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Archive for the ‘Acogimiento familiar de menores y adopción’ Category

Espero poder presentar pronto Disparefuturo 2.0.Pero antes debo darle la puntilla a la versión actual.

Soy un afortunado que acabó trabajando como funcionario en algo que deseaba y para lo que no me esforcé ni un pimiento. Así empecé a trabajar en esto de la Protección de Menores y pronto descubrí que era muy complicado y que cuanta más experiencia acumulabas menos claro lo tenías todo.

Luego se nos ocurrió en casa hacernos familia de acogida. Por pura inconsciencia. Sin saber lo que hoy sé: que eso no significa acoger a un niño o niña sino todo lo contrario. Que la realidad de ese niño o niña y todo el sistema de protección es el que acoge a tu familia, perdiendo parte del control que tu creías tener sobre la misma (yo le llamo Encogimiento familiar”)

Así que cree Diseñando Pasados Recordando Futuros pera “resiliar”: resistir y rehacerme de trabajar y vivir en un tema tan especial. Podría pasarme el día discutiendo con compañeros y compañeras (es a lo que dedicamos el 80% de nuestro tiempo los técnicos de menores). Podría desesperarme de decisiones que no entendía. Podría cargarme de un saco de fracasos de los que no sabría excusarme. Y por supuesto podría cansarme de hacer propuestas en el vacio. Pero nadie me podría impedir pensar y comunicarme. Eso es lo que me aportó durante varios años este blog.

Es curioso que muchas veces la resiliencia requiere romper el silencio (muchos textos de Boris Cyrulnik hablan del segundo golpe que produce un contexto que te encierra en el silencio) Pero, sin embargo, otras veces la resiliencia pide el silencio (Me acuerdo de Louis Zamperini a quien las conferencias sobre su experiencia militar heróica llevó al alcoholismo) Así que hace unos meses cerré el blog por resiliencia y me limité a cumplir unos compromisos con Milly  y Olga.

Pero el último post había sido “Acogimiento familiar: Cuestión de p_lot_s” en el que hacía una metáfora entre el sistema que regula la aviación civil y el acogimiento familiar de menores. Yo sabía que era el primer post de una serie en el que iba a intentar demostrar mi hipótesis de que las familias no acogen a los menores sino que ellas son acogidas en un sistema muy complicado y muy difícil de entender y aceptar en muchas ocasiones.

Pero no fue hasta unas semanas después cuando un comentario de Marta Llauradó del blog  urgènciaidiagnòstic pensar i repensar els acolliments familiars d´urgecia i diagnòstic me hizó pensar que la metáfora se iba a interpretar mal. Lo publiqué, le contesté y en privado le pedí permiso para usarlo en un post.

Este fue su comentario, que no dejo de agradecer (me he permitido traducir al catellano un fragmento que ella escribió en catalán):

Hola Javier.
Soy Marta del blog urgenciaidiagnostic.
Este post lo leí en su momento cuando lo publicaste y tengo que decir que, aunque tus aportaciones me parecen, en general, interesantisimas, en este caso tu texto me resultó inquietante por su excesivo mecanicismo. Quise hacer un comentario, pero me reprimí al leer el post en el que te dabas temporalmente de baja.

Días después tuve la oportunidad de escuchar una conferencia de Alberto Rodríguez González (Programa de Apoyo al Acogimiento Familiar en el País Vasco) en la que manifestaba lo siguiente:

  • Hay tantos modelos de intervención en Acogimiento Familiar como Comunidades Autónomas y tantas maneras de pensar el Acogimiento Familiar como profesionales que intervienen. No puede ser. No existe una cultura compartida del Acogimiento Familiar.
  • Un número excesivo de profesionales hacen el seguimiento administrativo y un número reducido y de escasa experiencia que hacen la intervención directa- Ausencia de dirección. Numerosos conflictos personales entre los profesionales por invasión de competencias. Necesidad de reducción, simplificación y unificación.

(INTERVENCIÖN DE ALBERTO RODRIGUEZ PARA ADAFA)

Mi experiencia como acogedora estaría más de acuerdo con lo expuesto por Alberto, que con el contenido de tu post. Dentro de este, el párrafo dedicado a los acogimientos de urgencia y diagnóstico es el que me resultó más inquietante: ” el niño o niña no se quedará en casa pase lo que pase”. Mi experiencia es que, por demora de las actuaciones de ese avión burocrático tan grande al niño le pasan cosas tales como que se encuentre esperando la decisión de pasar a acogimiento pre-adoptivo por parte de la compañía aérea tanto tiempo que acaba por apegarse a su familia de acogida. Y lo hace con tal intensidad que cuando llega el sí o sí, el niño no vuela sino que se estrella emocionalmente. Que te puedan reparar, o que tengas capacidad de resiliencia no justifica que te agredan.

