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Archive for the ‘Los Niños Perdidos. Cosas que les pasaron.’ Category

¿Alguna vez…

… has estado tan nervioso o nerviosa que no te has podido concentrar en una tarea intelectual (leer, calcular, escribir…)?

… has estado tan preocupado o preocupada, por algo que te ha ocurrido con alguien,  que todo lo demás ha pasado a segundo plano?

… has tenido tanta rabia que has dejado de hacer las cosas que tendrías que haber hecho?

Pepa

Tiene 11 años y le encantan los niños pequeños. Le encantaría ser educadora infantil en una guardería. Quizá sea porque lo hace muy bien.  Lleva muchos años cuidando de sus hermanos más pequeños (ahora tiene tres) y sabe que lo hace bien. Incluso mejor que su madre.

Su madre tiene problemas con el alcohol (y muchos conflictos con mucha gente) y Pepa sabe perfectamente que, cuando su madre beba, va a estar “fuera de juego”. Sabe que, cuando su madre pasa del primer tetrabrick de vino, ella va a ser la que tenga que hacer la cena de sus hermanos. Ese día, casi seguro, no podrá hacer los deberes.

– ¿Qué curso estudias, Pepa? Has repetido un curso ¿no?

Sí, estoy en 6º pero llevo libros de 3º. Me cuesta aprender… ¿esto se pasa?  (en tono de tristeza y cansancio)

Sí, Pepa. Se puede pasar si conseguimos que puedas vivir en un sitio seguro y estable. Como tu misma me has dicho ya has pasado por 7 u 8 colegios. No se puede aprender cuando se tiene una vida tan complicada como tú has tenido…  (a Pepa se le humedecen los ojos y se le escapa alguna lágrima)… tu cabeza no puede aprender fácilmente cuando estás pendiente de que tu madre beba o no o de si ahora decide cambiar de ciudad y de pareja. No se puede aprender cuando tienes que estar pendiente de tus hermanos. Y no eres tonta. Te acabo de pasar una prueba. Es cierto. Sale un poco bajita. Para que lo entiendas…. como si tuvieras 10 años en vez de 11 pero eso no es…

Para pensar.

El vino que la madre de Pepa bebe provoca, aunque parezca imposible, dos reacciones químicas distintas en dos cerebros distintos. En el de su madre el alcohol provoca los efectos que todos conocemos y que, en su caso, siempre llevan a inhibir su capacidad de dar respuesta sensible a las necesidades de sus hijos.

Pero también cuando Pepa ve a su madre con una caja o un vaso de vino esto provoca en ella un claro estrés (por mucho que queramos pensar que ya está acostumbrada) que hace que su glándula suprarrenal libere cortisol, una hormona necesaria en ese momento pero cuyos efectos más allá de la situación de estrés van siendo conocidos. Por decirlo a lo bruto, mata neuronas. Por decirlo más suave, lo que nos cuenta la señora Wikipedia, aunque no sea la mejor referencia posible, es:

El cortisol coopera con la epinefrina (adrenalina) para crear recuerdos a corto plazo de acontecimientos emocionales; este es el mecanismo propuesto de almacenamiento de recuerdos “flashbulb”, y pueden originarse como un medio para recordar qué evitar en el futuro. Sin embargo, la exposición al cortisol a largo plazo acarrea daños en células del hipocampo que provocan un aprendizaje dañado.

O lo que es más o menos lo mismo, que el cortisol viene a decirle a la niña: “Ojo, Pepa, fija este recuerdo (tu madre abriendo el tetra-brick) porque es importante para tu supervivencia” pero luego en clase, cuando el profesor explica como se hace, por ejemplo, una “regla de tres” y Pepa intenta entender, el corticol sobrante sigue el tío pesado repitiéndole sin parar “Acuérdate de tu madre bebiendo… Acuérdate de tu madre bebiendo… Acuérdate de tu madre bebiendo…” Muchas veces la voz del cortisol, dando sin parar gritos de alarma, tapa la voz de sus profesores y cuando cree que ha entendido algo va y resulta que no es así.

Por eso  a Pepa, con una inteligencia bajita pero dentro de los parámetros de la normalidad, le costará aprender la “regla de tres” “tres veces más que la regla general”.

Y puesto que alguien le dirá que es torpe o que no se esfuerza,  su autoestima será la misma que la mía en una pista de atletismo.

