Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Psicología positiva’ Category

Lo reconozco. Aunque me gusta vivir en “Posibility World” a veces visito “Positive Park”. Supongo que fue porque durante muchos años trabajé en protección de menores en “Traumatic King”.

Conocer el fenómeno de la resiliencia y los planteamientos de la psicología positiva (más ciertos planteamientos de terapia breve) me dirigió hacia “Posibility World”.

Hasta que un día me volví para atrás y descubrí que mi amada resiliencia y la psicología positiva habían sido seducidas por un gran parque de atracciones que estaban montando las editoriales y organizadores de eventos pidiéndole a empresarios, economistas, entrenadores personales (curioso concepto) y personas famosas que revelaran el secreto del éxito y de la felicidad.

Me acerco a Positive Park porque autores serios (terapeutas reconocidos, profesores de universidad o divulgadores sensatos) también tienen derecho a compartir su conocimiento con “el gran público”. Así que a veces en este parque puedes encontrar paseando por allí a Seligman, Bill O´Hanlon, Nardone, Tal Ben-Shahar, Nassim Taleb o Carl Honoré (cuyo libro, que aparece a la izquierda recomiendo encarecidamente a todos los padres. Por cierto que el subtitulo es de la editorial y en realidad debería ser “Como No educar….” puesto que no es un libro de autoayuda sino una crónica documentada de como nos estamos cargando la infancia como etapa de la vida)

 

¿Qué dónde está Positive Park?

No lo sé muy bien puesto que más que un lugar es un estado mental, una forma de ver la vida o una antropología, una visión del hombre.

Pero sé muy bien donde hay puertas de entrada al mismo. En la sección de autoayuda de cualquier tienda de libros (física o virtual).

Y al asomarme asiduamente a Positive Park he descubierto que en él hay olas. Como en está de moda en las piscinas artificiales.

No puedo, ni quiero hacer un recuento de las olas o modas que he visto pasar pero al menos sí me vienen unas cuantas a la cabeza.

Creo recordar que los primeros libros de ayuda venían muy directamente de la experiencia de, sobre todo, profesionales de la salud mental y que se dirigían a personas que tenían problemáticas personales concretas (dependencia emocional, baja autoestima, dificultades de relación…). Parecía un intento honrado de ayudar a la gente que pudiera estar sufriendo.

Pero la psicología positiva abrió un melón con una pepita de oro en su interior: felicidad. Y tras una primera embestida de autores procedentes de la universidad se abrió la espita para que cualquier persona con un cierto éxito o popularidad nos revele el gran secreto: cómo ser felices. Esta ola hoy mismo se ha echo gigantesca (al menos por aquí por España).

El domingo pasado estuve en una librería y en las novedades de la sección de autoayuda vi libros escritos por: corredores de maratón, economistas, empresarios (estos dos últimos llegaron para los tiempos de crisis pero no estuvieron ahí para predecirla) presentadoras y presentadores de televisión, … y personas que sufrieron una desgracia.

Un ejemplo muy significativo es lo que vi el otro día en televisión. Se daba la noticia de la presentación de un libro escrito por una famosa. Famosa por ser hija de un ganadero de reses bravas y, en su día, casada con un torero. En un primer corte, ella misma explicaba que cuando le propusieron escribirlo no estaba convencida. Ella no quiere ser ejemplo de nada. Planteamiento muy sensato y admirable. El problema es que hubo un segundo corte donde la famosa decía algo así como “yo soy una mujer muy valiente y muy fuerte… que es como deben ser todas las mujeres”. Vaya que casualidad.

Pero en todo caso no estoy criticando ni a la gente que escribe estos libros (ya me gustaría a mi poder y saber hacerlo y que alguien me lo quisiera publicar). Ni siquiera critico a las editoriales. Son un negocio y tienen que vender.

