vivir. Podemos incluso sentirnos desterrados. Yo ya no pertenezco a ese mundo porque mi sufrimiento es insufrible. La vida es bella pero la mía es una putada. Nadie puede entenderme.

Pero poco a poco, cuando la quemazón va lentamente enfriándose, te das cuenta de que sí había alguien al otro lado del teléfono pasándolo mal. No eres el primero al que le diagnostican esa dichosa enfermedad; no eres la primera a la que se le muere un ser tan querido; no eres el único o única a la que… Y de ellos podrás quizá recibir: consuelo, ejemplo, modelos… pero sobre todo conexión. Ya perteneces de nuevo a algo o alguien.

Ni serás la única persona a la que le pase. Otros se tendrán que enfrentar a lo mismo que tú…. Y de ellos quizás recibas… una misión, un sentido (dirección) para tu NUEVA vida (porque ya no es la misma).

Es aquí donde creo que entra en juego la trascendencia en la resiliencia.  La acepción filosófica de la palabreja que recoge la Real Academia Española de la Lengua es “aquello que está más allá de los límites naturales y desligado de ellos”.

Los límites naturales son los que percibes con tus sentidos. Pero tu mente, en la desgracia, puede ir más allá de ellos y… pensar. Pensar: YO estoy muerto, TÚ no me puedes ayudar (nadie puede hacerlo) Pero quizá esto sirva para algo para ÉL, para ELLA, para ELLOS. Soy una VÍCTIMA pero puedo llegar a ser un SALVADOR, un HÉROE para ALGUIEN.

En definitiva el sentido trascendente no es más que el sentimiento que hay algo (lo que sea) que es más importante que nosotros mismos. Llámale Dios, llámale Sociedad, llámale Justicia, llámale Humanidad, llámale Hijo… Mi desgracia es una putada de la vida, YO no me repondré del todo, pero quizá… quizá sirva para ÉL o ELLA.

Personalmente una de las cosas que más me consuela en momentos complicados es pensar que ese sufrimiento no es baldío. Que algún día mis hijos se beneficiarán de él (no por sus resultados sino por el sufrimiento mismo: si ellos tienen que pasar por ese fuego yo estaré ahí para acompañarles porque ya he estado allí).

Puede ser un autoengaño. Tiene toda, toda la pinta. Pero me mosquea que alguna vez se me ha concedido poder comprobarlo. De tocarlo con mis manos. Pero esto ya no lo puedo contar.

Como mi mujer no pudo contar esta mañana que no era el momento. Porque su momento no era el importante. El momento importante era el de quien estaba… al otro lado del teléfono.

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No voy a engañarte.

La finalidad última de este post es simplemente rebotar un video que me ha gustado mucho. Por tanto podría haberlo reseñado y ya está. Pero como el próximo post y quizá alguno más suponga el suicidio del blog ya que pretendo reflexionar sobre el suicidio de las personas. Así que he pensado sacarle un poco más de jugo a este video que deja buen sabor de boca.

Porque casi siempre hablo (más bien repito lo que otros dicen) de la importancia del significado para resistir y rehacerse de la adversidad. Y puede parecer que el significado, el sentido es sólo necesario para cuando las cosas van mal.

Cuando las cosas van bien, sin embargo, parece que no hace falta preguntarse nada. Y no es cierto. Tan importante es plantearse ¿para qué me he quedado en el paro? que ¿para qué he aprobado estas oposiciones?. Nos va la vida igual en ¿por qué está enfermedad? que en ¿por qué este éxito?.

Es cierto, no lo voy a negar, que es más fácil descubrir que la vida nos interroga cuando nos toca las narices que cuando, como canta Juan Manuel Serrat:

De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas,
nos pasea por las calles
en volandas,
y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela.

Pero ¿cuánta gente ha encontrado el precipicio al final del éxito? ¿Cuánta gente ha llegado a la cumbre para preguntarse qué puñetas hago yo aquí?

Quizá por eso tanta gente admira a Rafa Nadal, nunca mejor citado ahora que acaba de salir en todos los periódicos del mundo por ser el primer tenista de la historia en ganar 8 veces el mismo Gran Slam.

Don Rafael Nadal Parera

Tanto como su éxito deportivo sorprende su capacidad para gestionar el éxito. Una capacidad que algunos atribuirán a sus genes o a su “especial” personalidad. Yo les recomiendo que lean sus memorias para descubrir que esa capacidad se ha ido cocinando lentamente en el contexto sociofamiliar que lo ha rodeado. Y que desde muy pequeño su tío y entrenador, Toni Nadal, le enseñó tanto o más que a mejorar el saque o el revés a darle significado a sus derrotas y a sus éxitos.

Oí el otro día a un periodista que lo entrevistó cuando ya había ganado su primer Roland Garros. Contaba que Rafa y un miembro de su equipo tenían que saltar la valla del Club de Tenis donde entrena porque llegaban antes de que llegara el encargado de mantenimiento. Y que tuvo que esperar que el propio Rafa aplanara la pista, una vez había terminado de entrenar, porque desde pequeño su tío le había dicho que siempre dejara la pista como la había encontrado.

