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(Hago una paradita en la serie sobre el libro de Bill O´Hanlon sobre la depresión simplemente para no deprimirme o para no aburrir demasiado. Para ello retomo otra serie)

Hace unos meses, en España, y tras las elecciones autonómicas y municipales, asistimos a un curioso fenómeno sociológico. Decenas de nuevos cargos electos se lanzaban a las calles virtuales, cual patos despavoridos, en busca de alguna empresa que rápida y eficazmente (no es posible) limpiara de Internet toda aquel comentario que él o ella hubiera podido hacer en la red y pudiera, al ser mal o bien interpretado, costarle el puesto, como al Señor Zapata.

Para quien no viva en España, el Señor Zapata es un joven que renunció al puesto de Concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid al salir a la luz unos antiguos whatsapps suyos con chistes que podían herir la sensibilidad de algunos colectivos o incluso personas concretas.

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Estoy seguro que todos, en espacios de intimidad, hemos contado chistes “políticamente incorrectos” sin que nos haya costado nuestro trabajo o la ruptura de relaciones. ¿Por qué? Porque en los contextos humanos podemos medir lo que se puede decir y lo que no. Podemos así saber que nuestros interlocutores nos conocen lo suficiente para diferenciar el chiste de nuestras propias ideas o actitudes y no catalogarlo de racismo, machismo, o cualquier otro -ismo. O por el contrario podríamos saber que nuestros interlocutores son más -ismos que nosotros m-ismos.

De hecho el Señor Zapata alegó que los chistes estaban en el contexto de un debate intelectual sobre los límites del humor y que se habían sacado del mismo. Estoy seguro que fue así (aunque no le hubiera costada nada enseñar el resto del debate)

Pero el Señor Zapata que, a pesar de su juventud, no creo que sea un verdadero nativo digital, la cagó, a mi modesto entender, con el argumento. ¡Zapata en Internet no hay contexto que valga!

Si una cosa debemos aprender, para cruzar el umbral digital sin riesgos, es que los contextos desaparecen en el mundo online. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que el contexto se sustenta sobre una dimensión temporal y otra dimensión espacial (qué es lo que he dicho o hecho en aquel lugar aquel día)  Y en Internet no hay tiempo ni espacio que valga.

Este mismo post es un ejemplo. He tenido que contextualizarlo (con la nota del principio; con el vínculo con otro post más adelante y con la referencia a una serie) porque probablemente tu seas un o una lectora fortuita que has aterrizado en él vete tú a saber desde dónde, por qué y cuándo. De poco me servirá el contexto si algo de lo que escribo te ofende, te indigna o molesta.

A mi todo esto me recuerda el fenómeno de los tatuajes. Hace unos años empezaron a ponerse de moda y pasaron de ser una manifestación de marginalidad a casi, casi, una manifestación de “glamour” (es decir, pasaron de un margen al otro)

Pero lo más divertido es que ahora empiezan a proliferar los negocios que ofrecen “borrar tatuajes” pues resulta que Rosita o Juanito ya no es el amor de mi vida; que llevar una cruz tatuada en algún país árabe es un deporte de riesgo o que en el convento al que ahora quiero ingresar no miran con agrado el signo satánico de mi cuello.

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Hacerme un tatuaje no neutro significa desconocer la llamada Ilusión del Fin de la Historia y que ya he explicado en otro post.

Esta Ilusión – y me traigo dos párrafos de aquel post – “es la que hace que seamos capaces de reconocer lo que hemos cambiado en los últimos años pero, inexplicablemente, ser incapaces de pronosticar que vamos a seguir cambiando. En cada momento de nuestra vida vivimos pensando que ya no vamos a cambiar más. Por eso la gente se jura amor eterno, por eso se hipoteca, por eso… (…) Pero los estudios de Dan Gilbert (en aquel post tienes un charla en TED sobre el tema)  demuestran que no sólo cambiamos de gustos, de aficiones, etc. sino que hasta la forma de ser, medida con test de personalidad, cambia.

Y esto, para colmo, no nos cuesta reconocerlo en los demás. Todos podemos conocer a alguien que de joven estaba posicionado en una determinada ideología política y en su madurez, sin embargo, milita en un partido en el otro extremo del espectro político. O conocemos a algún converso religioso. O a vegetarianos radicales que meses antes disfrutaban de todo tipo de hamburguesas, filetes o pescados.

Sin embargo ¿Cambiar yo? ¡Ni pensarlo!¡Yo soy el que soy! (frase, por cierto, atribuida en el judeocristianismo al mismísimo Dios)

Antes eran algunos tatuajes los que nos servían para ejemplificar los resultados hilarantes de la Ilusión del Fin de la Historia (me encantaría saber qué ha pasado con la pareja de la foto de arriba) pero ahora todos tenemos una segunda piel, una piel no formada de células sino de bits, de ceros y unos, una piel analógica.

Antes algunas cosas puntuales de tu vida las podías tatuar en tu piel. Ahora gran parte de tu vida es la que queda tatuada en la red. Algunas no dependerán de ti (sentencias, multas, puestos, premios …) pero otras muchas sí. Ten cuidado.

De nada te servirá alegar el contexto.

(Iba a darle a Publicar pero mejor lo dejo y mañana le doy otra vuelta. Por si acaso)

Hoy es mañana.