Ese es el precio que hay que pagar por los chupitos de cortisol que regalan con los bricks de vino de su madre.

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¿Alguna vez…

… has sufrido una flagrante injusticia y a nadie ha parecido importarle?

… un ser querido te ha hecho un gran daño y todavía no entiendes el porqué?

… has sufrido una violencia irracional y gratuita?

 

Daniel.

“En internet hay un video en el que salgo sonriendo y muy arreglado. Estoy en el colegio. A algunos niños no les gusta ir al colegio. Para ellos es un infierno. Pero para otros niños el inferno empieza cuando volvemos a casa”

“Tengo solo 4 años y por eso estas palabras no las he pronunciado. Las he dicho con mi vida. No cumplí los 5 años. Estoy muerto como resultado de los malos tratos continuos y brutales de mi madre y su pareja. Bueno… y también porque el Sistema de Protección de Menores, en mi caso, no funcionó”

“Si quieres saber algo más de mi entra en Internet y pon mi nombre y mi apellido”

 

Para pensar

Cuando en este blog se habla de los Niños Perdidos en realidad hablamos de los Niños Perdidos y Encontrados. Y como los hemos encontrado podemos aprender de ellos las Cosas que les pasaron.

Pero de vez en cuando una noticia de prensa nos recuerda que existen otros Niños Perdidos. Los que no hemos encontrado. Y nos hablan desde el más allá de esta vida cuando su muerte nos ha revelado su historia. Una historia de negligencia extrema o, simple y llanamente, de tortura continuada.

Es el caso de Daniel Pelka que hace poco conocimos en España a raíz de la noticia de la condena a cadena perpetua de su madre y su pareja y de las rasgaduras de vestiduras de políticos ingleses por el hecho de que los servicios sociales británicos no detectaran la situación de este niño.

Políticos que han sido contestados (“usted haga aspavientos que ya pongo yo el dinero”) por cerca de 600 ciudadanos británicos que, en memoria de Daniel han donado casi 11.000 libras a la NSPCC (National Society for Prevention of Cruelty to Children) una organización no gubernamental dedicada a la prevención del maltrato infantil.

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¿Alguna vez…

… has deseado que acabaran las vacaciones para volver a la rutina habitual?

… has descansado al despedir a unos familiares o amigos que han estado en tu casa durante varios días, aunque hayas estado muy a gusto haciendo el papel de anfitrión?

… has tenido que corregir tú a tu padre o a tu madre? (¿Cómo te has sentido? ¿Te parece lo natural?)

¿Eres…

… una persona que prefiere tenerlo todo previsto y que no se siente a gusto cuando a última hora le cambian los planes?

Marcos. 11 años.

– Marcos… quiero que te imagines de mayor, con unos 25, 30 ó 35 años… ¿cómo te ves? ¿cómo te gustaría estar?

– Lo normal… trabajando, con una mujer, con una casa (un piso)… Con eso me sobra.

Esta respuesta podría no ser muy significativa si no fuera porque sabemos que los padres de Marcos tienen fuertes patologías mentales. Nunca han trabajado. Siempre han dependido de los servicios sociales incluso para tener donde vivir. La conflictividad entre ellos y con familiares y vecinos es muy alta.

– Marcos… Veo que te gusta el ajedrez… A mi hija también. Va a clases a un Club de Ajedrez.

– ¿Y cuestan mucho esas clases?

La educadora le contesta y Marcos, entre sorprendido, admirado y con un poquito de envidia, pregunta:

– Y tú… ¿le pagas las clases a tu hija?

Parece ser que al cerebro de Marcos es la primera vez que llega el dato que una de las cosas que los padres hacen por los hijos es pagarle una actividad que les gusta.

Más tarde, cuando la educadora le dice que ha hablado con el resto del equipo y que ella se ofrece a llevarle también a esas clases, Marcos calla pero, cuando la educadora se está yendo, añade un sencillo y solitario: “Gracias” que a la educadora le eriza el vello de los brazos.

Para pensar

Se dice que siempre se desea lo que no se tiene. Por eso cuando se vive en la rutina, en lo normal (de norma, de regla) se puede desear un poco de aventura, algo extra-ordinario, algo de locura. Pero sí se ha crecido y vivido en el caos provocado por la locura (la de verdad, la de la mente) podemos llegar a desear sobre todo “lo normal”.