¡Qué importante es que ayudemos a nuestros hijos e hijas a dar un significado adaptativo al éxito! Y no tenemos más remedio… porque si no lo hacemos nosotros alguien lo hará por nosotros.

Por ejemplo los vendedores. En una sociedad de consumo cada fabricante, cada proveedor de servicios, intentará que su producto se asocie al éxito. Éxito laboral o personal (felicidad incluida). Yo al menos nunca he visto un anuncio como estos:

“Está pizza es pésima pero por este precio ¿qué más quieres, miserable?”

“Salvemos los bares aunque consumas la bebida de la competencia”

El bañador más bonito con el que seguirás estando igual de gordo”

Por tanto lo del significado no es una opción.

– ¿Me pone una ración de vida?

– ¿Con o sin significado?

– Sin significado, por favor.

Ya he comentado muchas veces que, al menos para mí, lo que nos diferencia de los animales es que nuestro cerebro no puede dejar de atribuir significados.

Cuando por la mañana entro en el cuarto de baño y voy pisando toallas usadas o diversas prendas de ropa puedo pensar:  ¡Cabritos, lo hacen adrede para fastidiarme! o “Es normal, van a lo suyo, su cabeza está en otras cosas. Cuando sean padres ya se dejarán los riñones” . Lo que no puede hacer mi cerebro es: ¡Uhmmmm, qué curioso, toallas y ropa en el suelo. Tengo que analizarlo”.

Por eso es importante parar de vez en cuando y analizar que significado del éxito está actuando en nuestra vida. ¿Es el que realmente queremos o el que nos han vendido?

Por eso la charla de apenas 10 minutos de Niegel Marsh en Ted titulada “¿Cómo abordar la relación vida – trabajo con equilibrio?” es a mi entender mucho más que una reflexión sobre la conciliación vida familiar – vida laboral.

En realidad es una reflexión sobre el “equilibrio mental” (un término que últimamente me encuentro mucho y que lo descubro más sugerente que el de “salud mental”) y cómo dicho equilibrio requiere a veces pararse y rebelarse con el significado social del éxito o de otras cosas.

Y en todo caso la charla me parece un prodigio técnico. Breve, divertida e incisiva como un cuchillo. (Sirva de ejemplo esta frase: “Hay miles y miles de personas por ahí trabajando duras e interminables horas en empleos que odian  para poder comprar cosas que no necesitan  e impresionar a personas que no quieren”. Lo que me lleva a querer mandar a la papelera todos los powerpoint y prezzi que he usado en las mías. Me contendré de momento.

Dejo dos enlaces:

El propio de la plataforma TED con los subtítulos ya en castellano (si no aparecen puedes seleccionarlos en una pestaña abajo de la pantalla)

El del programa de RTVE “Buenas Ideas TED” que lo emitió el pasado domingo. La charla está doblada pero tendrás que encontrarlo a mitad del programa pues en este programa prologan y comentan a posteriori la charla seleccionada.

Y qué pena que ninguna editorial española se haya decidido, de momento, a traducir sus librosl:

  • Fat, Forty and Fired (“Gordo, cuarentón y quemado”)
  • Overworked y Overlaid (No me atrevo a traducirlo)
  • Fit, Fifty y Fired Up (“Delgado, cincuentón y relajado”)

Los extractos de su web prometen el mismo sentido del humor del que hace gala en la charla. ¡Qué se puede esperar de un ejecutivo agresivo que dio un giro a su vida siguiendo un consejo de… San Benito!

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En el post anterior Conchi Martínez nos muestra claramente el poder de las narraciones en general o de los cuentos en particular para ayudar a los niños en sus procesos de resiliencia.

Dada su formación  y experiencia como psicóloga su post nos explica, y nos ejemplifica, no sólo el cómo de la técnica sino el porqué y el para qué.

Se trata de un lujo de post donde una profesional que se enfrenta sistemáticamente, en un pequeño espacio terapéutico, al “dolor invisible de la infancia” que diría Jorge Barudy, comparte con nosotros su experiencia.

Pero no es mi caso, pues al trabajar en un centro de recepción de menores, mi trabajo se centra más en valorar ese dolor que en curarlo (es una forma de hablar).

Así que mi interés por las narraciones y los cuentos estriba no en mi profesión sino simplemente en calidad de observador curioso del “dolor inherente a la vida” y de las posibles tiritas para las heridas del alma (sea esta lo que sea).

Y por ello esta entrada es simplemente un contrapunto a la de Conchi. Ni le quita ni le añade un solo punto. Es simplemente otra mirada al mismo tema pero desde otro punto de vista.