Lo que me preocupa es la filosofía que está en el interior de la ola. Y para explicarlo no tengo más que recurrir a Reyes y Roser que tuvieron la amabilidad de comentar otra entrada, tanto en el blog como por email:

Reyes escribía (la negrita es mía):

“Este tipo de reflexiones no son solo interesantes, sino totalmente necesarias en estos momentos, porque contribuyen por fin a desmontar toda esta dictadura del pensamiento positivo y porque cada vez más este supuesto poder omnipotente de la mente sobre todo lo que ocurre, está haciendo un daño impensable en aquellos que creen en él.(…)

Cuando lo que pedimos no sucede, ya no le echamos la culpa a nuestros dioses que no nos escuchan, ya no pensamos que es la voluntad divina, o como los ateos, no pensamos que es el azar el que ha tenido algo que ver con eso. No. El que cree en el pensamiento positivo, piensa que él es el responsable, el culpable, el torpe que no ha sabido o no ha podido realizar esa proeza. Entonces, no solo tiene que quitarse el problema que le preocupa, sino también la culpabilidad y la frustración de no haber podido conectar correctamente con el Universo. En el pensamiento religioso o ateo, al menos te libras de esa angustia, puesto que el responsable último de que las cosas no sucedan es dios o el azar. Tengo varias amigas psicólogas que dicen que cada vez más acuden a sus consultas personas traumatizadas por estas creencias, que tienen que sanar no solo sus problemas, sino el sentido de culpa originado por ellas. Y no solo eso. A veces vienen con un temor irracional a los pensamientos negativos, como si estos tuvieran la facultad de materializar lo que pasa por la cabeza. Demasiada responsabilidad, demasiada carga, para nuestra frágil, misteriosa y humilde, aunque maravillosa, existencia.”

Pocos días después encontré de casualidad (término ya sospechoso en Positive Park) una conferencia en TED de Alain de Botton, pensador autodefinido como ateo, que decía lo mismito que Reyes (he cambiado la secuencia de los párrafos para darle más coherencia a lo seleccionado):

“Nuestros héroes son héroes humanos. Eso es una situación muy nueva. La mayoría de sociedades tuvo en su centro la adoración de algo trascendente, un dios un espíritu, una fuerza natural, el universo. (…)

En la Edad Media, en Inglaterra cuando conocías una persona muy pobre esa persona sería descrita como un "desafortunado" literalmente, alguien que no ha sido bendecido por la fortuna, un desafortunado. Hoy, en particular en Estados Unidos si conoces a alguien del fondo de la sociedad él sería, cruelmente, descrito como un "perdedor". Hay una auténtica diferencia entre ser un desafortunado y ser un perdedor. Y eso muestra 400 años de evolución social y de la creencia de quién es responsable de nuestras vidas. Ya no son los dioses, somos nosotros. Nosotros estamos al mando. (…)

“Existe una auténtica correlación entre una sociedad que le dice a la gente que pueden hacer cualquier cosa y la existencia de la baja autoestima. Así que esa es otra forma en la que algo muy positivo puede tener un feo efecto. (…)

También Roser nos hizo unos excelentes aportes (videos y comentarios) y en especial me hizo mucha gracia que me confesó que conocía a una persona (española) que vive en estados unidos y ha sido abducida por el “Yes, we can” (el lema oficial de Positive Park).

Pero creo intuir que hemos llegado a la cresta de la ola y vamos a empezar a descender. Aunque sea porque las editoriales, necesitadas de seguir vendiendo van a pasarse del elogio de la fortaleza al elogio de la debilidad.

La propia Roser hizo en este blog  una referencia positiva al libro de Susana Méndez Gaos titulado “La bondad de los malos sentimientos” (Ediciones B). Este es el link de su página web.

Y a mi reseña del libro del interesante “Antifrágil” de Nassim Nicholas Taleb (lo fuerte no es lo opuesto a lo frágil sino que lo fuerte es lo no frágil, para lo opuesto no hay palabra y él lo llama lo antifrágil, es decir lo que mejora en circunstancias inciertas, impredecibles, difíciles) debo ahora añadir dos novedades de la editorial Urano.

