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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Janus Korczak (Varsòvia, 1878- Treblinka, 1942)es el pseudònim de Henryķ Golszmidt, metge pediatra, escriptor i pedagog . Va deixar la medicina clínica per dedicar-se a la direcció de un orfenat a Varsòvia, La Llar dels Orfes (Dom Sierot). Autor de nombrosos articles i llibres, tenia un programa de pedagogia a la radio: Xerrades del Vell […]

a través de KORCZAK (1990), Andrzej Wajda. — urgènciaidiagnòstic

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Me parece un acierto de la Editorial Gedisa el haber incluido en su serie DIÁlogos un encuentro entre Boris Cyrulnik y Carles Capdevila.

En realidad no se trata de un diálogo, sino más bien de una entrevista. Pero es entendible puesto que no provienen del mismo campo profesional. Carles Capdevila es periodista y una persona que ha reflexionado, seriamente pero con humor, sobre la parentalidad y la educación. Cyrulnik es psiquiatra, etólogo, neurólogo, psicoanalista.

Una entrevista que se lee en un par de horas más o menos y que hace un repaso por la vida y la obra de Cyrulnik. Así que no encontrarás seguramente nada que no le hayas oido o leido antes. Pero que vuelve a ofrecer, en un lenguaje muy sencillo, un ramillate de ideas e incluso de frases brillantes (“No tengo miedo a morir ni a vivir, tengo miedo a no vivir antes de morir”)

Vuelve a dar una de las definiciones más sencillas y potentes de la resiliencia: retomar de nuevo un buen desarrollo después de una agonía psíquica, traumática. Es cierto que desde este planteamiento no puede haber resiliencia si no hay trauma. Y muchos hemos querido usar la resiliencia como paradigma para otras cosas donde la idea trauma no encaja bien, como en el caso de la intervención social.

Como el mismo indica en este libro, el término entró tan rápido en lo social que se puso de moda y se deformó aunque en al ámbito de la investigación hoy se sigue avanzando en su justo término. Pero si tenemos en cuentra que trauma es aquella detención o bloqueo del desarrollo provocado por la reacción, del entorno y propia, a una desgracia, resiliencia sería el proceso opuesto al trauma. Y con ello diferenciar la resiliencia de la fortaleza, de la curación o de la superación se hace muy sencillo.

Por otra parte no he conocido otro autor que en su pensamiento se integre tan indisolublemente lo fisiológico, lo psicológico y lo cultural. No hay manera de pillarlo. Siempre acaba conectando estas tres dimensiones.

Está muy bien el avance de las neurociencias pero la diferencia entre un “neurociéntifico y punto” y Cyrulnik es que el primero se quedará en lo que observa en su ordenador y Boris tendrá en cuenta también lo que ocurre en el sistema representacional del sujeto observado y que, excepto que sea un perro, será una representación mediada por las palabras, esas emociones que a veces llevan algo de información (otra de sus frases celebres)

El cerebro no reacciona a estímulos físicos y ya está. El cerebro reacciona a estímulos que han sido modelados por la cultura. Me atrevería a decir que Cyrulnik entendería mi idea de que la cultura es como un exo-cerebro invisible.  Si alguna vez se ha utilizado la metáfora del cerebro como un ordenador, al menos habría que matizarla con la idea de que ese ordenador está conectado en red con miles y milies de otros ordenadores.

Las celulas y neuronas forman el sistema nervioso humano y el funcionamiento global de este afecta a cada una de sus neuronas. La actividad de los seres humanos crea la cultura y la cultura afecta a cada una de las personas inmersa en ella. Eso sí, teniendo en cuenta que “cultura es aquello que cambia cada 10 años y cada 10 kilómetros” (Otra de sus perlas)

En fin, ¡Bien por Gedisa, bien! (No recibo comisón de la misma ni me envian los libros para reseñarlos. Ya me gustaría)

