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Archive for the ‘Protección de menores’ Category

Espero poder presentar pronto Disparefuturo 2.0.Pero antes debo darle la puntilla a la versión actual.

Soy un afortunado que acabó trabajando como funcionario en algo que deseaba y para lo que no me esforcé ni un pimiento. Así empecé a trabajar en esto de la Protección de Menores y pronto descubrí que era muy complicado y que cuanta más experiencia acumulabas menos claro lo tenías todo.

Luego se nos ocurrió en casa hacernos familia de acogida. Por pura inconsciencia. Sin saber lo que hoy sé: que eso no significa acoger a un niño o niña sino todo lo contrario. Que la realidad de ese niño o niña y todo el sistema de protección es el que acoge a tu familia, perdiendo parte del control que tu creías tener sobre la misma (yo le llamo Encogimiento familiar”)

Así que cree Diseñando Pasados Recordando Futuros pera “resiliar”: resistir y rehacerme de trabajar y vivir en un tema tan especial. Podría pasarme el día discutiendo con compañeros y compañeras (es a lo que dedicamos el 80% de nuestro tiempo los técnicos de menores). Podría desesperarme de decisiones que no entendía. Podría cargarme de un saco de fracasos de los que no sabría excusarme. Y por supuesto podría cansarme de hacer propuestas en el vacio. Pero nadie me podría impedir pensar y comunicarme. Eso es lo que me aportó durante varios años este blog.

Es curioso que muchas veces la resiliencia requiere romper el silencio (muchos textos de Boris Cyrulnik hablan del segundo golpe que produce un contexto que te encierra en el silencio) Pero, sin embargo, otras veces la resiliencia pide el silencio (Me acuerdo de Louis Zamperini a quien las conferencias sobre su experiencia militar heróica llevó al alcoholismo) Así que hace unos meses cerré el blog por resiliencia y me limité a cumplir unos compromisos con Milly  y Olga.

Pero el último post había sido “Acogimiento familiar: Cuestión de p_lot_s” en el que hacía una metáfora entre el sistema que regula la aviación civil y el acogimiento familiar de menores. Yo sabía que era el primer post de una serie en el que iba a intentar demostrar mi hipótesis de que las familias no acogen a los menores sino que ellas son acogidas en un sistema muy complicado y muy difícil de entender y aceptar en muchas ocasiones.

Pero no fue hasta unas semanas después cuando un comentario de Marta Llauradó del blog  urgènciaidiagnòstic pensar i repensar els acolliments familiars d´urgecia i diagnòstic me hizó pensar que la metáfora se iba a interpretar mal. Lo publiqué, le contesté y en privado le pedí permiso para usarlo en un post.

Este fue su comentario, que no dejo de agradecer (me he permitido traducir al catellano un fragmento que ella escribió en catalán):

Hola Javier.
Soy Marta del blog urgenciaidiagnostic.
Este post lo leí en su momento cuando lo publicaste y tengo que decir que, aunque tus aportaciones me parecen, en general, interesantisimas, en este caso tu texto me resultó inquietante por su excesivo mecanicismo. Quise hacer un comentario, pero me reprimí al leer el post en el que te dabas temporalmente de baja.

Días después tuve la oportunidad de escuchar una conferencia de Alberto Rodríguez González (Programa de Apoyo al Acogimiento Familiar en el País Vasco) en la que manifestaba lo siguiente:

  • Hay tantos modelos de intervención en Acogimiento Familiar como Comunidades Autónomas y tantas maneras de pensar el Acogimiento Familiar como profesionales que intervienen. No puede ser. No existe una cultura compartida del Acogimiento Familiar.
  • Un número excesivo de profesionales hacen el seguimiento administrativo y un número reducido y de escasa experiencia que hacen la intervención directa- Ausencia de dirección. Numerosos conflictos personales entre los profesionales por invasión de competencias. Necesidad de reducción, simplificación y unificación.

(INTERVENCIÖN DE ALBERTO RODRIGUEZ PARA ADAFA)

Mi experiencia como acogedora estaría más de acuerdo con lo expuesto por Alberto, que con el contenido de tu post. Dentro de este, el párrafo dedicado a los acogimientos de urgencia y diagnóstico es el que me resultó más inquietante: ” el niño o niña no se quedará en casa pase lo que pase”. Mi experiencia es que, por demora de las actuaciones de ese avión burocrático tan grande al niño le pasan cosas tales como que se encuentre esperando la decisión de pasar a acogimiento pre-adoptivo por parte de la compañía aérea tanto tiempo que acaba por apegarse a su familia de acogida. Y lo hace con tal intensidad que cuando llega el sí o sí, el niño no vuela sino que se estrella emocionalmente. Que te puedan reparar, o que tengas capacidad de resiliencia no justifica que te agredan.

No pretendo que publiques este comentario. Sólo que no tengo otra forma de “discutir” contigo. Un saludo afectuoso.

Me apresuré a contestarle:

Hola Marta. Me temo que no vamos a discutir.. jaja.. porque aunque no te lo creas ¡estoy de cuerdo contigo! Pero si me das permiso te lo explicaré en un nuevo post. Gracias por esta interesantísima aportación.

Y algo más de un mes después aquí estoy. Dándome cuenta de que no podía abrir Disparefuturo 2.0. (en el que no habrá protección de menores o no de la misma forma) sin aclarar lo siguiente (lo hago en puntos concretos para no alargarme)

1.- Las metáforas sirven para ayudarnos a entender otra realidad. Por tanto deben reflejar LO QUE ES. Está metáfora, sin embargo, refleja LO QUE NO ES PERO QUIZÁ DEBERÍA SER. Más que una metáfora es una utopía.

Es por esto que puede ser fácilmente malinterpretada. Y es que nació precisamente para contestar una pregunta muy concreta “¿Cuál es el papel de las familias de acogida en este puto maremagnum? (perdón por el taco) Y pretendía transmitir algo así como: “concentrate en pilotar” o te vas a volver mico. Haz bien lo que te toca, no hagas lo que no te toca, y no dejes que otros (profesionales, vecinos, familiares, profesores…) te mareen. Que lo van a hacer.Y si estás pensando en entrar a jugar a este juego, que sepas lo que hay.

2.- Otro peligro de esta metáfora es el de dónde sitúa a la familia de el o la menor. Colocarla como una simple condición atmosférica más es sencillamente desafortunado, injusto y peligroso. Plantear un acogimiento como un vuelo “sobre” o “a pesar” de la familia del menor es un malísimo comienzo, porque para eso ya hay otras medidas e protección como el acogimiento preadoptivo (ahora guarda con finalidad adoptiva) o la misma adopción.

3.- En el sistema de la aviación civil lo que se transmite entre la personas implicadas es fundamentalmente INFORMACIÓN. Cuando al comandante de un avión la torre de control le asigna pista para aterrizar contesta algo así como “Entendido” “Recibido” y no contesta “Gracias, majos”. Y el controlador aereo no piensa: “el gilipollas este ni me lo agradece”.

En el sistema de protección, y especialmente en el de acogimiento, lo que circula por el sistema son fundamentalmente EMOCIONES Y SENTIMIENTOS que a veces llevan un poquito de información (la idea no es mía sino sacada de la frase de Cyrulnik: “las palabras son trozos de emoción que a veces llevan algo de información”)

Cuando un técnico de menores coge una llamada de un o una acogedora que le dice “Hola, soy tal, por fin me hago contigo…” el cerebro superior del primero ya ha pensado “pues yo no me estaba tocando los…” y a su vez su amigdala le grita “¡Alerta, alerta!…a ver que marrón me cuenta este…” (el otro día una familia me llamó para decirme que ya había solucionado una cosa pero yo ya tenía el susto en el cuerpo)

Y si en una visita de un o una técnico la familia acogedora le cuenta  algo que les está haciendo sufrir, y este o esta empiza “Vosotros lo que teneis que hacer es…” el resto de la conversación sobra porque probablemente la familia ya no se va a SENTIR acompañada.Habrá desconectado.

