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Archive for the ‘Cruzando el umbral digital’ Category

Las ventajas que nos da cruzar el umbral digital (asomarnos a Internet, por ejemplo) son innumerables. Durante la mayor parte de mi vida para mí sólo han existido los libros que las editoriales españolas, o de países de habla hispana, tenían a bien publicar. El resto simplemente no existía y sólo podía llegar a conocerlo por alguna reseña en prensa, radio o televisión.

Ahora sin embargo puedo: conocer lo que se publica en todo el mundo; rastrear lo que ha publicado cualquier autor o autora; ver, en muchas ocasiones, conferencias suyas subtituladas e incluso conocer si una editorial española va a traducir alguna de sus obras.

Es lo que me ha pasado con Jon Ronson, periodista y escritor de libros como “Los hombres que miraban fijamente a las cabras” o “El test de la psicopatía” (en España “¿Es usted un psicópata?”) publicadas ambas en Ediciones B Este último me gustó y divirtió tanto que hace poco volví a cruzar el umbral y descubrí que en Reino Unido había publicado recientemente “So you’ve been publicly shamed“. Así que mandé un email a Ediciones B y muy amablemente me informaron que el próximo mes de noviembre lo publicarán con el título de Humillaciones en la red.

Paradójicamente lo positivo del mundo digital me ha permitido llegar a un libro sobre cómo una metedura de pata en ese mismo mundo puede desencadenar un linchamiento digital de tal calibre que acabará saltando al mundo offline. Con consecuencias reales como, por ejemplo, la depresión, perder el trabajo, el suicidio…

También conocemos todos casos en la otra dirección. Una metedura de pata en la vida offline puede saltar al mundo online de forma que en pocas horas todo el mundo esté opinando y juzgando lo ocurrido sin oportunidad de defensa o justificación.

Es el caso de, por ejemplo, Monica Lewinsky quien en una charla TED nos habla de “El precio de la humillación

(Si prefieres leerla entra aquí y selecciona Spanish en View Interactive Transcript)

No sólo se limita a su experiencia sino también cita otros casos y analiza lo que ella llama “el mercado de la humillación”. He aquí un párrafo de su intervención:

Esta invasión de los demás -se refiere a los ataques de hackers a empresas como Snapchat, Sony, Ashley Madison, etc y que dejan al descubierto información privada de los usuarios – es una materia prima, aprovechada eficientemente y sin piedad, empaquetada y vendida por beneficio. Ha surgido un mercado en el que la humillación pública es un producto y la vergüenza es una industria. ¿Cómo se hace el dinero? Clics. A mayor vergüenza, más clics. A más clics, más dólares de publicidad. Estamos en un ciclo peligroso. Cuanto más clics damos a este tipo de chismes, más insensibles nos hacemos a las vidas humanas detrás de los clics, y cuanto más insensibles nos hacemos, más clics hacemos. Al tiempo, alguien está haciendo dinero entre bambalinas a costa del sufrimiento de otra persona. Con cada clic, hacemos una elección.

Curiosamente la charla de Monica Lewinsky y la de Jon Ronson (también en TED y que sintetiza la idea principal de su libro) tienen varias ideas en común.

No sólo que alguien acaba ingresando dinero a medida que gente es ajusticiada en la red, sino también que una herramienta – Internet – que sirvió en un principio (y aún sirve) para darnos voz para limitar el poder de los poderosos, privilegiados e intransigentes nos da también poder para hacer precisamente aquello que criticamos.

¿Que comportamiento humano te parece más reprobable y hasta qué punto?

A.- Una periodista húngara le pone una zancadilla a un refugiado sirio con un niño en brazos

B.- Un tipo al ver el vídeo de A. se siente indignado y le manda a esa periodista el siguiente tweet: “Hija de Puta, ójala te arrincone un grupo de refugiados, te violen y te den una paliza hasta que te mueras

En todo caso la realidad es que la periodista acabó despedida pero los miles de tuiteros que le desearon lo peor (y por ser mujer, lo peor de lo peor) siguen su vida como si nada hubiera pasado.

