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Archive for the ‘Los Niños Perdidos’ Category

Ayer por la tarde tuve la oportunidad de dirigirme a un grupo de profesionales del ámbito educativo para abordar el tema de “emociones y resiliencia” en el marco de un curso organizado por un Centro de Formación del profesorado.

En un error impropio de mis horas acumuladas en este tipo de cosas me presente con materia no para tres horas sino para seis. Salí con ganas de pegarme un tiro en la autoestima para no verla sufrir.

Pero, gracias a Dios o a los organizadores, el curso dispone de una plataforma on-line donde los docentes podemos abrir un foro para tratar aspectos concretos o facilitar la participación.

Así que he redactado un síntesis de lo que planteé o quisiera haber planteado en la esperanza de que si lo leen consigan centrar lo que, algo caóticamente, quise comunicar.

Pero igual que ellos tienen la plataforma “yo tengo un blog” así que he pensado que no les importará que publique en él estas reflexiones a modo de conclusiones. Ellos podrán comentarlas allí y, si te apetece, puedes aportar cualquier comentario, como siempre, aquí.

1. Existe evidencia científica de cómo la negligencia y el maltrato infantil provocan alteraciones concretas en los niños que la sufren. Ya era conocido por la psicología como estos niños desarrollan patrones vinculares evitativos (“niños post-it”) y ambivalentes (“niños on-off”) que condicionarán (no determinarán) en mayor o menor grado sus relaciones interpersonales futuras.

2. Pero además en la actualidad las neurociencias han comprobado que debido a las emociones negativas continuadas en situaciones de total incertidumbre, similares al estrés adulto, se liberan en exceso sustancias adaptativas para la respuesta inmediata pero que dañan de diversas formas el cerebro del niño, comprometiendo seriamente su capacidad de aprendizaje aunque su nivel de inteligencia general sea normal. Podría hablarse, casi en sentido literal, de “malformaciones psíquicas”. Podemos afirmar así que hay “emociones que matan”.

3. Aunque estos niños sean protegidos colocándolos en otros contextos familiares o residenciales sus dificultades (poco conocidas por la población en general) pueden ser confundidas en el aula con otro tipo de problemas: falta de motivación o de trabajo. Esto aumenta exponencialmente la probabilidad de entrar así en una dinámica que lleve a lo que se ha denominado en ocasiones “déficit cognitivo acumulativo”. Y el entorno escolar se convierte así en una réplica del entorno familiar de origen donde no se atendían adecuadamente las necesidades del niño o niña, y en definitiva, en un nuevo contexto donde predominarán para él las emociones negativas.

4. Sin embargo, siendo consciente de lo anterior, el o la profesional de la enseñanza puede conseguir un “cambio de mirada” sobre el alumno y plantearse como objetivo primordial contribuir a la resiliencia del mismo. Entendiendo la resiliencia no necesariamente como una superación de sus dificultades de aprendizaje, sino como un nuevo desarrollo positivo para él y los que le rodean “a pesar de sus dificultades”. Se puede afirmar también que hay también “emociones que curan” y que, en la medida que el niño o niña reciba más emociones positivas, estará en mejores condiciones para que les ayudemos, con los recursos psicopedagógicos necesarios, a progresar también en el aprendizaje.

5. Desde este punto de vista podemos plantear o desear que el aula llegue a ser para ellos (y, de paso, para todos los alumnos) un “contexto curativo” y no un nuevo “contexto traumatizante”. Para ello es importante reflexionar como introducir “lo emotivo” en el aula de una forma natural y compatible con las exigencias formales del sistema educativo vigente.

6. Con independencia de que lo anterior sea posible o no, más fácil o más difícil, tampoco puede obviarse el hecho de que pueden surgir en el entorno escolar lo que se denomina “tutores de resiliencia”. Es decir una persona, interés, afición, habilidad, etc que se convierte para el niño con graves problemas socio-familiares y de aprendizaje en una especie de eje motivacional que le impulsa hacia un desarrollo positivo o crecimiento satisfactorio para él o ella y los demás.

