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Archive for the ‘Ayudar a cambiar’ Category

Nunca he tenido una experiencia “Eureka” porque nunca he generado una idea nueva o inventado algo (al menos algo que valga la pena). Pero leyendo muchas veces tengo experiencias “¡Ajá, está es la pieza que me faltaba!” De repente leo algo que no sólo me da información sino que me reconfigura otra información que ya tenía.

Podrías saber que estoy teniendo esta experiencia porque me verías sonreír ligeramente, cerrar el libro y ponerme a mirar al infinito en un estado absorto en mis pensamientos (al tener una sola neurona cuando ésta se pone a cambiar muebles de sitio la pobre no puede hacer nada más).

Esta tarde he tenido uno de esos momentos y me apetece compartir la pieza del puzle encontrada.

He cogido un libro que tengo hace mucho tiempo de recopilación de textos de Bill O´Hanlon, terapeuta norteamericano. Quería revisarlo para algo que estoy escribiendo sobre la importancia de las oportunidades para rehacerse de una desgracia. Y me he encontrado con estos cinco párrafos que intentaré acortar para que no se haga muy pesado. (Los subrayados son míos)

“Durante los últimos años he estado enseñando un método al que llamo terapia orientada a soluciones (…) y que está emparentado con el trabajo de De Shazer y el Brief Family Therapy Center, Los dos métodos comparten el interés por explorar y destacar las soluciones, las aptitudes, las capacidades y las excepciones. (…) Muchos asistentes suelen hacer un comentario que viene a decir más o menos lo siguiente: “Me gusta mucho el enfoque positivo que aplica usted. Lo encuentro muy alentador”. Aunque soy consciente de que me están haciendo un cumplido, cuando oigo este comentario, me echo a temblar”

(…) pero la verdad es que la palabra “positivo” me da escalofríos. Me recuerda esas frases exaltadas típicas de los cursos de ventas o de motivación (“si nos lo proponemos, podremos lograr cualquier cosa”) o algunas visiones de la vida más bien propias de “Disneylandia” (…)

No me gusta el pensamiento positivo porque creo que minimiza muchos aspectos negativos y muy reales (…) que ocurren en el mundo y en la vida de las personas que acuden a nuestra consulta. Y estoy hablando de cosas como las agresiones sexuales, la violencia, la pobreza, el hambre, la discriminación laboral, etc. El pensamiento positivo me parece una manera de dorar la píldora como otra cualquiera. Parece muy atractivo, pero si rascamos un poco, encontraremos que su brillo es muy superficial. (…)

Pero tampoco estoy a favor del pensamiento negativo según el cual todo es un desastre y no podemos hacer nada para que deje de serlo. Las personas nacen – o se hacen  “narcisistas”, “fronterizas” o “sociópatas” y nunca podrán cambiar. No creo que esta postura sea recomendable para nadie que desee provocar el cambio.

Así pues, por ahora me quedo con la etiqueta ·”terapia de posibilidades” para describir lo que hago porque no creo que todo sea (o vaya a ser maravilloso) ni que todo es (o será) un desastre imposible de arreglar.

Estos párrafos me han dado la clave para resolver un conflicto, una ambivalencia.

Cuando descubrí el concepto de resiliencia (¡Que casualidad que fuera con un libro llamado “La maravilla del dolor” de Cyrulnik) supuso para mí aire fresco. Un abrir una ventana en una habitación cargada de secuelas, pronósticos pesimistas, vulnerabilidad, traumas de por vida, terapias interminables…

Pero el mundo editorial (y sus repercusiones en televisión o eventos divulgativos) ha situado la resiliencia y la psicología positiva en la misma estantería de montones de libros (y conferencias) con palabras claves como “felicidad” “superación” “éxito” “fortaleza”…

Evidentemente si tengo que optar ubicaré la resiliencia en el campo de lo positivo (“Positive Park”) antes que en el de lo negativo (“La casa de los horrores”) pero no me sentiré cómodo. En “Positive Park” el reconocimiento del dolor y del sufrimiento no está bien visto (porque rompe el buen rollito).

