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Espero poder presentar pronto Disparefuturo 2.0.Pero antes debo darle la puntilla a la versión actual.

Soy un afortunado que acabó trabajando como funcionario en algo que deseaba y para lo que no me esforcé ni un pimiento. Así empecé a trabajar en esto de la Protección de Menores y pronto descubrí que era muy complicado y que cuanta más experiencia acumulabas menos claro lo tenías todo.

Luego se nos ocurrió en casa hacernos familia de acogida. Por pura inconsciencia. Sin saber lo que hoy sé: que eso no significa acoger a un niño o niña sino todo lo contrario. Que la realidad de ese niño o niña y todo el sistema de protección es el que acoge a tu familia, perdiendo parte del control que tu creías tener sobre la misma (yo le llamo Encogimiento familiar”)

Así que cree Diseñando Pasados Recordando Futuros pera “resiliar”: resistir y rehacerme de trabajar y vivir en un tema tan especial. Podría pasarme el día discutiendo con compañeros y compañeras (es a lo que dedicamos el 80% de nuestro tiempo los técnicos de menores). Podría desesperarme de decisiones que no entendía. Podría cargarme de un saco de fracasos de los que no sabría excusarme. Y por supuesto podría cansarme de hacer propuestas en el vacio. Pero nadie me podría impedir pensar y comunicarme. Eso es lo que me aportó durante varios años este blog.

Es curioso que muchas veces la resiliencia requiere romper el silencio (muchos textos de Boris Cyrulnik hablan del segundo golpe que produce un contexto que te encierra en el silencio) Pero, sin embargo, otras veces la resiliencia pide el silencio (Me acuerdo de Louis Zamperini a quien las conferencias sobre su experiencia militar heróica llevó al alcoholismo) Así que hace unos meses cerré el blog por resiliencia y me limité a cumplir unos compromisos con Milly  y Olga.

Pero el último post había sido “Acogimiento familiar: Cuestión de p_lot_s” en el que hacía una metáfora entre el sistema que regula la aviación civil y el acogimiento familiar de menores. Yo sabía que era el primer post de una serie en el que iba a intentar demostrar mi hipótesis de que las familias no acogen a los menores sino que ellas son acogidas en un sistema muy complicado y muy difícil de entender y aceptar en muchas ocasiones.

Pero no fue hasta unas semanas después cuando un comentario de Marta Llauradó del blog  urgènciaidiagnòstic pensar i repensar els acolliments familiars d´urgecia i diagnòstic me hizó pensar que la metáfora se iba a interpretar mal. Lo publiqué, le contesté y en privado le pedí permiso para usarlo en un post.

Este fue su comentario, que no dejo de agradecer (me he permitido traducir al catellano un fragmento que ella escribió en catalán):

Hola Javier.
Soy Marta del blog urgenciaidiagnostic.
Este post lo leí en su momento cuando lo publicaste y tengo que decir que, aunque tus aportaciones me parecen, en general, interesantisimas, en este caso tu texto me resultó inquietante por su excesivo mecanicismo. Quise hacer un comentario, pero me reprimí al leer el post en el que te dabas temporalmente de baja.

Días después tuve la oportunidad de escuchar una conferencia de Alberto Rodríguez González (Programa de Apoyo al Acogimiento Familiar en el País Vasco) en la que manifestaba lo siguiente:

  • Hay tantos modelos de intervención en Acogimiento Familiar como Comunidades Autónomas y tantas maneras de pensar el Acogimiento Familiar como profesionales que intervienen. No puede ser. No existe una cultura compartida del Acogimiento Familiar.
  • Un número excesivo de profesionales hacen el seguimiento administrativo y un número reducido y de escasa experiencia que hacen la intervención directa- Ausencia de dirección. Numerosos conflictos personales entre los profesionales por invasión de competencias. Necesidad de reducción, simplificación y unificación.

(INTERVENCIÖN DE ALBERTO RODRIGUEZ PARA ADAFA)

Mi experiencia como acogedora estaría más de acuerdo con lo expuesto por Alberto, que con el contenido de tu post. Dentro de este, el párrafo dedicado a los acogimientos de urgencia y diagnóstico es el que me resultó más inquietante: ” el niño o niña no se quedará en casa pase lo que pase”. Mi experiencia es que, por demora de las actuaciones de ese avión burocrático tan grande al niño le pasan cosas tales como que se encuentre esperando la decisión de pasar a acogimiento pre-adoptivo por parte de la compañía aérea tanto tiempo que acaba por apegarse a su familia de acogida. Y lo hace con tal intensidad que cuando llega el sí o sí, el niño no vuela sino que se estrella emocionalmente. Que te puedan reparar, o que tengas capacidad de resiliencia no justifica que te agredan.

No pretendo que publiques este comentario. Sólo que no tengo otra forma de “discutir” contigo. Un saludo afectuoso.

Me apresuré a contestarle:

Hola Marta. Me temo que no vamos a discutir.. jaja.. porque aunque no te lo creas ¡estoy de cuerdo contigo! Pero si me das permiso te lo explicaré en un nuevo post. Gracias por esta interesantísima aportación.

Y algo más de un mes después aquí estoy. Dándome cuenta de que no podía abrir Disparefuturo 2.0. (en el que no habrá protección de menores o no de la misma forma) sin aclarar lo siguiente (lo hago en puntos concretos para no alargarme)

1.- Las metáforas sirven para ayudarnos a entender otra realidad. Por tanto deben reflejar LO QUE ES. Está metáfora, sin embargo, refleja LO QUE NO ES PERO QUIZÁ DEBERÍA SER. Más que una metáfora es una utopía.

Es por esto que puede ser fácilmente malinterpretada. Y es que nació precisamente para contestar una pregunta muy concreta “¿Cuál es el papel de las familias de acogida en este puto maremagnum? (perdón por el taco) Y pretendía transmitir algo así como: “concentrate en pilotar” o te vas a volver mico. Haz bien lo que te toca, no hagas lo que no te toca, y no dejes que otros (profesionales, vecinos, familiares, profesores…) te mareen. Que lo van a hacer.Y si estás pensando en entrar a jugar a este juego, que sepas lo que hay.

2.- Otro peligro de esta metáfora es el de dónde sitúa a la familia de el o la menor. Colocarla como una simple condición atmosférica más es sencillamente desafortunado, injusto y peligroso. Plantear un acogimiento como un vuelo “sobre” o “a pesar” de la familia del menor es un malísimo comienzo, porque para eso ya hay otras medidas e protección como el acogimiento preadoptivo (ahora guarda con finalidad adoptiva) o la misma adopción.

3.- En el sistema de la aviación civil lo que se transmite entre la personas implicadas es fundamentalmente INFORMACIÓN. Cuando al comandante de un avión la torre de control le asigna pista para aterrizar contesta algo así como “Entendido” “Recibido” y no contesta “Gracias, majos”. Y el controlador aereo no piensa: “el gilipollas este ni me lo agradece”.

En el sistema de protección, y especialmente en el de acogimiento, lo que circula por el sistema son fundamentalmente EMOCIONES Y SENTIMIENTOS que a veces llevan un poquito de información (la idea no es mía sino sacada de la frase de Cyrulnik: “las palabras son trozos de emoción que a veces llevan algo de información”)

Cuando un técnico de menores coge una llamada de un o una acogedora que le dice “Hola, soy tal, por fin me hago contigo…” el cerebro superior del primero ya ha pensado “pues yo no me estaba tocando los…” y a su vez su amigdala le grita “¡Alerta, alerta!…a ver que marrón me cuenta este…” (el otro día una familia me llamó para decirme que ya había solucionado una cosa pero yo ya tenía el susto en el cuerpo)

Y si en una visita de un o una técnico la familia acogedora le cuenta  algo que les está haciendo sufrir, y este o esta empiza “Vosotros lo que teneis que hacer es…” el resto de la conversación sobra porque probablemente la familia ya no se va a SENTIR acompañada.Habrá desconectado.

Creo que estos tres puntos son suficientes para aclarar que el post de referencia tenía que haber sido la puerta de entrada para analizar todo lo que NO funciona en el sistema de protección de menores y del acogimeinto familiar. Si alguien lo ha interpretado como una descripción tiene, como Marta, todo el derecho a tirarme tomates.

Espero Marta que ahora sí puedas estar algo más de acuerdo conmigo y que sepas que gran parte de lo que pienso ahora lo aprendí precisamente de Alberto Rodriguez a quien admiro y  cito cada vez que tengo ocasión (os recomiendo el video de Vimeo)

Y, por fin, mato esta versión del blog con una confesión: Lo retiro. El acogimiento familiar no es cuestión de pilotos sino que, por el momento, sí es CUESTIÓN DE PELOTAS Y OVARIOS.