No pretendo que publiques este comentario. Sólo que no tengo otra forma de “discutir” contigo. Un saludo afectuoso.

Me apresuré a contestarle:

Hola Marta. Me temo que no vamos a discutir.. jaja.. porque aunque no te lo creas ¡estoy de cuerdo contigo! Pero si me das permiso te lo explicaré en un nuevo post. Gracias por esta interesantísima aportación.

Y algo más de un mes después aquí estoy. Dándome cuenta de que no podía abrir Disparefuturo 2.0. (en el que no habrá protección de menores o no de la misma forma) sin aclarar lo siguiente (lo hago en puntos concretos para no alargarme)

1.- Las metáforas sirven para ayudarnos a entender otra realidad. Por tanto deben reflejar LO QUE ES. Está metáfora, sin embargo, refleja LO QUE NO ES PERO QUIZÁ DEBERÍA SER. Más que una metáfora es una utopía.

Es por esto que puede ser fácilmente malinterpretada. Y es que nació precisamente para contestar una pregunta muy concreta “¿Cuál es el papel de las familias de acogida en este puto maremagnum? (perdón por el taco) Y pretendía transmitir algo así como: “concentrate en pilotar” o te vas a volver mico. Haz bien lo que te toca, no hagas lo que no te toca, y no dejes que otros (profesionales, vecinos, familiares, profesores…) te mareen. Que lo van a hacer.Y si estás pensando en entrar a jugar a este juego, que sepas lo que hay.

2.- Otro peligro de esta metáfora es el de dónde sitúa a la familia de el o la menor. Colocarla como una simple condición atmosférica más es sencillamente desafortunado, injusto y peligroso. Plantear un acogimiento como un vuelo “sobre” o “a pesar” de la familia del menor es un malísimo comienzo, porque para eso ya hay otras medidas e protección como el acogimiento preadoptivo (ahora guarda con finalidad adoptiva) o la misma adopción.

3.- En el sistema de la aviación civil lo que se transmite entre la personas implicadas es fundamentalmente INFORMACIÓN. Cuando al comandante de un avión la torre de control le asigna pista para aterrizar contesta algo así como “Entendido” “Recibido” y no contesta “Gracias, majos”. Y el controlador aereo no piensa: “el gilipollas este ni me lo agradece”.

En el sistema de protección, y especialmente en el de acogimiento, lo que circula por el sistema son fundamentalmente EMOCIONES Y SENTIMIENTOS que a veces llevan un poquito de información (la idea no es mía sino sacada de la frase de Cyrulnik: “las palabras son trozos de emoción que a veces llevan algo de información”)

Cuando un técnico de menores coge una llamada de un o una acogedora que le dice “Hola, soy tal, por fin me hago contigo…” el cerebro superior del primero ya ha pensado “pues yo no me estaba tocando los…” y a su vez su amigdala le grita “¡Alerta, alerta!…a ver que marrón me cuenta este…” (el otro día una familia me llamó para decirme que ya había solucionado una cosa pero yo ya tenía el susto en el cuerpo)

Y si en una visita de un o una técnico la familia acogedora le cuenta  algo que les está haciendo sufrir, y este o esta empiza “Vosotros lo que teneis que hacer es…” el resto de la conversación sobra porque probablemente la familia ya no se va a SENTIR acompañada.Habrá desconectado.

Creo que estos tres puntos son suficientes para aclarar que el post de referencia tenía que haber sido la puerta de entrada para analizar todo lo que NO funciona en el sistema de protección de menores y del acogimeinto familiar. Si alguien lo ha interpretado como una descripción tiene, como Marta, todo el derecho a tirarme tomates.

Espero Marta que ahora sí puedas estar algo más de acuerdo conmigo y que sepas que gran parte de lo que pienso ahora lo aprendí precisamente de Alberto Rodriguez a quien admiro y  cito cada vez que tengo ocasión (os recomiendo el video de Vimeo)

Y, por fin, mato esta versión del blog con una confesión: Lo retiro. El acogimiento familiar no es cuestión de pilotos sino que, por el momento, sí es CUESTIÓN DE PELOTAS Y OVARIOS.