Porque los cuentos o las narraciones predominantes de nuestra cultura no son sólo una herramienta para entender nuestra vida, sino que nuestra vida es en si misma una historia, una narración y, exagerando quizá, hasta un cuento (Todos deberíamos hacer el ejercicio de contar nuestra vida empezando por “Había una vez…”)

Los cuentos no sólo nos ofrecen soluciones a nuestros conflictos sino que nos ofrecen también conflictos (nudos) a nuestras vidas. O lo que es lo mismo nos ofrecen un contexto narrativo para la construcción de sentido en nuestras vidas.

Pondré un ejemplo personal y políticamente incorrecto.

A estas alturas de la movida no pretendo convencer a nadie de que exista un algo llamado Dios y menos de que existió un tipo llamado Jesús que va y resulta ser el mismo Dios encarnado. El mismo Dios (si existiera) me libre de intentar convencer a nadie.

Pero lo que no puedo negar es que la historia de un hipotético Dios hecho hombre y muriendo libremente por amor inmenso a su criatura (enemigos incluidos) es para mí probablemente “la historia más bella posible”. Y como historia, como narración, como… ¿cuento?… forma parte constitutiva de mi identidad personal.

Aceptando que quizá sólo sea eso, una historia, he decidido que sea una historia crucial en mi vida. O incluso, quizá no lo he decidido, sino simplemente que no lo puedo evitar. No puedo evitar que mi vida, sin esta historia, me parezca menos bella.

Pero dado ya el arriesgado y comprometido ejemplo no voy a seguir por derroteros metafísicos o trascendentes. Simplemente quiero recoger con mi experiencia personal lo que Cyrulnik explica en “El murmullo de los fantasmas” cuando compara la vida de Marilyn Monroe y la de Hans Cristian Andersen.

Marilyn cuando era niña, “…no conoció la ternura y comenzó a buscar a cualquier precio vivencias que le dieran un soplo de vida. No tuvo la suerte de encontrar a alguien que avivara en ella la chispa de la resiliencia y se convirtió en un fantasma. Por el contrario, Hans Christian Andersen encontró el cariño y pudo superar una infancia traumática, convirtiendo sus heridas en cuentos inmortales”.

Pero también señala que el ambiente cultural en el que creció Andersen estaba empapado de historias, de leyendas, de cuentos, de narraciones… que facilitaron un tejido de sentido para sus dificultades.

Quizá hoy en día los niños tienen que ir a terapia para que se les ofrezcan cuentos para entender la vida pero en otras épocas los cuentos estaban en el ambiente, en la cultura, entre la gente…

Es obvio, tras lo contado anteriormente, que yo he crecido en un ambiente cultural judeocristiano y quizá es interesante señalar que para el pueblo judío uno de sus principales elementos constitutivos fue la obligación de los padres de transmitir a sus hijos su propia historia (“Éramos esclavos en Egipto y el mismo Dios nos liberó”) Es decir, que hasta la identidad de todo un pueblo se puede basar en una historia, en un … ¿cuento?

Y justo en ese mismo pueblo y en sus textos sagrados existe una historia (un cuento) que explica precisamente el poder de los cuentos. De cómo un cuento puede servir para, como perfectamente explica Conchi, saltarse los mecanismos de defensa con los que todos nos protegemos.

Como es una historia que forma parte de mi infancia siempre he pensado que todo el mundo la conoce. Pero ya dice Cyrulnik que la cultura es aquello que cambia cada 10 kilómetros y cada 10 años. Y dado que tengo 52 tacos tendré que admitir que muchas, muchas personas, no conocen la historia del Rey David y el profeta Natán. Así que trataré de resumirla.

David era ya Rey de Israel, ungido por el mismo Dios de Israel (me cae simpático un Dios capaz de elegir no a un tipo perfecto sino a uno lleno de debilidades e imperfecciones).

Natán se entera de que David se ha liado con la mujer de un capitán de su ejercito y que para resolver su conflicto moral le ha mandado a éste a pelear en primera línea de combate en la esperanza de que su amante se quede viuda.

Natán, enviado por Dios, no recrimina directamente al Rey su conducta sino que le ofrece un cuento.

Un hombre rico tiene un rebaño enorme. Recibe una visita y debe matar a un cordero para agasajar a la misma y darle un banquete. Pero en su avaricia manda a sus siervos que se apoderen de la única oveja de un pobre vecino.

Cuando David escucha está historia salta completamente indignado por la conducta del hombre rico. Es entonces cuando Natán aprovecha para señalarle: “Ese hombre rico eres tu mismo. Que tienes todas las mujeres que puedas desear y has ido a encapricharte de la mujer de otro hombre…” David no tiene más remedio que reconocer la mezquindad de su conducta.

Si Natán hubiera recriminado directamente la misma a David este habría levantado un muro de autojustificación (e incluso habría conseguido una rápida condena de muerte).

Pero Natán no dispara directamente una denuncia al corazón de David. Natán le lanza un cuento a su inteligencia. Historia que, una vez entendida, provoca una emoción (indignación) en David que, a su vez hace que el propio David baje el puente de su fortaleza. Y a Natán sólo le queda que entrar paseando tranquilamente a la mismísima conciencia del Rey.