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El 16 de octubre publiqué una reseña del nuevo Seminario en Resiliencia que organiza todos los años Milly Cohen en su país y que, en este 2017, se celebrará en menos de un mes.

Reconozco que me aproveché de su gratitud para sacarle un texto suyo para este blog y no tardó ni dos días en mandármelo. Pero decidí retrasar su publicación para que el nuevo post sirviera también de recordatorio del Seminario.

Luego la vida hizo que decidiera tomarme unas vacaciones de reflexionar en público. A día de hoy le doy vueltas a la posibilidad de un Disparefuturo 2.0 pero de momento sólo os dejo este maravilloso (no exagero) texto de Milly. Espero que lo disfruteis tanto como lo hice yo.

Gracias, Cohen. (Al final os dejo de nuevo el “flyer” de ConoSer)

 

HIJOS VALIENTES

DRA MILLY COHEN

Dra en educación, docente de postgrado, escritora

millyask@gmail.com

 

Nuestra cultura no es una cultura emocional. A pesar de Goleman, a pesar de las  múltiples investigaciones en torno al tema, de cursos y talleres que nos invitan a la expresión sana de nuestros sentimientos, la realidad es que seguimos evitando que éstos realmente afloren. Y si estos sentimientos no son de felicidad, de júbilo o de armonía, ¡mucho menos!

Si introduces en el buscador de Google “libros-sobre-felicidad” te encontrarás con más de 2 millones de entradas. Títulos como “El proyecto felicidad”, “Te mereces ser feliz”, “La guía completa para ser feliz”, “El viaje de la felicidad” y muchos más sobre cómo encontrar la felicidad abundan en el mercado. Esto no es malo, por el contrario, me parece que encontrar ese estado de goce, de paz, de satisfacción con la vida, es algo que buscamos todos. El problema reside en la creencia errónea de considerar que cuando no tenemos dicha, forzosamente debemos sentir desesperanza, si no estamos en éxtasis, es porque estamos en tormento. La falta de dificultades nunca equivale a la felicidad. Y si bien existen blancos y negros en la vida, los grises no son tan malos ni parcos como parecen.

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Esos grises son la lluvia, que nos moja pero no nos hunde, son la adversidad que nos cimbra pero no nos derrumba, son el “aprieta pero no ahorca”. Y esos grises, cuando dejamos que pinten nuestras emociones, permiten que salgan a la superficie aquellas emociones desagradables que estaban bajo el agua.

Hablemos de nuestros hijos. La realidad es que nos duele tremendamente que se sientan infelices y haremos lo que esté en nuestro poder por “en-contentarlos”, como si estuviera en nuestras manos realmente sustituir una emoción por otra.  Cuando uno de nuestros hijos se siente triste le compramos un juguete, lo llevamos de viaje, hacemos la tarea por él, lo defendemos ante los demás. Hacemos lo que sea con tal de verlo bien porque esa (creemos) es nuestra labor más importante: hacer felices a nuestros hijos. Sin embargo, en esa lucha (porque es cansado intentar mantener contento a uno o a varios hijos), se nos olvida algo importante: que no ser feliz no es sinónimo de agonía permanente, no estar en un estado de bienestar, no significa miseria ni disgusto. Solamente es un color distinto, es un tono de gris, y hay que saber cómo responder ante esta tonalidad. Eso si sería favorecer la inteligencia emocional.

Para lograrlo, creo que debemos empezar por reconocer en nosotros qué nos sucede cuando no nos salen las cosas como quisiéramos. ¿Qué hago cuando pierdo? ¿Cuando no acierto? ¿Cuando me equivoco? ¿Cuando me siento incómodo? ¿Lo abrazo? ¿Lo acepto? ¿Lo ignoro? ¿Lo evito? ¿Lo escondo? De alguna forma nos han transmitido desde chicos (y lo pasamos nosotros a nuestros hijos) un fuerte mensaje cultural: si sientes una emoción negativa, debes tener algún problema y necesitas liberarte rápidamente de esa emoción. No nos hemos dado cuenta que nuestra tendencia a mantener a raya los sentimientos desagradables o nuestra lucha activa contra ellos, es la razón por la que muchos estamos estresados. Y el estrés es hoy una de las fuentes más importantes de enfermedad. Si tu hijo está estresado, por favor no le pidas que no lo esté. Mejor explícale que al latir rápido, su corazón se está preparando para la acción, y que el respirar más rápido no es un problema, sino que está llegando más oxígeno al cerebro. Que viva el estrés y lo use a su favor.

Debemos comenzar a formar seres valientes, más que seres felices. Los que son valientes son los que lloran y aceptan su fragilidad enfrente de muchos, no los que parecen fuertes y no dejan que se refleje realmente quiénes son. Los valientes son los que luego de atreverse a compartir cómo se sienten, se recomponen y vuelven a buscar el placer, el gozo, la alegría. Son osados, intrépidos, audaces. Los valientes son los que reconocen que hay batallas que se ganan pero que las que se pierden, también sirven de algo. Los valientes son rojos, y negros, y blancos, pero también grises.

¿Cómo comenzar a desarrollar esa valentía? A continuación les comparto algunas sugerencias que me parecen importantes, que he experimentado yo misma, o que leído de algunos de mis autores favoritos. Espero que algunas les acomoden.

  1. En lugar de volcar elogios, tiempo, o dinero, en hacer que nuestros hijos se sientan felices cuando no lo están, hay que permitir que luego de dejar aflorar sus sentimientos, los validemos. La validación dará un enorme alivio a los niños y a los jóvenes porque cuando se les ayuda a reconocer que no son los únicos que se sienten de esa manera, que está bien sentirse triste, solo, acongojado, sensible, enojado, o frustrado, el niño o joven se siente acompañado, más que sobreprotegido. Además, hay que dejar que sean ellos los que se expresen, libremente. Cuando los padres se abstienen de hacer suposiciones acerca de lo que sus hijos piensan y sienten, sus hijos dan el paso para comunicarlo por voluntad propia. Eso es valentía. Goleman dice que justamente es la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, la piedra angular de la inteligencia emocional.
  1. ¡No reemplaces un pez muerto! Si la mascota se muere, si se pierde el juguete, si se poncha el balón, no lo reemplaces inmediatamente, permite que el niño sienta la frustración, la tristeza, la pérdida. Si perdió la competencia, si reprobó el examen, si no lo invitaron a la fiesta, deja que tu hijo o tu hija ponga en palabras su sentir y permite que lo viva. Muchos padres tienen un fuerte deseo de proteger a sus hijos de crecer demasiado rápido, por ello, evitan temas importantes como la muerte, la pérdida, el fracaso, la decepción. La exposición a estos temas debe darse de manera natural, pero debe darse, ya que son temáticas que forman parte de la vida cotidiana. Ningún padre puede cambiar los sentimientos de sus hijos, mucho menos evitar que estos surjan, pero si puede modelar su comportamiento ante ellos. Ayudarlos a reconocer cómo se sienten, hacerles saber que puede no ser cómoda una emoción negativa, pero que es inevitable, y adecuada, hasta necesaria, los ayudará el día de mañana a entender que éstas pasan. Que el sol sale después de las tormenta. Que hay un resurgimiento luego de las crisis. Que el amanecer aparece justo después del momento de más oscuridad.

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  1. Tenemos que pedir a nuestros hijos que resuelvan problemas, eso los empodera, y cuando los dejamos solos (en lugar de hacerlo nosotros) les enviamos un mensaje tan simple como poderoso: “confío en ti”. De acuerdo a Pozatek, la mejor manera de enfrentar a los niños a los dilemas de la vida es frente a la naturaleza. En los espacios naturales los chicos tienen que aprender a emplear la demora a la gratificación al caminar hacia una cumbre, recolectar leña o tener que esperar a que piquen los peces. La solución a los problemas y la motivación interna se presentan de manera instintiva cuando un fuerte viento golpea o cuando a un mochilero se le acaba la comida. A diferencia de las actividades en el hogar, cuando se convive con  la naturaleza, el chico o la chica no tiene la computadora que la distrae, el celular con el que se refugia, no hay puertas que se azotan ni televisiones que se prenden con volumen alto, para redirigir la frustración o el enojo. En un bosque, en una montaña, en el campo, tienen que madurar de formas distintas, sin distractores ni escapes. Y con los beneficios del espacio exterior. Lleva a tus hijo a una excursión, acampen, cocinen juntos, carguen con sólo lo necesario, y frústrense juntos, diviértanse juntos y elógialo por el esfuerzo, no por el producto final.
  1. Colabora para que tus hijos sean personas diferentes, originales, invítalos a salir de la norma, que no le teman al fracaso, que se atrevan a echar a andar sus ideas (por más locas ideas que éstas sean). Dice Adam Grant en su nuevo libro titulado Originals que la creatividad puede ser difícil de fomentar pero es fácil de coartar. Es verdad. Los alumnos con necesidades educativas especiales, por ejemplo, son los más atrevidos y originales, están tan acostumbrados al fracaso, que han perdido el temor. Para desarrollar la valentía en nuestros hijos debemos permitir que aporten ideas novedosas al mundo y esto sólo ocurre cuando ellos desarrollan sus pasiones, no las nuestras y cuando se atreven a hacer lo que su instinto les dicta. Ser original es apostar: quizá funcione, quizá no. De mientras, tú déjalos ser. Suelta un poco el control. Apuesta por ellos para que ellos apuesten por sí mismos.

