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Archive for the ‘Microcasos’ Category

Microcasos (9)

Anti-milagro (1)

Sentado a su lado escuché con atención su dolor. Cuando terminó le dije: “A ti lo que te pasa es que…” Levanté la vista y ya no estaba allí. Había desaparecido. Peor para él porque también le iba a decir lo que tenía que hacer.

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Anti-milagro (2)

Entró en el Centro de Menores porque su situación familiar era insoportable. Pero de la noche a la mañana, a la mirada de algunos profesionales, el insoportable pasó a se él.

 

 

Analítica

– Bien… – dijo ella mientras se sacaba unas gafitas del bolsillo de la bata y se las ponía – Por lo que me cuenta tiene usted el síndrome del “bourn out” profesional. Y mientras movía el ratón del ordenador añadió: – Quiero que se haga usted una análisis para ver la gravedad…

– Perdone… – le interrumpió él – Pensé que era usted psicóloga y no ….

– Lo soy – dijo ella mientras le entregaba la hoja que había recogido de la impresora.

Él la recogió y leyó:

Procure no contestar a estas preguntas ni con el estómago vació ni lleno. Y tómese su tiempo.

De 0 a 10…

  • ¿Tiene usted vocación para su trabajo?
  • ¿Cúanto sentido tiene su trabajo para usted?
  • ¿Qué posibilidades tiene de cambiar de trabajo?

Cuando él levantó la vista, ella añadió: – No me ha escuchado. Le he dicho que quería que USTED se hiciera un análisis. En una semana le vuelvo a ver-

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Comunicación

Se acercó y le espetó:

– ¡Se acaba de morir uno de tus hijos y estás ahí comiendo como si nada! ¿Eres un animal o qué?

El perro se giró agachando la cabeza, encogiéndose con el rabo entre las piernas y retirándose un poco. Pero cuando su amo malhumorado salió volvió al pienso.

Al de la escudila.

 

Física intelectual

Si muy pocas ideas claras se diluyen en mucho tiempo obtendremos un ensayo. Si muchas ideas confusas se condensan en muy poco tiempo obtendremos varios… microcasos.

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Microcasos (8)

Fenix 2.0

Aquella noche varios animales del bosque vieron como un pájaro, huyendo de un lince, caía en la hoguera de unos campistas. Cuando todos lo dieron por muerto lo vieron resurgir en llamas. El buho exclamó:

-¡Es el ave Fenix! ¡El ave Fenix!

Pero mientras se restregaba por la arena para apagar el fuego el ave exclamó:

-¡Qué Fenix, ni qué Fenix!¡Soy una perdiz!

Pero al verse totalmente desplumado añadió:

-¡Bueno! En realidad soy la primera perdiz no voladora del mundo ¿Alguien me puede ayudar a excavar una madriguera antes de que vuelva el cabrón del gato?

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Soberbia

La desaparición de los dinosaurios provocó una gran conmoción en la Asamblea General de los Seres Vivos. Así que algunos de sus miembros propusieron, para levantar la moral de los asociados, convocar el Primer Premio Resiliencia. Se pidió al Gabinete de la Creación que nombrara un jurado neutral.

Algunas especies estaban convencidas de ganar y especialmente, y dentro de los moluscos, las ostras. También dentro de las plantas había muy buenas candidaturas.

Sin embargo el jurado dio un veredicto sorprendente: el premio quedaba desierto. Su argumentación fue la siguiente:

“Sabéis que estamos preparando un nuevo ser, el humano, que dispondrá de muchas capacidades nuevas que le permitirán ver en vosotros metáforas maravillosas de la resiliencia.

Pero mientras tanto la perla de la ostra es sólo un pedrusco suave, una forma de adaptarse a  una invasión. Todos los concursantes sois increibles ejemplos de adaptación, pero no de resiliencia. Lo del cactus en el desierto es adaptación. La resiliencia la tendría si fuera capaz de sobreponerse a un mes de imprevistas lluvias torrenciales.