El poder de los cuentos, de las historias … para propiciar la resiliencia no sólo nos lo ha explicado magníficamente Conchi en su post. También Rosa Herrera, colaboradora de este blog y miembro del Grupo de Trabajo sobre Resiliencia de Valencia, lo expresa maravillosamente tras tener la gentileza de leer el borrador de esta entrada:

“En muchas ocasiones los seres humanos pasamos por la vida situándonos como víctimas de las circunstancias ante pequeños problemas que van surgiendo. Con esta actitud situamos a los demás como los verdugos que hacen nuestra vida ingobernable y esta actitud nos hace sentirnos impotentes, incapaces de modificar nada para mejorar las situaciones. Las metáforas, cuentos, narraciones nos permiten ver las situaciones como espectadores y a partir de ahí darnos cuenta de nuestras actitudes que favorecen que la cosa no vaya del todo bien.

El Rey David, incapaz de mirarse a sí mismo y por tanto de juzgarse, a través de la narración donde el protagonista es otro, es capaz de reconocer el crimen que ha cometido.

Siendo espectadores de la vida de los demás somos capaces de vislumbrar que actitudes están favoreciendo la situación. Cuando nosotros somos los protagonistas no tenemos la distancia suficiente para darnos cuenta de nuestras propias actitudes. Los cuentos, narraciones, fábulas…. nos denuncian y a la vez nos animan a continuar, a ver como nuestras propias actitudes están favoreciendo las circunstancias.”

Me encanta esta reflexión porque me apuntala la idea, cada vez más clara para mí, que la adquisición de sentido o significado, tan importante para la resiliencia, tiene que ver con cambios de perspectiva temporal pero también con cambios de perspectiva ¿por qué no?… espacial (o de marco referencial).

Y los cuentos, las narraciones permiten contemplar la vida no desde el escenario sino desde el patio de butacas.

Por terminar volviendo a mis raíces (a mis narraciones) judeocristianas no es de extrañar que otro ilustre judío, llamado Jesús y residente en Nazaret, aprendiera desde muy pequeño la utilidad de las parábolas.

Pero, en la hipótesis de que Jesús fuera Dios, tendríamos que concluir que las parábolas, los cuentos, las narraciones son una técnica… divina.

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En la entrada “No sé lo que pienso hasta que no lo escribo” apunté:

“Una entrada en el blog no da para expresar todo el potencial de la escritura como tutor de resiliencia. Espero no tardar mucho en recoger de nuevo esta idea. Pero de momento sirva este apunte para introducir la idea”

Hasta el momento no he retomado el tema pero, gracias a que esto de internet permite curiosísimas formas de colaboración, otra persona sí lo ha hecho.

En el post “Resiliencia y juego (II)” podéis ver un comentario de Reyes Adorna Castro desde Sevilla en el que comparte su experiencia de la escritura terapéutica con adolescentes y en el que se ofrecía a mandarme algunos ejercicios concretos.

Pues lo ha hecho. Y tal como le pedí, con la ayuda también de Iñigo, ha autorizado a que pueda publicar su e-mail.

Aquí lo tenéis. En mi opinión no tiene desperdicio.

Gracias, Reyes (Gracias, Iñigo)

Hola Francisco Javier:

Soy Reyes. Te mando algunos ejercicios de escritura terapéutica que he probado en clase y van muy bien. Es importante que cuando se realicen estas actividades no nos centremos en las faltas de ortografía ni en la redacción, sino en el ejercicio mismo, sobre todo si se trata de chicos que normalmente no quieren participar en clase ni realizar las tareas. Ellos deben percibir que las faltas y las dificultades gramaticales, que normalmente tienen, no son un impedimento para escribir. He notado que a este tipo de alumnos cuando se les proponen estos ejercicios, están más que dispuestos a realizarlos, aparte de por ser "diferentes" a los acostumbrados, porque intuyen que van a adentrarse en un terreno que les atrae, que es el desahogo o el autoconocimento. Bueno, aquí van algunos:

1- En este ejercicio les hablo de Helen Keller, la niña sordo ciega que gracias a su pedagoga, pudo aprender el lenguaje por símbolos táctiles y que pasado un tiempo, fue a la universidad y hasta publicó libros. Después de contarles la historia, les pido que escriban un relato real o ficticio de alguien que haya salido adelante a pesar de los obstáculos, enfermedades o situaciones que se les hayan presentado en su vida. Suelo escribir en la pizarra unos versos de Manuel Altolaguirre para motivarlos más:

"Ya que no puedo ser libre,

agrandaré mis prisiones".

2- Otro ejercicio que suele ir muy bien es pedirles que realicen un poema cuyas estrofas empiecen por "No me podrán quitar nunca". Se les habla de cómo hay cosas que nadie nunca nos puede quitar, que dependen de nosotros mismos y de nuestros recuerdos, ilusiones, capacidades… Los alumnos escriben algo así como:

“No me podrán quitar nunca,

la primera vez que descubrí el mar,

lo que siento mirando la luna,

la sensación que me provoca el viento en mis labios,

sentir el latido de mi corazón.