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Hola. Me llamo Julian y tengo 12 años.

Siempre me han gustado los perros. He tenido varios y se me da bien cuidarlos y entrenarlos. Los recojo de la calle y si mi madre me deja me lo quedo. No hace falta tener dinero para tener un perro. Por desgracia hay muchos perros que no quiere nadie.

Me cuenta Javier que últimamente se están haciendo muchas cosas para que la gente adopte perros abandonados. Dice que el otro día en El Hormiguero, el programa de tele, pusieron un video de como unos tios lanzaban a un perro por encima de la valla de más de tres metros de una protectora y que luego llevaron a ese perro para que alguien lo acoja. Espero que haya sido así. Yo lo haría.

Y me dice que este fin de semana en la plaza del ayuntamiento había varios puestos de protectoras de perros y que en los telediarios han hecho varias referencias a  manifestaciones en contra de la caza con perros, especialmente con galgos.

Me alegro mucho de que la gente sepa que puede cuidar de un perro abandanodo. Cuando yo sea mayor lo haré. Me daba mucha rabia cada vez que llegaba a casa y mi madre había dado al perro que unas semanas antes me había dejado tener.

Mientras tanto me encantaría que la familia que me acogiera o sacara los fines de semana de este Centro de Menores tuviera perro. Javier me ha dicho que va a hacer un informe para ver si hay una familia de acogida para fines de semana y vacaciones. Me ha dicho que es muy dificil encontrar familias dispuestas a sacar a niños o niñas de más de ocho años. Pero que lo vamos a intentar.

(Postecillo: 1. Poste pequeño 2. Dícese también del post de blog escrito como a traición, cuando se debería estar haciendo otra cosa pero no se puede dejar de escribirlo)

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Me imagino (porque no la conozco personalmente, aunque creo haber coincidido con ella en más de una ocasión) que Pepa Horno no tenía ninguna necesidad de escribir este libro que acaba de publicar la editorial Desclée de Brouwer (DDB). Pepa es una profesional reconocida a nivel nacional e internacional en el ámbito, entre otros, de la defensa y protección a la infancia. Y, por otra parte, ya tiene un buen número de artículos y libros publicados que le abren las puertas del mundo editorial. Se trata del libro “Elegir la vida. Historias de vida de familias acogedoras”

ELEGIR LA VIDA. Historias de vida de familias acogedoras

Por eso mismo creo que Pepa se merece un aplauso especial. Porque ha aceptado el encargo de escribir un libro acallando su voz experta para darle volumen al de las familias acogedoras que se han brindado a contarle sus historias.

Me puedo imaginar también que Pepa, si leyera este post, diría que en realidad el mérito es de ellas, de las familias. Tendría toda la razón pero como yo formo parte de una de ellas no voy a “tirar flores sobre mi propio tejado”. Lo nuestro no es mérito sino inconsciencia irreversible.

Si podríamos estar plenamente de acuerdo que hay que agradecer a la Fundación Acrescere la idea de este libro. Nada que objetar. La idea de recoger experiencias variadas, reales y realistas de familias acogedoras para, entre otras cosas, servir a familias que están pensando la posibilidad de acoger a menores con medidas de protección, me parece absolutamente acertada puesto que apenas existen publicaciones en este sentido en España (si algo más sobre adopción).

De hecho conocía (y tengo) el libro de María Arauz de Robles “Adivina quién llama a la puerta. La aventura de ser un niño acogido” (Cinco historias reales para comprender el sentido de las familias de acogida) publicado en 2011 por la editorial Sekotia pero que curiosamente no se encuentra ¡ni en la web de la editorial!

Por ello, y teniendo en cuenta que con cierta frecuencia recibo emails de familias acogedoras que han leído alguno de los posts sobre acogimiento en este blog,  es para mi una maravilla tener ahora la posibilidad de recomendar este libro, en una editorial de primera línea y a un precio totalmente atípico y asequible.

Y termino con el deseo de que la joven Fundación Acrescere se consolide en su contribución a la protección de menores en España y en la Cooperación internacional.

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Si una metáfora de las relaciones humanas es un partido de tenis puedo afirmar que Concepción Martínez Vázquez es para mi la Rafa Nadal de lo de darle vueltas al perolo en esto de la protección a la infancia, el apego, la resiliencia… No hay pelota que le lances que no te la devuelva. Y además es buena persona.

