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Archive for the ‘Postecillos’ Category

Los post-ecillos suelen ser el resultado de un impulso. Peo este lo es de una frustración.  Llevo la idea de este post desde hace semanas pero cada vez que intento desarrollarlo acabo enredándome y lo desvirtúo o acabo en otro sitio. Voy a intentar que la brevedad me sirva para domarlo. El Encantador de perros me ha enseñado que un toque suave, pero firme y oportuno es lo más eficaz para reconducir la actitud de mi perro.

El eje principal del relato corto de Philip K. Dick “The minority report“, y de la película del mismo nombre, es la existencia de tres humanos con poderes de precognición que son empleados para predecir crímenes inminentes y detener y castigar a los autores antes de que los cometan.

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El criterio para dar por válida una precognición es que al menos la tengan dos de los tres precog. Un procesador conectado a sus cerebros avisa de un crimen cuando éste ha sido visualizado por dos de ellos y por lo tanto siempre se desprecia el informe de la minoría, sea positivo o negativo.

Todo lo contrario de lo que hicieron Werner y Smith en su famoso estudio y artículo que supuso el salto del concepto resiliencia a las ciencias sociales. En lugar de descartar el informe de la minoría (el tercio de niños vulnerables que sin ayuda sistemática llegaron a ser adultos sanos y socialmente adaptados) tuvieron el acierto de hacer caso al informe de la minoría. Una genialidad que nunca podremos acabar de agradecer.

Pero de ahí a pensar que la resiliencia es el informe de la mayoría va un trecho. Y me temo que, sin maldad por parte de unos y por insensatez u oportunismo de otros, se está difundiendo la resiliencia como si fuera un fenómeno normal. Creo que es fundamental parar esta, a mi entender, locura.

Aunque desvele parte del final del relato o de la película debo añadir que la trama se basa en que una persona con poder de acceso al sistema de los precog, teniendo intención de cometer un asesinato, borra la precognición de uno de los dos que la han tenido de forma que su crimen pasa a ser el informe de la minoría y, por tanto, a descartarse.

Me temo que gracias a la puesta de moda de la resiliencia, y la ola de positivismo descontrolado en la que estamos, hemos rebajado el dato de los dos tercios de las personas que, sin ayuda, no vuelven a levantar cabeza tras una desgracia.

Cómo ahora se vende que uno puede resistir y rehacerse si le sale de las narices, ya no hay víctimas ni personas desafortunadas (sólo idiotas). Y si no hay víctimas no hay verdugos. Hemos borrado así parte de la precognición de las secuelas del maltrato; de los dramas que una sociedad injusta provoca; de los cambios estructurales y relacionales que necesitaríamos…

Prácticamente termino afirmando y defendiendo que la resiliencia, mi admirada resiliencia, es el informe de la minoría y no de la mayoría.

Me fastidia mucho tener que decir lo anterior porque creo que también hay quienes usan el informe de la mayoría para su propio beneficio y que existe un mercado de la desgracia (podría ejemplificarlo pero me desviaría). Pero ni una cosa ni la otra.

El informe de la minoría no es simplemente asombroso, desconcertante, esperanzador. Es muy útil. Muchísimo. Y probablemente los avances sociales siempre han empezado por el informe de una minoría.

Tampoco es difícil encontrar ejemplos en los que se evidencia que una mala gestión de la mayoría de la dignidad de una minoría puede llevar a que se inviertan las tornas.

A modo simplemente de ejemplo (me desviaría si lo analizo): muchos aseguran que el sentimiento independentista en España, en principio minoritario, ha crecido en función de la respuesta desafortunada del gobierno elegido por la mayoría. Y otros piensan, y es compatible con lo anterior, que los lideres del independentismo están tensando el conflicto para conseguir dejar de ser minoría.

Concluyo: ignorar el informe de la resiliencia es un error de bulto. Pero alterar el informe de la mayoría puede ser perverso y contraproducente.