NOTA: Aunque quizá no te lo creas y pienses que es un toque de efecto para el post, cuando entro en la web de Gedisa para copiar la imagen del libro, recibo el mazazo de la noticia de la muerte hace tan sólo unos días de Carles Capdevila. Sabía que estaba luchando contra el cáncer. No puedo dejar de recoger un párrafo de la crónica de La Vanguardia de hace tan sólo dos días (2/6/2017) en el que se citan sus palabras cuando anunció a su equipo que padecía esta enfermedad

“Ahora, me toca luchar, vivir, reír y escribir, y lo quiero hacer dedicando todas mis energías a estas cuatro causas, y conciliándolo con la proximidad total a la gente que quiero. No veáis ninguna complicación en un tratamiento médico que va muy bien, ni ninguna renuncia. En mi libreta de ideas y proyectos ya salen libros a escribir, charlas a preparar, gente de quién aprender. Abrazo mi nueva vida con alegría y convencido de que será todavía mejor”

Leyendo estas palabras me atrevo a afirmar que Carles, al igual que Boris, no tenía miedo a morir sino a no vivir antes de morir.

Resultado de imagen de dialogos capdevila cyrulnik

 

 

 

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No veo mejor que retomar este blog después de meses de silencio que con la letra de una canción que le va como anillo al dedo. Con una música genial y una circunstancia afectiva que me mueve también a hacerle un hueco de honor en este re-estreno: El inquieto Roque es mi cuñado Roque Estebán y también participa Pepe Murgadas, otro de mis cuñados, a la guitarra y a los coros. Dos grandes músicos y dos grandes tipos a los que quiero mucho.

Roque y Pepe perdonad la calidad de alguna foto. Es lo que había. He tenido que dejar el enlace a Youtube porque mi plan de WordPress (gratuito) no me permite ya incrustar videos.

Canción “Pasemos al Plan B” de El inquieto Roque

ADVERTENCIA: Los y las  “freakies” que visitais este blog  no vais a notar seguramente las diferencias entre el Plan B y el Plan A. Són sólo detalles que marcan la diferencia entre que el blog sea un estresor para el menda o un elemento para mi resiliencia (Y de momento esta canción me ha levantado el ánimo. Buen pronóstico)

Un saludo.

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Espero poder presentar pronto Disparefuturo 2.0.Pero antes debo darle la puntilla a la versión actual.

Soy un afortunado que acabó trabajando como funcionario en algo que deseaba y para lo que no me esforcé ni un pimiento. Así empecé a trabajar en esto de la Protección de Menores y pronto descubrí que era muy complicado y que cuanta más experiencia acumulabas menos claro lo tenías todo.

Luego se nos ocurrió en casa hacernos familia de acogida. Por pura inconsciencia. Sin saber lo que hoy sé: que eso no significa acoger a un niño o niña sino todo lo contrario. Que la realidad de ese niño o niña y todo el sistema de protección es el que acoge a tu familia, perdiendo parte del control que tu creías tener sobre la misma (yo le llamo Encogimiento familiar”)

Así que cree Diseñando Pasados Recordando Futuros pera “resiliar”: resistir y rehacerme de trabajar y vivir en un tema tan especial. Podría pasarme el día discutiendo con compañeros y compañeras (es a lo que dedicamos el 80% de nuestro tiempo los técnicos de menores). Podría desesperarme de decisiones que no entendía. Podría cargarme de un saco de fracasos de los que no sabría excusarme. Y por supuesto podría cansarme de hacer propuestas en el vacio. Pero nadie me podría impedir pensar y comunicarme. Eso es lo que me aportó durante varios años este blog.

Es curioso que muchas veces la resiliencia requiere romper el silencio (muchos textos de Boris Cyrulnik hablan del segundo golpe que produce un contexto que te encierra en el silencio) Pero, sin embargo, otras veces la resiliencia pide el silencio (Me acuerdo de Louis Zamperini a quien las conferencias sobre su experiencia militar heróica llevó al alcoholismo) Así que hace unos meses cerré el blog por resiliencia y me limité a cumplir unos compromisos con Milly  y Olga.