7. Los estudios sobre resiliencia parecen apuntar a que los tutores de resiliencia “surgen”. No se pueden programar. Sin embargo eso no significa que no se puedan hacer cosas concretas para que, en un determinado contexto como por ejemplo el aula, aumenten las probabilidades de que distintos y numerosos potenciales tutores surjan.

8. Ya sería bastante que el docente pudiera estar atento a qué cosas hacen que brillen los ojos de ese niño o niña, pues como expresa Carmen Pellicer “un buen profesor o profesora es aquel o aquella que dibuja posibilidades para sus alumnos y alumnas”. Incluso para aquellos que el cortisol del estrés ha arrasado sus neuronas y ha impedido la mielinización de sus sinapsis neuronales.

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¿Alguna vez…

… has estado tan nervioso o nerviosa que no te has podido concentrar en una tarea intelectual (leer, calcular, escribir…)?

… has estado tan preocupado o preocupada, por algo que te ha ocurrido con alguien,  que todo lo demás ha pasado a segundo plano?

… has tenido tanta rabia que has dejado de hacer las cosas que tendrías que haber hecho?

Pepa

Tiene 11 años y le encantan los niños pequeños. Le encantaría ser educadora infantil en una guardería. Quizá sea porque lo hace muy bien.  Lleva muchos años cuidando de sus hermanos más pequeños (ahora tiene tres) y sabe que lo hace bien. Incluso mejor que su madre.

Su madre tiene problemas con el alcohol (y muchos conflictos con mucha gente) y Pepa sabe perfectamente que, cuando su madre beba, va a estar “fuera de juego”. Sabe que, cuando su madre pasa del primer tetrabrick de vino, ella va a ser la que tenga que hacer la cena de sus hermanos. Ese día, casi seguro, no podrá hacer los deberes.

– ¿Qué curso estudias, Pepa? Has repetido un curso ¿no?

Sí, estoy en 6º pero llevo libros de 3º. Me cuesta aprender… ¿esto se pasa?  (en tono de tristeza y cansancio)

Sí, Pepa. Se puede pasar si conseguimos que puedas vivir en un sitio seguro y estable. Como tu misma me has dicho ya has pasado por 7 u 8 colegios. No se puede aprender cuando se tiene una vida tan complicada como tú has tenido…  (a Pepa se le humedecen los ojos y se le escapa alguna lágrima)… tu cabeza no puede aprender fácilmente cuando estás pendiente de que tu madre beba o no o de si ahora decide cambiar de ciudad y de pareja. No se puede aprender cuando tienes que estar pendiente de tus hermanos. Y no eres tonta. Te acabo de pasar una prueba. Es cierto. Sale un poco bajita. Para que lo entiendas…. como si tuvieras 10 años en vez de 11 pero eso no es…

Para pensar.

El vino que la madre de Pepa bebe provoca, aunque parezca imposible, dos reacciones químicas distintas en dos cerebros distintos. En el de su madre el alcohol provoca los efectos que todos conocemos y que, en su caso, siempre llevan a inhibir su capacidad de dar respuesta sensible a las necesidades de sus hijos.

Pero también cuando Pepa ve a su madre con una caja o un vaso de vino esto provoca en ella un claro estrés (por mucho que queramos pensar que ya está acostumbrada) que hace que su glándula suprarrenal libere cortisol, una hormona necesaria en ese momento pero cuyos efectos más allá de la situación de estrés van siendo conocidos. Por decirlo a lo bruto, mata neuronas. Por decirlo más suave, lo que nos cuenta la señora Wikipedia, aunque no sea la mejor referencia posible, es:

El cortisol coopera con la epinefrina (adrenalina) para crear recuerdos a corto plazo de acontecimientos emocionales; este es el mecanismo propuesto de almacenamiento de recuerdos “flashbulb”, y pueden originarse como un medio para recordar qué evitar en el futuro. Sin embargo, la exposición al cortisol a largo plazo acarrea daños en células del hipocampo que provocan un aprendizaje dañado.