Creo que estos tres puntos son suficientes para aclarar que el post de referencia tenía que haber sido la puerta de entrada para analizar todo lo que NO funciona en el sistema de protección de menores y del acogimeinto familiar. Si alguien lo ha interpretado como una descripción tiene, como Marta, todo el derecho a tirarme tomates.

Espero Marta que ahora sí puedas estar algo más de acuerdo conmigo y que sepas que gran parte de lo que pienso ahora lo aprendí precisamente de Alberto Rodriguez a quien admiro y  cito cada vez que tengo ocasión (os recomiendo el video de Vimeo)

Y, por fin, mato esta versión del blog con una confesión: Lo retiro. El acogimiento familiar no es cuestión de pilotos sino que, por el momento, sí es CUESTIÓN DE PELOTAS Y OVARIOS.

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Link del primer post de la serie

Link del segundo post de la serie

Link dek tercer post de la serie

Seguimos compartiendo los elementos esenciales del programa “Signs of Safety” para la protección de menores.

Entramos ya en los SEIS PRINCIPIOS O ELEMENTOS BÁSICOS PARA LA PRÁCTICA del mismo. Creemos que el conjunto de los mismos es lo que marca la esencia misma del programa por lo que hemos preferido exponerlos en un mismo post, a pesar de que eso pueda hacerlo más extenso de lo habitual.

En opinión de Steve y Andrew, el mapa por el que se guían los trabajadores del sistema de protección infantil suele girar en torno a la recopilación de información relacionada con el daño y el peligro. Desde su punto de vista estos mapas son demasiado injustos e imparciales ya que ponen el foco exclusivamente en cosas como la severidad y el patrón del maltrato, la percepción de la familia acerca del abuso o la negligencia, la vulnerabilidad de los niños, la posibilidad de una repetición del maltrato, etc.

Pero poner la atención sólo en estos aspectos es como hacer el mapa de un territorio fijándose sólo en los valles más inhóspitos y sombríos de ese territorio y olvidando las montañas y las bellas llanuras. El resultado sería un mapa pero incompleto.

Esto no significa que no haya que recopilar información del daño producido y de los déficits de las familias pero hay que equilibrarlo con otros aspectos como las fortalezas familiares y sus recursos para generar seguridad.

Los autores proponen, para poder llevar a la práctica su visión, seis principios o elementos prácticos cuya finalidad es explicitar, amplificar, evaluar las capacidades más positivas y constructivas de las familias. De manera que, al considerar ambos aspectos, peligros y protección, se tiene un cuadro más completo y equilibrado de la situación.

Los seis elementos básicos para la práctica del programa son:

1.- ENTENDER LA POSICIÓN DE LA FAMILIA RESPECTO AL PROBLEMA, SU SOLUCIÓN Y LOS SERVICIOS SOCIALES.

Es vital que los trabajadores escuchen las historias de las familias y entiendan la “posición” de cada miembro de las mismas, entendiendo ésta como los valores, las creencias, y los significados firmemente sostenidos por los individuos y que manifiestan a través de sus historias.

Prestar atención a la posición de las familias no significa estar de acuerdo con ellas o con sus creencias. Pero es crucial para que exista una colaboración entre profesionales y familias. Esta no será posible sin tener en cuenta la posición de éstas en relación a la seguridad, a posibles soluciones así como su posición respecto al propio trabajador y los servicios sociales.

Esto es así porque no hay dos situaciones iguales. Los hechos pueden ser parecidos, pero la posición, las circunstancias y las percepciones de cada familia son diferentes y requieren de respuestas diferentes.

Las siguientes preguntas pueden ayudar a explorar la posición de los miembros de la familia…

… respecto al problema:

  • Como usted ya conoce el informe puede ver cuál es la opinión de otros. ¿Cuál es su punto de vista de la situación?
  • ¿Cómo describiría lo que está ocurriendo en su familia como resultado de este tema?
  • ¿Cómo es esto un problema para usted?
  • ¿Qué sentido le da usted a lo que él niño o la niña hace? 
  • ¿Cómo puede explicar lo que usted hizo?
  • ¿Cómo cree usted que su hijo o hija explicaría lo que ocurrió?

…respecto a la solución:

  • ¿Por qué piensa que esa forma de actuar sería más útil?
  • ¿Qué le hace pensar que estos planes no van a conseguir nada diferente?
  • Algunas personas podrían decir que usted necesita hacer_____en esta situación. ¿Qué piensa usted de esto?
  • Si sugiriéramos que él haga_____o que nosotros haremos____, ¿cuál sería la mejor manera de explicarle esto él/ella?

…respecto al trabajador y los servicios sociales:

  • ¿Qué esperanza tiene de que yo/nosotros podamos ser de ayuda para usted?
  • Estoy seguro de que mucha gente dirá que nosotros no estamos interesados en sus opiniones y en lo que quiere. ¿Piensa que esto es cierto?
  • Me parece que su opinión podría resumirse en_______(introducir la opinión). ¿Es correcto?

2.- BÚSQUEDA DE EXCEPCIONES AL BUSO/MALTRATO/NEGLIGENCIA.

El programa adopta como parte esencial del mismo una técnica propia de la terapia breve o de la terapia enfocada a la solución, la “pregunta de la excepción”.

Por ejemplo, a un padre maltratador se le puede preguntar: “¿Ha habido alguna vez en la que usted haya estado enojado pero haya resistido la necesidad de pegar a su hija?

Esta forma de preguntar está basada en dos premisas: una, que el problema no ocurre todo el tiempo, y dos, que la persona probablemente enfrenta el problema de manera apropiada alguna vez. Las “preguntas de excepción” permiten discutir y reconocer el problema de una manera constructiva y sin necesidad de una confrontación.

Así, es importante que, cuando un miembro de la familia describe este tipo de conductas excepcionales, el trabajador realice preguntas que ayuden a ampliar la descripción de las mismas, incluyendo el cuándo, cómo, dónde y qué de la situación descrita. También es importante averiguar cuánta confianza tiene el usuario en sí mismo para poder repetir esas conductas excepcionales y protectoras.

Algunas preguntas útiles para explorar excepciones pueden ser:

  •  Usted dijo anteriormente que las cosas no son siempre así. ¿Puede contarme algo más acerca de esas otras ocasiones?
  • ¿Cuándo fue la última vez que surgió este problema? ¿Cómo ha conseguido que no surja otra vez desde entonces?
  • ¿Qué fue diferente en las ocasiones en las que usted sintió que manejaba la situación adecuadamente?
  • (A otro profesional) ¿Puede decirme ocasiones cuando estos padres han respondido apropiadamente para mantener a su hijo protegido? ¿Qué es lo que hicieron para conseguirlo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que usted sintió que tenía energía para cuidar a su hijo de manera adecuada? ¿Cómo era capaz de conseguirlo?

Un aspecto importante a la hora de realizar las preguntas de excepción, es tener en cuenta el momento adecuado para poder realizarlas. Éstas deben ser realizadas una vez hay un reconocimiento de las acusaciones o, al menos, un reconocimiento de que existe un problema.

Antes de que la persona entrevistada pueda entrar en una conversación acerca de las excepciones, primero, necesitan sentir que han sido entendidas. El trabajador debe ser consciente de que cambiar la conversación desde una “perspectiva del problema” hacia una “perspectiva de solución” es un cambio significativo.

Un aspecto muy importante es la persistencia en la búsqueda de excepciones. Steve y Andrew recalcan la importancia de la siguiente regla: “Realiza la pregunta tres veces antes de aceptar que no hay una respuesta para ella”

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3.- DESCUBRIR LAS FORTALEZAS Y RECURSOS DE LA FAMILIA.

Michael White (1988) acuñó el término “descripción saturada de problemas” para referirse a situaciones donde la aparente enormidad de problemas desbordaba o saturaba el punto de vista de todo el mundo acerca de la situación, llevando a sentimientos de desesperanza e impotencia y evitando que todos los implicados pudieran visualizar una solución. Esto ocurre frecuentemente en protección infantil.