Pero releer a O´Hanlon me ha recordado que existe “Posibility World”. Un mundo donde se acepta el dolor y el sufrimiento pero la tarea principal es la búsqueda o creación de posibilidades.

Porque al fin y al cabo la resiliencia ¿qué es?. Par mí no es más que una posibilidad de la vida. La resiliencia no es ni positiva ni negativa. Porque la vida no es positiva ni negativa.

En la vida simplemente se abren y se cierran puertas.

Una leona caza a una cebra. ¿Eso es positivo o negativo? Según a quien le preguntes.

¿Es mejor ir en un Mercedes último modelo que en una ambulancia? Dependerá si es antes o después del accidente.

Por tanto a partir de ahora lo tengo claro.

Trabajar desde la resiliencia seriamente no es trabajar simplemente desde lo positivo. Es trabajar desde las posibilidades lo que supone reconocer el sufrimiento pero no proyectarlo hacia el futuro. Nada más y nada menos.

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No es un peliculón (aunque tiene buenas críticas) ni la película de mi vida. Es solo una comedia simpática y agradable de ver. Ni excesivamente dulzona ni excesivamente satírica.

Se llama “Tímidos Anónimos” (2010) y es una comedia francesa dirigida por Jean Pierre Améris.

Como su nombre indica trata de un hombre y una mujer, ambos extremadamente tímidos que se encuentran (otra vez el dichoso encuentro). Cada uno de ellos recurre a una estrategia para intentar superar su timidez. Ella en un grupo de autoayuda (la relación de ayuda a través del grupo) y él con un terapeuta (ayuda profesional)

Pero si la traigo a colación es porque por fin una película nos muestra un terapeuta que no se limita a oir al paciente o a darle consejos. A lo largo de la película el terapeuta le pondrá tres simples ejercicios: invitar a alguien a cenar; tocar a alguien y ofrecer algo a alguien.

No voy a destripar la película pero sí decir que cada uno de estos ejercicios pondrá al protagonista en un escenario diferente que le encamina hacia la superación de su miedo a la intimidad con la mujer amada.

He dudado de si incluir esta entrada en la serie “Ayudar a cambiar” (como finalmente he hecho) o en la serie “La vida no es lógica, gracias a Dios”. Porque la vida está constituida de numerosos encuentros (y desencuentros) y de efectos y reacciones inesperados a nuestras acciones (u omisiones).

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Kathryn Schulz es una periodista y escritora norteamericana que lleva años reflexionando sobre el porqué de que no soportemos equivocarnos. Sus escritos no están traducidos al español pero podemos ver una síntesis de sus ideas en una conferencia de 20 minutos en internet (en la página de TED – en la que deberemos elegir, si queremos, los subtítulos en español)

En un intento de desdramatizar nuestra tendencia frecuente a estar equivocados (pensando que no lo estamos) mantiene que “el milagro de la mente no es que pueda ver el mundo tal cual es, sino que uno puede ver el mundo como no es”.

Esto no es una novedad. Lo original de Schulz es que ella lo califica de maravilloso.

Existen muchos libros recientes que nos revelan las imperfecciones de la visión del mundo que nos proporciona nuestro cerebro. Citaré tan solo algunos de ellos (si pinchas se te abrirá la página del libro en su editorial y al final tienes las portadas):

O quizá también los libros de Dan Ariely (Ed. Ariel)  en los que analiza las trampas y las ventajas del deseo, o mejor dicho, de la irracionalidad de nuestras acciones. Sin olvidar el libro de Gary Marcus “Kluge: la azarosa construcción de la mente humana” ,en la misma editorial, en la que mantiene que el cerebro humano es más bien una chapuza (“De ahí la falibilidad del cerebro a pesar, paradójicamente, de su maravillosa capacidad intelectual: podemos resolver problemas de física o de matemáticas de una complejidad inmensa y al mismo tiempo ser incapaces de solucionar de manera lógica un conflicto, recordar dónde hemos dejado las llaves del coche o qué hemos desayunado esta mañana”).

Así que podemos afirmar…¡sin miedo a equivocarnos! (como diría la propia Schulz) que ni siquiera podemos estar seguros de ver lo mismo que otra persona (aún mirando los dos lo mismo), ni de recordar las cosas igual que otras personas que presenciaron lo mismo que nosotros, ni, por supuesto, llegar a las mismas conclusiones.