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  1. Ayuda a tu hijo a construirle muchas patas a su mesa, a enriquecerse con muchos hobbies y quehaceres, a fortalecerse desarrollando virtudes y cualidades, a construir una red de vínculos afectivos que lo acompañen. Así, cuando la vida le quiebre una pata a su mesa, quizá se tambalee, pero no se caerá. Justo el joven que ha probado levantarse es más fuerte que el que nunca se ha tropezado. Para los japoneses, una pieza que se ha roto, que ha sufrido un daño, tiene una historia, es más hermosa. No se ocultan las grietas, ni los defectos, más bien se enmiendan con oro, convirtiendo la parte restaurada en la parte más fuerte de la pieza. ¿Y si hacemos eso con nuestros hijos? Cuando sufra, no te asustes. Mejor ayúdalo a enmendar lo que se quiebra, con amor, con mucho amor.

Al final,  las emociones, sin importar lo poderosas que sean, no son abrumadoras si se les concede el espacio para desplegarse. Generalmente, nos sentimos más cómodos con las acciones que con los sentimientos porque cuando vemos que se acerca uno incómodo, tendemos a darle la vuelta, a esconderlo, a disfrazarlo o distraerlo, lo que se nos ocurra con tal de no sentirnos tristes o permitir que así se sientan nuestros hijos. Por ello la invitación es a detener nuestro trajín diario, nuestra prisa, para que cuando arribe un sentimiento incómodo, lo dejemos respirar, y podamos abrazarlo con quietud, entenderlo, y luego permitirle que se aleje. Con valentía. Estoy segura que eso nos traerá mucha felicidad.

Krissy Pozatek (2015). Hijos Valientes. Editorial Planeta.

Adam Grant (2016). Originals. Editorial Viking.

 

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Seguimos compartiendo los elementos esenciales del programa “Signs of Safety” para la protección de menores.

Entramos ya en los SEIS PRINCIPIOS O ELEMENTOS BÁSICOS PARA LA PRÁCTICA del mismo. Creemos que el conjunto de los mismos es lo que marca la esencia misma del programa por lo que hemos preferido exponerlos en un mismo post, a pesar de que eso pueda hacerlo más extenso de lo habitual.

En opinión de Steve y Andrew, el mapa por el que se guían los trabajadores del sistema de protección infantil suele girar en torno a la recopilación de información relacionada con el daño y el peligro. Desde su punto de vista estos mapas son demasiado injustos e imparciales ya que ponen el foco exclusivamente en cosas como la severidad y el patrón del maltrato, la percepción de la familia acerca del abuso o la negligencia, la vulnerabilidad de los niños, la posibilidad de una repetición del maltrato, etc.

Pero poner la atención sólo en estos aspectos es como hacer el mapa de un territorio fijándose sólo en los valles más inhóspitos y sombríos de ese territorio y olvidando las montañas y las bellas llanuras. El resultado sería un mapa pero incompleto.

Esto no significa que no haya que recopilar información del daño producido y de los déficits de las familias pero hay que equilibrarlo con otros aspectos como las fortalezas familiares y sus recursos para generar seguridad.

Los autores proponen, para poder llevar a la práctica su visión, seis principios o elementos prácticos cuya finalidad es explicitar, amplificar, evaluar las capacidades más positivas y constructivas de las familias. De manera que, al considerar ambos aspectos, peligros y protección, se tiene un cuadro más completo y equilibrado de la situación.

Los seis elementos básicos para la práctica del programa son:

1.- ENTENDER LA POSICIÓN DE LA FAMILIA RESPECTO AL PROBLEMA, SU SOLUCIÓN Y LOS SERVICIOS SOCIALES.

Es vital que los trabajadores escuchen las historias de las familias y entiendan la “posición” de cada miembro de las mismas, entendiendo ésta como los valores, las creencias, y los significados firmemente sostenidos por los individuos y que manifiestan a través de sus historias.

Prestar atención a la posición de las familias no significa estar de acuerdo con ellas o con sus creencias. Pero es crucial para que exista una colaboración entre profesionales y familias. Esta no será posible sin tener en cuenta la posición de éstas en relación a la seguridad, a posibles soluciones así como su posición respecto al propio trabajador y los servicios sociales.

Esto es así porque no hay dos situaciones iguales. Los hechos pueden ser parecidos, pero la posición, las circunstancias y las percepciones de cada familia son diferentes y requieren de respuestas diferentes.

Las siguientes preguntas pueden ayudar a explorar la posición de los miembros de la familia…

… respecto al problema:

  • Como usted ya conoce el informe puede ver cuál es la opinión de otros. ¿Cuál es su punto de vista de la situación?
  • ¿Cómo describiría lo que está ocurriendo en su familia como resultado de este tema?
  • ¿Cómo es esto un problema para usted?
  • ¿Qué sentido le da usted a lo que él niño o la niña hace? 
  • ¿Cómo puede explicar lo que usted hizo?
  • ¿Cómo cree usted que su hijo o hija explicaría lo que ocurrió?

…respecto a la solución:

  • ¿Por qué piensa que esa forma de actuar sería más útil?
  • ¿Qué le hace pensar que estos planes no van a conseguir nada diferente?
  • Algunas personas podrían decir que usted necesita hacer_____en esta situación. ¿Qué piensa usted de esto?
  • Si sugiriéramos que él haga_____o que nosotros haremos____, ¿cuál sería la mejor manera de explicarle esto él/ella?

…respecto al trabajador y los servicios sociales:

  • ¿Qué esperanza tiene de que yo/nosotros podamos ser de ayuda para usted?
  • Estoy seguro de que mucha gente dirá que nosotros no estamos interesados en sus opiniones y en lo que quiere. ¿Piensa que esto es cierto?
  • Me parece que su opinión podría resumirse en_______(introducir la opinión). ¿Es correcto?

2.- BÚSQUEDA DE EXCEPCIONES AL BUSO/MALTRATO/NEGLIGENCIA.

El programa adopta como parte esencial del mismo una técnica propia de la terapia breve o de la terapia enfocada a la solución, la “pregunta de la excepción”.

Por ejemplo, a un padre maltratador se le puede preguntar: “¿Ha habido alguna vez en la que usted haya estado enojado pero haya resistido la necesidad de pegar a su hija?

Esta forma de preguntar está basada en dos premisas: una, que el problema no ocurre todo el tiempo, y dos, que la persona probablemente enfrenta el problema de manera apropiada alguna vez. Las “preguntas de excepción” permiten discutir y reconocer el problema de una manera constructiva y sin necesidad de una confrontación.

Así, es importante que, cuando un miembro de la familia describe este tipo de conductas excepcionales, el trabajador realice preguntas que ayuden a ampliar la descripción de las mismas, incluyendo el cuándo, cómo, dónde y qué de la situación descrita. También es importante averiguar cuánta confianza tiene el usuario en sí mismo para poder repetir esas conductas excepcionales y protectoras.

Algunas preguntas útiles para explorar excepciones pueden ser:

  •  Usted dijo anteriormente que las cosas no son siempre así. ¿Puede contarme algo más acerca de esas otras ocasiones?
  • ¿Cuándo fue la última vez que surgió este problema? ¿Cómo ha conseguido que no surja otra vez desde entonces?
  • ¿Qué fue diferente en las ocasiones en las que usted sintió que manejaba la situación adecuadamente?
  • (A otro profesional) ¿Puede decirme ocasiones cuando estos padres han respondido apropiadamente para mantener a su hijo protegido? ¿Qué es lo que hicieron para conseguirlo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que usted sintió que tenía energía para cuidar a su hijo de manera adecuada? ¿Cómo era capaz de conseguirlo?

Un aspecto importante a la hora de realizar las preguntas de excepción, es tener en cuenta el momento adecuado para poder realizarlas. Éstas deben ser realizadas una vez hay un reconocimiento de las acusaciones o, al menos, un reconocimiento de que existe un problema.