Por eso es importante intentar ampliar el cuadro. Una de las maneras más fáciles de hacer esto es explorar aspectos positivos y fortalezas de la familia identificadas por los propios miembros o reconocidas por otras personas o servicios. Esto no debería ser visto como un intento de minimizar el maltrato. Al revés, debería reforzar la idea de que la vida de la familia y su experiencia son una base a partir de la cual se puede construir el cambio.

Preguntas que pueden ayudar a explicitar, hacer emerger las fortalezas de la familia y sus recursos son:

  •  Hemos estado hablando acerca de algunos asuntos muy graves o serios. Para poder tener un cuadro más completo y equilibrado, ¿puede decirme algunas de las cosas que usted siente/piensa que son buenas en esta familia o te gustan de ella?
  • Si usted estuviera describiéndose a otros, ¿qué tipo de cosas diría usted de sí mismo en las que es bueno o buena?
  • ¿Qué es lo que más le gusta de ser padre/madre? ¿Qué ha aprendido de esta experiencia?
  • ¿Me puedes decir qué es lo que te gusta de tu padre (o madre)/de tu hijo/a? ¿Qué tipo de cosas le/te gusta hacer juntos? ¿En qué dirías que es bueno o buena?
  • ¿Cómo resolvéis habitualmente los problemas familiares? ¿Quién hace qué? ¿Qué hacéis para enfrentar las situaciones de estrés?
  • ¿A quién recurres o recurrirías en busca de ayuda para abordar los problemas? ¿Cómo te ayudan o podrían hacerlo?
  • Claramente, las cosas han sido muy difíciles para ti. ¿Cómo te has enfrentado a estos problemas/presiones? ¿Qué te ha mantenido avanzando/funcionando?
  • ¿Puedes contarme acerca de las veces en las que te has llevado bien con tu pareja/hijos? ¿Qué es lo que más te gusta de esos momentos?
  • ¿Qué piensas que dirán ellos (el resto de la familia) acerca de qué hay de bueno en la relación contigo?

Las respuestas a preguntas como éstas (o a las de excepción) proporcionan información en dos posibles direcciones. Por un lado proporcionan una comprensión de los aspectos constructivos o positivos de las relaciones familiares. Pero, por otra parte, si los miembros de la familia identifican poco o nada que sea positivo (o no encuentran excepciones) esto puede indicar que el problema es más severo de lo pensado previamente.

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4.- CENTRARSE EN LOS OBJETIVOS.

Toda la tarea en protección de menores se reduce a un objetivo, a saber, generar suficiente protección o seguridad para los menores. En palabras de  otros autores (Weick et al. 1989): “La cuestión no es qué tipo de vida ha tenido uno sino qué tipo de vida quiere uno, y desde este punto, lograr todos los recursos personales y sociales disponibles para conseguir este objetivo”

Muy a menudo en el trabajo en protección infantil es evidente lo que se tiene que parar (el maltrato o la negligencia) pero las preguntas que permanecen inexploradas son: ¿Cómo se parará? ¿Qué ocurrirá en su lugar? ¿Cómo sabrán los servicios sociales y la familia que esto ha ocurrido?

Es esencial que, a lo largo del caso, los servicios sociales articulen claramente –en términos conductuales concretos- qué es lo que indicará que existe suficiente protección en el o la menor para cerrar el caso.

Los objetivos claros permiten la evaluación del progreso y ayudan a los trabajadores y familia a estar de acuerdo cuándo el caso debe ser cerrado. Para Steve y Andrew este apartado es, probablemente, el más difícil del modelo para ser implementado.

Preguntas que pueden ayudar a la familia a explicitar sus objetivos relacionados con la protección son:

  • Vale… ambos vemos la necesidad de lograr más protección para su hijo. Estoy realmente interesado en las ideas que usted tiene para conseguir esto.
  • ¿Cómo podemos ayudarle a que las cosas estén mejor y lograr que su hijo esté más seguro?
  • ¿Qué piensa usted que pueden hacer usted mismo, su compañero, sus hijos, otros miembros de la familia… para incrementar la protección del niño o niña?
  • Cuando le preguntemos a su hijo/a qué le haría sentirse más seguro/a¿qué piensa usted que dirá?
  • Para que nuestro trabajo con su familia sea útil, ¿qué necesita que ocurra? ¿qué debe cambiar en su familia? ¿Qué cambiaría en relación a su pareja/sus hijos?
  • Es evidente que no quiere que los servicios sociales estemos continuamente en su vida. ¿Qué piensa que necesitamos ver para poder cerrar el caso?

Tristemente, a menudo, los usuarios no están entusiasmados con la idea de cambiar sólo por satisfacer a la sociedad o a los servicios sociales. O incluso se pueden dar situaciones en las que los progenitores reconocen el problema de una manera muy limitada o incluso defienden su manera de actuar.

Los autores sugieren para estos casos proponer “motivaciones indirectas” que ayuden a estas familias a engancharse con la intervención. Una de ellas puede ser incluso que los servicios sociales, la policía, la escuela… dejen de estar pendientes de ellos, ya que para muchas de estas familias, la intervención de estos sistemas es una intromisión en su vida. En estos casos hay que estar muy atentos a que los objetivos de la familia se ajusten a los objetivos de los servicios sociales para incrementar la protección de los menores.

Ejemplos de preguntas que se podrían realizar en una situación en la que los progenitores defienden el derecho de pegar a sus hijos como una estrategia educativa son:

  • ¿Qué espera conseguir cuando pega a su hijo?
  • ¿Qué le diría a usted que ha obtenido el resultado que quería cuando pega a su hijo?
  • ¿Es esto algo que usted quiere continuar haciendo o hay otras manera de conseguir que su hijo responda o reaccione?
  • ¿Qué piensa usted que le enseña a su hijo cuando le pega?
  • ¿Hay otras maneras de enseñarle esto a su hijo?

Por último, señalar que para los autores, el reto de los trabajadores en relación a la creación de objetivos, tanto generales como relacionados con la protección, es triple:

a.- Elicitar los objetivos de la familia incluso si la familia parece que minimiza o niega los problemas.

b.- Concretar los objetivos de manera que se expresen por la presencia de conductas específicas, medibles y observables; y

c.- Establecer el alcance de coincidencia de estos objetivos con los que los servicios de protección consideran necesarios para la seguridad del niño.

5.- BAREMAR O GRADUAR EL PROGRESO Y LA PROTECCIÓN.

La información recopilada en protección infantil debería ser lo más específica y detallada posible. Para ello las “preguntas de escala” (otra técnica de la terapia enfocada a la solución) son una herramienta muy valiosa.

Es muy útil preguntar de manera continua a los miembros de la familia cosas como: En una escala de 0 a 10 –donde 10 significa que las cosas en esta familia son como os gustaría que fueran, y 0, que la vida no podría ser peor- ¿dónde situaríais vuestra familia en estos momentos?

O una pregunta más centrada específicamente en la seguridad o protección podría ser : En una escala donde 10 significa que tú estás seguro/a de que este tipo de incidente no volverá a ocurrir nunca más y tu hijo/a está seguro/protegido, y 0 significa que tú piensas que con toda probabilidad ocurrirá otra vez, ¿cómo puntuarías la situación en este momento?

Las preguntas de escala son de un enorme beneficio para los trabajadores, ya que crean un diálogo que asume automáticamente un contínuo que va desde el daño/peligro a la protección/seguridad.

En el trabajo en protección infantil, una garantía de absoluta seguridad es imposible. La intervención con familias es llevada adelante en algún punto en el espacio entre el completo peligro y la absoluta seguridad. Al utilizar este contínuo peligro-seguridad, las preguntas de escala, por la naturaleza de su construcción, llevan consigo la posibilidad de cambio.

Además las escalas permiten preguntas del tipo: Si la situación la valora con un 7 ¿qué tendría que pasar para que le pudiera poner un 8? Y con ello seguir operativizando el cambio.