Pero el último post había sido “Acogimiento familiar: Cuestión de p_lot_s” en el que hacía una metáfora entre el sistema que regula la aviación civil y el acogimiento familiar de menores. Yo sabía que era el primer post de una serie en el que iba a intentar demostrar mi hipótesis de que las familias no acogen a los menores sino que ellas son acogidas en un sistema muy complicado y muy difícil de entender y aceptar en muchas ocasiones.

Pero no fue hasta unas semanas después cuando un comentario de Marta Llauradó del blog  urgènciaidiagnòstic pensar i repensar els acolliments familiars d´urgecia i diagnòstic me hizó pensar que la metáfora se iba a interpretar mal. Lo publiqué, le contesté y en privado le pedí permiso para usarlo en un post.

Este fue su comentario, que no dejo de agradecer (me he permitido traducir al catellano un fragmento que ella escribió en catalán):

Hola Javier.
Soy Marta del blog urgenciaidiagnostic.
Este post lo leí en su momento cuando lo publicaste y tengo que decir que, aunque tus aportaciones me parecen, en general, interesantisimas, en este caso tu texto me resultó inquietante por su excesivo mecanicismo. Quise hacer un comentario, pero me reprimí al leer el post en el que te dabas temporalmente de baja.

Días después tuve la oportunidad de escuchar una conferencia de Alberto Rodríguez González (Programa de Apoyo al Acogimiento Familiar en el País Vasco) en la que manifestaba lo siguiente:

  • Hay tantos modelos de intervención en Acogimiento Familiar como Comunidades Autónomas y tantas maneras de pensar el Acogimiento Familiar como profesionales que intervienen. No puede ser. No existe una cultura compartida del Acogimiento Familiar.
  • Un número excesivo de profesionales hacen el seguimiento administrativo y un número reducido y de escasa experiencia que hacen la intervención directa- Ausencia de dirección. Numerosos conflictos personales entre los profesionales por invasión de competencias. Necesidad de reducción, simplificación y unificación.

(INTERVENCIÖN DE ALBERTO RODRIGUEZ PARA ADAFA)

Mi experiencia como acogedora estaría más de acuerdo con lo expuesto por Alberto, que con el contenido de tu post. Dentro de este, el párrafo dedicado a los acogimientos de urgencia y diagnóstico es el que me resultó más inquietante: ” el niño o niña no se quedará en casa pase lo que pase”. Mi experiencia es que, por demora de las actuaciones de ese avión burocrático tan grande al niño le pasan cosas tales como que se encuentre esperando la decisión de pasar a acogimiento pre-adoptivo por parte de la compañía aérea tanto tiempo que acaba por apegarse a su familia de acogida. Y lo hace con tal intensidad que cuando llega el sí o sí, el niño no vuela sino que se estrella emocionalmente. Que te puedan reparar, o que tengas capacidad de resiliencia no justifica que te agredan.

No pretendo que publiques este comentario. Sólo que no tengo otra forma de “discutir” contigo. Un saludo afectuoso.

Me apresuré a contestarle:

Hola Marta. Me temo que no vamos a discutir.. jaja.. porque aunque no te lo creas ¡estoy de cuerdo contigo! Pero si me das permiso te lo explicaré en un nuevo post. Gracias por esta interesantísima aportación.

Y algo más de un mes después aquí estoy. Dándome cuenta de que no podía abrir Disparefuturo 2.0. (en el que no habrá protección de menores o no de la misma forma) sin aclarar lo siguiente (lo hago en puntos concretos para no alargarme)

1.- Las metáforas sirven para ayudarnos a entender otra realidad. Por tanto deben reflejar LO QUE ES. Está metáfora, sin embargo, refleja LO QUE NO ES PERO QUIZÁ DEBERÍA SER. Más que una metáfora es una utopía.