Podrás argumentar que también Internet facilitó que al refugiado sirio y a su hijo alguien le ofreciera un trabajo y casa en España. Es cierto. Las herramientas no son ni buenas ni malas sino que se usan para cosas buenas o malas.

Por eso mismo el tema no es si el mundo digital es bueno o malo, sino si las relaciones humanas en él siguen las mismas pautas que en el mundo real.

Y en este sentido creo que son clave las palabras finales de Jon Ronson en su charla TED:

Tal vez hay dos tipos de personas en el mundo: aquellas que favorecen a los seres humanos sobre la ideología, y aquellas que favorecen a la ideología sobre el ser humano. Estoy a favor del ser humano sobre la ideología, pero en este momento, los ideólogos están ganando, y crean un escenario de dramas constantes muy artificiales donde todo el mundo es o un magnífico héroe o un villano repugnante, aunque eso no es la verdad de nuestros congéneres humanos. Lo que es cierto es que somos listos y tontos; lo que es cierto es que estamos en zonas grises. Lo genial de los medios sociales es cómo dieron voz a las personas sin voz, pero ahora estamos creando una sociedad de la vigilancia, donde la forma más inteligente de sobrevivir es volver a no tener voz. No hagamos eso.

Intuyo que antes de La Red los ideólogos eran los ideólogos profesionales: los políticos, los dirigentes, los líderes… Pero me parece que la red potencia o facilita que surja el ideólogo que hay en cada uno de nosotros.

¿No estoy yo escribiendo este post para transmitir “mis ideas”? Y tú, que probablemente no me conozcas personalmente, las catalogarás como interesantes, sugerentes, etc o, por el contrario, como pura bazofia. Y en función de ello decirás que continúe o no tu relación conmigo (seguir entrando o no en el blog)

Creo que volveré en otro post sobre lo de los “ideólogos” que llevamos dentro y cómo en las redes sociales virtuales se desenvuelven de maravilla (mucho mejor que en las redes sociales “presenciales”)

Pero de momento sólo quiero recomendar el libro de Ronson (si pudiera obligar a mis hijos a leerlo, lo haría) puesto que su charla TED (en Youtube titulada “Cómo un sólo tweet puede arruinar tu vida“) me parece imprescindible para saber lo que nos jugamos al cruzar el umbral digital. Nos jugamos acabar siendo linchados si colgamos algo desafortunado.

Pero también, y no sé si es peor, nos jugamos descubrir un día que nos hemos convertido, sin darnos cuenta, en un verdugo.

(Puedes leerla si entras aquí)

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(Hago una paradita en la serie sobre el libro de Bill O´Hanlon sobre la depresión simplemente para no deprimirme o para no aburrir demasiado. Para ello retomo otra serie)

Hace unos meses, en España, y tras las elecciones autonómicas y municipales, asistimos a un curioso fenómeno sociológico. Decenas de nuevos cargos electos se lanzaban a las calles virtuales, cual patos despavoridos, en busca de alguna empresa que rápida y eficazmente (no es posible) limpiara de Internet toda aquel comentario que él o ella hubiera podido hacer en la red y pudiera, al ser mal o bien interpretado, costarle el puesto, como al Señor Zapata.

Para quien no viva en España, el Señor Zapata es un joven que renunció al puesto de Concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid al salir a la luz unos antiguos whatsapps suyos con chistes que podían herir la sensibilidad de algunos colectivos o incluso personas concretas.

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Estoy seguro que todos, en espacios de intimidad, hemos contado chistes “políticamente incorrectos” sin que nos haya costado nuestro trabajo o la ruptura de relaciones. ¿Por qué? Porque en los contextos humanos podemos medir lo que se puede decir y lo que no. Podemos así saber que nuestros interlocutores nos conocen lo suficiente para diferenciar el chiste de nuestras propias ideas o actitudes y no catalogarlo de racismo, machismo, o cualquier otro -ismo. O por el contrario podríamos saber que nuestros interlocutores son más -ismos que nosotros m-ismos.