O lo que es más o menos lo mismo, que el cortisol viene a decirle a la niña: “Ojo, Pepa, fija este recuerdo (tu madre abriendo el tetra-brick) porque es importante para tu supervivencia” pero luego en clase, cuando el profesor explica como se hace, por ejemplo, una “regla de tres” y Pepa intenta entender, el corticol sobrante sigue el tío pesado repitiéndole sin parar “Acuérdate de tu madre bebiendo… Acuérdate de tu madre bebiendo… Acuérdate de tu madre bebiendo…” Muchas veces la voz del cortisol, dando sin parar gritos de alarma, tapa la voz de sus profesores y cuando cree que ha entendido algo va y resulta que no es así.

Por eso  a Pepa, con una inteligencia bajita pero dentro de los parámetros de la normalidad, le costará aprender la “regla de tres” “tres veces más que la regla general”.

Y puesto que alguien le dirá que es torpe o que no se esfuerza,  su autoestima será la misma que la mía en una pista de atletismo.

Ese es el precio que hay que pagar por los chupitos de cortisol que regalan con los bricks de vino de su madre.

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El pasado día 25 de octubre publiqué un post solicitando ayuda para preparar una pequeña intervención en una mesa redonda en unas Jornadas de Formación de la Inspección Educativa en la Comunidad Valenciana.

Pretendía trasladar la inquietud de aquellos que acogemos o trabajamos con niños, niñas y adolescentes con medidas de protección que implican la separación familiar, ante las dificultades habituales que estos tienen a nivel escolar.

Vuelvo a agradecer todos los comentarios que recibió (y sigue recibiendo) el post y es de justicia que comparta lo que en dicha jornada viví y pude comunicar.

Más abajo os dejo el enlace para descargar el pdf de mi pequeña intervención pero antes quisiera contaros que, al llegar al Salón de Grados del Complejo Educativo de Cheste (Valencia) pude disfrutar de gran parte de la intervención de Carmen Pellicer.

No conocía en persona a Carmen (podéis ver una síntesis de su curriculum aquí) y fue para mí un placer escucharla, pues entrelazó un conjunto de datos y planteamientos educativos interesantísimos con un buen puñado de ideas políticamente incorrectas, divertidas y cargadas en mi opinión de un sentido común pasmoso.

Sintetizo a continuación algunas de las ideas que me llamaron especialmente la atención y me hago responsable de la diferencia que seguro que existe entre lo que ella quiso decir y lo que yo os cuento.

Me encantó su claridad para hablar de “buenos y malos profesores o profesoras” y como la tendencia habitual en los colegios es que los malos profesores tengan menos trabajo, las mejores clases, los mejores grupos… (para que no protesten) mientras que los “buenos y buenas profesionales” acaban saturados al cargar a sus espaldas con lo que los primeros no quieren. No es un fenómeno exclusivo de los colegios sino de casi todas las organizaciones pero me encantó oír a una profesional de la educación reivindicar que en los colegios se debe hacer todo lo posible para que los malos profesores estén incómodos y se pidan una baja o se vayan.

Tampoco se cortó a la hora de afirmar que un profesor o profesora debe ser una persona mental o emocionalmente equilibrada. Tan obvio pero tan difícil de decir.

Carmen citó muchos estudios internacionales y entre ellos alguno que indica que la calidad de la relación padres-hijos (creo recordar que medida por el tiempo destinado a hablar, a comunicarse) es uno de los mayores predictores del éxito escolar.

Digo yo que entonces la calidad de la relación profesor/a – alumno/a también quizá sea también mejor predictor del éxito escolar que el uso de nuevas tecnologías, plataformas de comunicación con los padres, adaptaciones curriculares, etc.

Pero la idea más sugerente que me llevé de ella esa mañana fue cuando afirmó que un buen profesor debe ser capaz de “dibujar futuros posibles” para sus alumnos y alumnas.

¿No es eso lo que hacen los tutores de resiliencia? ¿Dibujar futuros posibles? ¿Dar la noticia de algo diferente?

Lo acompañó de una referencia a un director de orquesta (siento no haber pillado el nombre) que al empezar el curso les otorgaba a sus alumnos y alumnas una matrícula de honor. Luego les pedía que escribieran lo que habían hecho en ese curso para ganarse dicha nota.