Bill O´Hanlon explica que hay dos características del cerebro humano que hay que tener en cuenta a la hora de entender cómo se construye una depresión. Una es el aprendizaje asociativo y otra es la utilidad neurológica de la repetición.

Por la primera es más probable que aprobemos un examen en un aula de color azul si hemos estudiado la materia en una habitación azul. O de una forma más sencilla, si oímos por primera vez o muchas veces una canción cuando estamos en una ruptura sentimental, cuando la oigamos al cabo de unos años algunas sensaciones asociadas al estado de ánimo que teníamos entonces reaparecerán (e incluso, en algún caso, puede ser que no seamos conscientes de que derivan de la canción) A veces le llamamos a eso “gatillar” el recuerdo.

La segunda característica es que el cerebro cada vez hace mejor y más fácilmente lo que hace muchas veces. En la autoescuela necesitábamos “pensar” cada acción al volante. Tras meses y años conduciendo lo hemos automatizado.

No te acuestas un día con un sentimiento de plenitud en la vida y cuando abres los ojos nada tiene sentido y no te quieres levantar. Los pensamientos, sentimientos y conductas depresivas van ganando terreno (a veces muy rápido pero no por ello de golpe) a las ideas, sentimientos y conductas no depresivas.

Si esos elementos depresivos se presentan más frecuentemente en la soledad de mi cuarto y poco a poco yo salgo menos de mi cuarto, el crecimiento de los mismos se acelerará. Si cada vez que voy al terapeuta me paso una hora revisando mi depresión lo que, probable y paradójicamente, aprenderé es a deprimirme cada vez mejor y más rápido.

Para evitar lo anterior (y en especial lo segundo) O´Hanlon propone vetear la depresión en las sesiones terapéuticas. La forma en que las vetas de grasa se incrustan entre la carne puede suponer la diferencia entre un buen jamón curado o uno no tan bueno. Un trozo de grasa pura a la plancha no es sano ni delicioso. Un filete sin nada de grasa puede ser muy sano pero algo insípido o seco. Un bistec veteado o marmorizado de una cierta cantidad de grasa puede ser exquisito.

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Las personas que sufren una depresión no están el cien por cien del tiempo deprimidas. No todos y cada uno de sus pensamientos son lúgubres. No siempre no se levantan de la cama. No siempre les falta el sentido. Alguna vez incluso pueden sonreír o reír. Pero el propio proceso depresivo lleva a que, poco a poco su cerebro, se focalice en lo depresivo, dejando fuera de su campo preceptivo los pensamientos, ideas, sentimiento y acciones no depresivas. Es lo que al final del capítulo O´Hanlon compara con un “trance hipnótico” pues para eso tiene formación en hipnosis. La idea de un “trance depresivo” del que debemos ayudar a salir a quien lo padece me perece muy sugerente. ¡Cuantas veces vivimos la vida en estado de trance, con el piloto automático puesto! (Perdona la digresión filosófica, no he podido evitarlo)

Propone que durante las sesiones el terapeuta equilibre con sumo cuidado el repaso de lo disfuncional del cliente con lo funcional del pasado. del presente o de las expectativas de futuro. Las personas deprimidas tienden a la generalización (“Nada me apetece” “No tengo ilusión por nada” “No merece la pena vivir”…) Es muy posible que en la actualidad nada le apetezca pero si en la sesión el terapeuta dedica un rato a repasar lo que le apetecía cuando no estaba deprimido estará ayudándole a no focalizarse en lo negativo y, al menos, no contribuirá a hacer más grande la depresión.

Muchos psiquiatras (aquellos que sólo tienen puesta su esperanza en que la medicación haya hecho efecto desde la última sesión) se pasarán la sesión oyendo como el paciente dice que todo está mal. Y si el paciente por si mismo no es capaz de ver (lo cual es probable) ni una ligerísima mejoría la sesión habrá cavado medio metro más la fosa depresiva, valga la redundancia. Y además saldrá, seguramente, con más medicación lo que le susurrará al oído al paciente: “No se ha atrevido a decírtelo pero es evidente que te encuentra peor porque te ha subido la medicación”

Y es que – esto no lo dice O´Hanlon sino Romeu – me parece bien que un psiquiatra no sea terapeuta sino quiere o no tiene formación pero al menos que sea consciente que lo que el dice y hace en la consulta no es neutro. O levanta o hunde

Para vetear la depresión Bill (como si fuera amiguete mio) propone una serie de técnicas (con la que estarás familiarizado si has leído otros libros de este autor) y que señalo por aquello de que el libro está en inglés y ya puestos…

Técnicas que introducen pequeñas variaciones en el discurso de la persona deprimida

1. Devolver en pasado

El paciente dice “Yo no quiero ver a nadie” y el terapeuta le contesta “De acuerdo, usted no ha querido ver a nadie” El paciente dice “Pienso en el suicidio” pero el terapeuta lo reconvierte “Usted ha pensado seriamente en quitarse la vida

Excepto que el o la paciente, y permíteme la broma – diga las dos frases anteriores tapándose los ojos – para no ver ni al o la terapeuta – y apuntándose con un revolver en la sien con la otra mano, la forma de hablar del paciente está proyectando su pasado sobre el presente. Con su sutil corrección el terapeuta intenta liberar el presente del paciente encerrando la experiencia de éste en el pasado, que es donde en realidad está.