Cuando se tiene un padre psicótico, que no sigue ningún tratamiento, consume alcohol y otras sustancias, entre otras cosas… y una madre muy inestable emocionalmente, con amenazas de suicidio, manipuladora… No es de extrañar que te guste ir al colegio (aunque vayas sucio, sin almuerzo, sin libros…) y que recuerdes con cariño a prácticamente todos tus profesores y profesoras.

Y no es de extrañar que, con lo normal, lo de todo el mundo, te baste y te sobre. Es que a veces lo normal pasa desapercibido para “los normales” pero no para los que tuvieron una vida muy difícil.

Un ejemplo.

Es muy común, muy normal, que cuando los hijos o hijas emancipados visitan a sus padres, en un momento dado vayan a la nevera y miren lo que hay. Debe ser algo que nos conecta con nuestro pasado (“Mamá compraba cosas que me gustaban y que yo no compró… Vamos a ver… “) Pero con independencia de el motivo, el hecho es que… yo lo hago (ahora con mi suegra pues mis padres murieron)… mi hijo casado lo hace… y creo que lo hace casi todo el mundo. ¿Y qué significa?

Significa que nos parece totalmente natural abrir la nevera de nuestros padres. No abrimos la nevera cuando vamos a casa de unos amigos, excepto que nos lo digan ellos. No es nuestra casa. Abrir la nevera de una casa es como sentir que perteneces a ella.

Hasta aquí todo… normal.

Excepto para Tim Guenard que es quien nos hizo notar este detalle cuando dijo en Valencia: “Me encanta ver a mis hijos venir de visita, ir a la cocina, ver que hay por ahí y abrir la nevera… porque yo no tuve nunca una nevera que poder abrir sin pedir permiso”

Todos tenemos un criterio sobre lo que es normal o no (abrir nevera de los padres: normal; abrir nevera de unos conocidos: anormal; candado en la nevera de una familia con hijos: anormal…) pero algunos no pueden desarrollar este criterio porque no han vivido la normalidad.

Y cuando la descubren, puede hasta fascinarles.

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Alguna vez…

… has tenido una relación con una persona muy celosa?

… has querido tanto a alguien que has sentido miedo de que pudiera dejar de quererte?

… te ha llamado un jefe o jefa y no sabías si era para recriminarte algo o para felicitarte?

… has sentido ansiedad porque has notado que algo que has dicho le ha sentado muy mal a tu pareja, sabes que va a haber bronca y antes de que te diga nada ya estás a la defensiva?

… has vivido o trabajado con una persona con cambios de humor inexplicables?

 

Sandra, 11 años.

Quiero a mi madre y quiero vivir con ella. Si pudiera no habría dicho lo que dije. Estaba harta de que a veces se pusiera así conmigo y por eso lo hablé con mi profesora.

Lo que más me duele no es que a veces mi madre me pegue cuando se enfada. Me duele mucho más cuando me dice: “!Tendrías que haberte quedado en Colombia!¡Todos estaríamos mejor!”

Pero si llego a saber que iba a tener que salir de mi casa, de mi barrio y de mi cole no habría dicho nada.

Total yo ya sé las cosas que le ponen nerviosa.

 

Julia, 10 años.

No entiendo porque mi madre ahora tiene a ese novio al que siempre ha odiado. Y me gustaría que se cortaran un poco cuando yo estoy delante.

Quiero estar con ella. Me ha prometido que no volverá a tocarme.

Me aprendo las lecciones de memoria porque ella me obliga. Dice que ella estudio así y que no entiende porque ahora ya no se nos exige.

Mi madre quería estudiar Medicina pero nací yo y…

Se preocupa mucho por mí y quiero volver con ella aunque…

 

Miguel, 7 años.

¡Por favor, que mi madre no se enteré de lo que yo he contado de su novio!

Y no le voy a contar que he sacado un 6 y medio en inglés. Para ella eso es muy poco.

Cuando ella está bien, estamos bien pero cuando se enfada…

 

Para pensar

Imagina que paseas abrazada o abrazado a tu pareja. O a tu padre o a tu madre. O a un amigo o amiga.

Tiene su brazo izquierdo descansando sobre tus hombros en gesto de afecto, de familiaridad. Pero el derecho… ¡Ay! ¡El derecho!