De hecho el Señor Zapata alegó que los chistes estaban en el contexto de un debate intelectual sobre los límites del humor y que se habían sacado del mismo. Estoy seguro que fue así (aunque no le hubiera costada nada enseñar el resto del debate)

Pero el Señor Zapata que, a pesar de su juventud, no creo que sea un verdadero nativo digital, la cagó, a mi modesto entender, con el argumento. ¡Zapata en Internet no hay contexto que valga!

Si una cosa debemos aprender, para cruzar el umbral digital sin riesgos, es que los contextos desaparecen en el mundo online. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que el contexto se sustenta sobre una dimensión temporal y otra dimensión espacial (qué es lo que he dicho o hecho en aquel lugar aquel día)  Y en Internet no hay tiempo ni espacio que valga.

Este mismo post es un ejemplo. He tenido que contextualizarlo (con la nota del principio; con el vínculo con otro post más adelante y con la referencia a una serie) porque probablemente tu seas un o una lectora fortuita que has aterrizado en él vete tú a saber desde dónde, por qué y cuándo. De poco me servirá el contexto si algo de lo que escribo te ofende, te indigna o molesta.

A mi todo esto me recuerda el fenómeno de los tatuajes. Hace unos años empezaron a ponerse de moda y pasaron de ser una manifestación de marginalidad a casi, casi, una manifestación de “glamour” (es decir, pasaron de un margen al otro)

Pero lo más divertido es que ahora empiezan a proliferar los negocios que ofrecen “borrar tatuajes” pues resulta que Rosita o Juanito ya no es el amor de mi vida; que llevar una cruz tatuada en algún país árabe es un deporte de riesgo o que en el convento al que ahora quiero ingresar no miran con agrado el signo satánico de mi cuello.

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Hacerme un tatuaje no neutro significa desconocer la llamada Ilusión del Fin de la Historia y que ya he explicado en otro post.

Esta Ilusión – y me traigo dos párrafos de aquel post – “es la que hace que seamos capaces de reconocer lo que hemos cambiado en los últimos años pero, inexplicablemente, ser incapaces de pronosticar que vamos a seguir cambiando. En cada momento de nuestra vida vivimos pensando que ya no vamos a cambiar más. Por eso la gente se jura amor eterno, por eso se hipoteca, por eso… (…) Pero los estudios de Dan Gilbert (en aquel post tienes un charla en TED sobre el tema)  demuestran que no sólo cambiamos de gustos, de aficiones, etc. sino que hasta la forma de ser, medida con test de personalidad, cambia.

Y esto, para colmo, no nos cuesta reconocerlo en los demás. Todos podemos conocer a alguien que de joven estaba posicionado en una determinada ideología política y en su madurez, sin embargo, milita en un partido en el otro extremo del espectro político. O conocemos a algún converso religioso. O a vegetarianos radicales que meses antes disfrutaban de todo tipo de hamburguesas, filetes o pescados.

Sin embargo ¿Cambiar yo? ¡Ni pensarlo!¡Yo soy el que soy! (frase, por cierto, atribuida en el judeocristianismo al mismísimo Dios)

Antes eran algunos tatuajes los que nos servían para ejemplificar los resultados hilarantes de la Ilusión del Fin de la Historia (me encantaría saber qué ha pasado con la pareja de la foto de arriba) pero ahora todos tenemos una segunda piel, una piel no formada de células sino de bits, de ceros y unos, una piel analógica.

Antes algunas cosas puntuales de tu vida las podías tatuar en tu piel. Ahora gran parte de tu vida es la que queda tatuada en la red. Algunas no dependerán de ti (sentencias, multas, puestos, premios …) pero otras muchas sí. Ten cuidado.

De nada te servirá alegar el contexto.