Es por esto que puede ser fácilmente malinterpretada. Y es que nació precisamente para contestar una pregunta muy concreta “¿Cuál es el papel de las familias de acogida en este puto maremagnum? (perdón por el taco) Y pretendía transmitir algo así como: “concentrate en pilotar” o te vas a volver mico. Haz bien lo que te toca, no hagas lo que no te toca, y no dejes que otros (profesionales, vecinos, familiares, profesores…) te mareen. Que lo van a hacer.Y si estás pensando en entrar a jugar a este juego, que sepas lo que hay.

2.- Otro peligro de esta metáfora es el de dónde sitúa a la familia de el o la menor. Colocarla como una simple condición atmosférica más es sencillamente desafortunado, injusto y peligroso. Plantear un acogimiento como un vuelo “sobre” o “a pesar” de la familia del menor es un malísimo comienzo, porque para eso ya hay otras medidas e protección como el acogimiento preadoptivo (ahora guarda con finalidad adoptiva) o la misma adopción.

3.- En el sistema de la aviación civil lo que se transmite entre la personas implicadas es fundamentalmente INFORMACIÓN. Cuando al comandante de un avión la torre de control le asigna pista para aterrizar contesta algo así como “Entendido” “Recibido” y no contesta “Gracias, majos”. Y el controlador aereo no piensa: “el gilipollas este ni me lo agradece”.

En el sistema de protección, y especialmente en el de acogimiento, lo que circula por el sistema son fundamentalmente EMOCIONES Y SENTIMIENTOS que a veces llevan un poquito de información (la idea no es mía sino sacada de la frase de Cyrulnik: “las palabras son trozos de emoción que a veces llevan algo de información”)

Cuando un técnico de menores coge una llamada de un o una acogedora que le dice “Hola, soy tal, por fin me hago contigo…” el cerebro superior del primero ya ha pensado “pues yo no me estaba tocando los…” y a su vez su amigdala le grita “¡Alerta, alerta!…a ver que marrón me cuenta este…” (el otro día una familia me llamó para decirme que ya había solucionado una cosa pero yo ya tenía el susto en el cuerpo)

Y si en una visita de un o una técnico la familia acogedora le cuenta  algo que les está haciendo sufrir, y este o esta empiza “Vosotros lo que teneis que hacer es…” el resto de la conversación sobra porque probablemente la familia ya no se va a SENTIR acompañada.Habrá desconectado.

Creo que estos tres puntos son suficientes para aclarar que el post de referencia tenía que haber sido la puerta de entrada para analizar todo lo que NO funciona en el sistema de protección de menores y del acogimeinto familiar. Si alguien lo ha interpretado como una descripción tiene, como Marta, todo el derecho a tirarme tomates.

Espero Marta que ahora sí puedas estar algo más de acuerdo conmigo y que sepas que gran parte de lo que pienso ahora lo aprendí precisamente de Alberto Rodriguez a quien admiro y  cito cada vez que tengo ocasión (os recomiendo el video de Vimeo)

Y, por fin, mato esta versión del blog con una confesión: Lo retiro. El acogimiento familiar no es cuestión de pilotos sino que, por el momento, sí es CUESTIÓN DE PELOTAS Y OVARIOS.

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Cerrado por resiliencia

Siempre he dicho que mantener este blog, junto con dar alguna charla, curso, etc era un mecanismo para resistir y rehacerme de trabajar en un tema tan complicado como la protección de menores en un sistema que no funciona nada más, y como mucho, medio bien. Y este mecanismo ha funcionado porque, al igual que la creatividad, la elaboración intelectual es una potente arma para la resiliencia. Nadie te puede impedir pensar.

Además descubrir, de mano de Boris Cyrulnik, el fenómeno de la resiliencia trajo aire fresco a un campo en donde el esquema que yo había conocido era: negligencia y maltrato – secuelas – nada más o catástrofe. Los ejemplos de resiliencia me volvieron a hablar de esperanza. Una esperanza realista pues la vida te cierra puertas pero muchas veces te abre otras que no esperabas. No todo depende de mi – No todo está perdido.

Pero esta vez, en mitad del sufrimiento personal y familiar por precisamente haber cruzado la frontera del profesionalismo intentando ayudar a menores en desamparo, hacen que la sóla idea de reflexionar sobre el acogimiento familiar de menores y la resiliencia me duela en el alma.