Porque el derecho no lo ves. Y para ti el derecho es la vida o la muerte. Porque a veces de él recibes una caricia; una flor; un bombón… pero es el mismo brazo que a veces aparece inesperadamente con un cigarro encendido y te quema; o con el puño cerrado golpeando en tu cara; o haciendo presa en tu cuello….

Por eso nunca estás relajado o tranquila. Siempre miras de reojo intentando averiguar en su lado izquierdo de la cara si el brazo derecho está feliz o crispado. Cuando paseáis no miras el paisaje. No puedes despistarte . Tienes que mirar su cara para saber a qué atenerte. Y harás lo que sea para que en la comisura de sus labios, la que tú ves, se esboce una sonrisa.

Pero si percibes una pequeña mueca de desagrado te protegerás; protestarás y si pudieras huirías. Sólo que entonces te das cuenta de que su brazo izquierdo amorosamente te retiene.

Por eso te llaman La Persona que Siempre Vigila.

Y la gente no entiende porque ahora eres tú la persona que cambia de humor continuamente. Que puedes ser adorable u odiosa. No entienden que no soportas cualquier indicio de rechazo porque no pueden imaginar que quien más te tenía que querer más daño te hizo.

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(El “Drive trought” – conducir a través – es una penalización que se utiliza en las carreras de Fórmula 1 por la que el coche sancionado tiene que, durante las dos vueltas siguientes, entrar obligatoriamente en boxes respetando las limitaciones de velocidad para los mismos. De esa manera puede perder entre 20 y 30 segundos dependiendo del circuito. En otra penalización, el “stop and go” tiene que hacer lo mismo pero además detenerse durante 10 segundos sin que además los mecánicos puedan aprovechar para ninguna reparación o cambio de neumáticos)

¿Alguna vez…

… has sentido que competías con alguien en inferioridad de condiciones y no por tu culpa?

… te has tenido que relacionar con un grupo de personas con un nivel socioeconómico o cultural muy por encima del tuyo y te has sentido como “fuera de sitio”?

… has tenido que relacionarte obligatoriamente con gente que ve la vida de forma muy diferente a ti y has preferido simplemente no expresar tus puntos de vista?

… has tenido ansiedad por no considerarte preparado para hacer algo?

Juana y Beatriz

Las dos tienen 10 años. Van a la misma clase.

Los padres de Beatriz son de clase media y no han pasado por dificultades especiales. Han criado a Beatriz y su hermano con cariño y estos se han sentido siempre seguros y protegidos. Beatriz ha ido al mismo colegio desde que tenía 3 años. Es inteligente y extrovertida.

Juana también lo es. Lista y sociable. Pero Juana ha cambiado 6 ó 7 veces de colegio en su vida. Juana está viviendo desde los 7 años con una familia de acogida.

Un día, con permiso de sus familias, Beatriz acude a casa de Juana a hacer un trabajo. Beatriz se sienta en el ordenador y con 1o años maneja el programa PowerPoint casi, casi como un adulto. Además sabe buscar y descargar fotos de internet. Y para colmo su cabeza planifica perfectamente lo que tienen que hacer. Juana se limita a ver como Beatriz lo hace casi todo.

La acogedora de Juana contempla la escena y se da cuenta del abismo de competencias que separa a las dos niñas.

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Otro día Juana está haciendo deberes mientras su acogedor trabaja en el ordenador. Este escucha a la niña decir: “Me han dicho dos notas” El acogedor traga saliva pues a Juana no le va demasiado bien en el cole. He sacado un 5 en Lengua y un 6 en inglés. El acogedor se siente aliviado pero no entiende el tono apagado y triste que ha empleado la niña para darle la noticia. Cuando se lo hace saber a ésta, Juana contesta:

Ya pero es que… la madre de Beatriz se enfada si no saca como mínimo un 7.

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Dos semanas después Juana no va durante dos días al colegio por enfermedad por lo que no puede hacer un control de Sociales. A su regreso el profesor de la asignatura le dice que al día siguiente le hará el control. Juana le pregunta a Beatriz qué preguntó en el examen la semana pasada.

Esa tarde la acogedora le ayuda  a preparar el control y, dado lo que le cuesta, ésta última decide concentrarse en las preguntas del examen anterior.