2. Devolver de lo global a lo parcial

El o la paciente dice “Nada tiene sentido” Y el terapeuta cuando lo recoja lo convertirá en “No muchas cosas tienen sentido para usted estos días” (En este caso, muchas es menos que nada)

3. Validar las percepciones pero no invalidar la verdad o la realidad.

Debemos aceptar que la vida no tenga sentido para el o la paciente pero eso no significa que debamos aceptar que eso sea verdad. En otro libro Bill O´Hanlon ha contado como a los dos primeros amigos que les comunicó su intención de suicidarse en su juventud le dijeron que estaban de acuerdo con él en que la vida no tenía sentido y, que si fueran valientes, también lo harían. No fue ninguno de ellos a quien les debe haber salido de la depresión.

Y por el contrario, negar las verdades o realidades de paciente no debe llevarnos a que él o ella no se sienta comprendido (“¡No diga usted tonterías!¡La vida es bella!”)

Así si la persona dice “Nunca mejoraré” bastará convertirla en otro momento (no se trata de corregir) en “Usted piensa que no mejorará” (No cuestiono su pensamiento pero lo sitúo como lo que es: un pensamiento no una realidad)

Por supuesto estas tres técnicas no son excluyentes sino que pueden y deben combinarse unas con otras.

Técnicas de inclusión

1. Permiso

Las personas deprimidas no tienen sólo que lidiar con sus pensamientos y sentimientos deprimidos sino también con la culpa por tenerlos o por las conductas a las que les llevan. Podemos ayudar dándoles permiso para sentir, ser o pensar en la manera que lo hacen o para no sentir, pensar o ser de la manera que ellas no lo hacen. En realidad son dos permisos: para sentirse deprimido y para no tener esperanza por el momento.

Estos permisos son necesarios no por una cuestión moral o humana sino por algo completamente estratégico derivado del funcionamiento de la mente: cuando nos prohíben pensar en “osos blancos” sólo consiguen que pensemos en ellos. Cuando nos dan permiso para pensar en “osos blancos” es muy posible que dejemos de hacerlo al cabo de un rato. “No debería pensar usted esas barbaridades” es la mejor manera de avocar a las mismas.

No quiere decir que debamos decir “Es perfecto que piense en matarse” Pero el permiso lo podemos dar diciendo “No es raro que la gente que se siente tan mal como usted piense en suicidarse. No pasa nada. Que lo piense no significa que usted lo hará”

Bill O´Hanlon explica como algunos psiquiatras usan “contratos anti-suicidios” cuando creen que existe riesgo. No los critica pero se avisa del efecto paradójico que pueden tener aumentando la frecuencia de las ideas suicidas al focalizar al cliente sobre las mismas.

En definitiva, a la persona que te dice “Me siento vacía” se le puede responder “Sentirse vacío es muy común en las personas deprimidas. No tienes por qué sentirse de otra manera por el momento”

2. Inclusión de opuestos

Es una variación un poco más compleja de lo anterior pues supone dar permiso para sentir de dos maneras opuestas o contradictorias. A veces una persona deprimida siente que querría desaparecer del mapa pero al mismo tiempo no quiere hacer daño a los suyos. O puede no desear levantarse ningún día pero sin embargo lo hace para ir a terapia. Si valoro lo segundo solamente, puede sentirse culpable por sentir lo primero. Si reconozco lo primero, puede sentir que no reconozco lo segundo.

La conjunción “y” nos permite elegantemente no entrar en este conflicto: “Usted no puede encontrar sentido y usted piensa que usted estad pasando por esta depresión para algo”Usted no quiere morir y usted no quiere vivir así”

O´Hanlon reconoce que esta forma de pensar no es lógica para los occidentales pero nos recuerda que es mucho más normal en las culturas orientales.

Otra manera transmitir que es normal e incluso beneficioso tener percepciones contradictorias o ideas opuestas es el uso de oxymoros, una figura literaria por la que se combinan dos adjetivos o términos antagónicos (“dulce amargura” “la maravilla del dolor”…) El resultado serían expresiones como:”Es importante acordarse de olvidar ciertas cosas y no olvidarse de recordar otras”Parece que usted ha pasado tanto tiempo en la oscuridad que sus ojos se han adaptado y ahora puede ver cosas en ella que otros no pueden” “Usted está esperando contra toda esperanza que esta depresión desaparezca”

3. Incluyendo el No con el Sí

Se refiere al empleo de preguntas en las que se combina lo afirmativo con la negación: “Usted no piensa que conseguirá estar mejor ¿es así?” “Usted está empezando a sentirse mejor ¿no es así?”

En el próximo post de la serie resumiré el tercer gran grupo de técnicas, el que intenta sacar a la luz las excepciones a la depresión, y trataré de llevar todo lo anterior al terreno no terapéutico. Al terreno de los familiares, amigos, compañeros, etc de las personas que padecen una depresión.

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A veces la relación de ayuda no es neutra: te ayudo pero si no lo consigo te quedas como estás. Hay asuntos para los que es perfectamente válido aquello de “Si no eres parte de la solución, eres parte del problema”. Probablemente uno de ellos es el de la depresión.

Estoy leyendo un libro sobre la misma de uno de los terapeutas orientados a la solución más admirados por mi: Bill O´Hanlon, del cual he leído todos sus libros publicados en castellano (que no son pocos) y de quien he usado muchas veces la historia de cómo una amiga (y no un psiquiatra o una psicóloga) le salvo del suicidio y de cómo la depresión le llevó a hacerse terapeuta.