Es el momento de apoyar la cabeza no en si misma sino en el hombro de los que nos quieren y de refugiarse en otra potente arma para resistir: la trascendencia. He procurado que mis creencias no fueran un inconveniente para quien quisiera entrar en este blog. Por eso no las expondré en estas “páginas” pero me refugiaré en ellas para encontrar sentido al dolor y la sensación de sinsentido.

Es por eso que este blog esta vez va a estar cerrado, por el momento, por resiliencia.No es cuestión de estrés o incapacidad para mantenerlo. Esta vez es cuestión de supervivencia. Tengo algún compromiso de publicar algún texto que me han mandado. Eso si lo haré por respecto a su autora.

Un abrazo hasta que pase la tormenta.

 

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Si tras ver el título has empezado a leer es porque, de alguna manera, te interesa el tema del acogimiento familiar

Así que ahora te pido que pienses en la última vez que viajaste en avión.

Parece sencillo. Compras un billete, te presentas en el aeropuerto, te subes a un avión y ya está. Pero la realidad es muchísimo más compleja. Tú y yo podemos viajar en avión gracias a un sistema organizado a nivel internecional, nacional y local que implica a miles y miles de personas.

Cualquier variación en una parte del sistema, que ni siquiera conoces o sabes que existe, puede acabar afectándote: los precios de los billetes suben o bajan; llegas con retraso o ni siquiera llegas a volar.

1.- En primer lugar, si no hubiera unas normas internacionales y nacionales que regularan la aviación en general y la comercial en particular, los pasillos aéreos, etc nadie nos atreveríamos a subir a un avión.

trafico-aereo

En acogimiento familiar de menores también necesitamos (y tenemos) unas normas (códigos, leyes, decretos, órdenes…) al menos nacionales y autonómicas, que lo definen y enmarcan. Si no fuera así no podríamos distinguir el acogimiento de menores de un secuestro.

Supongo que el acogimiento de niños y niñas existe desde el principio de la humanidad pero hoy en día hacer un acogimiento al margen de lo establecido en las normas civiles sería una verdadera temeridad.

2.- Son fundamentales también los controladores aéreos. Los aviones son seguidos en todo momento por radares para garantizar al máximo la seguridad de cada vuelo. Todos sabemos, o hemos vivido en nuestras propias carnes, lo que significa una huelga de controladores aéreos.

controladores

Los acogimientos familiares necesitan de técnicos de la Administración que controlan que determinado acogimiento familiar es la mejor medida de protección para el menor en función del plan del caso que se haya establecido. Y, en definitiva, avalan que ese acogimiento es autorizado y respaldado por el organismo competente en protección de menores.

Por cierto, cuando se ponen de baja, se toman vacaciones, o son muchos menos de los que deberían haber también repercute en los acogimientos en vuelo o en los que tienen que despegar.

3.- De nada serviría que existiera todo lo anterior si no hubiesen compañias aéreas dispuestas a fletar aviones para cubrir determinados destinos. Ellas se beneficían, pues son un negocio,  y de paso nos brindan una posibilidad de llegar a sitios donde de otra manera sería costoso o imposible.

Al menos en España, las Comunidades Autónomas son las encargadas de promover y posibilitar en acogimiento familiar, especialmente aquel realizado por familias ajenas al niño. Así, por ejemplo,  hace tan sólo 25 años no en todas las autonomías españolas el acogimiento familiar de menores era algo real.

Al poner el recurso en marcha las Comunidades Autónomas salen beneficiadas (se ahorran una “pasta” frente al acogimiento residencial) y los menores, no cabe duda, también.

4.- Los aviones comerciales no despegan sin un plan de vuelo. No te subes al avión y se hace una encuesta entre los pasajeros para decidir el destino. El destino y la ruta del avión está bien definidos desde mucho antes de despegar y no depende ni de los pasajeros ni de la tripulación (excepto emergencia, claro está)

Cuando se decide que un menor esté acogido por una familia se supone que se hace en el marco de un plan del caso. Se ha determinado si es para que vuelva con su familia en un tiempo; si es hasta su mayoría de edad o si es para darle unos padres nuevos. A veces el destino puede cambiar durante el viaje porque acontecen cosas que no pudimos o supimos controlar.