Antes de que la persona entrevistada pueda entrar en una conversación acerca de las excepciones, primero, necesitan sentir que han sido entendidas. El trabajador debe ser consciente de que cambiar la conversación desde una “perspectiva del problema” hacia una “perspectiva de solución” es un cambio significativo.

Un aspecto muy importante es la persistencia en la búsqueda de excepciones. Steve y Andrew recalcan la importancia de la siguiente regla: “Realiza la pregunta tres veces antes de aceptar que no hay una respuesta para ella”

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3.- DESCUBRIR LAS FORTALEZAS Y RECURSOS DE LA FAMILIA.

Michael White (1988) acuñó el término “descripción saturada de problemas” para referirse a situaciones donde la aparente enormidad de problemas desbordaba o saturaba el punto de vista de todo el mundo acerca de la situación, llevando a sentimientos de desesperanza e impotencia y evitando que todos los implicados pudieran visualizar una solución. Esto ocurre frecuentemente en protección infantil.

Por eso es importante intentar ampliar el cuadro. Una de las maneras más fáciles de hacer esto es explorar aspectos positivos y fortalezas de la familia identificadas por los propios miembros o reconocidas por otras personas o servicios. Esto no debería ser visto como un intento de minimizar el maltrato. Al revés, debería reforzar la idea de que la vida de la familia y su experiencia son una base a partir de la cual se puede construir el cambio.

Preguntas que pueden ayudar a explicitar, hacer emerger las fortalezas de la familia y sus recursos son:

  •  Hemos estado hablando acerca de algunos asuntos muy graves o serios. Para poder tener un cuadro más completo y equilibrado, ¿puede decirme algunas de las cosas que usted siente/piensa que son buenas en esta familia o te gustan de ella?
  • Si usted estuviera describiéndose a otros, ¿qué tipo de cosas diría usted de sí mismo en las que es bueno o buena?
  • ¿Qué es lo que más le gusta de ser padre/madre? ¿Qué ha aprendido de esta experiencia?
  • ¿Me puedes decir qué es lo que te gusta de tu padre (o madre)/de tu hijo/a? ¿Qué tipo de cosas le/te gusta hacer juntos? ¿En qué dirías que es bueno o buena?
  • ¿Cómo resolvéis habitualmente los problemas familiares? ¿Quién hace qué? ¿Qué hacéis para enfrentar las situaciones de estrés?
  • ¿A quién recurres o recurrirías en busca de ayuda para abordar los problemas? ¿Cómo te ayudan o podrían hacerlo?
  • Claramente, las cosas han sido muy difíciles para ti. ¿Cómo te has enfrentado a estos problemas/presiones? ¿Qué te ha mantenido avanzando/funcionando?
  • ¿Puedes contarme acerca de las veces en las que te has llevado bien con tu pareja/hijos? ¿Qué es lo que más te gusta de esos momentos?
  • ¿Qué piensas que dirán ellos (el resto de la familia) acerca de qué hay de bueno en la relación contigo?

Las respuestas a preguntas como éstas (o a las de excepción) proporcionan información en dos posibles direcciones. Por un lado proporcionan una comprensión de los aspectos constructivos o positivos de las relaciones familiares. Pero, por otra parte, si los miembros de la familia identifican poco o nada que sea positivo (o no encuentran excepciones) esto puede indicar que el problema es más severo de lo pensado previamente.

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4.- CENTRARSE EN LOS OBJETIVOS.

Toda la tarea en protección de menores se reduce a un objetivo, a saber, generar suficiente protección o seguridad para los menores. En palabras de  otros autores (Weick et al. 1989): “La cuestión no es qué tipo de vida ha tenido uno sino qué tipo de vida quiere uno, y desde este punto, lograr todos los recursos personales y sociales disponibles para conseguir este objetivo”

Muy a menudo en el trabajo en protección infantil es evidente lo que se tiene que parar (el maltrato o la negligencia) pero las preguntas que permanecen inexploradas son: ¿Cómo se parará? ¿Qué ocurrirá en su lugar? ¿Cómo sabrán los servicios sociales y la familia que esto ha ocurrido?

Es esencial que, a lo largo del caso, los servicios sociales articulen claramente –en términos conductuales concretos- qué es lo que indicará que existe suficiente protección en el o la menor para cerrar el caso.

Los objetivos claros permiten la evaluación del progreso y ayudan a los trabajadores y familia a estar de acuerdo cuándo el caso debe ser cerrado. Para Steve y Andrew este apartado es, probablemente, el más difícil del modelo para ser implementado.

Preguntas que pueden ayudar a la familia a explicitar sus objetivos relacionados con la protección son:

  • Vale… ambos vemos la necesidad de lograr más protección para su hijo. Estoy realmente interesado en las ideas que usted tiene para conseguir esto.
  • ¿Cómo podemos ayudarle a que las cosas estén mejor y lograr que su hijo esté más seguro?
  • ¿Qué piensa usted que pueden hacer usted mismo, su compañero, sus hijos, otros miembros de la familia… para incrementar la protección del niño o niña?
  • Cuando le preguntemos a su hijo/a qué le haría sentirse más seguro/a¿qué piensa usted que dirá?
  • Para que nuestro trabajo con su familia sea útil, ¿qué necesita que ocurra? ¿qué debe cambiar en su familia? ¿Qué cambiaría en relación a su pareja/sus hijos?
  • Es evidente que no quiere que los servicios sociales estemos continuamente en su vida. ¿Qué piensa que necesitamos ver para poder cerrar el caso?

Tristemente, a menudo, los usuarios no están entusiasmados con la idea de cambiar sólo por satisfacer a la sociedad o a los servicios sociales. O incluso se pueden dar situaciones en las que los progenitores reconocen el problema de una manera muy limitada o incluso defienden su manera de actuar.

Los autores sugieren para estos casos proponer “motivaciones indirectas” que ayuden a estas familias a engancharse con la intervención. Una de ellas puede ser incluso que los servicios sociales, la policía, la escuela… dejen de estar pendientes de ellos, ya que para muchas de estas familias, la intervención de estos sistemas es una intromisión en su vida. En estos casos hay que estar muy atentos a que los objetivos de la familia se ajusten a los objetivos de los servicios sociales para incrementar la protección de los menores.

Ejemplos de preguntas que se podrían realizar en una situación en la que los progenitores defienden el derecho de pegar a sus hijos como una estrategia educativa son:

  • ¿Qué espera conseguir cuando pega a su hijo?
  • ¿Qué le diría a usted que ha obtenido el resultado que quería cuando pega a su hijo?
  • ¿Es esto algo que usted quiere continuar haciendo o hay otras manera de conseguir que su hijo responda o reaccione?
  • ¿Qué piensa usted que le enseña a su hijo cuando le pega?
  • ¿Hay otras maneras de enseñarle esto a su hijo?

Por último, señalar que para los autores, el reto de los trabajadores en relación a la creación de objetivos, tanto generales como relacionados con la protección, es triple:

a.- Elicitar los objetivos de la familia incluso si la familia parece que minimiza o niega los problemas.

b.- Concretar los objetivos de manera que se expresen por la presencia de conductas específicas, medibles y observables; y

c.- Establecer el alcance de coincidencia de estos objetivos con los que los servicios de protección consideran necesarios para la seguridad del niño.

5.- BAREMAR O GRADUAR EL PROGRESO Y LA PROTECCIÓN.

La información recopilada en protección infantil debería ser lo más específica y detallada posible. Para ello las “preguntas de escala” (otra técnica de la terapia enfocada a la solución) son una herramienta muy valiosa.

Es muy útil preguntar de manera continua a los miembros de la familia cosas como: En una escala de 0 a 10 –donde 10 significa que las cosas en esta familia son como os gustaría que fueran, y 0, que la vida no podría ser peor- ¿dónde situaríais vuestra familia en estos momentos?

O una pregunta más centrada específicamente en la seguridad o protección podría ser : En una escala donde 10 significa que tú estás seguro/a de que este tipo de incidente no volverá a ocurrir nunca más y tu hijo/a está seguro/protegido, y 0 significa que tú piensas que con toda probabilidad ocurrirá otra vez, ¿cómo puntuarías la situación en este momento?

Las preguntas de escala son de un enorme beneficio para los trabajadores, ya que crean un diálogo que asume automáticamente un contínuo que va desde el daño/peligro a la protección/seguridad.

En el trabajo en protección infantil, una garantía de absoluta seguridad es imposible. La intervención con familias es llevada adelante en algún punto en el espacio entre el completo peligro y la absoluta seguridad. Al utilizar este contínuo peligro-seguridad, las preguntas de escala, por la naturaleza de su construcción, llevan consigo la posibilidad de cambio.