6.- VOLUNTAD, CONFIANZA Y CAPACIDAD.

La voluntad (querer), la capacidad (saber) y la confianza (poder) de los usuarios en relación a cualquier plan de acción son buenos indicadores de protección y seguridad o de, por el contrario, peligro.

Poder explorar estos tres aspectos es una parte esencial para poder asegurarse de que los planes de intervención formulados serán llevados a cabo.

Preguntas que se pueden realizar, en relación a estos tres aspectos:

Voluntad

  • En una escala de 0 a 10, donde 10 significa que usted tiene la voluntad de hacer cualquier cosa para que su hijo esté seguro y 0 significa que usted no tiene ninguna voluntad de hacer nada, ¿dónde se situaría usted en esa escala?
  • Si yo (el trabajador) le pidiera hacer ________, en una escala de 0 a 10, ¿cuántas ganas de hacerlo tendría?
  • Usted habló anteriormente acerca de la posibilidad de hacer________. En una escala de 0 a 10, ¿cuántas ganas tiene de intentar hacerlo?
  • ¿Qué incrementaría, si es que hay algo que lo hiciera, su voluntad de hacer algo acerca de estos problemas?

Capacidad para actuar

  • En una escala de 0 a 10, ¿cómo puntuaría usted su habilidad para hacer algo en relación a estos problemas?
  • ¿Qué aspectos de estos problemas se siente usted más capacitado de enfrentar?
  • En una escala de 0 a 10, ¿cómo puntuaría su capacidad de implementar los planes de los que hemos hablado previamente?
  • ¿Qué partes de estos planes se siente usted más capaz de intentar?
  • ¿Qué o quiénes podrían ayudarle a llevar adelante estos planes?
  • ¿Cuánto control o influencia piensa que tiene usted sobre esta situación?
  • Veo que usted tiene realmente ganas de cambiar las cosas, y está deseando hacer casi cualquier cosa para que eso ocurra. ¿Hasta qué punto piensa usted que puede hacer algo que pueda marcar una diferencia?

Confianza

  • En una escala de 0 a 10, donde 10 significa que usted está seguro de que ciertas cosas mejorarán en su familia y 0 indica que usted piensa que las cosas nunca estarán mejor, ¿cómo lo puntuaría? ¿En qué se basa para puntuar así?
  • De 0 a 10 ¿Cuánta confianza tiene en que usted/es, o la persona negligente o maltratadora, pueda/n hacer cosas que hagan que su hijo/a esté más seguro/a? ¿Qué aumentaría su confianza? 
  • Si piensa concretamente en hacer ______. En una escala de 0 a 10 ¿cuánta confianza tiene en que esto mejorará las cosas?

Para finalizar este post, indicar que, para los autores, todas las preguntas que se proponen, relacionadas con cada uno de los elementos para la práctica, no deben ser vistas como prescriptivas o como las preguntas correctas a realizar. Las mejores preguntas y diálogos surgen  cuando los trabajadores ajustan el modelo, su filosofía, sus elementos y sus técnicas a cada familia concreta.

EUGENIO:

Considero esta parte del libro como la parte central, el “meollo de la cuestión”. Después de consideraciones varias y reflexiones más teóricas y abstractas creo que en esta parte, los autores, consiguen aplicar y dar un grado de concreción detallado (que curiosamente –o no tanto- es lo que piden con la utilización de su método/enfoque) de sus postulados y planteamientos, de manera que uno sabe a qué atenerse y cómo poder manejarse en la práctica diaria. Y lo hacen a través de la generación de decenas y decenas de preguntas, herramienta que considero imprescindible e indispensable en la intervención terapéutica.

Me gusta mucho porque uno acaba la lectura del capítulo con la sensación:“me llevo algo útil y práctico, algo que puedo utilizar en mi trabajo”. Siendo consciente de que los milagros no existen y de que sigue siendo difícil generar cambios. Pero al menos, esto es una herramienta más que puedo utilizar y detrás de la cual hay una filosofía que me gusta y que tiene que ver con el respeto e interés genuino por las familias y personas que sufren – e incluso a veces generan-  situaciones vitales terribles.

JAVIER:

Estoy tan de acuerdo con Eugenio que sólo quiero reseñar que cualquiera que haya tenido una conversación con la familia de un o una menor en riesgo o desamparo puede haber constatado que el enfoque que nosotros (los profesionales) adoptemos en la misma nos puede llevar en una dirección o en otra totalmente diferente.

Lo cómodo es pensar “la familia es el problema” Creo que estos 6 principios básicos nos están diciendo, además de darnos herramientas concretas, que “el profesional también puede ser el problema”

eugenioap@cop.es

javier.romeu@gmail.com

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Link del primer post de la serie

Link del segundo post de la serie

BUSCANDO RESPUESTAS A PREGUNTAS DIRECTAS.

Un taxista, después de conocer la profesión de Steve y Andrew, los creadores del Programa “Signs of Safety” y refiriéndose a los casos de maltrato infantil, les pregunta “¿Está ocurriendo más, como dicen los periódicos, o es que simplemente hablamos más de eso ahora? ¿Cómo puede nadie hacer eso a sus propios hijos?” Y para rematar:”No se puede hacer nada por personas como esas, sólo se les puede encerrar, ¿verdad?”. De esta manera tan directa este taxista planteó tres cuestiones fundamentales que los profesionales que trabajan en protección infantil se llevan haciendo los últimos 30 años.

Cuando, en palabras de los autores, se “redescubrió” el fenómeno del abuso infantil, allá por los años 60-70, los profesionales que se dedicaban a esto lo hacían con gran energía, seguros de poder hallar respuestas y con una visión clara de lo que se debía hacer y apoyados por su comunidad.  Sin embargo, treinta años después –en el momento en el que se crea este enfoque- las respuestas ya no estaban tan claras, y los profesionales se hallaban, en muchas ocasiones, atrapados por una sobrecarga de casos y de trabajo burocrático, además de estar hastiados y a la defensiva, siendo el punto de mira de las críticas que se realizaban desde la sociedad.

En 1991, la Comisión Nacional sobre la Infancia en Estados Unidos concluyó que: “si la nación hubiera diseñado deliberadamente un sistema que frustrara a los profesionales que emplea, enfadara a la sociedad que lo financia, y abandonara a los niños que dependen de él, no habría haber hecho un trabajo mejor que el actual sistema de protección infantil”. Es en este contexto en el que surge el enfoque Señales de Seguridad.

2016 International Signs of Safety Gathering

Pero volvamos a las preguntas del taxista: “¿Está ocurriendo más, como dicen los periódicos, o es que simplemente hablamos más de eso ahora?” Los autores sostienen que una cosa no parece cuestionable, y es que los profesionales se enfrentan cada vez más a un incremento en la carga de trabajo. Si esto se debe a un incremento del fenómeno del maltrato, es algo que ya no está tan claro. Pero sí parece que ese incremento se puede deber a que hay una mayor atención a este fenómeno a lo largo de todo el mundo. Como ejemplo, exponen que, lo que empezó en los años 60, poniéndose el foco en el fenómeno de los bebés que eran maltratados físicamente, ha evolucionado y se ha ido ampliando llegando a definir hasta cuatro categorías de maltrato: físico, psicológico, abuso sexual y negligencia, que, además, son motivo de legislación penal.

“¿Cómo puede nadie hacer eso a sus propios hijos?”. Los autores indican que la respuesta a esta pregunta ha ido variando, desde los primeros estudios, que planteaban el tema desde una perspectiva médica y localizaban el problema en algún tipo de patología de los padres, hasta planteamientos más complejos, ecológicos, que ven el maltrato como un fenómeno en el que se entremezclan variables individuales, familiares, comunitarias, sociales y culturales.