(Iba a darle a Publicar pero mejor lo dejo y mañana le doy otra vuelta. Por si acaso)

Hoy es mañana.

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The Technological Post; Mayo 2015

“La empresa Emotional Networking ha anunciado la inminente puesta a la venta de un dispositivo asociado al ordenador personal con el fin de que éste detecte el estado emocional del usuario o usuaria y, en su caso, bloquee, sin el consentimiento de éste o ésta, algunas funciones del sistema, especialmente las relacionadas con el acceso a Internet.

De esta manera si la persona, conectada al dispositivo mediante electrodos adheridos a uno de sus dedos o muñeca, presenta valores fisiológicos indicativos de una alteración emocional muy significativa, cuando intente enviar un correo electrónico, publicar un comentario en Facebook, Google Plus, etc o cualquier tipo de envío de datos u orden de compra, el sistema bloqueará el mismo y, opcionalmente, apagará el ordenador. En todo caso lo único que podrá hacer la persona conectada al dispositivo es esperar a que sus variables fisiológicas bajen a valores normales y permanezcan en los mismos en un tiempo mínimo de 10 minutos. Sólo entonces el puntero del ratón o la tecla Intro podrán realizar la acción de envío de datos”

El dispositivo, que consta simplemente del cable USB-Sensores de Biofeedback y del software necesario, una vez instalado modifica el sistema operativo del ordenador de forma que no pueda ser eliminado a excepción de conocimientos avanzados de informática. A partir de la instalación el ordenador sólo se encenderá si detecta variables fisiológicas como el pulso o la conductividad de la piel.

Gary Eagleman, Vicepresidente de Emotional Networking, reconoció en la presentación del dispositivo, que se comercializará como “Internet Key”, que la idea para su desarrollo fue casual. Hace unos meses recibieron el encargo de una Asociación de Sexología de desarrollar un dispositivo para que los adictos a la pornografía pudieran usar internet en una fase avanzada de su proceso de rehabilitación. El dispositivo debía bloquear el acceso a internet cuando detectara la excitación del paciente.

Sin embargo cuando el sistema ya estaba en fase avanzada de prueba su principal desarrollador, Steve Gate, tuvo una discusión con el responsable del proyecto y, en un calentón, publicó un comentario en Facebook en el que arremetía contra él haciendo una mención desafortunada a su raza. En los días siguientes recibió miles de comentarios y emails recriminándole su comentario, insultándole o amenazándole. La empresa, que podía haber solucionado el conflicto interno sin mayor dificultad, se vio, sin embargo, obligada a prescindir de sus servicios por una cuestión de imagen. Paradójicamente el creador de un software para no excitarse fue víctima de su propia excitación aunque fuera de otra naturaleza.

A raíz de esta experiencia Emotional Networking decidió desarrollar el nuevo proyecto en una filosofía más amplia. Proteger a las personas de la influencia de lo que ocurre en Internet no se limita a protegerle de lo que puede ver en la red sino también de lo que puede hacer o expresar en ella.

Eagleman ha anunciado que en los próximos meses estará lista la versión para Android. Finalizó la presentación bromeando que siempre se podrá conectar el electrodo a nuestro gato o perro pero recordó que los animales también se alteran  y que además habrá que depilarles”

La noticia que acabas de leer no es verdadera. No puedo afirmar que no exista algún dispositivo semejante o parecido pero yo lo desconozco. Pero lo que sí puedo afirmar es que me la he inventado.

Con este pequeño artificio narrativo sólo pretendo introducir una idea: el acceso a Internet y las nuevas tecnologías de comunicación no son ya una simple y potente herramienta de acceso a la información, la cual, como toda información, puede ser más o menos beneficiosa para el receptor de la misma. Las redes sociales, WhatsApp, los SMS, el correo electrónico… lo han convertido también en un modo de información sobre mí al mundo entero. Para lo bueno pero también para lo malo.