Incluso se ha creado un acogimiento para cuando todavía no hay plan: el acogimiento de urgencia-diagnóstico. Curiosamente las familias que se ofrecen para este tipo son las que menos niveles de incertidumbre tienen: el niño o niña no se quedará en casa pase lo que pase.

5.- Las condiciones atmosféricas pueden facilitar o complicar los vuelos.

No será lo mismo un acogimiento familiar con la aceptación y colaboración de la familia de el o la menor que sin ella. Ni con la ayuda de los servicios sociales implicados o sin ella. Ni con la comprensión y el apoyo de la sociedad en general (“cultura del acogimiento“) que con su extrañeza o incluso su suspicacia.

6.- De momento un avión no vuela sólo todo el rato (si gran parte del vuelo). Se necesita una tripulación y especialmente de pilotos.

pilotos

Si eres familia acogedora, tu eres el/la piloto del acogimiento. ¡Ni más! ¡Ni menos! Y eso significa que hay cosas en la que eres soberano o soberana para decidir (una determinada maniobra, una actuación de emergencia…) y otras en las que, si todo va bien, no tienes opción de decidir (el destino o la ruta, por ejemplo)

7.- Pero los y las pilotos no pueden atender ellos solos al pasaje. Necesitan otras personas para completar la tripulación: los y las auxiliares de vuelo. Imagina que los pilotos tuvieran que servir el catering. Por mucho piloto automático que haya en los aviones nadie nos sentiríamos tranquilos pidiéndole un café al comandante de la aeronave.

auxiliares

Tus hijos, si los tienes, te acompañan en el acogimiento. También los familiares, amigos y conocidos te echan una mano en la atención al niño o niña acogida. Y a conciencia incluyo a los y las profesoras (más de la mitad de tu energía psiquica se va a consumir con cuestiones del ámbito escolar)

Tu mandas en el vuelo pero como el resto de la tripulación se te subleve te la pueden liar parda.

8.- Y para que tu avión haya despegado se ha necesitado un ejercito de personas que han tenido que hacer algo previamente o regularmente con el avión y los pasajeros: limpiarlo, repostarlo, revisarlo, arreglarlo, registrar y cargar los equipajes, comprobar los billetes… (personal de tierra, mecánicos, auxiliares de limpieza…)

mecanico

La Administración suele poner a disposición de los acogimientos equipos multidisciplinares para que estos lleguen a buen término. Su función es apoyar, mediar y controlar. No pilotan y no vuelan (no acogen) y no parecen esenciales. Pero un fallo de ellos puede poner en graves problemas un vuelo.

9.- Y todo esto sólo tiene sentido para llevar pasajeros. Puedo asegurar que nunca habrá una compañía que haga un puente áereo entre Valencia y Alicante porque tenemos opciones de hacer el viaje en coche, autobus o tren en menos tiempo del que nos llevaría el viajar en avión (incluyendo el tiempo previo necesario)

No tiene sentido promover el acogimiento de un o una menor para una situación que se puede solucionar con una ayuda económica a su familia, o con un auxiliar de ayuda a domiclio o con un centro de día de menores.

Los menores acogidos son indudablemente los beneficiarios de todo este complejo sistema. Pero que no se nos olvide que no todas las personas pueden volar. Las que tienen fobia grave a ello, las que tienen problemas coronarios muy serios; las borrachas y los terroristas no deben hacerlo. ¿Todo niño es acogible?

Esta metáfora, como toda metáfora, es imperfecta pero a mi ayuda a entender varias  cosas. Apunto solamente 4 de ellas.

A) La complejidad del acogimiento familiar de menores. Si piensas que acoger es tan sencillo como meter a un niño o niña desconocido (o hijo de un familiar) en tu casa para cuidarlo y quererlo, quizá también puedas atreverte a pilotar un Boing 747, el famoso “Jumbo”.