Gracias Conchi por volver a este blog ahora que ya tienes el tuyo bien hermoso.

Luego “te comento”.

(Conchi combina su formación y experiencia como terapeuta infantil con su día a día en un Servicio Especializado de Atención a la Familia e Infancia por lo que el post está escrito no desde el Cuartel General sino desde las mismísimas trincheras)

Mi foto

Aquí estoy, después de casi un año sin alojarme en este blog, y vuelvo sintiéndome un poco como en la parábola del Hijo Pródigo, arrepentida de haber tardado tanto, pero también contenta de volver a mis raíces blogueras después de haber aprendido a volar por mi cuenta.

Por ello, a propósito de tu entrada sobre el acogimiento de menores en familia ajena, recojo tu reto de hablar sobre otro tipo de acogimiento, el que se produce dentro de la propia familia del niño o niña.

Tú describías desde tu experiencia como acogedor cómo tener, además de los “naturales”, tres hijos “en almíbar” es algo gratificante, utilizando una metáfora preciosa que transmite el afecto y la capacidad de conservar lo genuino de esta medida de protección. Debe ser harto difícil a nivel relacional, afectivo y convivencial vivir con un niño o una niña al que te une inicialmente solo un interés altruista e ir convirtiéndose poco a poco en el principal referente.

Pero existen diferencias considerables cuando el acogimiento se realiza con la familia extensa, donde no hay premeditación o reflexión previa. No conozco familias acogedoras que vayan a la Administración por sí mismas diciendo: “Quiero acoger a mi nieto… a mi sobrina… o a mi…”. Como mucho después de que ha explotado una situación de crisis o de riesgo. Y ahí no hay premeditación, ni preparación, y en muchos casos, ni ganas.

Por eso yo a algunos de estos acogimientos me atrevería, siguiendo tu metáfora, a llamarlos “pepinillos en vinagre”.

Escribir generalizaciones sobre el acogimiento en familia extensa es difícil. Si cada niño y niña es un mundo… cuando se tienen dos mundos del mismo sistema solar, biológico y consanguíneo, alejados pero unidos… ¡que complicado! Voy a intentar resumir a grandes rasgos algunas circunstancias que yo considero que son las bombas de relojería que pueden hacer peligrar un acogimiento en familia extensa.

 

Acogimiento = Compromiso

Todo acogimiento en familia extensa lleva implícito un compromiso afectivo, por aquello de que el niño o niña “es sangre de mi sangre” y es, como se suele decir, “tira mucho”. Es evidente que si preguntas a una tía o a una abuela si siente afecto por su sobrina o por su nieto va a decir que claro que le quiere, aunque no le vea con frecuencia. Hay como una disposición natural a querer a quien comparte contigo una identidad familiar.

Pero por otro lado está el compromiso social. Cuando se da una situación de desprotección infantil se moviliza todo para buscar una alternativa a los padres, y los Servicios Sociales contactan con los familiares del niño o niña. Si te dicen que tu sobrino o nieto no puede seguir con sus padres, que hay que tomar una medida de protección, se dispara cual fusil el compromiso social, ese que te hace sentirte en el punto de mira porque esperan que tú seas la solución.  La familia. por el simple hecho de serlo, asume ante la sociedad la responsabilidad de dar una respuesta (“¿Cómo vamos a dejar que vaya a un centro?”). Y sentir esto es lícito y normal.

Pero cuando hay desequilibrios en la balanza entre compromiso afectivo y compromiso social, teniendo éste más peso, el acogimiento está en peligro. Eso de “según pase el tiempo y nos conozcamos más, irá mejor” es sólo para las relaciones de pareja amorosas, pero en un acogimiento en familia extensa, o hay un afecto y aceptación incondicional desde incluso antes de ejecutarse la medida o no funciona.

El niño o la niña vienen cargados de sentimientos contrarios (sé que estoy mal con mis padres pero quiero estar con ellos, me quieren pero permiten que me lleven a otro sitio), con las funciones ejecutivas y las habilidades de relación tocadas, y mienten, se portan mal, no estudian…. O se tiene mucha paciencia y afecto y además se sabe qué es lo que supone acoger, o es difícil soportar las presiones del colegio o instituto, las críticas de los familiares e incluso de los propios padres que han perdido la custodia, el sentimiento de impotencia para educar a quien es difícil enseñar con los mismos parámetros que se usaron con los hijos biológicos. El mero hecho de ser familia no conlleva poder o saber llevar adelante un acogimiento.