El concurso queda sin premio porque habéis olvidado que la resiliencia no es una cualidad particular de una especie. Es una característica de la vida. Por eso cuando se quema un bosque y queda calcinado, poco a poco, si se dan unas mínimas condiciones la vida volverá a desarrollarse. No será exactamente el mismo bosque pero surgirá otro bosque. La resiliencia es algo que ocurre o no. El resultado posible de un prodigioso duelo entre la vida y la muerte”.

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Resiliencia celestial

El angelillo se acercó a Dios y le preguntó si le podía dar un ejemplo de resiliencia. Dios le dijo que se diera un paseo por un hospital y que intentara adivinarlo el mismo. Cuando regresó el angelillo dijo:

– La  doctora Álvarez… su familia era muy humilde pero con tesón consiguió estudiar medicina y ha llegado a dirigir el hospital

-No – contestó Dios – eso es superación

-Vale… Pues el Señor Martínez… le detectaron un cáncer de…

-No – le interrumpió Dios – eso es curación

-¡Ya!… Pues la celadora de la planta de contagiosos… nunca se ha puesto enferma

-¡Eso es invulnerabilidad! – le dijo Dios con tono burlón

-El joven triste de la diálisis-

-Podría ser… pero no, de momento es sólo resignación

-No sé… ¡El guardia de seguridad! ¡Es enorme!

-Fortaleza – sonrió Dios

-¡Me rindo!

-¿Te acuerdas de la fisioterapeuta? Fue una de las mejores judokas del mundo. Cuando estaba a punto de poder ganar el campeonato mundial sufrió una gravísima lesión que le impidió participar. Hoy se siente feliz de ayudar a otras personas a volver a caminar.

-¡Pero a veces le he visto llorar cuando recuerda sus tiempos de gloria!- protestó el angel

-¿Y? – contestó Dios

Al angelillo le fastidiaba esa rara costumbre divina de contestar preguntando ¿y?

Pero ésta vez le sirvió para entender.

 

 

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Microcasos (6)

El segundo microcaso que jamás hubiera querido escribir porque quizá no me lo he inventado.

A sus veintidós años había conseguido ser un hijo de puta en todas sus acepciones: era el chulo de su madre. Cuando la madre de su primer hijo se negó a seguir en el negocio, tuvo que improvisar.

   

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Frente a un protestante era católico. Frente a un musulman era cristiano. Frente a un ateo era creyente. Frente a un animal era humano. De hecho era más humano con su perro que con su vecino.

   

El tercer soldado. El realismo de la esperanza

Tres soldados fueron enviados a contactar con un destacamento infiltrado en territorio enemigo.

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Cuando llegaron al lugar señalado vieron un montón de cuerpos inmoviles, ensangrentados y algunos mutilados.

Uno de los soldados, no pudiendo creer lo que veía, comenzó a correr entre los cuerpos y a gritar: ¡Venga chicos! ¡Somos de los vuestros! ¡Dejad de fingir! ¡Ánimo! ¡Estais a salvo!

El segundo soldado se derrumbó y arrodillado entre los compañeros  lloraba y sólo decía: ¡Dios mío! ¡Dios mío!

Mientras, el tercer soldado se inclinaba sobre cada cuerpo y comprobaba si habían muerto.

Una semana después, el único superviviente le mandó una carta de agradecimiento. “Mi cuerpo no respondía pero oía los gritos de ánimo y los lloros de tus compañeros. Me aterrorizó pensar que no podía decirles que estaba vivo y me desmayé. Hasta que senti tus manos presionando en mi pecho. Gracias por tu esperanza realista. Te debo la vida”

(Dedicado a Stefan Vanistendael. Aunque él no lo sepa)

   

Clasifica y venceras

Inventaron un test para medir la resiliencia de las personas.

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Era un chollo. Si puntuabas alto, eras resiliente. Así que saldrías adelante sin su ayuda, por lo que no te la darían. ¡Para qué desperdiciar recursos!

Si puntuabas bajo no eras resiliente y entonces no te sobrepondrías aunque te ayudaran. ¡Para qué malgastar recursos!

El problema eran los que no puntuaban ni mucho ni poco.

La solución fue fácil: decidieron que más de 5 sería alta y que menos de 6 sería baja.