Pues si esto es así en realidades que se suponen que están ahí fuera para ser miradas, observadas y percibidas por todos… ¡cuanto más para realidades complejas como los problemas humanos!

Así que quizá los interventores sociales o las personas que quieren ayudar a otras deberán contemplar la posibilidad de estar equivocados. O de que la forma en que nosotros vemos el problema de otro no sea la manera en que él mismo lo ve. Porque como ser humano nuestra tendencia es pensar que nosotros no podemos estar equivocados pero el otro sí.

Y es que  Schulz dice algo más…

Lo primero que hacemos por lo general si alguien no está de acuerdo con nosotros es suponer que son ignorantes. Ellos no tienen acceso a la misma información que nosotros y cuando compartamos generosamente esa información con ellos se van a iluminar y se van a sumar a nuestro equipo. Cuando eso no funciona cuando resulta que esa gente tiene los mismos hechos que nosotros y sigue en desacuerdo entonces pasamos a una segunda suposición y es que son todos unos idiotas. Tienen todas las piezas del rompecabezas pero son demasiado imbéciles como para armarlo correctamente. Y cuando eso no funciona cuando resulta que la gente que está en desacuerdo tiene los mismos hechos que nosotros y realmente son bastante inteligentes entonces pasamos a una tercera suposición:saben la verdad y la distorsionan deliberadamente para sus propios fines perversos. Así que esto es una catástrofe.

Este apego a la razón propia nos impide evitar errores cuando es algo absolutamente necesario hacerlo y nos hace tratarnos unos a otros muy mal. Pero, para mí, lo más desconcertante y lo más trágico de esto es que se pierde toda la idea de ser humano

O lo que es lo mismo. Me pides ayuda (o me encargan que te ayude). Yo me hago mi composición de lugar sobre ti  y tu problema. No soporto o contemplo la posibilidad de estar equivocado (es mi tendencia natural como ser humano – según Schulz). Por tanto si tu no ves tu problema como yo debe ser porque te falta información (estás dentro del problema y no lo puedes ver todo). Si después de que te he dado los datos desde fuera sigues sin verlo es porque no tienes mi misma capacidad intelectual. Y si por lo que sea me demuestras ser inteligente pero no aceptas mi criterio es porque en realidad eres una persona perversa que pide o acepta ayuda pero en realidad no quiere salir de su problema.

Al final de este proceso lo que hemos conseguido convertir un “usuario” en un ignorante, un imbécil o una mala persona.

Quizá lo anterior sea una caricatura pero quizá no sea tan distante de conceptos como “resistencia al cambio” o de profesionales que no pueden (podemos) de dejar de ver la realidad desde nuestro modelo o modelos teóricos.

No pretendo decir que los modelos no sean necesarios. No pretendo decir que no haya personas ignorantes de por qué les pasa lo que les pasa. No digo que no haya personas que teniendo la información no sean capaces de ver con lucidez su problema. Y no niego que haya personas que saquen una ganancia secundaria de su problema.

Pero mantengo que como profesional de la intervención social o clínica he tenido que aprender a decir cuando se me pregunta porque pasa lo que pasa: “No lo sé”. Es algo que no me enseñaron en la facultad.

Así que me sumo a la propuesta de Kathryn Schulz cuando dice que podemos ayudar a los demás (al mundo en general) más cuando seamos capaces de decir a menudo: ¡Qué sé yo!¡Quizá esté equivocado!

El gorila invisible - CHRISTOPHER CHABRIS - DANIEL SIMONSLas trampas de la mente

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Hemos terminado un curso sobre resiliencia con un grupo maravilloso de educadoras (y algún educador) de centros de protección y de reforma.

Nos propusimos intentar construir un modelo de centro basado en las condiciones necesarias para posibilitar la resiliencia: disposición de recursos externos; adquisición de recursos internos y significado o sentido.