 

De ovejas negras… corderitos negros

Un acogimiento supone que los padres no son capaces de satisfacer las necesidades de una niña o niño. Y si eso es así es porque no existe, temporal o indefinidamente, una competencia parental o marental. Y detrás de eso, en muchas ocasiones, hay problemas de consumo, conductas de riesgo, delincuencia, etc… Es decir, lo que viene a ser una “oveja negra” en la familia. Más difícil aún si hay otras ovejas blancas en la familia que tienen éxito a nivel profesional, de relaciones, de estudios, de suerte en la vida. Las comparaciones son odiosas siempre pero aquí mucho más.

Cuando el hijo de una oveja negra llega a un acogimiento en la misma familia, los ojos con los que se le miran, de manera inconsciente o no, son los ojos que recuerdan repetidamente la historia pasada. O mejor dicho, que lo que ha pasado con su historia se junta inevitablemente con las andanzas y disgustos padecidos con su padre o madre. Es muy difícil vivir con un niño o niña que te recuerda físicamente, o con sus actos o palabras, los malos momentos, los sufrimientos pasados. Aislarle de ellos resulta difícil.

Además, la familia acogedora puede tener asuntos no resueltos. Es más fácil acoger a un niño de unos padres con los que no tienes nada que ver –incluso ni conoces en algunos casos- que acoger a una niña que es hija de tu hija y, por tanto, parece quedar en evidencia la propia incompetencia como padre o madre de no haber podido enseñar a desempeñar este rol de manera adecuada. Y eso es un cuestionamiento social difícil de sobrellevar.

 

¿Segundas oportunidades o partes nunca fueron buenas?

Unido a lo anterior, en los acogimientos, la transmisión intergeneracional tiene un peso importantísimo, de manera que si exploras la historia de la familia, muchas mamás y muchos papás no son incompetentes porque sí, sino porque su propia experiencia filial nos habla de negligencia, malos tratos, desapego, etc. De manera que lo que son ahora como madre o padre (salvando determinismos) es el producto de su apego inseguro, de su dificultad para vincularse, de su propia desnutrición afectiva porque su propia familia de origen no supo o no pudo hacerlo bien.

En estos casos, recurrir a la abuela que no supo ser madre para que se haga cargo de un menor no tiene sentido, y no solo esto, sino que es revictimizar más al menor. Aquí segundas oportunidades nunca fueron buenas…

En otras familias, principalmente cuando la incompetencia de los padres viene derivada por problemas de salud mental importantes, o por consumo de drogas, si la familia de origen de los padres (abuelos acogedores) supo hacerlo bien en su momento, pudo dotar de habilidades (que ahora otros factores limitan), ofrecieron un contexto seguro y supieron vincularse de forma adecuada… hablamos de una segunda oportunidad, de un apoyo temporal que supone tener que volver a hacer de padres de los padres del menor, de ayudarles a resolver con comprensión y utilización de recursos los problemas mentales o de consumo, sin perder de vista que ahora en medio hay un niño o niña que tiene que saber qué lugar ocupa cada uno de los miembros de la familia en esta nueva estructura que se forma.

Y con ello también se da una oportunidad a los padres del menor de relacionarse con él o ella de otra manera, sin verse agobiados por la responsabilidad de recuperarse y sin dejar de ser padres pues no están solos, su familia les ayuda.

 

Aunque la mona se vista de sed, mona se queda

¿Cómo saber que realmente un acogimiento en familia extensa ha concluido con final feliz teniendo la certeza de que eso es así? Los cambios que se necesitan para el retorno del menor ¿tienen el mismo valor? ¿qué se tiene más en cuenta? Aparentemente, si los padres mejoran a nivel económico, consiguen un trabajo, consiguen discutir menos entre ellos, acuden a las sesiones de los Servicios Sociales y de otros servicios, dejan de consumir… se puede decir que los factores de riesgo desaparecen o minimizan, y por tanto, se cesa el acogimiento.