No me podrán quitar nunca

el día que me encontré esa moneda

con la que me comí el chicle más dulce de mi vida,

la voluntad de mis sueños

el oro de mi respiración”

3- En este otro deberán realizar un poema en el que cada verso termine con "es una fiesta". Les sirve para detenerse y estar atentos de las maravillas que les rodean y que son gratuitas. Además de este ejercicio les pido que durante una semana anoten hechos que sean extraordinarios, aunque estemos acostumbrados a ellos. Como dice Oliverio Girondo, "la costumbre nos teje una telaraña en las pupilas". El poema quedará algo así como:

“Saborear agua es una fiesta,

Oír las hojas con el viento es una fiesta,

Oler la hierba es una fiesta,

Levantarse al caerse es una fiesta…” (Etc.)

4- En esta actividad el alumno deberá contar una historia donde derrote a su mayor enemigo mental, algún temor, alguna emoción que lo invalide, etc. Deberá personalizarlo y crear un relato con él donde sea el vencedor.

5- En este ejercicio tendrá que imaginar que tiene diez años más de los que tiene y deberá describirse en estos cinco aspectos: físicamente, internamente, el trabajo o los estudios que crean estar realizando, las relaciones personales y las aficiones. Esta actividad las realizo el primer de clase porque me da una material valioso para empezar a conocerlos, saber de sus inquietudes, su madurez. Ellos, en muchas ocasiones, llegan a reflexionar que si en verdad quieren llegar a conseguir todas esas cosas, deben cambiar la actitud del momento presente.

6- En esta actividad el alumno deberá elaborar una lista con los adjetivos negativos que haya recibido en su vida. Después en letras mayúsculas escribirá: LA OPINIÓN NO ES LA REALIDAD.

7- En el siguiente ejercicio se les dará un folio a cada uno en el que de forma anónima, escribirán el nombre de todos sus compañeros y las cualidades positivas que les vean, todo lo bueno que tengan que decir de cada compañero. Después el profesor, ya solo y con todo el material, elaborará una ficha individual con todo lo que han escrito de cada persona. Cada uno recibirá el suyo y por supuesto no sabrán quiénes han dicho lo que se dice en dicha ficha. Este ejercicio les encanta y aumenta su autoestima. Algunos no creen que sus compañeros les valoren positivamente y se sorprenden de que sea así.

8- En este otro, el chico deberá realizar un diálogo con un sabio que conoce los secretos del mundo, aunque no conoce el futuro, pero sabe responder a cuestiones vitales. Ellos escribirán las preguntas y también las respuestas del sabio. Con este ejercicio descubren que saben más de lo que creen y que el sabio está dentro de ellos.

Bueno, espero que te gusten y que sean útiles para esa labor maravillosa que estás haciendo. ¡Y por supuesto que puedes publicar este correo en tu blog!

Un abrazo y cuando quieras más, solo tienes que pedirlo.

P.D.: Tengo un blog donde a veces publico lo que los alumnos escriben, así ellos pueden leerse unos a otros y ver su nombre en él. En él se mezclan ejercicios de escritura creativa y terapéutica. Es muy gratificante para ellos. Si le quieres echar un vistazo, es tallerescrituraal-andalus.blogspot.com

(Si queréis comentar esta experiencia me encantará que lo hagáis en este blog pero por favor no os olvidéis de dirigiros también a la propia Reyes. En su blog podéis encontrar como contactar con ella. Gracias)

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Esta mañana mientras calentaba motores (cosas de la edad) pensaba que nunca he conseguido adquirir el hábito saludable de hacer ejercicio sistemáticamente, aunque sólo fuera el de andar media horita al día.

Entonces mi orgullo ha salido en mi defensa con los argumentos habituales: “Y con el follón de familia que tienes ¿de donde sacas tú media horita?”Pero si no paras, si todos los días acabas reventado“¿Que es eso de que este tipo de actividad no sirve? ¡Que me lo expliquen!

Y en eso he recordado un experimento explicado en un libro (aunque me temo que no recuerdo en cual). El hecho es que se utilizó a un grupo de auxiliares de limpieza de un hotel. A la mitad de los o las mismas se les explicó los beneficios del ejercicio físico para la salud y para la pérdida de peso. También, creo recordar, se les habló de cómo podían hacer ejercicio al mismo tiempo que hacían su trabajo: hacer camas, recoger toallas del suelo… Con la otra mitad no se hizo nada, excepto pesarlos, para tener un grupo control.

Al cabo de un tiempo (no recuerdo cuánto) el grupo al que se le había dado la charla había perdido peso en relación al grupo control.

Al parecer la charla cambio el significado que las personas del grupo experimental daban a su actividad física. Pasaron de “¡Otra p…. cama que hacer!” a “¡Venga! ¡Una oportunidad para fortalecer los abdominales o las lumbares!”