“Frágil” de la trabajadora social e investigadora Brené Brown acerca de lo bueno de ser vulnerables. Puedes ver su conferencia “El poder de la vulnerabilidad” pinchando aquí (deberás elegir el idioma de los subtítulos).

“El antídoto". Felicidad para gente que no soporta el pensamiento positivo” de Oliver Burkeman (divulgador de temas relacionados con la psicología) y que plantea la siguiente pregunta: ¿Y si tanta búsqueda de la felicidad nos estuviera haciendo desgraciados?

Frágil

Puedes descargar el primer capítulo de estos dos libros en la página de la editorial.

Así que tras el subidón del “pensamiento positivo” auguro (de gurú o viceversa) la bajada al pensamiento negativo definido como “aquel que pasa por aceptar la inseguridad, la incertidumbre y ciertas dosis de pesimismo”.

Y si digo el descenso de la ola y no la desaparición del oleaje es porque las mismas editoriales van a encontrar, si no lo han hecho ya, el filón (¿que mejor ejemplo que el subtitulo de “Bajo presión”).

Mientras tanto intentaré refugiarme en “Posibility World” un mundo donde el dolor y el sufrimiento se miran a la cara, donde se sabe que nadie sale a solas de él (por mucho que se empeñen algunos), y donde se deja espacio a las oportunidades y ¿por qué no?… a los milagros (divinos o azarosos).

 

Read Full Post »

Nunca he tenido una experiencia “Eureka” porque nunca he generado una idea nueva o inventado algo (al menos algo que valga la pena). Pero leyendo muchas veces tengo experiencias “¡Ajá, está es la pieza que me faltaba!” De repente leo algo que no sólo me da información sino que me reconfigura otra información que ya tenía.

Podrías saber que estoy teniendo esta experiencia porque me verías sonreír ligeramente, cerrar el libro y ponerme a mirar al infinito en un estado absorto en mis pensamientos (al tener una sola neurona cuando ésta se pone a cambiar muebles de sitio la pobre no puede hacer nada más).

Esta tarde he tenido uno de esos momentos y me apetece compartir la pieza del puzle encontrada.

He cogido un libro que tengo hace mucho tiempo de recopilación de textos de Bill O´Hanlon, terapeuta norteamericano. Quería revisarlo para algo que estoy escribiendo sobre la importancia de las oportunidades para rehacerse de una desgracia. Y me he encontrado con estos cinco párrafos que intentaré acortar para que no se haga muy pesado. (Los subrayados son míos)

“Durante los últimos años he estado enseñando un método al que llamo terapia orientada a soluciones (…) y que está emparentado con el trabajo de De Shazer y el Brief Family Therapy Center, Los dos métodos comparten el interés por explorar y destacar las soluciones, las aptitudes, las capacidades y las excepciones. (…) Muchos asistentes suelen hacer un comentario que viene a decir más o menos lo siguiente: “Me gusta mucho el enfoque positivo que aplica usted. Lo encuentro muy alentador”. Aunque soy consciente de que me están haciendo un cumplido, cuando oigo este comentario, me echo a temblar”

(…) pero la verdad es que la palabra “positivo” me da escalofríos. Me recuerda esas frases exaltadas típicas de los cursos de ventas o de motivación (“si nos lo proponemos, podremos lograr cualquier cosa”) o algunas visiones de la vida más bien propias de “Disneylandia” (…)

No me gusta el pensamiento positivo porque creo que minimiza muchos aspectos negativos y muy reales (…) que ocurren en el mundo y en la vida de las personas que acuden a nuestra consulta. Y estoy hablando de cosas como las agresiones sexuales, la violencia, la pobreza, el hambre, la discriminación laboral, etc. El pensamiento positivo me parece una manera de dorar la píldora como otra cualquiera. Parece muy atractivo, pero si rascamos un poco, encontraremos que su brillo es muy superficial. (…)

Pero tampoco estoy a favor del pensamiento negativo según el cual todo es un desastre y no podemos hacer nada para que deje de serlo. Las personas nacen – o se hacen  “narcisistas”, “fronterizas” o “sociópatas” y nunca podrán cambiar. No creo que esta postura sea recomendable para nadie que desee provocar el cambio.