Pero, si todo eso se da a medias, porque los resultados se prolongan mucho en el tiempo (hoy en día no hay trabajo, siguen consumiendo pero menos, toma la medicación para el problema de salud mental pero sigue sin asumir responsabilidades) y la familia acogedora (abuelos, tíos) se cansa literalmente de tener al menor porque no aprecian cambios constatables e incluso considera injusto que los padres sean libres de hacer y deshacer y ellos tienen que estar de día y de noche, se agotan física y emocionalmente (si son abuelos pueden tener muchos años y poca energía e incluso enfermedades)

¿Qué hacemos con el o la niña? ¿Apostamos por lo menos malo que es el retorno aun sabiendo que es muy probable que los padres no lleguen a alcanzar los mínimos necesarios para atender al menor?

Precipitar un retorno es comprar muchos boletos para un fracaso. Otras veces la propia familia acogedora maquilla la situación (entiendo que deber ser muy duro ver a tu hijo o hija lamentarse porque quiere que tu nieto o nieta vuelva) haciendo ver que ha habido cambios sustanciales, ocultando o minimizando situaciones que evidencian que se sigue siendo incompetente.

Tuyos, míos… ¿nuestros?

¿De quién es la responsabilidad de, por ejemplo, hacer los deberes con el menor, reñirle cuando se porta mal, ayudarle a vestirse si tiene un mal día… en los momentos en que están juntos todos, acogedores, padres y el menor? ¿Se desautoriza a los acogedores si los padres asumen un papel activo? Y cuando los padres se acomodan y van “de visita” con una mínima implicación ¿cómo percibe el niño o la niña la situación?

Cuando además quien acoge tiene una influencia poderosa sobre uno de los progenitores del niño o niña (estoy pensando en unos abuelos acogedores paternos que en su momento hicieron un hijo Peter Pan) y asumen que ellos son los únicos que saben hacerlo bien, dejando en un segundo o tercer plano al otro –en este caso a una madre que se siente anulada y pequeñita porque la desautorizan, critican e infravaloran- o  cuando los acogedores no tienen ninguna prisa para que ese niño o niña vuelva con sus padres. Cuando dicen con la boca pequeña que ellos saben que el menor no es su responsabilidad y que ha de vivir con sus padres – aunque sus acciones no acompañen esto- o bien cuando no desaprovechan ocasión para dejar en evidencia que con quien el niño o niña está bien es con ellos porque lo consideran suyo, por el tiempo invertido – es muy duro criar a un niño tres años y que luego se marche- si desde el principio no se tiene claro la transitoriedad de la medida… ¿De quién son los niños y niñas acogidas?¿Pueden ser de todos?

En definitiva, del almíbar al vinagre hay diferencias considerables en su sabor.

En el almíbar se añade azúcar al líquido (agua, vino) para que se forme, consiguiendo un resultado final que es producto de la mezcla. En el caso del vinagre es la fermentación del mismo líquido (el vino) la que transforma el sabor, de dulce y aromático a agrio. El vino y el vinagre salen del mismo elemento, pero según concurran unos factores u otros en el proceso el resultado variará. Y mucho.

A unos y otros, familia extensa o acogedora, vaya por delante mi admiración por ofrecer una posibilidad a un niño o niña que necesita de adultos sensibles y responsables. Pero en el caso de las familias extensas valorar esta posibilidad, en muchos casos, no es nada fácil.

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De mi estancia en Santiago de Compostela deberían surgir dos cosas para este blog.

UN POST

(¿TÍTULO?)

En él recogería todo aquello que me he traído (mucho más de lo que he llevado) del contacto con un grupo de técnicos/as de acogimiento familiar de menores tanto de Cruz Roja Española como de la Xunta de Galicia.

Para no olvidarme:

– Un montón de buenas metáforas sobre o para el acogimiento

– La constatación de maneras de trabajar el acogimiento distintas (e iguales) a las de estos lares (¡Cuanta verdad hay en aquello de que para el cambio es necesaria la noticia de una diferencia!)

– Una reflexión sobre la necesidad, y al mismo tiempo, los peligros de los protocolos unificados (¡Viva la paradoja!)

– Una reflexión sobre los aspectos más novedosos de una muy probable y próxima ley estatal de protección a la infancia (gracias a la magnífica intervención de Blanca Gómez Bengoechea) Quizá saldría un post entero (“Mundos legales, mundos mentales”) acerca de lo que puede implicar la aprobación (en España) de la adopción abierta.

UNA SERIE DE POST

(Título provisional: Técnicas para la emulsión familiar con menores)

Dado que he vuelto un poco frustradillo por la falta de tiempo en la parte práctica y aplicada (trabajo en grupo) ¿por qué no desarrollarla online?