Espero poder seguir en contacto con Carmen y entonces le pediré la referencia exacta de esta anécdota que me parece muy bien traída (y más a este blog que se llama Diseñando pasados, Recordando futuros)

Al menos es la forma en que a mi me gustaría que se posicionara un maestro o maestra con los niños que viven en centros de menores o con familias de acogida.

Finalmente deciros que compartí mesa redonda con Dolores Tortosa, Trabajadora Social en Servicios Sociales Generales pero desde donde propone y trabaja la parentalidad positiva y con dos directores de centro escolar (uno de ellos ahora inspector también) Los nervios por intervenir el último me impidieron apuntarme sus nombres (les pido disculpas) pero sus intervenciones me resultaron muy interesantes para ver como a veces los colegios y los profesionales de la educación deben trabajar por encima de sus recursos reales si quieren dar respuesta a problemáticas sociales muy complejas.

El texto que os dejo es básicamente el que llevaba redactado con anterioridad. He añadido en otro color algún comentario que pude añadir en la exposición (me apoyé en un powerpoint)

Algunas de las personas que comentasteis en el post anterior veréis reflejado alguna idea o planteamiento que, con vuestro permiso, me apropié para ese día.

Es cierto que aposté por el planteamiento positivo y no por la queja. Me pareció que no era congruente reclamar “una mirada positiva” para nuestros nanos y nanas en el cole y hacerlo con una “mirada fulminante” Hay motivos para la queja, no lo dudo, pero también para la admiración para algunos “buenos y buenas profesoras”.

He añadido en un anexo los comentarios que recibí en el blog (sin mis respuestas).

Podéis usar el documento para lo que estiméis oportuno.

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Suponiendo que trabajes o te relaciones con niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo o desamparo y que vivas en España (preferentemente pero no exclusivamente)…

Imagina que tienes ante ti un auditorio lleno de Inspectores de educación, Directores de colegios o Profesores. No pueden huir. Te pasan un micrófono y tienes entre 30 y 60 segundos para decirles lo que quieras.

Pensando en el interés de los menores con los que trabajas, a los que atiendes  o a los que acoges, has adoptado o cualquier otra cosa que te una a ellos ¿Qué les dirías?

Yo no lo tengo que imaginar. El destino me concede 20 minutos para esto en unas Jornadas educativas el próximo día 31 de octubre en Cheste (Valencia)

Te cedo un trocito de mi tiempo. Si contestas a mi pregunta en un comentario lo tendré en cuenta.

En mi intervención que titularé como este post no podré leer los comentario que me lleguen (quizá alguno) pero me comprometo a antes o después redactar la intervención y añadirlos como un anexo.

Gracias y un saludo.

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¿Alguna vez…

… has sufrido una flagrante injusticia y a nadie ha parecido importarle?

… un ser querido te ha hecho un gran daño y todavía no entiendes el porqué?

… has sufrido una violencia irracional y gratuita?

 

Daniel.

“En internet hay un video en el que salgo sonriendo y muy arreglado. Estoy en el colegio. A algunos niños no les gusta ir al colegio. Para ellos es un infierno. Pero para otros niños el inferno empieza cuando volvemos a casa”

“Tengo solo 4 años y por eso estas palabras no las he pronunciado. Las he dicho con mi vida. No cumplí los 5 años. Estoy muerto como resultado de los malos tratos continuos y brutales de mi madre y su pareja. Bueno… y también porque el Sistema de Protección de Menores, en mi caso, no funcionó”

“Si quieres saber algo más de mi entra en Internet y pon mi nombre y mi apellido”

 

Para pensar

Cuando en este blog se habla de los Niños Perdidos en realidad hablamos de los Niños Perdidos y Encontrados. Y como los hemos encontrado podemos aprender de ellos las Cosas que les pasaron.

Pero de vez en cuando una noticia de prensa nos recuerda que existen otros Niños Perdidos. Los que no hemos encontrado. Y nos hablan desde el más allá de esta vida cuando su muerte nos ha revelado su historia. Una historia de negligencia extrema o, simple y llanamente, de tortura continuada.