Esta vez el libro no está traducido pero con Kindle y su acceso directo a diccionarios y traductores, la posibilidad de subrayar y de incluir notas, voy tirando. El libro de llama “Out of the blue. Six non-medication ways to relieve depression” (W.W. Norton & Company, N.York -London, 2014)

Se podría traducir por “De la nada. Seis maneras no médicas de aliviar la depresión

Lo que sigue en este post, y otros posteriores, no pretende ser unos apuntes o resumen del libro, pues uno es tan ególatra que se resiste a no poner algo de la propia cosecha. Es más bien el poso que la lectura de su libro está dejando en el menda.

Pero sí es suya la expresión “conseguir una buena depresión” con la cual consiguió sacar la sonrisa de una paciente deprimida al pedirle que le ayudara a comprender como se construía una depresión de alta calidad. La expresión tiene su mucha miga porque deja entrever muchas cosas: que las depresiones se construyen; que no salen de la nada (aunque ellas luego supongan hundirse en la nada) que son un proceso y no un estado;  que aliviar una depresión es ayudar a construir “una mierda de depresión” y que, sobre todo, con nuestras reacciones a la depresión de alguien la podemos agrandar o disminuir.

El libro, muy sencillo y claro, está dirigido muy especialmente a personas que se relacionan con personas con depresión en calidad de terapeutas pero, por lo que llevo leído, es válido e interesante para las personas que se relacionan con ellas por otros motivos (parentesco, convivencia, amistad…)

Y para empezar, un preámbulo.

¿Y si la depresión no fuera una enfermedad?

O´Hanlon, sin dedicar muchas líneas, cuestiona que podamos hablar de la depresión como una enfermedad equiparándola por ejemplo a la diabetes. En el caso de la segunda, la medicina conoce perfectamente el proceso por el cual se produce: qué falla, que efectos produce, qué hacer para… Ese estado del conocimiento científico de la depresión no es, ni por asomo, el mismo.

No olvidemos que en psiquiatría muchos medicamentos fueron creados para otras cosas y que, vete tú a saber por qué, se descubrió que tenían un efecto beneficioso en algunas patologías mentales. Si mañana sale al mercado una bebida llamada ChuchiCola y, muchos de los deprimidos que la toman mejoran, no por ello nos aventuraremos a afirmar que la causa de la depresión es una carencia en el organismo de ChuchiCola, o alguno de sus componentes.  Y si las casas con puertas blindadas reciben menos robos que las casas con puertas normales no diremos que las puertas no blindadas son la causa de los robos. Que yo sepa la causa de los robos son las y los ladrones ¡de toda la vida!

Pero no se trata de dilucidar la calidad del conocimiento científico que permitiría afirmar que la depresión es una enfermedad “como otra cualquiera”. Lo que pretendo es sacudir, para que caigan, los frutos de esa concepción.

El psicólogo social Kenneth J. Gergen ha cuestionado la idea de autoconcepto e incluso de identidad o self como una estructura cognitiva privada y personal y la redefine como el resultado de una red de relaciones. Nos relacionamos y en base a esas relaciones construimos historias o narraciones que nos definen y con las que definimos a los demás. Pero sin entrar en más profundidades, podemos aplicar el mismo cambio de foco a la depresión.

Podríamos ver a la depresión como el resultado de la narración que hacemos de nuestras relaciones: con los otros (la pareja, la familia, los amigos, la empresa, la sociedad,…) pero también conmigo mismo (me gusto, ya no me gusto, sin comentarios…) la misma vida (con o sin sentido) o mis propias ideas y creencias (religiosas o laicas) En esta visión la depresión ya no es simplemente una cuestión de neurotransmisores sino de transmisiones, de relaciones, en general.

Por tanto, considerar la depresión como una enfermedad bioquímica sin más es muy tentador. Y no me refiero a los grandes laboratorios (contra los que Bill O´Hanlon no arremete) sino para todos y cada uno de nosotros: Mi padre, mi mujer, mi cuñada, mi hijo, mi prima, mi empleado, mi amiga… no se levanta de la cama y se quiere morir ¿Qué le pasa? Tiene una depresión ¡Yo no tengo nada que ver!¡A mi que me registren!¡Es algo que pasa en su sistema nervioso y cerebro. ¡Ni un 0´005 % de lo que le pasa depende de mi!

Es curioso que, si por el contrario, mi pareja, mi padre, mi madre, mi hijo o hija, etc proclama a los cuatro vientos que es la persona más feliz del mundo ¿seré capaz de decir exactamente lo mismo? O, por el contrario ¿me atribuiré un pedacito de su felicidad en una proporción incluso de más de una cifra?

No se trata por tanto de negar la conexión entre química y emociones, entre cuerpo y mente. Se trata solamente de pensar lo que estamos diciendo cuando decimos que la depresión es una enfermedad y que, por tanto, debemos dejarla en manos de los médicos y, como mucho, de los terapeutas. Según eso mismo el que haya diferencias estadísticamente significativas en los índices de suicidio de unos países y de otros o entre unas culturas y otras ¿debe ser también entendido como el resultado de una especie de mala suerte colectiva?

La concepción de la depresión como “enfermedad” es una idea de las que yo llamo seductoras: no es necesariamente verdadera pero es tan atractiva que la aceptamos como tal y se propaga como la pólvora por lo bien que se vende.