Además, ha habido, en diferentes momentos, conceptos que han estado más de moda, como por ejemplo, por nombrar dos, “el ciclo del maltrato” (en el que se mantenía –y mantiene- que una persona que había sido maltratada tenía más probabilidad de maltratar), o la “correlación entre pobreza y maltrato”. Y para añadir más controversia al tema, hay autores que han argumentado que el problema del maltrato no es un tema objetivo sino que es un fenómeno construido en la interacción entre los profesionales – que están influenciados por sus creencias y conocimientos- con las familias que son investigadas. Argumentan, que lo que ahora es considerado maltrato, hace 100 años podría haber sido algo rechazable por la sociedad pero no hubiera sido considerado como tal maltrato y, menos, hubiera sido motivo de acción por parte de las autoridades.

Y así pasamos a la tercera pregunta: “¿Qué se puede hacer?”. De nuevo, los intentos por afrontar el problema son tan complejos como los intentos por definirlo. Las respuestas, siempre según los autores, deben operar en diferentes niveles incluyendo la identificación, investigación, tratamiento y cuidado alternativo, por nombrar cuatro de ellos.

original

Dependiendo del marco teórico desde el que se define el maltrato se propone un tipo de intervención acorde con aquél. Así desde el modelo médico-psicológico se responde proporcionando tratamiento especializado a la madre, al progenitor maltratador y/o a la familia para que puedan tratar con la disfunción psicológica o familiar que causa el maltrato.

Sin embargo, en los últimos años ha habido un cambio de este modelo hacia un modelo más socio-legal en el que se pone una mayor atención en los protocolos para valorar el riesgo. Añadido a esto, siempre ha habido controversia respecto de los casos más serios de maltrato en los que se ha argumentado que algunas familias son intratables, incurables y peligrosas y, por tanto, no se podía establecer una relación de colaboración con ellas y había que colocar a los niños en otro lugar lejos de su casa.

Con toda esta complejidad surge la gran pregunta: “¿Colaboración o Paternalismo?”, y que es la que lleva a los autores a plantearse la creación del enfoque SOS. Steve, que ya llevaba trabajando 16 años en la protección de menores, se da cuenta de que existe una gran brecha entre los planteamientos teóricos y la práctica diaria, y además, siente que los primeros no le ayudan mucho en su labor. Además, se ven influenciados por la tradición de la terapia breve, una de cuyas máximas es: “Si lo que estás haciendo no funciona, no sigas haciéndolo, haz algo distinto”. Piensan que la lógica paternalista deja de lado a las familias y hace que el profesional asuma toda la responsabilidad de la intervención, y esto no está funcionando.

Así que, para ellos, hacer algo diferente significa rellenar el hueco que existe entre, por un lado, la teoría y la práctica, y por otro, entre los profesionales y los usuarios. Esto no significa que se opongan al conocimiento profesional y a su experiencia, lo que proponen es utilizar ese conocimiento profesional y además, utilizar, el conocimiento de la familia de su propia situación. Eso requiere que el profesional deje a un lado su rol de experto (aunque lo utilice) y se acerque a las familias con una actitud de respeto y de colaboración.

En los años 90 se realizaron estudios que buscaban la opinión de los usuarios de los Servicios Sociales. Los resultados de estos estudios no eran agradables de leer para los profesionales ya que los usuarios calificaban su experiencia como chocante y generadora de miedo, furia, humillación y resentimiento hacia la intervención que habían sufrido. El énfasis excesivo en los aspectos negativos y disfuncionales de la familia contribuía a que éstas se pusieran a la defensiva además de crearles una sensación de incapacidad e inhabilidad. En cambio, los usuarios reconocían que se podían fiar de los trabajadores que transmitían compasión, compromiso, preocupación, respeto… Una relación positiva era más probable que ocurriera si los progenitores entendían que el objetivo del trabajador era conseguir la seguridad de los niños JUNTO con la ayuda de los padres y no CONTRA los padres.

Esto lleva a los autores a plantearse más preguntas como “¿qué significa “colaborar?” y no sólo eso sino también “¿cómo se puede implementar esa colaboración de manera segura?”, ya que un fallo en la protección de los niños como resultado de un mayor riesgo en nombre de una mayor colaboración, sería castigado por la sociedad.

También a principios de los años 90, Reino Unido, Nueva Zelanda y EEUU aprueban leyes que ubican el principio de la participación de la familia en la toma de decisiones como un elemento central de la intervención. Y además, algunas de ellas, por ejemplo Nueva Zelanda, ofrecen un modelo de trabajo concreto llamado Conferencias de Grupos Familiares (Family Group Conferences). En este caso, si existe una investigación acerca de la seguridad de un niño se debe convocar una conferencia familiar en la que la familia extensa y otras personas significativas deben reunirse para hablar junto con los profesionales de la situación del niño/a y elaborar un plan de actuación.

También en EEUU, diversos profesionales, como Insoo Kim Berg, desarrollaron modelos de intervención en los que la cooperación entre familias y profesionales era una noción fundamental. Además, en algunos estados se desarrollaron otros modelos de colaboración entre familia y profesionales como los “Community partnerships for protecting children” de Farrow.

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Pero Steve y Andrew se dan cuenta de que no sólo los usuarios buscan una mayor colaboración con los profesionales. Éstos, si tienen la oportunidad, también la quieren. En los talleres que les imparten, cuando les preguntan cuál sería su trabajador ideal y cuáles serían sus cualidades, de manera consistente las respuestas describen a un trabajador que sea capaz de escuchar y construir una relación con la gente con la que trabaja, que además pueda y sea capaz de ejercer su autoridad con honestidad y claridad. En palabras de una trabajadora “que trate a cada niño como si fuera propio”.

Así, las premisas para unas buenas prácticas (propuestas por los trabajadores) y en las que se basa el modelo Señales de Seguridad son:

– Se mostrará respeto y confianza a la familia, y se utilizará su punto de vista siempre que sea posible.

– La cooperación entre trabajadores y familia se debe desarrollar desde el principio.

– Se pondrá especial énfasis en la construcción de fortalezas de la familia.

JAVIER:
La lectura de la síntesis de esta parte del libro de “Signs of Safety” me provoca una cierta desazón. ¿Cómo es posible que muchos de los problemas detectados por Turnell y Edwards me resulten tan familiares? Pero lo que es peor: Si SOS es un intento de solucionar dichos problemas ¿dónde están nuestros intentos? A mis 55 años mi jubilación ya se vislumbra en el horizonte y no soy nada optimista al respecto de que deje de trabajar en un sistema de protección muy diferente al que llegué con 22. Sigo percibiendo las mismas incoherencias que entonces y pienso que hay cosas que sólo se mantienen por costumbre.

Podría comentar algunas de ellas pero no es el momento. Me limitaré a apoyar la idea de “SOS” de buscar fórmulas constructivas de cooperación con los padres. Y lo hago a pesar de trabajar yo desde una posición y en un recurso donde el porcentaje de menores que regresan con sus padres es mínimo.

Sea posible o no, buscar la cooperación con su familia es simplemente una obligación moral que tenemos de cara a los propios menores aunque sólo sea porque la medida de protección sólo tiene vigor mientras lo sean. Excepto en los casos de adopción, que son los mínimos, los padres seguirán siendo sus padres y por ello tendríamos que procurar, siempre que sea posible, situarnos en una posición de cooperación tal como el programa SOS propone y en el que, como más adelante veremos, se combina el apoyo a la familia con la asunción de la responsabilidad para asegurar la seguridad del menor.

Algo tan complicado como la vida misma. Pero proteger a un niño a base de simplificar la vida (te lo quito o no, te lo cuido o no, etc.) no me parece “el interés superior del menor”.

EUGENIO:
A mí, aunque llevo bastantes menos años trabajando,también me produce la misma desazón que a ti esta parte del libro que, de alguna manera, es un diagnóstico de los sistemas de protección a nivel internacional. ¿Cómo es posible que durante casi 50 años ya, no hayamos sido capaces de implementar un sistema que proteja realmente a nuestros niños? Me parece demoledora la conclusión de la comisión nacional sobre la infancia en EEUU que en los años 90 ya decía que si hubiéramos tenido el propósito deliberado de hacer un sistema menos protector para nuestros niños no lo habríamos hecho peor que el actual sistema. Brutal.