Así pues, por ahora me quedo con la etiqueta ·”terapia de posibilidades” para describir lo que hago porque no creo que todo sea (o vaya a ser maravilloso) ni que todo es (o será) un desastre imposible de arreglar.

Estos párrafos me han dado la clave para resolver un conflicto, una ambivalencia.

Cuando descubrí el concepto de resiliencia (¡Que casualidad que fuera con un libro llamado “La maravilla del dolor” de Cyrulnik) supuso para mí aire fresco. Un abrir una ventana en una habitación cargada de secuelas, pronósticos pesimistas, vulnerabilidad, traumas de por vida, terapias interminables…

Pero el mundo editorial (y sus repercusiones en televisión o eventos divulgativos) ha situado la resiliencia y la psicología positiva en la misma estantería de montones de libros (y conferencias) con palabras claves como “felicidad” “superación” “éxito” “fortaleza”…

Evidentemente si tengo que optar ubicaré la resiliencia en el campo de lo positivo (“Positive Park”) antes que en el de lo negativo (“La casa de los horrores”) pero no me sentiré cómodo. En “Positive Park” el reconocimiento del dolor y del sufrimiento no está bien visto (porque rompe el buen rollito).

Pero releer a O´Hanlon me ha recordado que existe “Posibility World”. Un mundo donde se acepta el dolor y el sufrimiento pero la tarea principal es la búsqueda o creación de posibilidades.

Porque al fin y al cabo la resiliencia ¿qué es?. Par mí no es más que una posibilidad de la vida. La resiliencia no es ni positiva ni negativa. Porque la vida no es positiva ni negativa.

En la vida simplemente se abren y se cierran puertas.

Una leona caza a una cebra. ¿Eso es positivo o negativo? Según a quien le preguntes.

¿Es mejor ir en un Mercedes último modelo que en una ambulancia? Dependerá si es antes o después del accidente.

Por tanto a partir de ahora lo tengo claro.

Trabajar desde la resiliencia seriamente no es trabajar simplemente desde lo positivo. Es trabajar desde las posibilidades lo que supone reconocer el sufrimiento pero no proyectarlo hacia el futuro. Nada más y nada menos.

Read Full Post »

Me encantaría. Pero va a ser que no.

Pagaría por tener una fórmula para generar la resiliencia.

Llamaría corriendo a mis seres queridos que están sufriendo y les diría: No puedo quitarte el dolor ni volver el tiempo atrás. Pero si me haces caso te garantizo que aunque nada será igual, todo será estupendo.

Me temo (o quizá me alegro) que, en este sentido, no existe fórmula o fórmulas para la resiliencia.

Pero sí podemos desarrollar fórmulas (matemáticas) para transmitir de forma rápida, eficaz y quizá divertida las ideas esenciales sobre la resiliencia.

Desde que llevo con “esto de la resiliencia” he oído o leído que la mejor manera de traducirla al castellano ortodoxo (hoy por hoy la palabra resiliencia no está en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española – Ver comentario abajo) era como resistir y rehacerse. O lo que es lo mismo:

Resiliencia = Resistir + Rehacerse

Y con esta sencilla expresión se dejaba patente que la resiliencia es algo o mucho más que resistir o aguantar la adversidad. Además la idea de rehacerse lleva implícita la idea de volver a empezar.

También hace unos años buscaba un esquema para recoger todos los aspectos o variables facilitadores de resiliencia. Hasta que Boris Cyrulnik en una conferencia me lo regaló. Y su idea se podría resumir en la fórmula:

Posibilidad de resiliencia = Disposición de recursos externos + Adquisición de recursos internos + Significado

Es una expresión que, como tal, aporta un plus al contenido de sus partes y es la idea de que si falta uno de los términos la resiliencia deja de ser posible. Es cierto que esta idea es esencial para la forma “francófona” o europea de concebir la resiliencia y no para otros muchos autores. Pero es la manera que yo defiendo en este blog.