Es un bonito ejemplo de cómo el significado (una atribución mental) puede tener efectos concretos o materiales. Evidentemente no es una cuestión mágica. La atribución “estoy haciendo ejercicio que es algo bueno y saludable para mí” probablemente incrementó la calidad y la cantidad del ejercicio, y de ahí la pérdida de peso.

No es más que lo de la historia archiconocida de los tres picapedreros en la que la satisfacción por la tarea dependía totalmente del significado que le atribuían (condena o maldición, trabajo al aire libre o construcción de una catedral).

Sólo que en forma de experimento y con datos cuantitativos. Así que valía la pena apuntarlo en el blog.

Y ahora me voy a poner a:

Opción A) “Redactar un p. informe”  B) “Contribuir al bienestar de unos menores explicando sus características y circunstancias y proponiendo la mejor opción para los mismos”.

NOTA: Si localizo el libro donde se explicaba el experimento lo señalaré aquí. Se cita en el libro de Shawn Achor “La felicidad como ventaja” RBA y el artículo de referencia es Crum, A.J. y Langer, E.J, “Mind-set matters: Exercise and the placebo effect”, en Pschological Sciencie, 18 (2), 2007, pág. 165-171

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Hace muy poco tiempo descubrí la historia de Bosco Gutiérrez. Se trata de un prestigioso arquitecto mejicano que hace 20 años fue secuestrado. Su cautiverio duró 257 días.

Los detalles de la experiencia se pueden conocer de muchas formas puesto que existen videos en Internet; se acaba de publicar en España un libro y pronto se estrenará una película.

Cuando fue secuestrado ya era un arquitecto famoso y pertenecía a una rica y numerosa familia mejicana. Estaba casado y tenía 7 hijos.

En unos pocos minutos que dura la entrevista que emitió hace poco el programa “Últimas preguntas” de RTVE escuché del propio protagonista tres estrategias que me impresionaron y que demuestran que aún en un zulo de pocos metros uno puede resistir y rehacerse de la privación de libertad y de la incertidumbre extrema.

1.- A los pocos días del secuestro Bosco decide dejarse morir. Su estado anímico era pésimo. Al impacto del secuestro en si mismo se sumo una terrible sensación de indignidad. Los secuestradores le han estado presionando para que facilite información sobre su familia y Bosco ha cedido. Mejor dejarse morir. Bastará con no comer.

Pero los secuestradores necesitan a Bosco en buen estado puesto que la familia ha pedido pruebas de vida. Así que, cuando por la cámara de TV con la que lo vigilan, descubren que su debilidad es extrema se muestran condescendientes. Ante la primera oferta de los secuestradores Bosco pide un whisky con hielo, en vaso de cristal. Cuando se lo dejan, se arrastra hasta él y después pasa minutos y minutos recreándose con él. Se humedece los labios, se refresca la frente, juega con los cubitos… Y ¡de repente una idea va tomando fuerza en su interior! Y tras momentos de combate y lucha interior ejecuta su improvisado plan: se vuelve de espaldas a la cámara y disimuladamente vuelca todo el contenido del vaso en el inodoro.

Con este acto Bosco ha dinamitado su privación de libertad. Podía haber disfrutado del placer añorado. Pero al rechazarlo ha recuperado parte de su libertad, ha recuperado el control. Él decide si tomar el whisky o no. Ni los secuestradores le pueden limitar en esta decisión. Su dignidad se restaura. Es el primer punto de inflexión.

2.- Desde el primer momento los secuestradores le han dejado tener papel en blanco y algo para escribir. Bosco, algo más activo tras la recuperación de su autoestima, decide escribir una carta. Pero no una la carta que enviaría a su familia si pudiera. Al contrario. Decide escribir la carta que recibiría de su familia si pudiera. Para escribirla solo tiene que imaginarse que el está libre y que es un hermano suyo el que ha sido secuestrado. Con la escritura consigue salirse del zulo y le cuenta a su hermano que el secuestro ha afectado a toda la familia. Y que toda la familia está trabajando en equipo para solucionarlo. Y lo que a él le toca es resistir, mantenerse lo mejor posible. Si no lo hace estará traicionando al equipo, a la familia.

Bosco, que además de escribir la carta se la envía, la recibe y la lee, se ha descentrado. Se ha puesto en el lugar de las otras víctimas (su familia) y en este movimiento ha encontrado un motivo para aguantar.

Ya ha recuperado su dignidad, el control y ha encontrado un motivo: no tirar por la borda el trabajo de los suyos. Ahora ya puede pasar el contraataque.

3.- Bosco recuerda que a los 12 años tuvo un sueño, una pesadilla, que contó a su madre. Soñó que estaba en el infierno. Su madre, católica fervorosa, le interpretó el sueño. Se ha visto en el infierno porque no está evangelizando. La vida cristiana es para ella como una moneda con dos cara: por un lado la santidad y por otro el apostolado, es decir, el anuncio a todos los hombres del amor sin límites de Dios. Si falla una cara no hay monada. Durante años, hasta el día de su boda, su madre le recordará el maldito sueño. Pero ahora, en el zulo, secuestrado, aquel mensaje machacón de su madre toma máximo sentido. y su vida recupera el sentido.