Además las escalas permiten preguntas del tipo: Si la situación la valora con un 7 ¿qué tendría que pasar para que le pudiera poner un 8? Y con ello seguir operativizando el cambio.

6.- VOLUNTAD, CONFIANZA Y CAPACIDAD.

La voluntad (querer), la capacidad (saber) y la confianza (poder) de los usuarios en relación a cualquier plan de acción son buenos indicadores de protección y seguridad o de, por el contrario, peligro.

Poder explorar estos tres aspectos es una parte esencial para poder asegurarse de que los planes de intervención formulados serán llevados a cabo.

Preguntas que se pueden realizar, en relación a estos tres aspectos:

Voluntad

  • En una escala de 0 a 10, donde 10 significa que usted tiene la voluntad de hacer cualquier cosa para que su hijo esté seguro y 0 significa que usted no tiene ninguna voluntad de hacer nada, ¿dónde se situaría usted en esa escala?
  • Si yo (el trabajador) le pidiera hacer ________, en una escala de 0 a 10, ¿cuántas ganas de hacerlo tendría?
  • Usted habló anteriormente acerca de la posibilidad de hacer________. En una escala de 0 a 10, ¿cuántas ganas tiene de intentar hacerlo?
  • ¿Qué incrementaría, si es que hay algo que lo hiciera, su voluntad de hacer algo acerca de estos problemas?

Capacidad para actuar

  • En una escala de 0 a 10, ¿cómo puntuaría usted su habilidad para hacer algo en relación a estos problemas?
  • ¿Qué aspectos de estos problemas se siente usted más capacitado de enfrentar?
  • En una escala de 0 a 10, ¿cómo puntuaría su capacidad de implementar los planes de los que hemos hablado previamente?
  • ¿Qué partes de estos planes se siente usted más capaz de intentar?
  • ¿Qué o quiénes podrían ayudarle a llevar adelante estos planes?
  • ¿Cuánto control o influencia piensa que tiene usted sobre esta situación?
  • Veo que usted tiene realmente ganas de cambiar las cosas, y está deseando hacer casi cualquier cosa para que eso ocurra. ¿Hasta qué punto piensa usted que puede hacer algo que pueda marcar una diferencia?

Confianza

  • En una escala de 0 a 10, donde 10 significa que usted está seguro de que ciertas cosas mejorarán en su familia y 0 indica que usted piensa que las cosas nunca estarán mejor, ¿cómo lo puntuaría? ¿En qué se basa para puntuar así?
  • De 0 a 10 ¿Cuánta confianza tiene en que usted/es, o la persona negligente o maltratadora, pueda/n hacer cosas que hagan que su hijo/a esté más seguro/a? ¿Qué aumentaría su confianza? 
  • Si piensa concretamente en hacer ______. En una escala de 0 a 10 ¿cuánta confianza tiene en que esto mejorará las cosas?

Para finalizar este post, indicar que, para los autores, todas las preguntas que se proponen, relacionadas con cada uno de los elementos para la práctica, no deben ser vistas como prescriptivas o como las preguntas correctas a realizar. Las mejores preguntas y diálogos surgen  cuando los trabajadores ajustan el modelo, su filosofía, sus elementos y sus técnicas a cada familia concreta.

EUGENIO:

Considero esta parte del libro como la parte central, el “meollo de la cuestión”. Después de consideraciones varias y reflexiones más teóricas y abstractas creo que en esta parte, los autores, consiguen aplicar y dar un grado de concreción detallado (que curiosamente –o no tanto- es lo que piden con la utilización de su método/enfoque) de sus postulados y planteamientos, de manera que uno sabe a qué atenerse y cómo poder manejarse en la práctica diaria. Y lo hacen a través de la generación de decenas y decenas de preguntas, herramienta que considero imprescindible e indispensable en la intervención terapéutica.

Me gusta mucho porque uno acaba la lectura del capítulo con la sensación:“me llevo algo útil y práctico, algo que puedo utilizar en mi trabajo”. Siendo consciente de que los milagros no existen y de que sigue siendo difícil generar cambios. Pero al menos, esto es una herramienta más que puedo utilizar y detrás de la cual hay una filosofía que me gusta y que tiene que ver con el respeto e interés genuino por las familias y personas que sufren – e incluso a veces generan-  situaciones vitales terribles.

JAVIER:

Estoy tan de acuerdo con Eugenio que sólo quiero reseñar que cualquiera que haya tenido una conversación con la familia de un o una menor en riesgo o desamparo puede haber constatado que el enfoque que nosotros (los profesionales) adoptemos en la misma nos puede llevar en una dirección o en otra totalmente diferente.

Lo cómodo es pensar “la familia es el problema” Creo que estos 6 principios básicos nos están diciendo, además de darnos herramientas concretas, que “el profesional también puede ser el problema”

eugenioap@cop.es

javier.romeu@gmail.com

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Los hermanos Taylor-Rosenthal nacieron en Colorado (EEUU) a finales del siglo XIX. Se obsesionaron con la idea de conseguir volar hasta llegar a construir un artefacto a motor para ello. Sin embargo no pasaron ni a la historia de la aviación ni de la humanidad porque tenían tanta fe en su éxito que probaron el mismo lanzándose directamente sobre el Gran Cañón.

Por el contrario los hermanos Wright fueron mucho más escépticos sobre si mismos e hicieron innumerables pruebas hasta conseguir los primeros vuelos controlados de un ser humano.

Las dos parejas de hermanos, suponiendo que la primera existiera (¿puedes acaso negarlo?) fueron optimistas. Los cuatro se enfrentaron al reto con la idea de que era posible conseguirlo. Nadie les obligó a ello y si lo hicieron era porque pensaban que se podría conseguir. La diferencia es que los Taylor eran optimistas crédulos y los Wright eran optimistas escépticos.

Este cruce de la dimensión Pesimismo-Optimismo con la dimensión Credulidad-Escepticismo la he descubierto gracias a una referencia, en el newsletter de Adam Grant, a un artículo de Shane Snow. Este es un escritor de la corriente, cada vez más de moda, llamada de Contraintuición. Periodista, escritores, economistas que se dedican a descubrir fenómenos paradójicos de la vida.

Como cuando Malcolm Gladwell argumenta que la mejora de la calidad del aprendizaje gracias a la reducción de la ratio de alumnos y alumnas tiene un límite (y responde a una curva en forma de U invertida) de forma que una clase con un profesor y cinco alumnos no garantiza mejor aprendizaje que una clase con un profesor y diez alumnos (y lo argumenta)

Otro libro de Contraintuición

La hipótesis de Snow es que los grandes personajes que han innovado de forma indiscutible en la historia reciente de la humanidad han sido más optimistas escépticos que optimistas crédulos. Ha habido muchos de estos últimos que han podido triunfar (también lo han hecho pesimistas recalcitrantes) pero habrá que atribuirlo más a la fortuna o, en todo caso, su éxito quizá no haya aportado mucho a la sociedad, sino sólo a ellos mismos o a un pequeño grupo a su alrededor.

Sin embargo, el optimista escéptico es la persona que se cuestiona el status quo, desea cambiarlo y, para ello, también se cuestionará o dudará de cualquier idea que ella misma tenga al respecto. No dirá simplemente: “Lo que se me ha ocurrido es estupendo”. Sino que se planteará todas las dudas posibles sobre sus propias ideas y las pondrá a prueba una y otra vez.

El conocido chiste del hombre de Fe que espera ser rescatado por Dios mismo en una inundación ejemplificaría el optimismo crédulo. Sin embargo si fuera optimista escéptico no habría rechazado subirse a la primera lancha salvavidas.

Este matiz, esta doble dimensión, me parece que es la misma que nos permite diferenciar entre el positivismo, estúpido y perverso en mi opinión, que muchas veces se nos vende (si se quiere, se puede) de la esperanza realista que muchas veces se asocia a la resiliencia.

Boris Cyrulnik cuenta que cuando se escapó del campo de concentración por azar se generó en él la idea de que si había salido de esa situación podría salir de cualquier otra que le ocurriera en un futuro. Pero el niño Boris no se dedicó a dirigirse a todos los soldados alemanes que se encontraba insultándoles o tirándoles piedras. Ni cuando fue joven se tiró por una ventana confiando que una rama o un toldo le protegería de morir estampado contra el suelo.

O desde el otro lado: Cuando la víctima está noqueada por la tragedia es probable que entre en una postura de pesimismo crédulo (nada será igual) Hasta que poco a poco (y probablemente por una acción desde el exterior) pase a un pesimismo escéptico (nada será igual… o quizá sí) y así hasta rehacerse o retomar el (u otro) camino.