Es el caso de Daniel Pelka que hace poco conocimos en España a raíz de la noticia de la condena a cadena perpetua de su madre y su pareja y de las rasgaduras de vestiduras de políticos ingleses por el hecho de que los servicios sociales británicos no detectaran la situación de este niño.

Políticos que han sido contestados (“usted haga aspavientos que ya pongo yo el dinero”) por cerca de 600 ciudadanos británicos que, en memoria de Daniel han donado casi 11.000 libras a la NSPCC (National Society for Prevention of Cruelty to Children) una organización no gubernamental dedicada a la prevención del maltrato infantil.

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¿Alguna vez…

… has deseado que acabaran las vacaciones para volver a la rutina habitual?

… has descansado al despedir a unos familiares o amigos que han estado en tu casa durante varios días, aunque hayas estado muy a gusto haciendo el papel de anfitrión?

… has tenido que corregir tú a tu padre o a tu madre? (¿Cómo te has sentido? ¿Te parece lo natural?)

¿Eres…

… una persona que prefiere tenerlo todo previsto y que no se siente a gusto cuando a última hora le cambian los planes?

Marcos. 11 años.

– Marcos… quiero que te imagines de mayor, con unos 25, 30 ó 35 años… ¿cómo te ves? ¿cómo te gustaría estar?

– Lo normal… trabajando, con una mujer, con una casa (un piso)… Con eso me sobra.

Esta respuesta podría no ser muy significativa si no fuera porque sabemos que los padres de Marcos tienen fuertes patologías mentales. Nunca han trabajado. Siempre han dependido de los servicios sociales incluso para tener donde vivir. La conflictividad entre ellos y con familiares y vecinos es muy alta.

– Marcos… Veo que te gusta el ajedrez… A mi hija también. Va a clases a un Club de Ajedrez.

– ¿Y cuestan mucho esas clases?

La educadora le contesta y Marcos, entre sorprendido, admirado y con un poquito de envidia, pregunta:

– Y tú… ¿le pagas las clases a tu hija?

Parece ser que al cerebro de Marcos es la primera vez que llega el dato que una de las cosas que los padres hacen por los hijos es pagarle una actividad que les gusta.

Más tarde, cuando la educadora le dice que ha hablado con el resto del equipo y que ella se ofrece a llevarle también a esas clases, Marcos calla pero, cuando la educadora se está yendo, añade un sencillo y solitario: “Gracias” que a la educadora le eriza el vello de los brazos.

Para pensar

Se dice que siempre se desea lo que no se tiene. Por eso cuando se vive en la rutina, en lo normal (de norma, de regla) se puede desear un poco de aventura, algo extra-ordinario, algo de locura. Pero sí se ha crecido y vivido en el caos provocado por la locura (la de verdad, la de la mente) podemos llegar a desear sobre todo “lo normal”.

Cuando se tiene un padre psicótico, que no sigue ningún tratamiento, consume alcohol y otras sustancias, entre otras cosas… y una madre muy inestable emocionalmente, con amenazas de suicidio, manipuladora… No es de extrañar que te guste ir al colegio (aunque vayas sucio, sin almuerzo, sin libros…) y que recuerdes con cariño a prácticamente todos tus profesores y profesoras.

Y no es de extrañar que, con lo normal, lo de todo el mundo, te baste y te sobre. Es que a veces lo normal pasa desapercibido para “los normales” pero no para los que tuvieron una vida muy difícil.

Un ejemplo.

Es muy común, muy normal, que cuando los hijos o hijas emancipados visitan a sus padres, en un momento dado vayan a la nevera y miren lo que hay. Debe ser algo que nos conecta con nuestro pasado (“Mamá compraba cosas que me gustaban y que yo no compró… Vamos a ver… “) Pero con independencia de el motivo, el hecho es que… yo lo hago (ahora con mi suegra pues mis padres murieron)… mi hijo casado lo hace… y creo que lo hace casi todo el mundo. ¿Y qué significa?

Significa que nos parece totalmente natural abrir la nevera de nuestros padres. No abrimos la nevera cuando vamos a casa de unos amigos, excepto que nos lo digan ellos. No es nuestra casa. Abrir la nevera de una casa es como sentir que perteneces a ella.