Y tiene 5 tipos anónimos (se cubren la cara y se comunican con él por escrito) a los que anunciar el amor de dios. Y que mejor contexto que el del amor por excelencia: el amor al enemigo. Y, de esta forma, Bosco pasó de ver a sus captores como verdugos y pasó a verlos como víctimas también.

Finalmente, un día, tras 257 de cautiverio, logrará escapar. No es lo importante. Podía haber terminado de otra manera. Podría haber sido liberado por la policía o por los propios secuestradores tras el pago del rescate. O podría haber muerto. Pero en ese caso no habríamos conocido esta historia donde una persona confinada a la fuerza en un zulo recuperó su espacio interior.

Meses antes Bosco había dado una conferencia en California sobre la importancia del espacio interior en la arquitectura mejicana. Y su familia utilizará esta idea para comunicarse con él. Por las fotos de prueba de vida sabían que leí la revista americana Newsweek.

Así un día descubrirá y llorará al leer en esa revista un anuncio (en inglés) llamado “La riqueza del espacio interior” seguido del subtitulo “Tu eres nuestro proyecto más importante” Iba precedido de un logo que era el esquema del ángulo más preciado por él de… ¡su propia casa! La supuesta empresa de arquitectura, “La Glorieta Group” (La Glorieta era el lugar elegido por su familia como centro de operaciones) terminaba su anuncio con el siguiente párrafo:

“Teniendo en cuenta la búsqueda constante de la excelencia en la resolución de cada detalle, y a pesar de las circunstancias constreñidas de tu proyecto y la escasa comunicación, te garantizamos todo nuestro esfuerzo para obtener una salida exitosa”

Efectivamente la salida fue exitosa y la continuación también. 20 años después Bosco dice que no hay un solo día de su vida que no recuerde su cautiverio. Pero no para rememorar la angustia y la desgracia. No como agujero negro que todo se lo traga. Más bien como un faro que guía su vida.

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Hace unos días oigo por la radio que la Generalitat Catalana está replanteándose los procesos de valoración y formación de solicitantes de adopción porque desde el 2000 hasta la fecha han tenido 70 adopciones truncadas.

Al día siguiente gracias a Rosa Fernández en su blog veo el video de la noticia en los informativos de TVE. No puedo dejar de hacer algunos dubitativos comentarios que magistralmente me replica la propia Rosa.

Ayer recibo un email de un compañero de trabajo que sabe muchísimo de este tema y que me pide mi opinión sobre dos preguntas de las varias que un medio de comunicación le ha planteado sobre las adopciones truncadas.

Hoy amablemente me manda todas sus respuestas y me parecen perfectas, como no podían serlo de otra manera, pues conozco su capacidad. Pero entonces me acuerdo de…. ¿quien? De Cyrulnik, por supuesto.

Recuerdo una entrevista maravillosa que circula en internet, subtitulada en castellano, y que es para mí un curso intensivo en 40 minutos de lo que es y lo que no es la resiliencia (dejo el enlace del video entero al final).

La entrevistadora pregunta: ¿Que deberían hacer las familias de acogida para ayudar a los niños que acogen?

Esta es la respuesta de Boris Cyrulnik: La mayoría de las familias de acogida tienen mucho talante y saben apoyar a los niños, y cuando se trabaja con niños abandonados uno se da cuenta de que las familias de acogida salvan muchos niños. Pero hay familias de acogida que no saben hacerlo. Hay familias de acogida que son malas con los niños, les hunden y les hacen sufrir aún más. Pienso que lo importante es la personalidad de la familia de acogida y la transacción entre el niño y la familia. Yo conozco un ejemplo: un niño se desarrolla bien en una buena familia. Esta familia es abierta, tiene muchos amigos. Un día llega la tragedia. El padre y la madre se matan en un accidente de coche y el niño es adoptado por unos amigos de los padres a los que él quería mucho. El niño tiene un apego seguro, la familia de acogida es muy buena, son muy simpáticos pero, sin embargo, las cosas van mal, por el significado que el niño atribuye a esa acogida. Él dice: “Yo no puedo amar a mi padre o a mi madre de acogida, son buenos, y sin embargo no puedo amarlos, porque si les amo traicionaré a mi padre y a mi madre, seré un traidor. Reconozco que son amables, pero me esfuerzo en portarme mal con ellos porque si no traicionaré a mi padre y a mi madre” Hay tres factores: qué pasa dentro del niño, que pasa a su alrededor, y el significado que él atribuye al hecho de haber perdido a su padre y a su madre biológicos y de estar acogido en esta familia. Reconoce que la familia de acogida es buena pero hace esfuerzos por no amarles y para no hacerse amar por ellos, para no traicionar a sus padres biológicos. Es el significado lo que impide la resiliencia.

