Varios días, mientras espero que abran la guardería de uno de mis nietos, pasa por delante una niña a la que le calculo unos 10 u 11 años. Es muy espigada y su expresión siempre es seria. Parece extranjera, del este de Europa, pero no he podido apreciar su acento porque siempre va en silencio…
La niña-gato. Más allá de la crianza.