Así que, de una forma u otra, ya estábamos usando fórmulas matemáticas como estrategia didáctica.

Lo mismo le debió pasar a un tipo americano llamado Chip Conley.

Cuenta que, en unos momentos bien jo…robados de su vida, leyó el libro de Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido” y que de alguno de sus párrafos destilo esta sencilla fórmula (por cierto muy relacionada con la resiliencia):

Desesperación = Sufrimiento – Sentido

Esta fórmula se instaló en su cabeza y que le ayudó a darse cuenta de que no podía reducir el sufrimiento pero sí podía buscarle sentido y con ello disminuir la desesperación. A partir de ahí comenzó a utilizar las fórmulas matemáticas para analizar el mundo de las emociones y los sentimientos y la relación entre ellos.

Acaba de publicarse en España su libro “Ecuaciones Emocionales” (Ediciones B) y que aun estoy pensando sí recomendar o no (muy buenas anécdotas, fórmulas sugerentes… pero mensaje “todo depende de ti” que no acaba de encajar en la 2 fórmula que he señalado)

Y entonces pensé: ¿puedo encontrar fórmulas sugerentes para la resiliencia?. Rápidamente (tan rápido como mi neurona puede trabajar multitarea) me vinieron algunas a la cabeza .

Es mi intención ir compartiéndolas y empezaré por la que más orgullo me provocó por un ligero toque de humor.

Apoyo emocional = Reconocimiento del dolor + Acompañamiento + ¡Nada más!

He pasado muchas horas (la dichosa neurona) reflexionando sobre lo que es eso del apoyo emocional y a una conclusión sí he llegado. ¡Qué difícil es callarse cuando una persona te expresa su sufrimiento!

Somos seres empáticos (menos el psicópata de turno) y, cuando alguien nos importa, escuchar su sufrimiento nos mata. Queremos salir corriendo pero se supone que debemos seguir con el ser querido. Y es muy posible que:

  • le demos un consejo (dirigir su conducta)
  • le digamos que no es para tanto (quitar importancia)
  • preguntarle detalles (morbo o sospecha)
  • le digamos que se le pasará (obvio)
  • intentemos distraerle (quizá la opción menos mala pero no siempre respetuosa)
  • etc..

Cuando tengo la fortuna de dar una clase, curso o charla siempre le pido a la gente que imagine una situación de intenso dolor y que valore el efecto que le produce cada una de estas reacciones de los demás. Es contundente y, la verdad, nos solemos “echar unas risas”. Nos imaginamos cagándonos (perdón por la expresión) en nuestra bientencionada persona benefactora.

La anterior fórmula pretende ser un mantra que al evidenciar el término “Nada más” nos frene a la hora de relacionarnos con la persona que sufre. Porque como a veces digo, en esos momentos, digas lo que digas tienes todos los puntos para meter la pata hasta el fondo. Y si no nos mandan a esparragar es porque el sufrimiento será mayor que la asertividad o la rabia.

¿No es bastante con escuchar y reconocer su dolor y con permanecer a su lado?

Y como soy el primero que no aprendo a quedarme calladito (ya habrá oportunidad de hablar) espero que esta fórmula me ayude en el futuro a recordar que no soy salvador de nadie. Por mucha resiliencia que estudie o por mucho blog que escriba.

Y cuando escribo esto el dolor de personas muy queridas me duele a mí.

(No me hago responsable de que te guste si te lo compras aunque, ya ves, yo le he sacado partido)

Read Full Post »

Os dejo el enlace al programa del I Congreso Nacional de Psicología Positiva – 2012 que se celebra la semana que viene en El Escorial. La primera conferencia plenaria es de Carmelo Vazquez Valverde y se llama “Psicología Positiva y Experiencias Adversas”.