Me estrujo la cabeza para ir proponiendo una serie de principios, estrategias o técnicas congruentes con lo que vamos viendo en clase. (Cuando pueda recoger las aportaciones que me han hecho el último día lo colgaré en el blog)

Cuando llego al punto del apoyo emocional se me ocurre una técnica basada en un libro que he conocido recientemente. Se llama “El efecto Checklist. Cómo una simple lista elimina errores y salva vidas” (ver reseña en editorial). Está escrito por el cirujano norteamericano, de origen indio, Atul Gawande.

En el extracto del mismo podemos leer:

“La lista de comprobación (o "checklist") ha hecho posible algunas de las actividades más difíciles realizadas por los seres humanos, desde pilotar aviones a construir rascacielos de una sofisticación inconcebible. Basándose en su propia experiencia, Atul Gawande nos enseña cómo la aplicación de esta idea al universo inmensamente variado y complejo de la cirugía dio lugar a una lista de comprobación de noventa segundos que redujo los fallecimientos y las complicaciones, en más de un tercio, en ocho El efecto Checklist Cómo una simple lista elimina errores y salva vidas de Atul Gawandehospitales de todo el mundo, sin prácticamente ningún coste y para casi cualquier tipo de intervención.

A lo largo de unos relatos fascinantes, Gawande nos lleva desde Austria, donde una lista de comprobación salvó la vida de una niña que había estado media hora bajo el agua, hasta Michigan, donde una lista de comprobación de higiene en las UCIs prácticamente erradicó una letal infección hospitalaria, y de ahí a la cabina de un avión que estuvo a punto de estrellarse. Por el camino, nos muestra lo que son capaces de hacer las listas de comprobación, lo que no pueden hacer y cómo pueden ocasionar tremendas mejoras en ámbitos muy alejados de la medicina, que van desde la seguridad nacional a la banca de negocios, pasando por todo tipo de profesiones y negocios.”

Cuando en el curso llegamos a la parte en que analizamos en qué consiste el apoyo emocional, y con lo anterior en la cabeza, se me ocurre proponer un lista de comprobación para educadores de centro. Quizá las listas de comprobación también sean necesarias en la intervención social.

Podría ser una lista de comprobación para cada educador. En el eje vertical figurarían los nombres de sus educandos y en el eje horizontal se apuntarían, una tras una, las próximas semanas. El educador o educadora deberá poner una cruz cada ver “que le muestre interés a un o una menor por él o ella”. El objetivo es que en cada semana haya expresado su interés particular por cada uno de sus educandos.

Que una cosa no sea espontánea no quiere decir que no sea sincera o legítima. Mucha gente normal se apunta los cumpleaños de sus familiares y conocidos para acordarse de felicitarles y no por eso es menos es sincero al desearles feliz día.

Todo esto hubiera quedado en una idea que yo mismo habría olvidado si al acabar el curso no les hubiera pedido que compartieran con los demás un momento especial en su trabajo en el que se habían sentido profundamente satisfechos de la interacción con alguno o alguna de sus menores. Varias anécdotas reflejan que hay interacciones personales puntuales que parecen producir un efecto reconfortante, incluso terapéutico. A veces en los menores, a veces en los profesionales.

No es aquí el lugar donde recogerlas (a ver si se animan ellas y ellos y me las mandan) pero, en agradecimiento a este estupendo grupo y con admiración por su trabajo, les cuento una que ocurrió ayer:

Juan tiene 10 años y es un menor muy carenciado afectivamente. Lleva una semana en el centro de protección. Su educadora pelea cada coche con él para que cene pues sus hábitos alimenticios son nulos. Ayer tras una hora de “rifi-rafe” se dirige al menor y le dice algo así como: “Pero Juan… ¿por qué crees que quiero yo que te acabes la cena?” Y cuando el menor le presta atención añade: “Porque me importas….” Juan se pone a comer… y a llorar. Probablemente le nutrieron más las palabras de su educadora que la cena de esa noche.