747

B) Sin pilotos no sirve de nada tener aviones. Pero sin el resto del sistema subir a un avión sería tan arriesgado como meter una bala en un revolver, girar el tambor y dispararse en la sien.

C) Está demostrado que la mayoría de los accidentes aéreos tienen una multicausalidad. Cada fracaso de un acogimiento (habría que analizar lo que es eso) está provocado por un fallo generalizado del sistema o un fallo múltiple en el mismo.

D) Si eres piloto lo mejor que puedes hacer por el niño o niña es pilotar bien. Si eres controlador, controlar bien. Si eres mecánico, arreglar. La cosa se pondrá mal si el mecánico, pilota; el piloto, controla el espacio aéreo, y el controlador arregla las averías.

En definitiva, en mi humilde opinión, ser familia de acogida no es cuestión de pelotas sino de pilotos.

Ahi lo dejo. Por si te sirve.

Y si no, lo tiras a la papelera de métaforas fallidas.

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Alguna vez, pocas gracias a Dios, me han presentado ante un auditorio como experto en resiliencia o en protección de menores. Me he sentido muy incómodo. Naturalmente mi vanidad se ha inflamado entusiasmada por un momento. Pero en milisegundos se ha deshinchado porque soy consciente de que yo no soy experto. Y no por humildad, sino por evidencia. En resiliencia, ni por asomo. En ese terreno sólo soy curioso. Y en protección de menores lo que me pasa no es que sea experto. Es que estoy resabiado. Que es muy distinto.

Es algo que, como casi siempre, descubro de la confluencia de experiencias personales y lecturas aparentemente sin relación.

Anoche empecé a leer el libro “Freakonomics” de Steven D. Leavitt y Stephen J. Dubner (Ediciones B) con el subtitulo “Un economista políticamente incorreto explora el lado oculto de lo que nos afecta”.

En la introducción los autores ponen varios ejemplos de fenómenos humanos a los que solemos dar una explicación sencilla pero que los datos se empeñan en demostrar que estamos equivocados. Eso es debido a que Levitt es un jóven y brillante economista al que no le interesa la macroeconomía sino la utiidad del análisis económico para entender lo que ocurre en la vida cotidiana de las personas.

Por ejemplo, casi todos confiamos la venta o compra de nuestras casas a agentes inmobiliarios en la creencia de que son expertos en el mercado y que su interés es el nuestro. Pero los datos no demuestran esto.

Los autores tuvieron acceso al registro de 100.000 ventas de viviendas en la ciudad de Chicago. Dentro de las cuáles 3.000 correspondían a viviendas de los propios agentes inmobiliarios. Los datos demuestran que los agentes inmobiliarios venden sus casas por precios mayores que las de sus clientes y que casi nunca aceptan la primera o segunda oferta, pero sí suelen aconsejar a sus clientes que lo hagan.

Hay una explicación muy clara. El agente inmobiliario es experto. No cabe duda. Pero hay un momento que su interés y el de su cliente entran en conflicto. Si yo quiero vender mi casa por 200.000 euros, la agencia se llevará, por ejemplo, 1.200 euros (según el libro el porcentaje habitual está alrededor del 6%). Si aparece un vendedor que ofrece 170.000 y vendo, yo perderé 30.000 euros (que darían para comprarme un coche, por ejemplo) y el o la agente dejará de ganar 198 euros (¿una buena cena familiar?) pero seguirá ganando 1.002 euros. Si la casa fuera suya seguramente mantendría el precio inicial en espera de otro cliente. Si yo fuera el agente inmobiliario, aceptaría a la primera. Nuestros intereses comunes se han desajustado.