Tras está disquisición (más mía que de Bill) el autor propone 6 caminos para ayudar a aliviar la depresión y que de momento sólo citaré para ir comentando en sucesivos posts (si no acabo deprimiéndome yo mismo)

1. Vetear la depresión.

Las personas deprimidas no tienen todo el día y a todas horas ideas, sentimientos o actuaciones propias de la depresión. Podemos ayudarles no centrándonos todo el rato en lo que está mal, focalizándolos cada vez más en la oscuridad, sino combinando el reconocimiento de su sufrimiento con la atención a los mejores momentos pasados, presentes o futuros.

2. Deshacer la depresión.

Quizá la persona no pueda no hacer cosas “deprimentes” pero si conseguimos ayudarle a hacer cosas incompatibles con la depresión estaremos contribuyendo a deshacerla.

3.  Mover o desplazar la relación del la persona deprimida con su propia depresión.

Ese movimiento se puede conseguir de distintas maneras:  interiorizándola (Mindfulness) externalizándola (yo no soy el problema, yo tengo un problema) compadeciéndonos a nosotros mismos o valorándola a ella (la depresión).

4. Cambiando el aislamiento, restaurando y fortaleciendo las conexiones.

Me viene de nuevo a la cabeza una de mis frases preferidas “Según me coloco, me encuentro a la gente o no veo ni a Dios” (de la canción “A tiro de la vida nueva” de Migueli)

5. Un futuro con posibilidades

Y ahora me viene aquello del “realismo de la esperanza” o lo que es lo mismo: que la esperanza es real con independencia de que la tengamos, la sintamos o no.

6. Reiniciando el crecimiento cerebral.

La hipotesis del déficit de serotonina como causa de la depresión está siendo desbancada por la hipóteis neurogénica o neurotrofica. Bill O´Hanlon nos introduce en sus implicaciones.

El teatro ofrece muchos ejemplos de pequeñas tareas que, si no se realizan bien, pueden tener consecuencias catastróficas.

Imagina un tramoyista que levanta el fondo del escenario antes de que haya bajado el telón. O un apuntador que canta el texto cuando el actor o actriz no lo necesita distrayéndole. O un telón que no baja cuando la representación ha terminado, dejando a actores y público desconcertados. O, lo que sería, peor: justo lo contrario.

Estas tareas requieren dos cosas esenciales. La primera, claro está, la precisión. Una precision en forma de estar atento. Si el encargado o encargada de lanzar el trueno y el humo que permite al alcalde de El diluvio que viene ser fulminado por un rayo delante de todos los espectadores se retrasa un solo segundo el gag perderá toda su eficacia.

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Pero este tipo de tareas requiere también algo no tan obvio, algo más sutil: aprender, tanto o más, a no hacer que a hacer. Aparentemente es un trabajo donde apenas tienes que hacer nada. En dos horas tienes que intervenir en, a lo mejor, dos, tres, cuatro o cinco instantes. Pero implica un gran trabajo de no hacer y de esperar.

En la relación de ayuda emocional  es muchísimo más difícil aprender a no hacer o decir, aprender a esperar, que a lo contrario. Ante el sufrimiento de un interlocutor es muy dificil quedarse callado. Cuando empatizamos el sufrimiento se hace también un poco nuestro y nuestra mente no para de buscar soluciones. Y si no controlamos la lengua, el órgano mas peligroso de todo el cuerpo, es probable que vomitemos algún consejo, sugerencia o incluso  recriminación (eso te pasa por… si no hubieras….) Quizá con el consejo o la sugerencia tengamos suerte y acertemos. Es posible. Pero no probable.

Por eso pienso que la mejor preparación para una persona que quiera dedicarse a la psicología, psiquiatría, educación o trabajo social, etc. es la que viene de acompañar a personas con problemas que no tienen solución. Es lo que ocurre, por ejemplo, en las Unidades de Cuidados Paliativos.

Pero es evidente que los y las pacientes que se encuentran en ellas no estan precisamente para hacer de conejillos de indias. Y sin embargo hay una solucion: leer un libro.

COUNSELLING Y CUIDADOS PALIATIVOS

Un libro concreto editado en España hace tan solo unas semanas.

Se titula Counselling y cuidados paliativos, y está escrito por Esperanza Santos y José Carlos Bermejo, publicado hace unas semanas por Descleé De Brouwer.

No conocía a Esperanza pero sí le sigo la pista a José Carlos desde hace tiempo a través de sus muchos (más de 40) libros publicados. Me interesa mucho su interés por re-humanizar la atención sanitaria, comparto su pasión por los cuentos como instrumento terapéutico y su interés por la resiliencia.

Es difícil poner en tan pocas paginas (no es un libro voluminoso) un material tan interesante y práctico sobre el acompañamiento humano en las escenas finales de la vida cuando la medicina ya no tiene argumentos para retrasar el desenlace.

Con pinceladas teóricas concisas y precisas para introducirnos en muchos ejemplos, ejercicios y preguntas para la reflexión, su lectura es una experiencia de inmersión en el acompañamiento a pacientes y familiares.

Se nota que no es un libro escrito desde la teoría o la investigación sino que me atrevo a decir, sin conocerlos personalmente, que es el resultado de haber exprimido al máximo la experiencia de muchos años de sus autores y colaboradores.