Así que les pido a los gurús del positivismo que no invoquen a mi credulidad. Y lo digo en una semana, santa para mi, no por mi fe ciega sino quizá, y precisamente, por mi poca fe.

 

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Link del primer post de la serie

Link del segundo post de la serie

BUSCANDO RESPUESTAS A PREGUNTAS DIRECTAS.

Un taxista, después de conocer la profesión de Steve y Andrew, los creadores del Programa “Signs of Safety” y refiriéndose a los casos de maltrato infantil, les pregunta “¿Está ocurriendo más, como dicen los periódicos, o es que simplemente hablamos más de eso ahora? ¿Cómo puede nadie hacer eso a sus propios hijos?” Y para rematar:”No se puede hacer nada por personas como esas, sólo se les puede encerrar, ¿verdad?”. De esta manera tan directa este taxista planteó tres cuestiones fundamentales que los profesionales que trabajan en protección infantil se llevan haciendo los últimos 30 años.

Cuando, en palabras de los autores, se “redescubrió” el fenómeno del abuso infantil, allá por los años 60-70, los profesionales que se dedicaban a esto lo hacían con gran energía, seguros de poder hallar respuestas y con una visión clara de lo que se debía hacer y apoyados por su comunidad.  Sin embargo, treinta años después –en el momento en el que se crea este enfoque- las respuestas ya no estaban tan claras, y los profesionales se hallaban, en muchas ocasiones, atrapados por una sobrecarga de casos y de trabajo burocrático, además de estar hastiados y a la defensiva, siendo el punto de mira de las críticas que se realizaban desde la sociedad.

En 1991, la Comisión Nacional sobre la Infancia en Estados Unidos concluyó que: “si la nación hubiera diseñado deliberadamente un sistema que frustrara a los profesionales que emplea, enfadara a la sociedad que lo financia, y abandonara a los niños que dependen de él, no habría haber hecho un trabajo mejor que el actual sistema de protección infantil”. Es en este contexto en el que surge el enfoque Señales de Seguridad.

2016 International Signs of Safety Gathering

Pero volvamos a las preguntas del taxista: “¿Está ocurriendo más, como dicen los periódicos, o es que simplemente hablamos más de eso ahora?” Los autores sostienen que una cosa no parece cuestionable, y es que los profesionales se enfrentan cada vez más a un incremento en la carga de trabajo. Si esto se debe a un incremento del fenómeno del maltrato, es algo que ya no está tan claro. Pero sí parece que ese incremento se puede deber a que hay una mayor atención a este fenómeno a lo largo de todo el mundo. Como ejemplo, exponen que, lo que empezó en los años 60, poniéndose el foco en el fenómeno de los bebés que eran maltratados físicamente, ha evolucionado y se ha ido ampliando llegando a definir hasta cuatro categorías de maltrato: físico, psicológico, abuso sexual y negligencia, que, además, son motivo de legislación penal.

“¿Cómo puede nadie hacer eso a sus propios hijos?”. Los autores indican que la respuesta a esta pregunta ha ido variando, desde los primeros estudios, que planteaban el tema desde una perspectiva médica y localizaban el problema en algún tipo de patología de los padres, hasta planteamientos más complejos, ecológicos, que ven el maltrato como un fenómeno en el que se entremezclan variables individuales, familiares, comunitarias, sociales y culturales.

Además, ha habido, en diferentes momentos, conceptos que han estado más de moda, como por ejemplo, por nombrar dos, “el ciclo del maltrato” (en el que se mantenía –y mantiene- que una persona que había sido maltratada tenía más probabilidad de maltratar), o la “correlación entre pobreza y maltrato”. Y para añadir más controversia al tema, hay autores que han argumentado que el problema del maltrato no es un tema objetivo sino que es un fenómeno construido en la interacción entre los profesionales – que están influenciados por sus creencias y conocimientos- con las familias que son investigadas. Argumentan, que lo que ahora es considerado maltrato, hace 100 años podría haber sido algo rechazable por la sociedad pero no hubiera sido considerado como tal maltrato y, menos, hubiera sido motivo de acción por parte de las autoridades.

Y así pasamos a la tercera pregunta: “¿Qué se puede hacer?”. De nuevo, los intentos por afrontar el problema son tan complejos como los intentos por definirlo. Las respuestas, siempre según los autores, deben operar en diferentes niveles incluyendo la identificación, investigación, tratamiento y cuidado alternativo, por nombrar cuatro de ellos.

original

Dependiendo del marco teórico desde el que se define el maltrato se propone un tipo de intervención acorde con aquél. Así desde el modelo médico-psicológico se responde proporcionando tratamiento especializado a la madre, al progenitor maltratador y/o a la familia para que puedan tratar con la disfunción psicológica o familiar que causa el maltrato.

Sin embargo, en los últimos años ha habido un cambio de este modelo hacia un modelo más socio-legal en el que se pone una mayor atención en los protocolos para valorar el riesgo. Añadido a esto, siempre ha habido controversia respecto de los casos más serios de maltrato en los que se ha argumentado que algunas familias son intratables, incurables y peligrosas y, por tanto, no se podía establecer una relación de colaboración con ellas y había que colocar a los niños en otro lugar lejos de su casa.

Con toda esta complejidad surge la gran pregunta: “¿Colaboración o Paternalismo?”, y que es la que lleva a los autores a plantearse la creación del enfoque SOS. Steve, que ya llevaba trabajando 16 años en la protección de menores, se da cuenta de que existe una gran brecha entre los planteamientos teóricos y la práctica diaria, y además, siente que los primeros no le ayudan mucho en su labor. Además, se ven influenciados por la tradición de la terapia breve, una de cuyas máximas es: “Si lo que estás haciendo no funciona, no sigas haciéndolo, haz algo distinto”. Piensan que la lógica paternalista deja de lado a las familias y hace que el profesional asuma toda la responsabilidad de la intervención, y esto no está funcionando.

Así que, para ellos, hacer algo diferente significa rellenar el hueco que existe entre, por un lado, la teoría y la práctica, y por otro, entre los profesionales y los usuarios. Esto no significa que se opongan al conocimiento profesional y a su experiencia, lo que proponen es utilizar ese conocimiento profesional y además, utilizar, el conocimiento de la familia de su propia situación. Eso requiere que el profesional deje a un lado su rol de experto (aunque lo utilice) y se acerque a las familias con una actitud de respeto y de colaboración.

En los años 90 se realizaron estudios que buscaban la opinión de los usuarios de los Servicios Sociales. Los resultados de estos estudios no eran agradables de leer para los profesionales ya que los usuarios calificaban su experiencia como chocante y generadora de miedo, furia, humillación y resentimiento hacia la intervención que habían sufrido. El énfasis excesivo en los aspectos negativos y disfuncionales de la familia contribuía a que éstas se pusieran a la defensiva además de crearles una sensación de incapacidad e inhabilidad. En cambio, los usuarios reconocían que se podían fiar de los trabajadores que transmitían compasión, compromiso, preocupación, respeto… Una relación positiva era más probable que ocurriera si los progenitores entendían que el objetivo del trabajador era conseguir la seguridad de los niños JUNTO con la ayuda de los padres y no CONTRA los padres.

Esto lleva a los autores a plantearse más preguntas como “¿qué significa “colaborar?” y no sólo eso sino también “¿cómo se puede implementar esa colaboración de manera segura?”, ya que un fallo en la protección de los niños como resultado de un mayor riesgo en nombre de una mayor colaboración, sería castigado por la sociedad.

También a principios de los años 90, Reino Unido, Nueva Zelanda y EEUU aprueban leyes que ubican el principio de la participación de la familia en la toma de decisiones como un elemento central de la intervención. Y además, algunas de ellas, por ejemplo Nueva Zelanda, ofrecen un modelo de trabajo concreto llamado Conferencias de Grupos Familiares (Family Group Conferences). En este caso, si existe una investigación acerca de la seguridad de un niño se debe convocar una conferencia familiar en la que la familia extensa y otras personas significativas deben reunirse para hablar junto con los profesionales de la situación del niño/a y elaborar un plan de actuación.

También en EEUU, diversos profesionales, como Insoo Kim Berg, desarrollaron modelos de intervención en los que la cooperación entre familias y profesionales era una noción fundamental. Además, en algunos estados se desarrollaron otros modelos de colaboración entre familia y profesionales como los “Community partnerships for protecting children” de Farrow.

original

Pero Steve y Andrew se dan cuenta de que no sólo los usuarios buscan una mayor colaboración con los profesionales. Éstos, si tienen la oportunidad, también la quieren. En los talleres que les imparten, cuando les preguntan cuál sería su trabajador ideal y cuáles serían sus cualidades, de manera consistente las respuestas describen a un trabajador que sea capaz de escuchar y construir una relación con la gente con la que trabaja, que además pueda y sea capaz de ejercer su autoridad con honestidad y claridad. En palabras de una trabajadora “que trate a cada niño como si fuera propio”.