Yo conozco otro ejemplo donde el significado puede estar en la base de una adopción semi-truncada. Por respeto a las personas omitiré y cambiaré datos de la historia.

Un niño con 7 años de un país oriental. Tiene una hermana mayor y su madre acaba de tener un bebé. Un día su familia lo lleva a un orfelinato donde se gestionan (hasta que se cerraron las fronteras) adopciones internacionales. A los dos meses le presentan al niño a una mujer española. Un día antes de viajar se organiza un encuentro entre familias biológicas y adoptivas. En ella la mujer observa una intensa despedida con mensajes imperativos de la madre al niño y la entrega de unos papeles escritos en inglés. Papeles en los que se le dice que vaya a España, que allí una señora le cuidará, que estudie, que se haga abogado o médico y que luego se acuerde de su familia de origen que son pobres. Este mensaje se repite en una posterior carta y se refuerza con el hecho de que la entidad mediadora ha pactado que las familias adoptivas paguen una cantidad al año para pagar los estudios de los hermanos de los niños.

¿Qué significados puede atribuir este menor a su situación? Tú no eres mi madre, tu sólo me cuidas… Mi familia de origen ¿me quiere o me ha abandonado? Si quiero a mi madre adoptiva traiciono a la de origen, si cumplo las expectativas de aquellos satisfago a los que me ¿vendieron?

No es difícil de entender que las transacciones entre este niño y esta madre adoptiva hayan sido siempre muy difíciles.

Soy consciente de que ambos casos son extremos. Pero hay otros más sencillos que nos indican la importancia del significado atribuido por menores acogidos y adoptados (y por familias acogedoras y adoptivas) al hecho del acogimiento o la adopción.

En unas Jornadas en Lanzarote hace unos años escuché a una joven adoptada decir que estaba harta de oír como la gente le comentaba “la suerte que había tenido al caer en esa familia”. Los comentarios bienintencionados de un imprudente son como pedradas en la cara.

Por eso me sonrío cuando recuerdo que esta mañana he descubierto, en la vorágine del toque de corneta para llegar a colegios y trabajos, a mi mujer abrazada a G., de 15 años, y diciéndole lo contrario: ‘¡Pero Dios mío! ¡Que suerte hemos tenido de que vinieran a casa estas dos chavalas tan guapas y dulces!. G. sonreía y se le caía la baba abrazada a su “mamá acogedora”. Lo que no quita para que luego, en otro momento, G. y Pilar, mi mujer, se peleen por los estudios, la cama deshecha, la ropa elegida….

Es evidente que son dos significados radicalmente distintos para un niño acogido o adoptado; ¡Qué suerte has tenido, chaval! o !Que suerte han tenido contigo , chaval!

Puedo apuntar un ejemplo más. Y bien personal. Acogimos legalmente a P. con 17 meses, sabiendo que tenía un clarísimo pronóstico de discapacidad mental. Acogí emocionalmente (o adopté emocionalmente como dice F. Doltó – ver esta entrada) dos o tres años después.  Y acogí su discapacidad no hace mucho tiempo (y ya tiene 8). Porque durante mucho tiempo la discapacidad no era de un hijo mío. Era de un niño que he acogido. Hoy puedo decir que acojo, que abrazo su discapacidad como si fuera debida a mis propios genes, al igual que abrazo su simpatía, su cariño…. (que tampoco son propios de mí, vaya)

En definitiva lo que me gustaría señalar con este post es que, a partir de la noticia de Cataluña, ahora los técnicos, las familia adoptivas, etc. entraremos (como ya lo hice yo el otro día) en un debate sobre competencias (competencias de las familias adoptivas, competencias de la administración, competencias de los niños para ser adoptados…) Pero quizá además de todo esto deberíamos revisar si un número de adopciones truncadas no se deben a que alguien construyo un significado que impidió la resiliencia. Es decir que impidió retomar otro camino.

Porque , que yo sepa, la adopción y el acogimiento implica un nuevo camino tanto para el menor como para la familia. Yo al menos no fui consciente de esto hasta mucho tiempo después. Yo pensaba (ignorante y orgulloso) que éramos una familia “guay” y que podíamos ser más “guay” siendo acogedora. Y descubrimos que no éramos tan “guay” pero que este difícil e insospechado camino del acogimiento tiene sentido. A veces dejas de verlo, pero lo tiene.

Quizá no debamos hablar de adopciones truncadas sino de adopciones inconclusas. Muchas empezaron por lo convivencial, avanzaron en lo legal, siguieron avanzando en lo afectivo pero quizá chocaron en los significados. No sé. Es una intuición. Nada más.

(Este post ha sido supuestamente concluido en este otro del 2/03/2012)

Este es el enlace del VIDEO COMPLETO DE LA ENTREVISTA A CYRULNIK

http://player.vimeo.com/video/14062317

(Puede tardar un “poquito” en cargarse)

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