Esperemos que algo del Congreso trascienda en forma d publicación o en Internet.

(1 minuto después) ¡Mis deseos se han cumplido! Acabo de descubrir que la Sociedad Española de Psicologia Positiva ha colgado el programa completo que… ¡incluye ABSTRACTS! Un lujo. Es este.

Read Full Post »

Esta entrada es un poco especial. No está referida al tema de la relación de ayuda interpersonal (la relación en la que una o unas personas quieren o necesitan ayuda y otras personas quieren o deben ayudarles). La entrada responde más bien a una relación de ayuda “entre blogs” pues  amplia la conexión de este blog con otro blog que aparentemente no tiene nada que ver.

Pero en el supuesto de que a alguien le interese el contenido de “disparefuturo” (lo cual dudo) le invito a leerla puesto que incursionaré de pleno en el núcleo de la llamada psicología positiva. Disciplina que va creciendo en mi interés por lo que creo que no tardaré en volver a cambiar el subtitulo de este blog añadiendo “y la psicología positiva” a la frase “La relación de ayuda desde el fenómeno de la resiliencia…”

El pasado mes de julio mi amigo Gabriel Songel, Catedrático de Diseño de la Universidad Politécnica de Valencia, tuvo a bien hacer una entrada en su blog (http://gabrielsongel.blogspot.com) utilizando a su vez mi referencia en este blog al libro de Zimbardo “La paradoja del tiempo”.

Una de sus especialidades es el diseño del juguete y la historia del mismo. Cuando conoció la idea básica de Zimbardo se percató del valor de los juguetes (y en concreto de los museos de juguetes) de enraizarnos con el pasado,

Para Zimbardo una postura sana respecto al pasado es la de centrarnos en todo aquello positivo que hemos vivido y que nos conecta con más gente: nuestra familia, nuestro país, nuestro barrio… Por el contrario es psicológicamente una postura insana la que tienen las personas que quedan atrapadas por una mala experiencia en el pasado a partir de la cual se configura toda o parte de su personalidad.

No cabe duda que los juguetes y los juegos son uno de esos anclajes claros con nuestro pasado y que normalmente será un anclaje positivo (excepto, claro está, que me atragantara con un juguete que me metí en la boca y estuviera a punto de asfixiarme).

Pero hoy me gustaría ofrecer algunas claves desde la psicología positiva para analizar la relación pasado – juguete – felicidad. Espero Gaby que quizá alguna des estas reflexiones te sean útiles para tus alumnos.

1.- Si quieres invertir en felicidad compra experiencias no objetos.

Richard Wiseman, psicólogo y mago, en su más que recomendable libro “59 segundos: piensa un poco, para cambiar mucho”  (Editorial RBA – Integral)

59 segundos - Piensa un poco, para cambiar mucho - RICHARD WISEMAN

señala que está comprobado que contribuye más a nuestra felicidad futura acumular experiencias positivas (viajes, relaciones…) que acumular objetos (ordenadores, coches, electrodomésticos…). (Mi mujer gastaría todo nuestro dinero en viajes, óperas….. yo lo gastaría en libros y eso que ahora se llama “gadgets”… Lo que demuestra que mi mujer es más sabia que yo)

Además de la comprobación experimental que Wiseman recoge en su libro, todos podemos comprobarlo intuitivamente. ¿En qué contribuye a mi “sentirme bien” actual el segundo ordenador portátil que me compré? Ni siquiera me acuerdo cual fue. Fui “feliz” cuando lo estrené pero a partir de ahí puedo asegurar que su contribución a mi felicidad siempre fue una línea descendiente (que además pasó a balance negativo cuando empezó a funcionar mal y dar problemas).Podría preguntarme lo mismo para mi tercer coche o mi cuarta casa (de alquiler).