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Microcasos (5)

 

El microcaso más corto que he escrito pero que hubiera preferido no escribir nunca porque quizá no me lo he inventado

Cuando tenía cuatro años sus padres le pegaban si no robaba. A los nueve sus padres adoptivos le pegaban por hacerlo.

 
 
En clase

Cuando la tecnología, las autoridades y los padres lo permitieron, el primer día del curso se transferían a los cerebros de los alumnos y alumnas todos los contenidos de todas las asignaturas, de forma que el segundo día de clase ya los tenían en sus mentes. Muchas y muchos profesores no supieron qué hacer el resto del curso.

Pero pronto resurgieron los maestros y maestras.

 

Maldita creatividad

Se le veía serio y concentrado. Su cabeza era una orgía de ideas interesantes y sugerentes.

De repente sus ojos se abrieron como platos y exclamó: ¡Eureka! ¡Ya no las tengo!

Y siguió recogiendo la ropa y doblándola con cara relajada y sonriente.

 

El segundo golpe

En una clase de una universidad, mientras la clase trabajaba en grupos, un alumno se acercó a la profesora:

No he entendido bien lo de la resiliencia, me lo podría explicar…

Ésta se quedó pensativa por un momento y de repente se levantó, cogió sus cosas y dirigiéndose al alumno gritó:

¡Eres un estúpido! ¿Cómo puedes no entenderlo? ¡Es imposible que apruebe la carrera un zoquete como tú! ¡Ni se os ocurra juntaros para un trabajo con este macaco!

Toda la clase levantó la cabeza y quedó atónita viendo como la profesora, con aire despechado, pasaba al lado de su compañero y salia de clase. Tras el desconcierto inicial el alumno salió tras ella y la alcanzó en el pasillo. Antes de que él dijera nada ella, con semblante sereno, le dijo:

-Si consigues sobreponerte a este golpe sabrás lo que es la resiliencia-

El alumno comprendió y sonriendo dijo:

-¡Ya le he hecho! ¡Si ha sido una broma para que yo, entonces no…!

La profesora le interrumpió:

-No me refiero al primer golpe. Me refiero al segundo golpe-

-¿Que segundo golpe?

-El que te espera cuando vuelvas a entrar en clase y cuando el incidente se comente por toda la facultad.

Y mientras se daba la vuelta añadió:

-Ven a verme a mi despacho en un mes y me cuentas.
 
 

La vida ante sus ojos

Aquella persona desarrolló increíblemente su capacidad de atención plena a sus emociones y pensamientos.

Murió atropellada al saltarse un semáforo.

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Microcasos (4)

Apariencias

El agente de bolsa, con la chaqueta y la gabardina todavía en el brazo, salió tan precipitadamente que sin querer le pegó una patada al cartel de “Una alluda para mis tres ijos” del indigente que se sentaba en la acera.

Llegaba tarde a hacer voluntariado en el comedor social de su barrio de toda la vida.

El comedor social en el que comían los hijos del mendigo cuando su padre se bebía las limosnas recogidas el día anterior.

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Fe

Dos hijas mías sufrieron la repentina muerte de su madre. Una de ellas se acercó a mí en busca de consuelo. La otra me culpó de lo sucedido y se alejó de mí. A las dos las entiendo, las quiero y las creo.

                                                                                                                                                             Dios

 

Mirar adentro, mirar afuera

– Maestro… ¿qué es el Mindfulness del que tanto oigo hablar?

Cerebro que no se ve, corazón que no se sienta

– Y… ¿es bueno?

– Siempre que no olvides que: Cerebro que no sabe ver, corazón que se duerme

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Desequilibrio

Una madre discutió con su hija adolescente y terminaron cada una en su cuarto. Bastaron 20 minutos para que la madre recordara su adolescencia y entendiera a su hija. Pero como sabía que su hija necesitaba 20 años para entenderla a ella decidió esperar sin darle demasiada importancia.

 

Esencia

“He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta”

Blaise Pascal (a un amigo)

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Microcasos (3)

Ni poco, ni mucho

Algo falló en el instinto de aquella cigüeña. No acabó el nido y cuando los polluelos salieron del cascarón fueron poco a poco cayendo al vacío antes de saber volar.