Y pensaba yo si en protección de menores, un campo donde lo que se hace es tomar constantemente decisiones no podrá ocurrir lo mismo que en la venta inmobiliaria. Es decir, que en la toma de decisiones de los expertos (entendiendo estos simplemente como los que llevamos mucho tiempo trabajando en esto) se propongan cosas que, no es que perjudiquen a los menores, pero que en realidad nos proporciona a nosotros  una “pequeña tajada”. No me refiero, claro está, a una ganancia económica. Como explican Levitt y Dubner en su libro los incentivos pueden ser materiales, sociales o morales.

Siendo sincero tengo que responderme a mi mismo que sí. Qué quizá muchos menores están teniendo mala suerte a la hora de que sus vidas caigan en manos de profesionales (y me pongo el primero de la lista) no sé si expertos pero sí resabiados. Profesionales que llevamos a las propuestas no sólo el interés superior del menor sino también el interés, no tan superior, de mi institución, la entidad para la que trabajo, mis compañeros y compañeras o quizá, el propio (aunque sólamente sea el de la superioridad moral sobre los otros profesionales). Estoy seguro de que muchas veces el interés superior del menor más el interés inferior del profesional producen verdaderas distorsiones de los casos.

Precisamente por seguir en activo en este campo no puedo ni debo poner ejemplos concretos pero si señalar algunos fenómenos para mí, por desgracia, habituales (y vuelvo a incluirme como protagonista):

  • Coordinaciones que no se hacen simplemente por evitar una relación directa con otros profesionales. Puede haber una evidente ganancia en no tener que relacionarte con según que otros seres humanos. Porque no me caen bien o porque simplemente no me apetece.
  • Reuniones de coordinación a las que no se va aprender más del caso sino a convencer a los demás de mi visión del mismo.
  • Reuniones donde todos y cada uno de los participantes consideran que ellos tienen criterios pero los demás simples opiniones.
  • Propuestas para menores que no elijen el mejor camino para ellos y sus familias sino para el menor y para nosotros (al igual que los agentes inmobiliarios) O propuestas que ya no hacemos simplemente porque ya no creemos en los milagros (no divinos sino humanos)

Quiera o no quiera lo tengo que dejar ahí. Y cómo lo más probable es que no te dediques a la protección de menores te planteo que lo proyectes sobre tu trabajo si es que te dedicas de algun modo a la relación de ayuda. Y si ni siquiera eso ¿eres padre o madre? (es la gran relación de ayuda aunque no sea profesional)

Las actuaciones de las y los profesores ¿son siempre pensando en el o la alumna? ¿Las personas que trabajan en sanidad siempre miran por el o la paciente? (Levitt y Dubner aseguran que hay datos que demuestran que cuando los ginecólogos privados tienen menos partos acaban haciendo más cesáreas)  O cuando tu hija o tu hijo te pide ayuda para resolver un problema y le dices que tiene que intentar resolverlo él o ella sóla ¿es realmente así? ¿O puede tener que ver que has tenido un día agotador y te acababas de sentar a leer el periódico?

Se me ocurre una pregunta para cribar un exceso de ganancias colaterales en las decisiones y actuaciones de la relación de ayuda: ¿Habrías dicho, hecho o pensado lo mismo si tu “cliente” “paciente” “usuario” fuera una sobrina, tio o prima tuya? Al menos en las peliculas a los médicos se les dice: “Doctor, si fuera su hijo el que tuviera que pasar por esa operación ¿que haría?” ¿Podría yo pasar un filtro semejante en todas las propuestas que he hecho o posturas que he mantenido? Lo dudo.

No pretendo demostrar que todos los sistemas para la relación de ayuda son perversos (aunque sí pueden pervertirse) Simplemente pretendo poner de relieve que en este campo de la relación de ayuda lo de que “la experiencia es un grado” es una frase vacía porque puede ser que lo sea o que sea todo lo contrario.

Reconozco que algunas veces he alardeado de llevar mucho tiempo trabajando en lo que trabajo. Pero que lo sepas. No soy un experto. Soy un profesional resabiado que no sé si es lo mejor para los casos en los que participo.

Quizá deba dedicarme a otra cosa.

Mientras tanto deberé vigilarme.

Al menos para que el lado oculto no llegue a ser el lado oscuro.

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