En un primer post resumiría las ideas esenciales de mi percepción, como acogedor, que la realidad que familiar que surge en un acogimiento permanente en familia ajena es como el resultado de ligar una salsa o hacer una mayonesa en la cocina. En los siguientes post (uno a uno) analizaríamos las implicaciones de esto para:

1. La sensibilización social y difusión del acogimiento familiar de menores.

2. La captación de familias acogedoras.

3. Formación de las familias.

4. Valoración de las familias.

5. Asignación (Emparejamiento menor-familia)

6. Preparación del acogimiento concreto.

7. Régimen de visitas y contactos.

8. Tipos de actuaciones técnicas durante el acogimiento y ritmo.

9. Tipos y formas de apoyo al y durante el acogimiento.

10. Indicadores concretos de emulsión.

11. Intervención en crisis

12. Actuaciones necesarias tras el acogimiento.

En cada post volcaría mis ideas al respecto y podrían ser replicadas, contrastadas, elaboradas o completadas con COMENTARIOS en el post por todo aquel o aquella que la metáfora le puede resultar sugerente.

(Si lees esto, y te interesa, no te cortes: mándame un comentario para que no me duerma. Gracias)

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Cuando el escritor C.S. Lewis perdió a su mujer, Joy Gresham, escribió una serie de reflexiones, supongo que para mitigar y dar sentido a su dolor, que se publicaron, primero bajo pseudónimo, bajo el título de Una pena en observación.

No hizo un tratado sobre el duelo sino que se observó a si mismo en duelo.

Hoy en Santiago de Compostela trataré de hacer algo parecido.

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En el marco de un curso organizado por Cruz Roja Española sobre acogimiento familiar intentaré usar una perspectiva parecida. No pienso que mi yo “técnico de menores” tenga nada especial que aportar a los y las técnicos de acogimiento que asistan al mismo.

Pero últimamente me he descubierto pensando en mi propia experiencia como acogedor y he pensado que por una vez debía dejar que mi yo “acogedor” sugiriera algunas cosas a mi yo técnico.

Espero poder compartir algunas de estas reflexiones en futuros post pero como me conozco voy a dejar aquí los enlaces para descargar los materiales preparados para esta participación o de referencia en la misma.

Intervención redactada (previamente)

No será exactamente que mi exposición pero con ello me cubro las espaldas de despistes o de falta de tiempo (Aviso: son 21 folios)

La presentación en Powerpoint utilizada

La cuelgo en pdf. Aunque se pierden las animaciones me aseguro que el formato se mantiene. En esta he eliminado, por cuestiones obvias, la foto de mi familia.

Material para el trabajo en grupo

Pues eso.

Otra intervención sobre acogimientos permanentes

Ya redactada hace un tiempo y colgada en el blog en otro post pero que permite contextualizar mejor la presente

Botiquín para familias acogedoras de menores

Un documento que redacté hace unos años para la Conselleria de Bienestar Social valenciana y que al releerlo para preparar esta intervención pensé que no desentonaba con la misma.

Y finalmente, la convocatoria y programa del presente curso organizado por Cruz Roja Española a quien aprovecho para agradecerles la confianza temeraria que han puesto en mí al invitarme.

Si has participado en el curso o has decidido descargar y leer la intervención te agradeceré cualquier comentario que quieras y puedas compartir.

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Suponiendo que trabajes o te relaciones con niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo o desamparo y que vivas en España (preferentemente pero no exclusivamente)…

Imagina que tienes ante ti un auditorio lleno de Inspectores de educación, Directores de colegios o Profesores. No pueden huir. Te pasan un micrófono y tienes entre 30 y 60 segundos para decirles lo que quieras.

Pensando en el interés de los menores con los que trabajas, a los que atiendes  o a los que acoges, has adoptado o cualquier otra cosa que te una a ellos ¿Qué les dirías?

Yo no lo tengo que imaginar. El destino me concede 20 minutos para esto en unas Jornadas educativas el próximo día 31 de octubre en Cheste (Valencia)

Te cedo un trocito de mi tiempo. Si contestas a mi pregunta en un comentario lo tendré en cuenta.

En mi intervención que titularé como este post no podré leer los comentario que me lleguen (quizá alguno) pero me comprometo a antes o después redactar la intervención y añadirlos como un anexo.

Gracias y un saludo.

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