Esperanza SANTOS - José Carlos BERMEJO

Se nota también la experiencia de los autores en la formación pues podría ser perfectamente la transcripción de un taller práctico. Un taller donde encontraremos temas esenciales como la conspiración del silencio ante la enfermedad sin solución, la claudicación familiar, la comunicación de malas noticias, el sentido y el perdón, o el propio desgaste psíquico de los profesionales implicados. ¿Qué más se puede pedir?

Un libro imprescindible no solo para los que se dediquen o se dedicarán algún día a los Cuidados Paliativos sino para toda persona que le interese el Counselling en general, definido por la OMS como un proceso dinámico de diálogo a través del cual una persona ayuda a otra en una atmósfera de entendimiento mutuo (tomado del mismo libro)

Un libro que se complementa maravillosamente con otro que tengo entre manos. Se trata de “Ser mortal” del medico y escritor Atul Gawande y editado en Galaxia Gutenberg.

Un libro en el que no me detengo solamente por no desviar la atención de el de Esperanza y José Carlos y porque seguro que lo citaré en más ocasiones dado el impacto que me está produciendo

Sólo te dejaré su hipótesis central: hemos dejado la atención a las personas con enfermedades crónicas; terminales o en la tercera edad en manos de criterios exclusivamente médicos. Un gran error que hay que remediar cuanto antes.

Esta mañana he conocido la historia de dos animales muy distintos, un cisne y un perro, pero con dos cosas en común: ambos viven en Australia y se dedican a rehabilitar personas. Si quieres saber cómo, te lo contaré enseguida pero déjame unos párrafos primero.

En uno de los primeros textos sobre resiliencia que leí de Cyrulnik o Vanistendael se apuntaba, como quien no quiere la cosa, que personas en situación de vulnerabilidad o dependencia, como niños en contextos de marginalidad o ancianos en residencias, podían beneficiarse de tener que cuidar plantas o animales o cualquier otra pequeña responsabilidad.

Le seguí la pista a esta idea y pronto entendí que debía incluir el altruismo entre las condiciones internas de la resiliencia. De vez en cuando me encontraba con historias, con ejemplos, con autores que apoyaban la idea de que el centrarse en el alter, en el otro u otra, era una buena manera de retomar un camino positivo después de haber recibido una bofetada de la vida. Y además había distintos argumentos para justificarlo:

– Las víctimas que adoptan una posición activa ante la desgracia (ayudando a otras víctimas) se recuperan mejor que las que reaccionan pasivamente.

– Centrarse en el tú implica descentrarse del yo. Cuanto menos me centre en mi yo herido (sin llegar a la negación o la alienación) mejor. Si estoy atento a ti, es más difícil que esté atento a mí.

– La posición de víctima suele desequilibrar la relación entre el dar y el recibir. Dar más que recibir es agotador, recibir más que dar es incómodo y mucho más difícil de gestionar de lo que parece.

– Conocer el dolor de otra persona me permite poner en perspectiva mi propio dolor. Casi nada es absoluto, muchas cosas (no todas) son relativas. El sufrimiento es objetivo en si mismo pero su nivel, probablemente, no. Mi gran dolor al lado del tuyo ya no parece tan gran.

– Los grupos de ayuda, que funcionan en casi todas las problemáticas humanas, se basan, entre otras cosas, en la idea de que ayudándote, me ayudo. Ayudándome, te ayudas.

No está nada claro que el altruismo se pueda considerar una condición interna (y se pueda clasificar a la gente en altruista o no) pues si el contexto no te ofrece oportunidades para ayudar es difícil hacerlo. Si en las residencias de ancianos no se permite tener perro, gato o peces los ancianos no podrán cuidar animales. Hay contextos que favorecen la generosidad y otros que la inhiben. Pero en todo caso no podemos negar que hay personas (todos conocemos algunas) que son más desprendidas y entregadas a los demás que otras.

El otro día me pidieron tomar un café para ejercer de lo que yo llamo “psicólogo de cabecera”. Yo te cuento, Javier, y me dices cómo lo ves. Así que durante bastantes minutos me iban contando las hazañas de un chico o chica de veintipocos años. Yo preguntaba y poco a poco un retrato humano se iba dibujando en mis pocas entendederas. Descartada la patología clínica pura y dura se acercaba el momento angustiante del ¿y qué hacer? Soy consciente de las limitaciones de una intervención tan poco profesional pero a mi mente llegó la idea de que esta persona, por circunstancias que no vienen al cuento, tenía un balance anómalo entre el dar y el recibir. Vivía, en mi imaginación, para si mismo en una espiral que apuntaba hacia cada vez menos relaciones humanas positivas y sanas. Del relato de las personas preocupadas por él o ella se desprendía que sus únicos valores en la vida eran el éxito y el dinero, y encima aún estaba muy lejos de ambas cosas.

Así que les propuse que intentaran ayudarle a ayudar a otros u otras. Ayudarle a entender que los dones que se poseen no necesariamente se tienen que traducir en éxito o en dinero sino en… ¡vínculos! Probablemente mis interlocutores no entendieron nada o no les servirá para mucho pero yo lo vi clarito.

A mí, sirva yo mismo también de ejemplo, me gustaría poder ganarme la vida con el blog o la escritura pero si no es así, y probablemente no lo será nunca, no pasa nada porque en realidad escribo para conectarme (también para resistir y resurgir y para encontrar sentido) ¡para que me quieran!.