Me gusta ser utópico, y creo, como los autores, que para acabar con el maltrato infantil en todos los estamentos y niveles se necesita de una transformación radical de nuestra injusta, desigual, irracional, competitiva y alienante sociedad en una más justa, igualitaria, cooperativa y realmente democrática. Pero hasta que consigamos esto, nos tenemos que enfrentar día a día con las horribles situaciones que viven nuestros niños, y tenemos que hacer algo.

Creo que demonizar a las familias no es el camino adecuado. Pienso que debemos desarrollar algún grado de cooperación con ellas e intentar ayudarles a transformar algo de su realidad ya que, al final del camino de la ¿protección?  institucional, una parte importante de nuestros niños vuelven con ellas. Y, si su realidad sigue siendo la misma que cuando fueron acogidos por el sistema, significará volver a un contexto de maltrato aunque eso sea con unos cuantos años más. Y el trabajo realizado no tendrá tanto sentido.

javier.romeu@gmail.com

eugenioap@cop.es

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En casi todo el mundo anglosajón, y también en Japón, Holanda y algunos países escandinavos, se está implantando y extendiendo cada vez más un programa o metodología social para la protección de menores en situación de riesgo creado por Andrew Turnell y Steve Edwards en Australia durante la década de los 90. Se llama “Signs of Safety” y en el logo de su web aparece un subtitulo muy significativo: “Simplificando la complejidad de la Protección de Menores”.


Como ya explicaremos el programa surgió de llevar al campo rígido y estructurado de la acción social prácticas o estrategias desarrolladas en el campo de la terapia breve o enfocada a las soluciones en el cual Andrew Turnell se había formado tras diplomarse en Trabajo Social.
Sin embargo, a día de hoy, no aparece en Google ni una sola referencia en castellano al mismo, excepto quizá una referencia en este mismo blog en la que ofrecía (y ofrecemos) unas traducciones personales de un artículo de Turnell y una síntesis de “Signs of Safety”)

Andrew Turnell

Steve Edwards

Así que Eugenio Ardid y yo hemos decidido colaborar para dar a conocer lo más importante del mismo en una serie de post que publicaremos a lo largo de los próximos meses. Para ello nos basaremos en el libro “Signs of Safety. A Solution and Safety Oriented Approach to Child Protection Casework” (Norton, 1990) publicado por los autores del programa y que Eugenio ha traducido durante este verano.


En cada una de las entradas aportaremos unas notas informativas o apuntes sobre cada una de las partes o aspectos del programa para luego pasar a comentarlas.
Hemos optado por que los comentarios sean particulares, y no fruto de un análisis conjunto. Por una parte, para que sea más ágil y enriquecedor, y por otra, para que sea la invitación a que otras personas interesadas en el tema podáis continuar el análisis en los comentarios del post.
De hecho vamos a empezar ahora mismo a hacerlo para contextualizar nuestra posición ante este interesante abordaje de la acción social con menores.

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JAVIER: He trabajado en distintos puestos en el Sistema de Protección de Menores y en la actualidad, y desde hace ya varios años, en un Centro de Recepción de Menores. Por tanto la mayor parte de mi trabajo es con niños y niñas que son separados de su familia por la Administración. Quizá algunos regresen a la misma pero en todo caso no somos nosotros quien llevamos el peso de la intervención familiar para ello.
Muchas veces observo como la medida de separación de su familia es, en no pocos casos, una medida desproporcionada a los déficits o problemas de su familia. Protege al niño o niña pero le quita también otras muchas cosas que para él o ella eran importantes. De alguna manera una Tutela Automática no sólo refleja la incapacidad de una familia para atender correctamente a su hijo o hijos sino también la de las administraciones para ayudarles a superar o corregir lo que no está bien.
Por otra parte, aunque no me dedico a la Terapia Familiar o la práctica clínica, es un campo que me interesa muchísimo y del que trato de leer y formarme, aunque sólo sea por afición. Me interesa mucho saber hasta que punto técnicas de la terapia estratégica, por ejemplo, pueden usarse en contextos no clínicos.

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EUGENIO: Por mi parte, he trabajado también en distintos puestos dentro del ámbito de la protección de menores. Durante unos años estuve trabajando como educador en un centro de día para menores con actividades extraescolares y en los últimos años he estado trabajando, también como educador, en un centro de acogimiento residencial de menores, con niños y adolescentes de edades comprendidas entre los 7 y los 18 años.
Dependiendo de la gravedad de la situación los menores que son acogidos en la residencia tienen la posibilidad de mantener contacto con sus familias, ya sea a través de visitas en la propia residencia, visitas que los menores realizan a sus familias o, incluso, pasar períodos de fin de semana y vacaciones con ellas. Partiendo de esta situación, el trabajo con las familias se hace no sólo necesario sino indispensable.
Tengo formación en terapia familiar sistémica y, en algunas ocasiones he tenido la oportunidad de trabajar con las familias de algunos de los menores acogidos en la residencia.
Creo, y me incluyo en este grupo, que en el ámbito de los servicios sociales, los profesionales tenemos una gran tendencia a focalizar nuestra atención sobre los aspectos deficitarios de las personas y familias que atendemos. También es cierto que esta tendencia está cambiando en los últimos años, por lo menos desde los planteamientos teóricos, aunque la práctica y los componentes personales y vivenciales de los profesionales, a veces, se encargan de boicotear.
Desde este punto de vista, el enfoque de Señales de Seguridad me parece un aporte interesante que contribuye, ya no sólo desde planteamientos teóricos, sino también prácticos, a una visión más equilibrada de las familias y de las personas que pasan por situaciones vitales complicadas y complejas.

JAVIER: Conocí el programa gracias a Mark Beyebach, doctor en psicología y psicoterapeuta acreditado por la FEATF, profesor en la Universidad Pública de Navarra, que en unas Jornadas de Intervención Familiar en Valencia nos habló de Andrew Turnell. Comencé a rastrearlo en Internet al igual que la metodología de las “Family Conferences” también habituales en países anglosajones. Primero por curiosidad y posteriormente para preparar un curso titulado “Intervención con menores en riesgo: más allá del control”.
Fue entonces cuando me quedé sorprendido de que, a pesar del mundo globalizado en el que vivimos, este programa no sea apenas conocido en el mundo hispanohablante. Y no creo que sea cuestión del idioma pues en otras disciplinas, por ejemplo en la misma psicología, los nuevos abordajes se transmiten sin problemas de un país a otro o de una universidad a otra, etc. La única explicación que se me ocurre es que la acción social está muy vinculada a aspectos legales y administrativos y que por ello los cambios son casi heroicos.

EUGENIO: Yo he conocido este enfoque, y de hecho estoy en ese proceso de conocer y profundizar en él, a través de mi buen amigo Javier, que hace año y medio o dos años, me envió un artículo traducido por él, de Andrew Turnell, en el que éste hacía un resúmen del enfoque y planteaba un ejemplo de un caso.
Lo cierto es que el artículo me llamó la atención y me gustó mucho, recuerdo, primero porque trataba de concebir a las familias no como meros receptores de la intervención de los profesionales sino como parte activa y como sujetos a tener en cuenta a la hora de intervenir, y además porque, desde hacía algún tiempo, yo venía estudiando y queriendo profundizar en este otro gran tema que es la resiliencia; el artículo me parecía que estaba en sintonía con esa idea de buscar las fortalezas y los recursos que las familias poseen para poder salir de sus situaciones problemáticas.

JAVIER Y EUGENIO: A partir de ahora, en éste y en cada uno de los siguientes post, es el turno de comentar lo que queráis acerca de este abordaje. Os agradeceremos cualquier aportación sobre lo que os interese o si tenéis alguna referencia directa o indirecta del mismo con la que enriquecer esta serie de post. Muchas gracias de antemano.

javier.romeu@gmail.com

eugenioap@cop.es

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Hola. Me llamo Julian y tengo 12 años.