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En su maravillosos libro “La paradoja del tiempo. La nueva psicología del tiempo” sus autores Philip Zimbardo y John Boyd (Editorial Paidós) nos invitan a tomar conciencia de la perspectiva temporal predominante que cada uno de nosotros o de los demás tenemos o tienen. Es un libro entretenido que nos planteará cuestiones como las que se recogen en su sinopsis:

¿El olor de unas galletas recién hechas le retrotraen a la infancia? ¿Cree que en su mundo nunca va a cambiar nada? ¿Cree que el presente lo inclParadoja de tiempouye todo y que el pasado y el futuro son meras abstracciones? ¿Lleva reloj, controla sus gastos y hace listas de tarea cada día? ¿Cree que la vida en la tierra sólo es una preparación para otra vida tras la muerte? ¿Piensa una y otra vez sobre sus relaciones fallidas?¿Es el alma de las fiestas, siempre llega tarde, siempre está riendo y siempre está sin blanca? Estas preguntas representan las siete maneras más habituales de relacionarse con el tiempo, que llevadas a su extremo ofrecen tantas ventajas como riesgos. En La paradoja del tiempo, los doctores Zimbardo y Boyd parten de treinta años de estudios innovadores para revelar, por primera vez, cómo influye nuestra perspectiva temporal en nuestra vida y cómo influye el mundo que nos rodea en dicha perspectiva. La paradoja del tiempo es un plan práctico para optimizar nuestra combinación personal de perspectivas temporales con el fin de aprovechar al máximo cada minuto de nuestra vida personal y profesional, además de ofrecer un análisis fascinante del poder y las paradojas del tiempo en el mundo moderno.

Todo quedaría en un libro más, escrito por psicólogos serios navegando en el más rentable mundo de los libros de divulgación yo casi de autoayuda. Pero no es así. Lo que los autores plantean tiene un trasfondo muy profundo, que muchas veces ha sido y es obviado por los interventores sociales.

El hombre es ante todo un “ser temporal”. A diferencia de perros, gatos, ballenas o, por ejemplo, mis queridas cebras (quien me ha escuchado alguna vez probablemente sepa a que me refiero – queda pendiente de una entrada).

Hay personas que viven el presente en función del pasado. Otras viven el presente en función del futuro. Otras viven el presente sin tener en cuenta ni el pasado ni el futuro (para bien o para mal). Y este balance, que probablemente es una tendencia más o menos estables, puede verse trastocado también en todo momento por el impacto de un acontecimiento determinado.

Pero no solo las personas. También, por ejemplo las escuelas terapéuticas tienen su orientación temporal. El psicoanálisis da especial importancia al pasado. El conductismo, al presente. En la terapia breve el presente se proyecta claramente al futuro…

Y que decir del fenómeno de la resiliencia en la que uno de sus pilares es que la víctima de la adversidad pueda adoptar una PERSPECTIVA HISTÓRICA que le permita ver lo vivido (pasado) en función del futuro.

Y… ¿qué más decir?… ¡Si este blog se llama “Diseñando pasados, recordando futuros”! Cuando elegí este titulo (abreviado en “disparefuturo”) no había leído el libro de Zimbardo y Boyd. Me basaba en una intuición y en diversas lecturas (sobre todo de terapia breve) que me hacían pensar que el futuro se puede, digamos, recordar y que el pasado se puede diseñar.

Ahora sé que no estoy loco.

(Ubicación en el Blog-rrador: 10.b.)

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Hace tres años leí un libro que me impacto. Se llama “PEGAR Y PEGAR”. Escrito por Chip Heath y Dan Heath (LID Ediciones). Lo que sigue es parte del resumen publicitario del mismo:Pegar y pegar

“Edición en castellano de una de las obras situadas entre primeros puestos de la lista de los libros más vendidos de Business Week, Wall Street Journal y New York Times. Traducido a más de 25 idiomas. Los autores revelan la anatomía de las ideas que pegan y explican el camino para comunicarlas de otra forma y hacer que impacten y se recuerden para siempre. Provocativo, de amplias miras y divertido, Pegar y pegar muestra los principios vitales de las ideas ganadoras y describen seis claves concretas para hacer que nuestros mensajes sean pegadizos. Ilustrado con ejemplos de sectores muy diversos: negocios, educación o movimientos sociales. Dirigido no sólo a los profesionales del marketing, creativos, ejecutivos de cuentas del mundo de la publicidad, directores de comunicación y directivos en general, sino también a un público amplio que quiere comunicar de manera efectiva y hacer que sus mensajes lleguen y se adhieran.”