Queda analizar mejor la utilidad del informe de la minoría (pero me desviaría) de la resiliencia.

Creo que lo he logrado. Voy a publicarlo.

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Adam Gran es el autor de “Dar y recibir. Por qué ayudar a los demás conduce al éxito” (Editorial Gestión 2000) uno de los mejores libros que he leido en los últimos meses.

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A raíz de él me suscribí a su Newsletter y en el último que he recibido veo una columna de el mismo en The New York Times llamada “Paremos la locura de la meditación

El enlace es este por si te apañas con el inglés ( a mi me ayuda bastante el Sr. Traductor de Google):

Grant dice sentirse acechado por los “evangelistas de la meditación” (mindfulness, meditación trascendental, Zen…)

Básicamente su planteamiento se puede resumir en los siguientes puntos:

1.- Quien quiera que medite pero no le haga sentir un bicho raro por no hacerlo

2.- La meditación sirve para lo que sirve pero no sirve para todo. Y para lo que sirve también sirven otras cosas. Si por ejemplo la utilizamos para combatir el estrés también lo sirven otras cosas: pasear, una pelicula, etc (aporta la referencia a una reciente investigación en la que no se evidencia que la meditación o el mindfulness obtenga mejores resultados que los métodos usualmente utilizados para abordar ciertos problemas)

3.- Da un dato curioso: el estrés provoca más enfermedades.. ¡pero sólo en aquellas personas que se les ha informado que el estrés provoca más enfermedades! (Un dato que gustará mucho a los autores del “construccionismo social” entre los que está Kenneth J. Gergen con el que ahora me codeo mucho)

4.- Ni siquiera para conseguir atención plena es el único método. Apunta dos pequeñas estrategias cognitivas para ello (cambiar el verbo “ser” por “poder ser” y buscar respuestas a una pregunta en lugar de “la respuesta”)

5.- Cita a un tipo de una Universidad que conoce algunos casos de efectos perjudiciales de la meditación.

Concluye con esta frase dirigida a los proselitistas de la meditación:

“La próxima vez que se encuentren con alguien que elije no meditar, respiren profundamente y dejennos descansar en paz”

Ahí lo dejo porque esto no es un post sino un post-ecillo.

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Hola. Me llamo Julian y tengo 12 años.

Siempre me han gustado los perros. He tenido varios y se me da bien cuidarlos y entrenarlos. Los recojo de la calle y si mi madre me deja me lo quedo. No hace falta tener dinero para tener un perro. Por desgracia hay muchos perros que no quiere nadie.

Me cuenta Javier que últimamente se están haciendo muchas cosas para que la gente adopte perros abandonados. Dice que el otro día en El Hormiguero, el programa de tele, pusieron un video de como unos tios lanzaban a un perro por encima de la valla de más de tres metros de una protectora y que luego llevaron a ese perro para que alguien lo acoja. Espero que haya sido así. Yo lo haría.

Y me dice que este fin de semana en la plaza del ayuntamiento había varios puestos de protectoras de perros y que en los telediarios han hecho varias referencias a  manifestaciones en contra de la caza con perros, especialmente con galgos.

Me alegro mucho de que la gente sepa que puede cuidar de un perro abandanodo. Cuando yo sea mayor lo haré. Me daba mucha rabia cada vez que llegaba a casa y mi madre había dado al perro que unas semanas antes me había dejado tener.

Mientras tanto me encantaría que la familia que me acogiera o sacara los fines de semana de este Centro de Menores tuviera perro. Javier me ha dicho que va a hacer un informe para ver si hay una familia de acogida para fines de semana y vacaciones. Me ha dicho que es muy dificil encontrar familias dispuestas a sacar a niños o niñas de más de ocho años. Pero que lo vamos a intentar.

(Postecillo: 1. Poste pequeño 2. Dícese también del post de blog escrito como a traición, cuando se debería estar haciendo otra cosa pero no se puede dejar de escribirlo)

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