Siempre me han gustado los perros. He tenido varios y se me da bien cuidarlos y entrenarlos. Los recojo de la calle y si mi madre me deja me lo quedo. No hace falta tener dinero para tener un perro. Por desgracia hay muchos perros que no quiere nadie.

Me cuenta Javier que últimamente se están haciendo muchas cosas para que la gente adopte perros abandonados. Dice que el otro día en El Hormiguero, el programa de tele, pusieron un video de como unos tios lanzaban a un perro por encima de la valla de más de tres metros de una protectora y que luego llevaron a ese perro para que alguien lo acoja. Espero que haya sido así. Yo lo haría.

Y me dice que este fin de semana en la plaza del ayuntamiento había varios puestos de protectoras de perros y que en los telediarios han hecho varias referencias a  manifestaciones en contra de la caza con perros, especialmente con galgos.

Me alegro mucho de que la gente sepa que puede cuidar de un perro abandanodo. Cuando yo sea mayor lo haré. Me daba mucha rabia cada vez que llegaba a casa y mi madre había dado al perro que unas semanas antes me había dejado tener.

Mientras tanto me encantaría que la familia que me acogiera o sacara los fines de semana de este Centro de Menores tuviera perro. Javier me ha dicho que va a hacer un informe para ver si hay una familia de acogida para fines de semana y vacaciones. Me ha dicho que es muy dificil encontrar familias dispuestas a sacar a niños o niñas de más de ocho años. Pero que lo vamos a intentar.

(Postecillo: 1. Poste pequeño 2. Dícese también del post de blog escrito como a traición, cuando se debería estar haciendo otra cosa pero no se puede dejar de escribirlo)

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En la vida cotidiana muchas veces nos la complicamos abordando problemas sencillos como si fueran complejos. Pero en la Administración somos especialistas en justo lo contrario: en abordar problemas complejos con estrategias sencillas.

Probablemente no es por falta de lucidez sino por falta de recursos lo que nos lleva a aplicar para todos los casos las únicas herramientas que tenemos. Aquello de que si sólo tengo un martillo acabaré clavando tornillos.

Aparentemente en protección de menores hay casos más claros que otros como por ejemplo aquellos en que presunta o evidentemente hay un maltrato físico.

En el centro donde trabajo tenemos experiencia en recibir a menores que han sido golpeados o golpeadas por su padre, madre o ambos sin que necesariamente haya otros indicadores de desprotección.

Un problema aparentemente sencillo para el que la mayoría de la gente no dudará en defender una medida de protección rápida, contundente y de separación respecto de la persona agresora. Como es algo intolerable no se puede tolerar, valga la redundancia, se corta por lo sano y solucionado el problema.

Desde este punto de vista tenemos en España dos herramientas legales que nos facilitan dicha solución. En el ámbito civil, la tutela automática adoptada por la entidad pública competente en la materia (en la actualidad las comunidades autónomas) y en el ámbito penal la orden judicial de alejamiento o comunicación.

Sin embargo voy a compartir algunos casos actuales o pasados que me hacen pensar que quizá estemos usando martillos para clavar tornillos o destornilladores para clavar clavos.

(Los nombres, edades y sexos no corresponden necesariamente con la realidad)

JORGE. 12 años.

Manifestó en su día ante la policía que su madre le pegaba habitualmente y que, como llegaba tarde, era probable que lo hiciera otra vez por lo que no quería volver a casa. La madre compareció ante la justicia pero no se le impuso ninguna medida provisional. Jorge quedó  en el centro puesto que en un principio mantuvo que no quería volver.

La madre, que expresó los problemas continuos de comportamiento de su hijo, no quiso hacerse cargo de él de nuevo, ni llamarlo o visitarlo.Tras unos días tuvo que ser tutelado pues por lo anterior no tenía con quien vivir a pesar de que él empezó a echar de menos estar en su casa.
En la actualidad , dos meses después, su madre sólo le ha visitado una vez y sólo ha hablado con él si este le ha llamado. Le sigue reprochando la denuncia y su comportamiento.

Jorge se está haciendo a la idea de tener que vivir en un centro hasta los 18 años.

AGUSTIN. 11 años.

Los padres llaman a la policía porque el niño pierde los nervios, una vez más, cuando le frustran un deseo. La policía, como en otras ocasiones anteriores pues no es la primera vez que ocurre, se va cuando la tensión desaparece y los padres deciden acudir a urgencias para que reciba tratamiento farmacológico y en la exploración del menor se aprecia un mordisco en el brazo y señales en el cuello. Los padres reconocen haber forcejeado con él y el menor reconoce haber perdido el control, haber destrozado el teléfono de la casa y haberle lanzado objetos a sus padres.

La jueza aprecia una situación de desamparo y a.los pocos días, en juicio rápido y habiendo oído al menor, que sigue reconociendo su conducta desproporcionada, sentencia con una pequeña indemnización al menor, unos días de servicios en beneficio a la comunidad pero mantiene una orden de alejamiento y comunicación  con su hijo por 6 meses.

El menor quiere volver y los padres desean recuperar a su hijo a pesar de sentirse desbordados por su comportamiento que además solo ocurre con ellos y no en otros ámbitos convivenciales.

Agustín está ya tutelado por la administración pero no se puede iniciar una intervención familiar hasta que no se consiga que el juzgado encargado de la ejecución de la sentencia autorice la comunicación y contactos puntuales entre padres e hijo. Es posible que pasen semanas antes de ello si es que se consigue.

ROSA MARIA. 12 años.

Las señales de los golpes de su padre son evidentes. Aunque ella expresa una realidad familiar satisfactoria con su madre, su hermana y ningún otro problema con su padre excepto cuando éste recurre al cinturón para castigarle.

Dice que su madre recrimina a su padre cuando hace esto y ella reconoce ser muy caprichosa y conseguir de sus padres casi todo lo que quiere. El juzgado impone al padre una orden de alejamiento. Se trabaja en la hipótesis de un cese de tutela con garantías de seguridad suficiente para la menor. Ha tenido que pasar las fiestas navideñas en casa de unos familiares y ha tenido que cambiar de colegio al seguir en el centro.

Estos casos y otros parecidos me llevan a pensar que estamos muy lejos en este país de otros sistemas y programas que existen en el mundo para garantizar la seguridad física de un menor sin tener que separarlo de la familia con la que él o ella quieren estar a pesar de ser golpeados en alguna ocasión.

Deberíamos ser capaces de colocar un escudo para parar los golpes sin que por ello el chaval o chavala tenga que perder también lo mucho o poco de bueno que si puedan recibir en su entorno familiar.

Pero sinceramente no vislumbro la forma en que las interferencias entre la protección de menores y la justicia dejen de despegar a los niños que son pegados provocando en algunos casos (no siempre) más daño que los.propios golpes. La demanda de muchos de estos niños y niñas es “ayudadme a que mi padre o mi madre no me pegue” Que no es lo mismo que “no quiero vivir con mi padre o mi madre”. Como diría Alejandro Sanz: No es lo mismo.

Puede parecer un post escrito con el cerebro pero lo he escrito con las tripas. Me gustaría reunir a un buen montón de jueces y decirles que castiguen el delito pero sin golpear más a la víctima. En el salón de al lado a un montón de políticos para decirles:”por favor pongan el dinero en los temas verdaderamente importantes” Y en uno más allá, a un montón de interventores sociales como yo para decirles: “¡Comámonos un poco más la cabeza y mojémonos un poquito más”

Y no lo digo porque yo esté en la verdad ni lo haga bien. Todo lo contrario. Porque sé que no es un tema sencillo y porque tengo dudas de si lo he hecho como debía es por lo que comparto este dolor.

Gracias a Dios después de redactar el primer borrador he podido disfrutar de la conferencia que Iñigo Martínez de Manjodana dio en unas jornadas en Canarias recientemente y que es para mí un paradigma de lo que debe ser el planteamiento para trabajar la resiliencia familiar desde o para la resiliencia. Con su permiso os dejo el vídeo.