Por mi parte solo puedo que ratificar todo lo anterior. Para mi no hay un manual mejor si lo que se quiere es que una idea no sea olvidada nada al ser transmitida. Es un libro de obligada relectura.

Así que cuando, por casualidad descubrí un nuevo libro de los hermanos Heath traducido al castellano no pude más que comprarlo.  De nuevo (y aunque aún lo estoy leyendo) ya puedo decir que no me ha decepcionado.

“CAMBIA EL CHIP. CÓMO AFRONTAR CAMBIOS QUE PARECEN IMPOSIBLES”, en la editorial Gestión 2000, encierra toda una teoría del cambio aplicable a muy diversos contextos. Todo interventor social debería conocerlo y tener en cuenta sus propuestas. No digo más. Esta es su sinopsis.

“Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Éste es uno de nuestros dichos más populares. ¿Padecemos una resistencia natural al cambio? ¿Por qué nos oponemos a cualquier modificación de nuestra rutina diaria, de nuestros hábitos y costumbres?
Lo cierto es que, a pcambia-el-chip_9788498750867esar de que a lo largo de nuestra vida aceptamos cambios cruciales, tales como el matrimonio, los hijos, la incorporación a las nuevas tecnologías o los desafíos de nuevos empleos, algunos hábitos nos resultan innegociables y, por más que queramos, no conseguimos erradicarlos.
En resumen, hay cambios fáciles y cambios extremadamente difíciles: ¿en qué se diferencian? Los psicólogos han demostrado que existen dos mecanismos distintos de toma de decisiones en nuestro cerebro: el racional y el emocional. El primero es lógico, estratégico, reflexivo, y el segundo es intuitivo e impulsivo. Uno quiere un cuerpo escultural y aprovechar el tiempo para aprender idiomas, y el otro quiere comerse una tarta y ver un rato la televisión. El racional se opone con firmeza a cualquier cambio en la rutina, el emocional ansía tener siempre nuevos retos.
Chip Heath y su hermano Dan, dos reconocidos especialistas en comportamiento organizacional, nos explican cómo alinear estos dos mecanismos cerebrales, ambos igual de importantes para que, tras nuestros infructuosos intentos, los cambios nos sean más placenteros y obtengamos mejores resultados de ellos.
Con un estilo ameno y agradable y con una sólida exposición argumental, los autores nos resumen décadas de investigación en psicología, sociología y otras disciplinas científicas para explicarnos cómo podemos efectuar un cambio transformador en nuestras vidas. Si llevas tiempo intentando cambiar de hábitos sin conseguirlo, éste libro se convertirá en tu mejor aliado y compañero de ruta.

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La intervención social es una forma de relación de ayuda planificada.

En ocasiones alguien solicita ayuda a alguien (persona o institución) que se supone que tiene el encargo y la preparación para ayudar en un determinado problema.

En otras ocasiones es una institución la que exige a alguien que cambie por algún motivo (legal o social)-

Tanto en un caso como en otro el interventor intentará mejorar, cambiar o solucionar la situación de la persona o personas necesitadas de ayuda. Para ello diseñará un plan de intervención y lo llevará a cabo.

Sin embargo estos planes no suelen tener una teoría del cambio que lo avalen. Y si lo tienen es una teoría implícita pero que no necesariamente está avalada por estudios. Por ejemplo, si tras ejecutarse la intervención o intervenciones el cambio no se produce es muy fácil que se apele al fenómeno de la “resistencia al cambio”. Pero la resistencia al cambio es una categoría muy cuestionable.

Sorprende que los intentos de desarrollo de teorías del cambio en si mismo se limiten (según mi conocimiento) a ciertas corrientes de la terapia (contexto clínico),  de los negocios (contexto empresarial) o de la psicología organizacional. Pero apenas nada desde el trabajo social, la educación social o la psicología en el contexto de los servicios sociales.

Así que en un blog sobre la relación de ayuda tendremos que abrir las puertas o ventanas a documentos o libros que pueden ayudarnos a provocar cambios en nosotros mismos, en los demás o en las organizaciones.

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