Hasta aquí todo… normal.

Excepto para Tim Guenard que es quien nos hizo notar este detalle cuando dijo en Valencia: “Me encanta ver a mis hijos venir de visita, ir a la cocina, ver que hay por ahí y abrir la nevera… porque yo no tuve nunca una nevera que poder abrir sin pedir permiso”

Todos tenemos un criterio sobre lo que es normal o no (abrir nevera de los padres: normal; abrir nevera de unos conocidos: anormal; candado en la nevera de una familia con hijos: anormal…) pero algunos no pueden desarrollar este criterio porque no han vivido la normalidad.

Y cuando la descubren, puede hasta fascinarles.

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Los de “Dando vueltas sobre vueltas” han terminado la temporada con una idea creo que original (al menos yo no pensé que se podía hacer) y valiente, muy valiente: un post colectivo.

Así que lanzaron una pregunta o frase de inicio extraída de una canción de Victor Manuel: “a dónde dan los besos que guardamos, que no damos…” y una serie de preguntas para desmenuzarla y compartieron el documento con una serie de personas y un personajillo (yo)

Así que durante unos días todos podíamos entrar y aportar algo al documento.

Para no tener que meter las tijeras Iñigo y Sagra decidieron no colgarlo como texto del post sino como un pdf descargable, dándonos a los participantes la posibilidad de colgarlo en nuestros blogs. Este es el enlace

Y gustosamente lo hago pero haciendo una precisión.

Iñigo y Sagra querían un post colectivo lo que supongo que implica con post co-construido. Pero en mi opinión el resultado ha sido un post de-construido que es más original si cabe.

Yo había oído hablar ya de la famosa cocina de-construida pero el otro día vi de casualidad un documental sobre la última noche de apertura de El Bulli de Ferrán Adriá. En él se recogen todos los preparativos para la misma que empiezan meses antes y que incluyen la preparación de el que será el último plato de la Carta de El Bulli.

Cómo sería el plato 1982 de dicha carta Ferrán Adría escoge un plato que se creó en dicho año: el Peché Melva (o Melocotón Melva). Creado por el cocinero del Hotel Savoy de Londres, Auguste Escoffier, en honor de la cantante de ópera australiana Nellie Melva.

Podemos ver en el documental el proceso colectivo de de-construcción… se separan los componentes y las partes de los componentes (un melocotón tiene piel, tiene pulpa y tiene hueso) y cada una de ellas distintas propiedades (color, olor, sabor…) Y se juega a reelaboralos y combinarlos de otras maneras posibles hasta dar con una nueva receta con la misma base que la anterior pero totalmente distinta.

Pues eso es lo que creo que ha pasado con la preciosa frase que Iñigo y Sagra escogieron de leitmotiv del post.  En el documento no esperes encontrar un hilo argumental o coherencia en su desarrollo pues para ello hubieran tenido que moldear o quebrar las aportaciones de los participantes.

Muchos, por deformación intelectual buscamos eso: la coherencia, la ligazón… Pero para mí ha resultado muy interesante, ver cada vez que entraba en el documento, que, en lugar de agotarse la pregunta,ésta se ampliaba, adquiría matices, se volatilizaba…

Así que un bocata de tortilla de patata está buenísimo pero hay otros momentos que una tortilla de patatas de-construida es genial.

Si esperas lo habitual (pregunta – respuesta) quizá te decepciones. Pero si estas dispuesto o dispuesta al esquema “pregunta – aristas y matices para nuevas preguntas” lo vas a disfrutar. Porque creo que no vas a encontrar exactamente la respuesta a la pregunta sino las vueltas sobre vueltas de la pregunta.

Y por cierto y para acabar… Creo que hemos aportado cosas sobre a donde van los besos que no hemos dado en relación a quien debería haberlos recibido. Quizá aún faltaba un ángulo nuevo de la pregunta:  a dónde van los besos que no dimos en función de quien no los dio.

Yo me atrevo a sugerir una respuesta:

Se acumulan en forma de callo en el alma de quien no los dio.

Si te sientes más cómoda o cómodo cambia “alma” por “Yo”.

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