Además no es sólo un escaparate donde me doy a conocer (a veces intencionadamente y a veces sin intención) sino un espacio donde se producen verdaderas interacciones humanas con todas sus consecuencias. Y no me refiero a las ya habituales anécdotas como enviar un whatsapp a la persona equivocada, o decir que estoy en un lugar cuando mi móvil dice que estoy en otro; o ser invitado a dar un curso o charla por gente que no me conoce en persona; etc. Me refiero a cosas mucho más dramáticas como ser acosado, abusado, robado, despedido o insultado por algo que he dicho, he hecho, o se cuenta de mi en Internet. Justo esta mañana he escuchado que en Bangladesh un bloguero ha sido asesinado a machetazos de cuatro individuos por mantener una posición crítica frente al yihadismo.

Y si la premisa es válida (Internet, el ciberespacio, el mundo virtual o cómo queramos llamarlo es un escenario donde los humanos interactuamos los unos con los otros) ¿no deberíamos profundizar en cómo son las relaciones humanas en la comunicación digital? ¿siguen las mismas reglas y tienen los mismos efectos que las relaciones cara a cara o las relaciones presenciales?

Parece evidente que nadie se comporta exactamente igual en su ámbito doméstico que en el ámbito público. A todos nos han enseñado a adaptar nuestro comportamiento, en mayor o menor medida, al contexto o entorno en el que nos encontramos. Todos los padres y madres advertimos a nuestros hijos de ciertas cosas que pueden pasarles fuera de casa y como evitarlas o actuar ante ellas.

Pero ¿nos han enseñado lo mismo sobre el comportamiento humano en el terreno digital? A mi, al menos, no (excepto a poner buenas contraseñas y protegerme de piratas y hackers) Es, ahora a mis 54 añitos, cuando me voy dando cuenta de que las relaciones humanas en Internet también son humanas pero no exactamente iguales. Y que las consecuencias de mis acciones en la red no las puedo medir con los mismos parámetros que en casa, en la calle, en el trabajo… Cada vez que cruzo más allá del umbral digital pueden pasar cosas distintas a las situaciones equivalentes en la parta del más acá.

Y como intuyo que el tema tiene muchas ramas sirva este post para introducir una posible serie en la que de momento se me ocurre…:

– ¿Tiene sentido seguir hablando de real-virtual? ¿no puede llevarnos esto a confusión?

– ¿Que cambia en el mundo digital para que no podamos usar ciertas referencias sobre el comportamiento social habitual?

– ¿Qué consecuencias tiene todo esto para la educación de las nuevas generaciones? ¿Deberemos ir más allá del simple vigilar el tiempo en Internet y lo que ven nuestros hijos?

– ¿Cómo funcionan las emociones en la red? Y si en las interacciones humanas las palabras son “trozos de afecto que a veces llevan algo de información” (Boris Cyrulnik) ¿ocurre lo mismo en Internet?

– ¿Cómo afecta la red a nuestra reputación?

– ¿Ha quedado obsoleta la frase, también de Cyrulnik, de que “cultura es aquello que cambia cada 10 años y cada 10 kilómetros“?

– ¿Qué implicaciones tiene todo lo anterior para la relación de ayuda en la red?

Iremos pensando.

EPILOGO

Son las 21´30. La tele está puesta y acaban de dar la noticia de la detención de las dos personas que imprimieron y repartieron por los buzones de Casarrubueloslas (Madrid) conversaciones de WhatsApp de un grupo de profesores del colegio Tomé y Orgaz que provocó, entre otras cosas, la indignación de los padres y la destitución de la directora. Se les imputa un delito de revelación de secretos y les pueden imponer una pena de 1 a 4 años de cárcel.

No entraré a discutir si una conversación en un grupo de WhatsApps es un secreto o si la cosa tiene más o menos importancia. Lo que sé es que mucho de lo que se dijo en ese grupo quedará en Internet por los siglos de los siglos.

No diré “¡Así sea!” pero sí “¡Así es!

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