La dueña de la casa se llevó un susto enorme cuando salió al jardín y se encontró a Wyne tirado en el suelo y moribundo. Estaba tan débil que no tenía fuerzas ni para mover el cuello y no podía recordar su nombre. En su caso lo primero era gravísimo y lo segundo normal, pues Wyne era un cisne negro. Presentación2

Para socorrerlo se llamó al mas templado de los protagonistas de Bondi Vet (serie conocida en España como Veterinario al rescate) Fue éste, Chris Brown, el que bautizará al cisne con el nombre de un político no muy de su agrado. Wyne estaba debilitado como fruto de una invasión brutal de parásitos. Una vez curado el cisne necesitaba un tiempo prolongado de rehabilitación para recuperar las fuerzas para poder volar y ser liberado de nuevo. Así que fue llevado a un Centro para recuperación de animales salvajes.

En otro capítulo el veterinario se desplaza hasta este centro para supervisar su recuperación. Y resulta que dicho centro se encuentra dentro de una prisión para mujeres. La oficial al cargo explica: “Uno de los aspectos más positivo del trabajo de las internas con los animales es que los animales no juzgan. Es una iniciativa muy positiva para ambos” La primera frase es una obviedad pero tiene más miga de lo que parece porque apunta que para la rehabilitación social es importante la mirada social hacia las personas que se han equivocado en la vida.

Y una interna, Marie, ha sido la principal cuidadora del cisne desde que este llegó. Le ha dado los antibióticos, la ha hecho fisioterapia en las alas, y aguaterapia.

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Unos días después el cisne ya estará suficientemente fuerte para soltarlo en un estanque dentro de las instalaciones del centro penitenciario (mejor que lo veas para creerlo) y que él decida si volar otro lugar o permanecer en él. Marie, la persona condenada a cuidarla explica. “Este programa te da la oportunidad de aprender mucho de la fauna australiana y, además, es muy gratificante porque puedes ayudar”  

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Tras soltar al cisne el veterinario comenta a la cámara: “Basta mirar un momento a Marie para darse cuenta de que rebosa de orgullo por lo que ha logrado hacer aquí. Estoy seguro de que en su vida en prisión no habrá muchos buenos momentos pero hoy es uno de ellos”. ¿Será esto una concreción de la cursilería que digo muchas veces de la importancia de introducir belleza en la vida de las personas que necesitan ayuda? Ahí lo dejo.

Pero en otro episodio de la misma serie Chris Brown vuelve a entrar en una prisión para atender, esta vez, el parto de una perra. El narrador del programa explica: “Desde hace diez años los reclusos de varios centros penitenciarios de Australia adiestran cachorros de perros de asistencia (guía)” Sin embargo esta es la primera vez que una camada nace en el interior de una de las cárceles. Una de las reclusas ha cuidado de Briel, la perra asignada a ella, durante cuatro meses y ha ayudado al nacimiento del primer cachorro.

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Tras asistir el parto de diez perritos la presa comenta:“Esto es solo el comienzo de algo monumental, juegan un papel importantísimo para ayudar a las personas discapacitadas. Nacen para dar lo mejor a alguien que no puede conseguirlo por si solo. Jamás me habría imaginado que formaría de algo así (…) No puedo describir el amor que siento por Briel y sus cachorros”

Supongo que es difícil evaluar un programa de este tipo en términos de reducción de tasas de reincidiencia o algún criterio objetivo. Pero de partida me parece interesante la lógica que subyace detrás. Necesitamos perros de asistencia, criarlos necesita tiempo ¿Y no es lo que más tienen las personas privadas de libertad?

Y en todo caso, siempre he mantenido que la resiliencia no la podemos planificar o provocar pero sí crear contextos o condiciones donde ésta sea más probable. Y cuando pienso en experiencias como las anteriores y abro la mente a su abanico de posibilidades casi todas ellas me parecen positivas. Positivas para la sociedad, en general o la de las personas con discapacidad. Positivas para los animales (incuestionable). Positivas para los presos, al menos para sentirse útiles.

Es cierto. Me puedo imaginar a algún preso o presa usando el ano del cisne o del perro para entrar o sacar droga de la cárcel. Pero ¿quien ha dicho que en la rehabilitación no haya riesgos?

Generemos contextos sanos y favorecedores de la resiliencia, partamos de que rehabilitar puede ayudar a rehabilitarse y luego ya evitaremos otras cosas.

F. Javier Romeu Soriano:

Como le comento a la propia Anna Fores en este post el libro de “La química de las relaciones” de Ferrán Ramón-Cortes me impactó por su sencillez y sencillez pero profundidad al mismo tiempo que siempre lo recomiendo. Así que este ya me lo he comprado pues existe versión electrónica.

Originalmente publicado en Anna Forés Miravalles:

Ver original

Antes, cuando sólo existían los libros en papel, si veía un libro interesante pero que no me venía bien comprarlo o sabía que no iba a leer, por estar liado o tener otros pendientes, intentaba recordar el título o el autor para en un futuro quizá comprarlo o buscarlo en una biblioteca. Luego normalmente se me olvidaba o perdía el papel donde lo había apuntado. ¡Cuantas referencias bibliográficas interesantes habré perdido en mi vida! Pero ahora las cosas han cambiado.