Así, las premisas para unas buenas prácticas (propuestas por los trabajadores) y en las que se basa el modelo Señales de Seguridad son:

– Se mostrará respeto y confianza a la familia, y se utilizará su punto de vista siempre que sea posible.

– La cooperación entre trabajadores y familia se debe desarrollar desde el principio.

– Se pondrá especial énfasis en la construcción de fortalezas de la familia.

JAVIER:
La lectura de la síntesis de esta parte del libro de “Signs of Safety” me provoca una cierta desazón. ¿Cómo es posible que muchos de los problemas detectados por Turnell y Edwards me resulten tan familiares? Pero lo que es peor: Si SOS es un intento de solucionar dichos problemas ¿dónde están nuestros intentos? A mis 55 años mi jubilación ya se vislumbra en el horizonte y no soy nada optimista al respecto de que deje de trabajar en un sistema de protección muy diferente al que llegué con 22. Sigo percibiendo las mismas incoherencias que entonces y pienso que hay cosas que sólo se mantienen por costumbre.

Podría comentar algunas de ellas pero no es el momento. Me limitaré a apoyar la idea de “SOS” de buscar fórmulas constructivas de cooperación con los padres. Y lo hago a pesar de trabajar yo desde una posición y en un recurso donde el porcentaje de menores que regresan con sus padres es mínimo.

Sea posible o no, buscar la cooperación con su familia es simplemente una obligación moral que tenemos de cara a los propios menores aunque sólo sea porque la medida de protección sólo tiene vigor mientras lo sean. Excepto en los casos de adopción, que son los mínimos, los padres seguirán siendo sus padres y por ello tendríamos que procurar, siempre que sea posible, situarnos en una posición de cooperación tal como el programa SOS propone y en el que, como más adelante veremos, se combina el apoyo a la familia con la asunción de la responsabilidad para asegurar la seguridad del menor.

Algo tan complicado como la vida misma. Pero proteger a un niño a base de simplificar la vida (te lo quito o no, te lo cuido o no, etc.) no me parece “el interés superior del menor”.

EUGENIO:
A mí, aunque llevo bastantes menos años trabajando,también me produce la misma desazón que a ti esta parte del libro que, de alguna manera, es un diagnóstico de los sistemas de protección a nivel internacional. ¿Cómo es posible que durante casi 50 años ya, no hayamos sido capaces de implementar un sistema que proteja realmente a nuestros niños? Me parece demoledora la conclusión de la comisión nacional sobre la infancia en EEUU que en los años 90 ya decía que si hubiéramos tenido el propósito deliberado de hacer un sistema menos protector para nuestros niños no lo habríamos hecho peor que el actual sistema. Brutal.

Me gusta ser utópico, y creo, como los autores, que para acabar con el maltrato infantil en todos los estamentos y niveles se necesita de una transformación radical de nuestra injusta, desigual, irracional, competitiva y alienante sociedad en una más justa, igualitaria, cooperativa y realmente democrática. Pero hasta que consigamos esto, nos tenemos que enfrentar día a día con las horribles situaciones que viven nuestros niños, y tenemos que hacer algo.

Creo que demonizar a las familias no es el camino adecuado. Pienso que debemos desarrollar algún grado de cooperación con ellas e intentar ayudarles a transformar algo de su realidad ya que, al final del camino de la ¿protección?  institucional, una parte importante de nuestros niños vuelven con ellas. Y, si su realidad sigue siendo la misma que cuando fueron acogidos por el sistema, significará volver a un contexto de maltrato aunque eso sea con unos cuantos años más. Y el trabajo realizado no tendrá tanto sentido.

javier.romeu@gmail.com

eugenioap@cop.es

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Día 1 de enero de 2016.

Nos hemos hartado de desearnos Feliz Año Nuevo. Con frases hechas y con memes. Y también más sincera e intimamente. Han surgido palabras como salud, trabajo, dinero, amor y paz.

Sebastián ya no necesita trabajo a sus 70 años y para esa edad su salud es estupenda. Su pension y algunos ahorrillos le permiten pasar el mes sin demasiados apuros, aunque sea porque es un tipo austero. Sigue gustando del amor de su vida aunque ella ya no esté con nosotros. Y no tiene grandes conflictos con nadie. ¿Que le podemos desear para el 2016?

Si Sebastián existiera le podríamos preguntar y quizá nos dijera que hay algo que a veces le causa deshazón y se llama soledad.

¿Y sí Sebastán somos todos? Es muy dificil tener notas altas en todas las asignaturas de la vida: Salud, Trabajo, Amor, Paz, Dinero. Pero aunque fuera así ¿bastaría?

En el post RelacionES ¿Servicios? ¿Sociales? señalaba como Hilary Cottam avisaba de que la soledad causa tantos o más extragos que el tabaco ¿Pero cuantas campañas institucionales conoces para prevenirla? Y ¿es algo demostrapo?

Te dejo esta charla en TED de Robert Waldinge, sin subtitulos en castellano a 1 de enero de 2016, y titulada “What makes a good life? Lessons from the longest study on happiness” (Algo así como : ¿Cómo se consigue una buena vida? Lecciones del estudio más largo sobre la felicidad)

Waldinge es el depositario de un estudio sobre el desarrollo humano adulto que dura ya 75 años. Un verdadero lujo dado lo casi milagroso que es mantener este tipo de estudios longitudinales. Gracias a él se ha podido rastrear la vida de 724 personas de estratos sociales muy dispares desde su infancia o juventud hasta su fallecimiento.

La principal conclusión es la de que las buenas relaciones nos mantienen felices y sanos, pudiendo descomponer la misma en tres afirmaciones acerca de las relaciones:

La primera es que las relaciones sociales son muy buenas para nosotros, y que la soledad mata.

La segunda es que no sólo se trata del número de amigos o amigas que tienes sino pero es la calidad de nuestras relaciones más cercanas lo que importa.

Y la tercera cosa que muestra el estudio las buenas relaciones no solo protegen nuestros cuerpos sino también nuestro cerebro. Tener una relación segura, con personas con las que spuedes contar en tiempos de necesidad, es un factor para que los recuerdos permanezcan más nítidamente más tiempo. Por el contrario las personas que sienten que realmente no pueden contar con el otro experimentan pérdida de memoria antes.

Por el momento no quiero entrar en más comentarios sobre este estudio  sobre el efecto desolador de la soledad (desolador significa “que causa extrema aflicción) De momento me basta con deserarte que el 2016:

  • Te traiga nuevas buenas relaciones
  • Te libre de nuevas malas relaciones (sin que nadie tenga que morir o sufrir)
  • Y por pedir… que alguna antigua mala relación se transforme en buena

Un abrazo

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Imagina una pareja, mujer y hombre, que naufraga en una isla desierta y fuera de las rutas de navegación más usadas. Ella está embarazada. La isla les proporciona muchas opciones para sobrevivir y consiguen gestionar bien el parto. Durante los años siguientes el niño o la niña crece al amparo de la única relación con sus padres. Si no son rescatados antes de los 20 años ¿Tendrá adolescencia este chaval o chavala más allá de los cambios fisiológicos habituales?

El planteamiento general del psicólogo Kenneth J. Gergen se podría resumir en que no existen personas que, siendo como son, se relacionan de una manera u otra, sino que las relaciones que las personas tienen son las que configuran su forma de ser, o mejor dicho, su mente.

En realidad su postura es mucho más radical: no está demostrado que exista algo que pueda llamar “mi yo”, “mi esencia” “yo mismo” sino que la mente es una continua co-creación fruto de nuestras relaciones pasadas y presentes. Por lo tanto no podríamos hablar de un “yo delimitado y único” sino y, en todo caso, de un “yo múltiple”

En un momento dado, en su libro “El ser relacional” traducido y publicado recientemente por DDB utiliza el siguiente ejemplo:

“Imaginemos a una madre primeriza con su bebé recien nacido (…) Poco a poco y con paso vacilante empiezan a coordinar susu acciones el uno con el otro (…) Más tarde, y a partir de la sincronización de movimientos, miradas, expresiones faciales y la voz, ambos crean un mundo de significado. Además en estos primeros meses juntos es cuando madre e hija se aproximan más a una relación desvinculada de otras relaciones.” (pág. 241)

“Imaginemos ahora a esa misma madre con su hija, ahora convertida en adolescente. La madre acaba de servir la cena y la niña está taciturna y en silencio.

MADRE: ¿Qué ocurre, Trish? ¿No tienes apetito?