Sin embargo la línea de contribución a la felicidad de la experiencia de nuestro viaje con todos nuestros hijos a París es justo la contraria: creciente. Empezó en negativo. Los preparativos complicados y tensos. El viaje en si con momentos maravillosos y otros complicados (alguna discusión, algún contratiempo…) Una vez finalizado los recuerdos negativos empiezan a evaporarse y prevalecen los positivos. Además queda el motivo: lo realizamos en memoria de mi madre y gracias a su herencia. Pero cuando creo que ya ha llegado a su techo “de buen recuerdo” descubro que no es así. Mi hija la mayor poco tiempo después decide ser monja de clausura y el viaje a París pasa a ser el último que hicimos todos juntos. Lejos de descender en su contribución a mi felicidad pasa a ser un recuerdo cargado de buen rollo y gratitud.

Evidentemente las cosas no son tan sencillas. Los objetos, unos más perecederos y otros menos, sirven para tener experiencias. El viaje a París fue posible por haber comprado un monovolumen nuevo (comprado también con la herencia materna). Pero mi “flagoneta” desaparecerá de mi vida (ya está dando los primeros indicios de despedida) pero nunca el viaje.

Corolario para diseñadores juguetes: no es lo mismo el diseño del objeto que el diseño de la experiencia lúdica.

Cuando pienso en mi infancia y las horas y horas de juego con mi vecino, amigo y casi hermano “Pepito” no recuerdo ni un solo juguete que me haya quedado fijado en mi “banco de felicidad” por su diseño como objeto. Sin embargo ocupa el primer puesto en la estantería “recuerdos felices de juego” un fuerte vaquero que construías con maderitas encajables que nos permitió horas y horas de batallas de indios contra vaqueros con gomas elásticas tensadas con reglas de madera. O unas chapas con razas de perros con las que jugábamos partidos de futbol empujándolas con los dedos.

2.- Existe una diferencia entre el “yo que experimenta” y el “yo que recuerda”

El psicólogo y Premio Nobel de … ¡Economía! Daniel Kahneman mantiene en una conferencia en TED que existe una diferencia entre el yo que experimenta y que vive el momento (fragmentos de tiempo de no más de 3 segundos) y el “yo que recuerda” que básicamente construye historias a partir de los momentos vividos anteriormente. Pero para el yo que recuerda no todos los momentos pesan lo mismo.

Pone un ejemplo muy claro: un melómano escucha una grabación maravillosa de una sinfonía durante media hora, sin embargo al final de la grabación un chirrido estridente en la misma le produce un momento de sobresalto y disgusto. Su “yo que experimenta” ha disfrutado de cientos de momentos de extasis musical y uno indeseable. Pero por culpa de ese último su yo que recuerda construirá la “historia de una experiencia decepcionante”.

Este ejemplo me hace pensar en el juego del “Risk”. No me cabe duda que es un juego que proporciona momentos muy divertidos. Sin embargo mi yo que recuerda ha construido la “historia de ese juego que nunca podemos terminar la partida”. Porque yo siempre he jugado en una casa llena de niños, de gente… donde siempre ha surgido alguna circunstancia que ha impedido que la partida termine. Sin embargo el “yo que recuerda” de mi propio amigo Gabriel Songel estoy seguro que ha construido la historia de “ese juego que me permitía largas noches de camadería con mis compañeros de piso en Milán”

3. Felicidad = placer + sentido

Está sencilla fórmula recoge la tesis de autores como Tal Ben Shahar, Catedrático de Psicología Positiva de la Universidad de Harvard. En su libro “Ganar felicidad”  (RBA Libros – Integral)

Ganar felicidad - TAL BEN-SHAHAR

utiliza una metáfora muy clara para explicar las 4 actitudes básicas frente a la felicidad:

Desde la actitud hedonista buscaré comer una maravillosa hamburguesa sin preocuparme por el efecto que en mi salud y en mi digestión tenga la misma. Lo que importa es simplemente el placer presente.

Sin embargo las personas con actitud competitiva renuncian al placer presente para conseguir el beneficio que desean en el futuro. Sería como comer una hamburguesa de pollo y verduras con pan integral. No es sabrosa pero mucho más sana.