El otro día surgió esa oportunidad de dedicarme media horita al placer de entrar en una librería y ver las novedades. En mis secciones habituales (no ficción) descubrí 3 ó 4 libros que me llamaron la atención pero que estaban en la categoría de libros que acabo definir. Así que, y esta es la realidad actual, saqué mi smartphone y entré en Kindle. Tecleé el titulo de uno de ellos y comprobé que sí estaba editado en castellano en formato electrónico. Pulsé la opción “leer un fragmento” y al instante las primeras páginas del mismo estaban en el carrusel de Mi Kindle (Android) al que además puedo acceder desde cualquier dispositivo (por si alguien está pensando en que se me puede perder el móvil)

De los 4 libros, 2 estaban en formato electrónico en castellano y 2 en otros idiomas. También decirte, por si no estás puesto o puesta en esto del libro electrónico, que con lo que valía uno en papel podía comprar tres en digital (el epub se cargará a los libreros, es cierto, pero no a las editoriales, a los y las autoras, ni a la cultura) Y no desprotejo y envio a alguien un libro electrónico más veces que las que pueda dejar un libro en papel (sólo que ahora no me preocupa que no me lo devuelvan)

Así que ahora los libros interesantes que quizá nunca lea están guardados en un lugar de “mi nube” esperando que un día quizá haga un click y los compre (en electrónico o en digital) para leerlos.

Y he pensado que si a mi me parecen interesantes quizá a ti también. A lo mejor ya lo has leído y puedes darme o darnos tu opinión. A lo mejor tú sí quieres y puedes leerlo ahora y el post seguirá aquí. Igual conozcas algo de los y las autores que nos pueda interesar.El arte de pedir

No conocía a esta artista neoyorkina que hace punk-cabaret pero me llamó la atención el título. De partida estoy de acuerdo que pedir es un arte, porque si te pasas te quedarás sólo pero si te quedas corto a lo mejor te mueres de asco. Orgulloso u orgullosa, pero muerto o muerta.

Dado que el tema del equilibrio entre el dar y el recibir es uno de mis preferidos lo estuve ojeando (virtualmente)

No descarto descargarlo entero pero de momento he podido ver una charla de ella en TED que en apenas 14 minutos nos cuenta sus planteamientos.

Te la recomiendo

 de cómo me convertí en alcalde y cambié el mundo-jon gnarr-9788494367618

¿Votarías a un partido llamado el Mejor Partido que promete un oso polar para el zoológico de tu ciudad o que las piscinas municipales regalen las toallas? Pues eso ocurrió hace unos años en la capital de Islandia, ganaron con mayoría simple y gobernaron durante 4 años en coalición. El alcalde y fundador del partido era un conocido humorista.

No tenía muy claro si poner este libro en este post puesto que la relación con el tema general del blog está cogidita por los pelos, como no sea ¿es el sentido del humor una vía para recuperar el sentido perdido de la política? Pero indagando en Internet me encuentro un artículo en La Vanguardia y leo estos párrafos:

Nació en 1967, en el seno de una familia de clase media. Su madre trabajaba en una cafetería y su padre era policía. Su nombre original no era Jón Gnarr sino Jón Gunnar Kristinsson. Pero su difícil infancia, en la que llegó a sufrir violencia doméstica y tuvo que hacer frente a varios estigmas como la dislexia o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), le llevaron a cambiarse de nombre cuando tenía 14 años.

“Jón Gunnar Kristinsson era un niño pequeño abandonado que consideraban un retrasado mental. Jón Gnarr, por el contrario, es un adulto optimista, creativo, honrado y valiente”, explica ahora. Sin embargo, las férreas leyes islandesas sobre nombres y apellidos nunca le han dejado oficializar el cambio.

(…) Tal desenlace revela, por ejemplo, lo equivocado que estaba uno de sus profesores de adolescencia cuando le decía que con sus “tonterías” nunca llegaría a nada. “Desde entonces y hasta ahora, he constatado todo lo contrario. Sin mi sólido sentido del humor, hoy quizá estaría metido en algún psiquiátrico”, bromea.

¿A qué cambia la cosa? Por cierto en pocos meses es el segundo caso  que conozco de persona que cambia de nombre para marcar un renacer. El otro lo tienes en el caso de Édouard Louis antes Eddie Belleguele y que puedes conocer en este otro post.

Y por cierto, por ser también un caso de resistencia y resurgimiento, ante una situación de acoso por la condición sexual, es también interesante el libro…

Resultado de imagen de andraka uno bastaSe trata de la historia de Jack Andraka un adolescente y científico amateur quien parece (hay cierta polémica al respecto) haber dado con la clave para un sistema de detección temprana del cáncer de páncreas y quizá otros tipos de enfermedad oncológica.

Pero la historia de Jack no es solo la del éxito internacional debido a sus capacidades inventivas, sino que también nos muestra como se ha sobrepuesto a la depresión por el bullying homofóbico sufrido en el colegio y la resiliencia necesaria para poder sortear esos obstáculos y salirse con la suya y perseguir sus propios sueños. (De la reseña editorial del libro)

Puedes ver un video de 20 minutos en la que el mismo explica la clave de su descubrimiento ciéntifico.

Quizá también te interese esta otra charla de Josef Schovanec que habla sobre el autismo (Asperger) Le avala para ello padecer (el no estaría de acuerdo con este verbo) dicho Síndrome

Lo menciono porque el último libro de este post es de él y se llama “Yo pienso diferente”. Después de ver el vídeo creo que el titulo del libro es preciso pues, como el mismo explica, no hay mucha diferencia entre interesarse por los decimales del número Pi que por recordar los resultados de los partidos de fútbol. ¡Ahí me has dado!

Yo pienso diferente