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Posts Tagged ‘Vanistendael’

Recogiendo y ampliando una reflexión  del anterior post (la de la importancia de conocer el significado que los menores supuestamente desprotegidos dan a su propia situación y a las soluciones que la sociedad les puede ofrecer), Conchi Martínez nos aporta un comentario que nos puede ayudar a ello:

 

Todos los que estamos interesados por la resiliencia hemos leído, oído o comentado en algún foro la conocida metáfora de la Casita de la resiliencia de Stefan Vanistendael recogida en su libro “La felicidad es posible. Despertar en niños maltratados la confianza en sí mismos: construir la resiliencia ” (2002), escrito junto con el periodista J. Lecomte y editado por Gedisa.

Para los que no la conocen (si es que hay alguien aún) una breve introducción:

En la Casita cada habitación refiere un campo de intervención posible para la construcción o el mantenimiento de la resiliencia.

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a) El suelo sobre el que se construye son las necesidades materiales de base, como la comida, los cuidados de salud.

b) Los cimientos están constituidos por los vínculos, las redes de contactos, formales e informales. Se trata a menudo de un vínculo fuerte y constructivo con al menos una persona, que puede ser un pariente, los compañeros de clase, un conocido, uno de los abuelos, un vecino, un profesional. Es, en todos los casos, una persona que cree verdaderamente en el potencial real del niño y que lo acepta fundamentalmente como persona.

c) En la planta baja se encuentra la capacidad de descubrirle un sentido a la vida. Esto puede estar vinculado, por ejemplo, con una fe religiosa, con un compromiso político o humanitario.

d) En el primer piso, se encuentran tres habitaciones: la autoestima; las aptitudes y competencias personales y sociales; y el sentido del humor.

e) En el desván, una gran habitación es dejada abierta para las nuevas experiencias a descubrir. Esto es, una capacidad de creer que la vida no se detiene en el sufrimiento o en el traumatismo y que ella puede aún dar sorpresas.

Pero si la famosa casita ha sido a su vez inquilina de excepción en documentos en diferente formato, digital e impreso, traspasando continentes y océanos, lo que no se ha dado a conocer –o al menos no en las lecturas o cursos que yo he realizado- es una de las aportaciones de estos autores que aparecen en los anexos del libro y que vienen a ser un importante instrumento para aquellos interesados en la resiliencia infantil.

Y no me parece justo seguir dejándolo en el desván (nunca mejor dicho, metafóricamente hablando) pues sin restarle importancia a la casita como herramienta significativa para entender la resiliencia como un proceso en construcción, no menos importante es esta mirada específica que los autores realizan a la promoción de la resiliencia infantil a partir de un análisis de cómo el niño piensa, siente, se relaciona con su entorno, disfruta, espera, o…simplemente se convierte en protagonista y guionista indirecto de su proceso resiliente.

Tal como recogen Vanistendael y Lecomte, algunas de las preguntas que el profesional puede hacerse para encontrar las pistas conducentes a la resiliencia, agrupadas en diferentes áreas y que pueden servir de orientación general a la hora de planificar la intervención son las siguientes:

  1. EL PROBLEMA VISTO POR EL NIÑO

  • ¿El niño vive en un caos psicológico total o tiene una lógica que le es propia?
  • ¿Cuáles son sus referentes?
  • ¿Qué es lo que representa para él un problema?
  • ¿Es coherente con la percepción que de él tienen los adultos?
  • ¿Cómo maneja su problema?
  • ¿Qué enseñanza puedo extraer de eso?
  • ¿Tenemos una mejor solución para ofrecer que sea compatible con el punto de vista del niño?¿Cómo saberlo?
  • ¿Una intervención puede entorpecer las capacidades del niño para resolver el problema?
  1. LOS CENTROS DE INTERÉS DEL NIÑO

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  • ¿El niño tiene pasatiempos favoritos?
  • ¿Qué es bello para él?
  • ¿Practica una forma de expresión artística (dibujo, música u otra)?
  • ¿Practica un deporte?
  • ¿Qué tareas útiles puede realizar en su casa o en el seno de su entorno?
  • ¿Se ocupa de una planta, de un jardín o de un animal?
  • ¿Se puede interesar en otras cosas?
  • ¿Es creyente? Si lo es, ¿su fe puede constituir una ayuda para él o no? ¿por qué?
  1. LAS COMPETENCIAS Y LAS CUALIDADES DEL NIÑO

  • ¿Tiene el niño un don particular, una característica a valorizar?
  • ¿Es posible mejorar ese don?
  • ¿Quién puede ayudarle a eso?
  • ¿Cuáles son las competencias que debe adquirir y cómo?
  • ¿Qué cualidades podríamos descubrir en él?
  • ¿Es consciente de sus cualidades o es demasiado consciente de ellas?
  • ¿El niño tiene una idea realista y positiva de sí mismo?
  • ¿Cómo puede desarrollar sus cualidades?
  • ¿En qué pueden ellas ayudar a este niño?
  • ¿Tiene aptitudes que se traducen en un comportamiento indeseable pero que podrían ser utilizadas de manera más constructiva? Si es así ¿Cómo pueden ser reorientadas?
  1. EL HUMOR Y LAS ESTRATEGIAS DE ADAPTACIÓN DEL NIÑO

  • ¿Le divierten algunas cosas en particular?
  • ¿Ríe con sus amigos?
  • ¿Qué historias o imágenes graciosas aprecia?
  • ¿Su humor es respetuoso de los otros o revela más bien una ironía hiriente?
  • ¿Cómo juega?
  • ¿Cuáles son las pequeñas cosas que le complacen?

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  • ¿El niño hace uso de estrategias de adaptación (evitamiento de los problemas, negación de la realidad, relativización de las dificultades, control de sus emociones, ensoñación diurna, etc? Si la respuesta es sí, ¿estos comportamientos lo ayudan a soportar mejor su condición o presentan un riesgo de desconexión con la realidad? En caso de necesidad, ¿se le puede ayudar a reorientar útilmente esas reacciones?
  1. LOS PROYECTOS DEL NIÑO

  • ¿El niño tiene proyectos para el futuro inmediato o lejano? Y si los tiene ¿cómo ve el camino que lo conducirá a realizarlos?
  • ¿Es realista y capaz de reconocer los límites de sus aspiraciones?
  • ¿Cómo puede ser apoyado este niño?
  • ¿Está abierto a otros proyectos y quién puede eventualmente proponerle otros?

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  1. EL ENTORNO ADULTO DEL NIÑO

  • ¿El niño tiene vínculos estrechos con los miembros de su familia, con sus amigos, con otras personas? Si es así, ¿esas personas le aportan ya un apoyo y cómo? Si no, ¿pueden llegar a hacerlo? ¿Cómo?
  • Si el niño no tiene a nadie en su entorno que pueda aceptarlo y ayudarlo, darle estabilidad y calor humano ¿Qué otra persona puede asumir ese rol sin peligro?
  1. LOS OTROS NIÑOS

  • ¿Hay en su entorno niños que afronten las mismas dificultades, pero que parecen no sufrir demasiado?
  • ¿Qué podemos aprender de sus experiencias?

En definitiva, viene a ser como una radiografía psicosociofectiva del niño o niña. Todo un banco de interrogantes que, de poder ser respondidos, permitirían a su vez dar una respuesta profesional y acertada en el diseño de actuaciones para la promoción de la resiliencia… y quién sabe si no también para establecer pronósticos y decisiones en el sistema de protección de menores al permitir entender el sentido o significado que para el niño tiene la situación de desprotección.

Concepción Martínez Vázquez

Psicóloga y Pedagoga

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