HIJA: (silencio)

MADRE: Y parece que tampoco vas a hablar. ¿Qué te pasa esta noche?

HIJA: (con una mueca) Mamá, te dije exactamente la semana pasada que quería dejar comer carne. Es obvio que no me escuchaste, o… quizás es simplemente que no te importa lo que yo quiera. Típico…

MADRE: A ver, Trish, no puedo hacer una comida distinta para cada uno. Y mira, a tu padre le encanta el estofado de carne y tu hermano lo está devorando ¿Por qué no puedes formar parte de la familia?

HIJA: Tú no me entiendes, ¿verdad? No me lo voy a comer y punto. De hecho (poniéndose de pie), no puedo ni siquiera mirarlo. Me voy a mi habitación.

PADRE: Trish, ¡regresa aquí inmediatamente!

(Trish cierra la puerta de su dormitorio de un portazo)

“TípEL SER RELACIONAL. MÁS ALLÁ DEL YO Y DE LA COMUNIDADico de adolescentes”, podríamos decir. Pero desde un punto de vista relacional los problemas nunca son inherentes de las personas – continúa Gergen y yo añadiría interpretándole “sino de las relaciones” – La principal diferencia entre esta escena y la de la madre con el recién nacido es que en el caso de la madre y su hija adolescente cada una de ellas se encuentra profundamente inmersa en relaciones distintas a la suya propia y aportan a la cena no solo los restos de largas y numerosas historias de relaciones sino sino también los restos inmediatos de sus relaciones con los amigos, los familiares y los varios medios. “(pág.242)

Gergen ha usado el contraste de estas dos escenas para ejemplificar su idea de que en cada relación tú a tú, tenemos que lidiar con la interacción de esa misma relación con otras muchas que hemos tenido o que tenemos en otro momento en otro lugar. Las relaciones dejan trazas en nuestra mente. Él a veces las denomina “voces”.

Hay miles de ejemplos de ello: la persona que se siente atraída por otra pero se contendrá por preservar una relación de compromiso con otra; la mujer que no puede entregarse a una relación sexual porque fue agredida; el niño que no soporta el rincón de pensar porque era encerrado en un sótano con ratas o simplemente los gritos que le damos a un ser querido y que en realidad nacen en la injusticia que te han hecho en el trabajo.

Yo mismo puedo servir de ejemplo tonto de “yo múltiple”. Cuando estoy con una familia acogedora me es fácil empatizar con ella, puesto que yo también lo soy. Pero eso no significa que las trazas o voces de mis relaciones laborales como técnico de menores no estén ahí susurrándole a mi única neurona. Y cuando estoy entre compañeros y compañeras de trabajo las voces de las relaciones establecidas como familia acogedora son las que me hacen distanciarme en determinados momentos de ciertos planteamientos técnicos.

Pero dejemos a Gergen y volvamos a la escena de la adolescente. ¿Qué pasaría si cambiáramos los papeles y fuera el padre el que se negara a comer carne, chantajeara emocionalmente y finalmente se levantara de la mesa? Y antes de que lo atribuyas no a la adolescencia sino a machismo sigamos imaginando ¿Y si fuera la madre, cuando su pareja sirve la cena, la que lo hiciera? Se me ocurre que utilizaríamos dos hipótesis: esta chica tiene una personalidad difícil o simplemente ha tenido un mal día?

Debo entonces suponer que cuando hemos pensado, como decía Gergen (yo lo hice cuando lo leí) “Típico de adolescentes” lo hemos pensado porque sabíamos la edad y el rol (hija) de la chavala. De no ser así el abanico de hipótesis habría sido mucho mayor. Entramos en un círculo vicioso: la adolescencia es lo que hacen los adolescentes y lo hacen porque están en la adolescencia.

Esta idea es circular pero nos sirve porque así ya no tengo que analizar más el por qué del comportamiento de mi hijo, alumna, usuaria… Es adolescente. Sólo tengo que sentarme a esperar. Aguantar el chaparrón y ya está. Se le pasará

Pero el modelo de Gergen permite ampliar el espectro de posibilidades ¿Por qué no quiere comer carne? ¿Qué voz o voces tiene en la cabeza? ¿Qué relaciones le están diciendo que no lo haga? O si no lo quiere hacer ¿contra quien? ¿Está simplemente marcando diferencias respecto a sus padres? ¿O simplemente busca la pertenencia a un grupo?

El otro día estuve sentado literalmente entre una madre y una hija que no paraban de lanzarse acusaciones. Estabamos en una mesa de un bar y aunque yo no estaba a titulo profesional estaba para intentar ayudar. A los 5 minutos ya se repartían bofetadas y para mi también había. La chavala de vez en cuando chateaba con alguien. Quizá le dijera a alguna amiga “la idiota de mi madre me ha traido a hablar con un gilipollas”. Pero aunque no hubiera movil en ella hubiera estado actuando igual la relación con su amiga. Y la relación con otros profesionales de la psicología o la psiquiatría que ella había conocido. Hasta el punto de decirme que era una mierda de psicólogo porque no había intentado ganarmela. Y yo también aporte voces a la conversación:la de la relación con mis hijos, la de… Total que en esa mesa no eramos tres. Eramos “Los 100.000 hijos de San Luís”

Ahora los móviles nos han enseñado que un adolescente puede no estar en casa aunque lo veamos sentado en el sillón del salón. Lo que Gergen nos plantea es que eso ha ocurrido siempre. Sólo que no podíamos saber donde estaba la mente del otro porque su cuerpo no hacía nada que así nos lo indicara.

Si quieres ejemplos divertidos vuelve a visionar la brillante, divertida y viral charla de Carles Capdevila. Al parecer el opta, en beneficio de lo ameno y divertido, por los tópicos de la adolescencia (“Cuando llegue  a casa dos de mis hijos me besaran y dos no”) pero también ejemplifica muy bien la visión relacional de Gergen cuando cuenta que llega un día que tu hija o hijo ya no quiere que le dejes en la puerta del colegio sino en la esquina. Tu crees que estás a solas con él o con ella pero no es cierto. Muchas otras relaciones han tomado importancia para él o ella y no quiere que le vean con su papá o su mamá.

Desde esta visión relacional de la adolescencia es fácil entender porque ahora la adolescencia empieza antes que cuando yo lo fui (tengo casi 55) y porque algunos (Giorgio Nardone) dicen que dura… ¡hasta los 35!

Hoy en día los niños y niñas de 11 u 12 años ya no consumen productos infantiles sino los mismos que los adultos (ropa, gadgets, música…) y las dificultades para emanciparse harán que el o la jóven de 25 siga viviendo un estilo de vida adolescente al amparo de su mamá y su papá. No estoy connotándolo como positivo o negativo (hubiera sido estupendo jugar al FIFA 1970 con mi padre) Simplemente quiero poner de manifiesto que la globalización, el consumismo, la tecnología, y quien sabe cuántas cosas más han contribuido a que no podamos definir la adolescencia en base sólo a factores biológicos o intrapsíquicos.

A estas alturas es obvio que mi respuesta al enigma que planteaba es que el o la chavala de la isla no tendría una adolescencia como la solemos describir. Para romper la relación con los padres necesitamos no sólo un desarrollo corporal y cognitivo. Necesitamos contrafactos relacionales. Necesitamos que la relación filial sea bombardeada por una lluvia de “rela-tones” de la que nos abastecemos fuera de casa.

No deberíamos olvidarlo. Lo más seguro es que todo sea típico de adolescentes pero tengamos cuidado con no quedarnos en el tópico. Cuando le conté a mi mujer el combate de la mesa del bar me dijo “en la situación en la que está esta chavala le ofrecen cualquier ideal extremo – por desgracia ya te puedes imaginar alguno- y muerde el anzuelo casi seguro” Espero que no ocurra pero como casi siempre mi mujer dio en el clavo.

Preparando una charla llamada Formas de manipulación de los adolescentes hacia sus padres” di con una referencia a un estudio realizado por Tabitha Holmes, profesora de la State University de Nueva York y especialista en el desarrollo de los adolescentes, que afirma que lejos de ser perjudicial, un conflicto al día fortalece la relación entre padres y adolescentes y además permite que los padres sigan de cerca el desarrollo de sus hijos. Los padres que a través de estas peleas verbales aprenden a conocer a sus hijos como individuos con pensamientos propios, y a partir de este conocimiento, hacen posible poner la base desde que crecerá una nueva relación entre adultos.

Pero sobre todo, y esto lo digo después de leer a Gergen, en estas discusiones aflorarán casi seguro las relaciones que están influyendo en los sentimientos y pensamientos de ese o esa adolescente. Podremos tomar conciencia de cual es el coro que tiene detrás y quizá así podamos comprenderlo o comprenderla mejor.

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