 

 

 

 

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He tenido el privilegio de compartir (primero en Bilbao y luego en Valencia) casi 20 horas de formación con más de 50 profesionales de los Centros y Programas de menores de la “Fundación Amigó”.

Además de lo cómodo que me he sentido con ellos y ellas he disfrutado de comprobar como no es muy complicado imaginar estrategias para introducir, en un determinado contexto socioeducativo como es un centro de protección de menores, elementos o actividades que ayuden a favorecer situaciones y recursos que, a su vez, pueden  facilitar la resiliencia.

Así, en el ejercicio principal que les propuse, 12 grupos de 4 ó 5 personas han sido capaces de, en apenas media hora, encontrar una forma de introducir en sus centros formas de trabajar el sentido del humor, el pedir (sin exigir) y dar ayuda, la creatividad, la introspección sobre la propia historia, etc.

A veces recurriendo a fórmulas más complejas, como la implantación de un taller (de teatro, por ejemplo) con un proyecto claro (representar una historia co-construida a partir de sus experiencias), a veces introduciendo simples elementos concretos (un tablón en la pared  o poniendo a disposición de los y las menores material para “re-crearse” – mediante la expresión plástica). Otras simplemente “haciendo cosas” con ellos (ayudarles a construir monólogos en una especie de “Club Amigoniano de la Comedia” o instaurar “la anécdota del mes”…) Y otras implicando a los y las menores en determinados procesos (como por ejemplo la recepción de un o nueva persona)

Es cierto que una “idea chula” no tiene porque ser eficaz. Habrá que ponerla en práctica y valorarla. Pero la idea no era encontrar ideas originales sino reflexionar, no tanto sobre las estrategias concretas, sino sobre algunos puntos que me atrevo a sintetizar:

  • Cada centro, en este caso de menores pero también de ancianos, de discapacitados, etc, es un contexto vivencial concreto.
  • Las personas podemos tener un comportamiento u otro en función del contexto. No somos los mismos exactamente igual en todos nuestros contextos.
  • Hay contextos que nos matan y otros que nos curan.
  • Igual que existen contextos más saludables que otros existen contextos más favorecedores de la resiliencia que otros.
  • Se pueden revisar las características particulares de un contexto donde quizá haya elementos que se mantienen simplemente por la rutina, la comodidad o la costumbre.
  • A veces en los centros se hacen cosas que funcionan pero que no se implantan como costumbre o hábito precisamente por lo anterior o porque depeden de la iniciativa de una persona concreta que no siempre está. Aquello que funciona debe anclarse en la dinámica del centro. Lo que hemos visto que ayuda a nuestros niños o niñas en nuestro centro concreto no debe ser borrado por las rutinas sino, al reves, insertado en las mismas.
  • Por ello es importante que el Proyecto Educativo de Centro no sea un documento que se diseño un día y que está encerrado en un cajón o carpeta sólo para “cubrir el expediente”

Pero también hemos tratado un poco el tema de los tutores de resiliencia.

Y puesto que no podemos autoconstituirnos en tutor de resiliencia de nadie ¿podemos hacer algo con ellos?

Creo que sí.

En primer lugar podemos estar atentos a los potenciales tutores de resiliencia de nuestros y nuestras menores. Ponernos gafas “ultra-desgracia” y ver dónde y a quién miran ellos y ellas cuando se sienten desamparados.

Y en segundo lugar preguntarnos ¿cuando el chaval o la chavala me ve a mí, ve reflejada las condiciones para le resiliencia?

Siempre se ha dicho que en educación el ejemplo es esencial. Por tanto para “educar resiliencia” se necesitará personas…. no, no voy a caer en error de decir “personas resilientes”… flexibles. ¿Podemos pedirle que vea las cosas, su vida, sus posibilidades… de otra manera cuando nosotros nos mostramos rígidos, inflexibles, egoístas, intrascendentes, mecánicos o rutinarios…?

Por eso se me ocurrió que si el mejor recurso educativo somos nosotros mismos o mismas ¿no deberíamos hacernos periódicamente una revisión técnica? Cualquier coche pasa cada tiempo y obligatoriamente una Inspección Técnica de Vehículos. Cualquier instalación de gas tiene que ser revisada. Tenemos que renovar el carnet de conducir cada cierto tiempo. Y los que tenemos el encargo de proteger y educar a menores en situación de riesgo ¿no nos revisamos nunca?

Es muy posible que, de partida, tengamos actitudes y comportamientos que le muestren a nuestros educandos una cierta flexibilidad psicológica necesaria para la resiliencia. Pero también es muy probable que el estrés, el cansancio, la falta de recursos nos afecten y nos vayamos quedando “tiesos como la mojama”. Por tanto el chaval y chaval nos irá percibiendo cada vez más serios, más crispado, más bordes, con menos interés en él o en ella.

Por tanto si éramos buenos espejos de los recursos internos para la resiliencia pasaremos a ser como espejos llenos de polvo en los cuales ya no se refleja nada. Y las gafas “ultra-desgracia” se nos irán llenando también de polvo.

Y pensé que si Stefan Vanistendael nos ofreció un cuestionario para limpiar esas gafas y descubrir posibles tutores de resiliencia de nuestros niños y niñas ¿por que no un cuestionario similar para autoaplicarnoslo? Sería como una especie de Inspección Técnica de Educadores/as.

Puede parecer el “examen de conciencia” de la confesión católica.  ¿Por qué no? En todo caso sería un “examen de resiliencia”. Pero también los pilotos de avión y los cirujanos usan “cheklist” de comprobación y todos se lo agradecemos.

¿Que pasaría si me propusiera autoaplicarmelo una vez al mes? ¿O cada quince días? ¿O una vez a la semana? ¿Me ayudaría a darme cuenta en que aspectos me estoy cubriendo de polvo y así pasarme un paño y empezar de nuevo?

Yo creo que sí. No se trata de un cuestionario para agrandar o achicar nuestro orgullo. Sólo pretende tomar conciencia de en qué aspectos no estamos reflejando resiliencia (o los recursos internos para ella). Cuánto peor salga el resultado más oportunidad para mirar adelante y volver a empezar.

Que de eso se trata la resiliencia ¿no?

Pero si alguien se atreve a probarlo. Aquí lo tiene. Ya me diréis.

LIMPIANDO(NOS) LOS CRISTALES – F. Javier Romeu

Fecha:

Última revisión:

 

En este último periodo, con los niños, niñas o jóvenes con los que trabajo…

  • ¿He mostrado interés especial por alguno de ellos o ellas y se lo he hecho saber? ¿Por quién?
  • Si alguno o alguna ha compartido conmigo una preocupación ¿le he escuchado o me lo he quitado de encima?
  • ¿He contribuido a o conseguido que alguno o alguna de ellos o ellas haya tenido una experiencia nueva por sencilla que sea? ¿Le/les ha gustado?
  • ¿Les he contado alguna historia o les he puesto el ejemplo de alguien que haya salido adelante positivamente a pesar de sus limitaciones o dificultades? ¿Les he contado alguna experiencia personal?
  • ¿Le he ofrecido a alguno o alguna un reto a su alcance?
  • ¿Le he pedido ayuda a algún compañero/a o incluso a algún niño, niña o jóven ¿a quién? ¿He sido agradecido?
  • ¿Le he pedido por favor a alguno o alguna de los o las niños, niñas o jóvenes que ayude a otro u otra?
  • ¿He usado en alguna ocasión el sentido del humor (sano) para rebajar algún momento de tensión? ¿O para sobrellevar momentos complicados?
  • ¿Ha habido momentos divertidos en este periodo? ¿Cuándo? ¿Con quién?
  • ¿He ayudado a alguno o alguna a reflexionar sobre su conducta o la de otros?
  • ¿He favorecido que pudieran dedicar un rato a crear algo (dibujar, escribir, construir…)?
  • ¿He favorecido que alguno/a tuviera tiempo para ejercitar una de sus habilidades especiales?
  • ¿He compartido, sin imponer, mis creencias (religiosas o laicas) o mis valores con alguno o alguna de mis educandos?

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