La actitud nihilista, en base a una serie de experiencias o, mejor dicho,  decepciones, renuncia al placer presente y a luchar por el futuro. Sería como comerse una hamburguesa da mal sabor y encima completamente insana.

La actitud adecuada para la felicidad es la de equilibrar el placer presente con los proyectos de futuro. Eso sí, proyectos cargados de sentido en si mismos. La hamburguesa actual es por tanto aquella que siendo insuperable en sabor redujera nuestros niveles de colesterol y nos ayudara a adelgazar.

Según esto el juguete perfecto desde el punto de vista de la felicidad sería aquel que fuera extremadamente divertido y que además nos involucrara en una actividad con sentido en si misma (como desarrollar un proyecto vital importante para nosotros y satisfactorio en si mismo: aprender, desarrollar una vocación…)

Tengo claro que la hamburguesa perfecta (exquisita y sana) no existe. El juguete perfecto… no lo conozco.

Puede ser extremadamente divertido atropellar sicarios de la banda contraria pero no nos involucra en un proyecto vital lleno de sentido en si mismo. Si lo hace un terrario de hormigas que puede encender o alimentar nuestro amor por la naturaleza y una vocación de biólogo o naturalista. Pero está claro que no es el juguete más divertido del mundo.

Pero… ¿quien ha dicho que ser feliz deba ser fácil?

Desde luego, en este blog, no.

En definitiva, estas reflexiones explican porque el diseño del juguete y el juego trasciende el diseño del momento presente (del juego en si mismo) y debe considerar también el pasado (el antes) y el futuro (el después) del momento de juego.

Me viene a la cabeza que estas navidades pasadas encargamos a los Reyes Magos (a mi casa vienen) dos juguetes que nos hicieron mucha ilusión. Tanta que incluso yo le compré otro más a un hermano de más de 60 años: helicópteros teledirigidos. Cuando piensas en ellos te imaginas (proyectas futuro) en el salón de tu casa, sentado cómodamente y dirigiendo a media altura un helicóptero sin ningún problema. Ahora lo aterrizo en la mesa, ahora despega, ahora asusto al canario acercándolo a la jaula…. Pero cuando lo pruebas por primera vez, y aunque la caja diga que es apropiado para interiores, descubres que la fuerza de elevación (vertical) y la de desplazamiento (horizontal) interactúan más rápidamente de lo que tu puedes controlar y que el dichoso aparatito no es ese objeto que simplemente levita y tú, tranquilamete lo desplazas donde quieres. Así que lo que era un supuesto juego excitante es un factor de estrés, con el que para conseguir la destreza necesaria tienes que haber invertido horas de práctica y de accidentes domésticos.

Algo parecido, pero por otro motivo, pasa con los coches teledirigidos. Por lo que yo sé a todos los niños les encantan y sin embargo son el paradigma del juguete “abandonado” o infrautilizado. ¿Por qué?

Supongo que porque es un juguete adulto-dependiente. El suministro de pilas o carga eléctrica depende del adulto.Y pocas veces coincide la necesidad del niño de jugar con la disponibilidad del adulto (Ahora no… ya te compraré pilas… ¿dónde está el cargador?… No tienes otra cosa con la que jugar….)

En fin… si la psicología positiva consiste en el estudio del comportamiento humano óptimo, la psicología positiva del juego sería el estudio de la experiencia lúdica óptima.

Y acabo con una frese de Stuart Brown en otra conferencia en TED en la que afirma que el juego es más que diversión: “Lo opuesto al juego no es el trabajo, es la depresión. Y creo que si uno piensa en una vida sin juego: sin humor, sin coquetería, sin películas, sin partidos, sin fantasía y demás…Imaginen una cultura o una vida, de adultos o no,sin juego. Lo que es tan particular de nuestra especie es que estamos diseñados para jugar durante toda la vida”.

Querido Gabriel: esta cita por si sola da para una nueva entrada ¿en tu blog o en el mío?

Read Full Post »