También falló algo en otra cigüeña que, después de poner los huevos, siguió y siguió construyendo el nido atrapando a los cigoñinos en su interior. Cuando crecieron mucho acabaron por liberarse de las ramas pero ya era demasiado tarde para aprender a volar.

Acogimiento

Aquella familia se creía tan feliz que decidió compartir su felicidad con un niño infeliz. Acogieron a una niña que no sabía que era infeliz y poco a poco su infelicidad verdadera comenzó a mezclarse con la falsa felicidad de la familia. Durante mucho, mucho tiempo la felicidad y la infelicidad chocaron sin cesar hasta que, un buen día, la mezcla emulsionó y surgió algo diferente: el sentido. Que está más allá de la felicidad y la infelicidad y que les permitió a niña y familia reconciliarse con su historia y encontrar el propósito de su vida.

Disparando futuro

La terapeuta espero agazapada y reguardándose del torrente incontenible de quejas y porqués de su paciente. Tuvo que hacer un esfuerzo titánico de concentración y contención. Pero su paciencia tuvo fruto. En un momento en que el paciente volvió a preguntarse ¿por qué? la terapeuta disparó un certero ¿para qué? que inmediatamente dio en el blanco. El desconcierto paralizó al paciente y la terapeuta, ya a salvo, pudo comenzar de verdad su trabajo.

Reencuentro

Eran amigos desde la infancia y se querían muchísimo. Un día ella le dijo que partía a buscar el amor de su vida. Él en su dolor decidió llenar de amor su vida. Pasados unos años ella regresó sola. Él estaba rodeado de gente que le quería. Y tras el reencuentro ella le preguntó: ¿te cabe un poco más de amor en tu vida? Y él le contestó: Claro, tu eres el amor de mi vida.

Vacaciones para desintoxicar

Iba a estar unos días desconectado y le preocupaba dejar de alimentar a su blog durante dos semanas. Tampoco podría publicar y contestar comentarios ni vigilar las estadísticas. Y descubrió que el debía aprender a vivir sin blog, como toda la vida, y su blog sin él. Pero no pudo evitar dejarle un último post y mientras hacía preparativos para el viaje disfrutó pensando microcuentos.

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Microcasos (2)

Extra-escolares

Ella se lo propuso mientras bajaban en el ascensor para irse a trabajar. A él le pareció bien llevar a los niños a practicar Mindfulness. Cuando por la noche se sentaron derrotados en el sillón intentaron ver cuándo podría ser. No pudieron encontrar un hueco entre las clases particulares, el conservatorio, las clases de tenis y las de chino. Pero acordaron no darse por vencidos. Harían todo lo posible por que su hija y su hijo deasarrollaran una atención plena en una agenda plena. Así cuando se estresaran sabrían entender y controlar sus pensamientos y sus emociones.

 

Acompañar

Mi dolor me llevó a contar lo que me sucedió a diez personas. Tres de ellas no me creyeron. Dos sí lo hicieron pero me dijeron que no sería para tanto. Una me dijo que lo suyo había sido peor y me lo contó de cabo a rabo. Otras dos me dijeron bien clarito lo que tenía que hacer y una me sugirió que si yo no hubiera… Y tu no me dijiste nada. Pero aquí estás.

 

Basado en hechos reales

La abuela apenas ya salía de si misma. Pero algo cambiaba cuando Juanito estaba en la habitación. Parecía asomarse de nuevo a las ventanas de sus ojos para verlo corretear de un sitio a otro. Quizá porque él ni sabia ni le importaba un pimiento que estuviera secuestrada por el Sr. Alzheimer.

Abuela con Alzheimer

Premio

Aquella mujer tenía tanto y tan buen sentido del humor que cuando le dieron un premio por ello no le hizo ninguna gracia.

 

Sobran las palabras

He regresado a los microcuentos y ahora me apasiona lo micro. Sueño con un microblog, microposts, microcharlas, microlibros, microconferencias, microcursos, micromasters. Ya se me pasará.

 

 

 

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