Al día siguiente el profesor le pone el mismo control  y Juana saca un siete y medio cuando en la evaluación fue la única de la clase que suspendió.

Cuando el profesor le dice la nota le pregunta:

– ¿Quién te ha dicho las preguntas, Juana? (No parece importarle que con ello la niña descubra que no confía en sus posibilidades)

Juana le contesta que ha sido Beatriz y el profesor al menos le alaba su sinceridad. Para el siguiente control le dice 20 preguntas que podrían salir.

Los acogedores se preguntan todavía qué pretendía entonces el profesor poniéndole el mismo examen. ¿Comprobar su honestidad o su aprendizaje? También se preguntan porqué lo de indicarle posibles preguntas se le ha ocurrido cuando quedan pocas semanas para acabar el curso.

Para pensar

Los niños que han vivido mucho tiempo, cuanto menos en la negligencia paterna, pueden ser inteligentes pero han sido penalizados con muchos “drive trought” o “stop and go” en su vida.

Como por ejemplo:

– Qué sus padres no han sabido ayudarles ni siquiera en los deberes de primero de primaria.

– Qué nunca se han preocupado por sus controles.

– Que la mayoría de las veces sus padres no han acudido a las reuniones con los profesores.

– Muchas veces no han tenido los libros hasta meses después de empezar el curso.

– Muchos días no han ido al colegio porque su madre o padre no se ha podido levantar después de una borrachera.

– Cuando sus padre han vivido contantemente en el día a día lo de estudiar hoy para aprobar dentro de 15 días es algo que les resulta muy extraño.

– Etc

Por fuera un Marussia, un Sauber o un Williams son coches tan chulos como un Red Bull o un Ferrari o un Lotus Renault pero ya sabemos que no compiten en igualdad de condiciones.

Pero un Ferrari tampoco tiene que hacer nada contra un Red Bull si al primero se le sanciona injustamente con dos “Drive Trought” y un “Stop and Go”

Por eso el acogedor de Juana hizo bien, a mi juicio, en explicarle que no podía compararse con su amiga Beatriz porque era una carrera muy desigual.

Me gustaría ver a Beatriz apañándose en las situaciones por las que tuvo que pasar Juana. Pero esas no se evalúan en el cole.

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¿Alguna vez…

… has sentido vergüenza por algo que no podías evitar?

… has evitado ir a un acto social porque no tenías ropa adecuada?

… has preferido no ir con alguien a tomar algo porque estabas sin dinero y no querías que te invitaran ni invitar? ¿O has dicho que no tomabas nada porque te molestaba el estómago sin ser cierto?

… te has sentido mal porque te parecía que un familiar o amigo estaba haciendo el ridículo?

 

Antonio, 10 años

!Lo peor era volver al colegio después de Navidades! Todos los niños y niñas contando lo que les habían traído Papá Noel o los Reyes Magos, y yo no podía decir ¡nada!. ¡No lo soporto! ¿Por qué me tenía que pasar eso a mí? El novio de mi madre si le compra cosas a ella ¿por qué no he tenido nunca un regalo de Reyes? Pero lo peor era el día siguiente….

Alegría, 9 años

– ¿Cómo explicas que tu tienes unos apellidos pero que vives con una familia que no es la tuya? –

  – ¡Ah! Yo digo que mi madre se ha muerto-

Esmeralda, 14 años

Me molesta que “papá” (acogedor) diga que soy acogida. Siempre que nos preguntan o nos presentan a alguien tiene que decir… Y Esmeralda y su hermana que viven con nosotros.

Pedro, 11 años.

Estoy bien con la familia los fines de semana pero ahora que me voy a vivir con ellos…. ¡no quiero cambiar de colegio! En el que estoy ya me conocen… Es un rollo conocer compañeros nuevos, tener que explicar…

Para pensar

Parece que la vergüenza es un sentimiento ajeno a los niños (excepto la vergüenza-timidez). La vergüenza “tierra trágame” parece que no les es propia.

Parece que los niños acogidos en centros o en familias tendrían que llevar con naturalidad el serlo. Pero no es así. No es fácil exponer públicamente las miserias de su familia igual que no nos gusta a nosotros exponer las pequeñas miserias cotidianas propias.

Nuestras mentirijillas, nuestras pequeñas deserciones están justificadas,… ¿y las de ellos o ellas?

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