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felicidades Fidel

F. Javier Romeu Soriano:

YA LO CONOCÍA Y ME ENCANTÓ LO DE TITIRIPEUTA. GRACIAS, ANNA, POR RECORDARME QUE ESTÁ AHI.

Originalmente publicado en Anna Forés Miravalles:

Fidel delgado

Ver original

Llevo una semana intentando hacer una reseña del nuevo libro de Reyes Adorna titulado “El origen de la infelicidad“, publicado en la Editorial Descleé de Brouwer, que esté a la altura del mismo, lo cual no es nada fácil debido a su precisión, su honestidad y su utilidad.

EL ORIGEN DE LA INFELICIDAD

Así que finalmente, y tras otros dos enfoques fallidos, voy a utilizar la reseña de otro libro para reseñar el de Reyes (¡Doble salto mortal! O triunfo o me la doy de pleno. ¡Va por ti, Reyes!)

El año pasado un joven historiador israelí, Yuval Noah Harari, consiguió vender en su país 300.000 ejemplares de un libro titulado “Sapiens. Una breve historia de la humanidad“. Se ha traducido a más de 20 idiomas. En España, la editorial Debate ha respetado el título original del autor: “De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad“.

Tras leer las primeras páginas disponibles en internet le sigo la pista al autor y encuentro varias entrevistas de cuando vino a España presentar el libro. En una en El Periódico encuentro estos dos párrafos:

“Empezamos hace 70.000 años como animales, no muy diferentes a otros animales. Y nos hemos desarrollado hasta una situación en la que estamos a punto de convertirnos en dioses. Y esto no es una metáfora, literalmente estamos adquiriendo capacidades que tradicionalmente eran consideradas poderes divinos, como crear vida y modificar nuestros cuerpos y mentes”

“Tenemos tres revoluciones, la cognitiva, que transformó hace 70.000 años a un animal africano poco relevante en la fuerza más potente del planeta. Después la agrícola, otro paso enorme. Y después la científica, que puede acabar dando a los hombres esas facultades divinas. El hilo común es el aumento continuo del poder, de transformar el entorno y a sí mismo, y que ese poder es muy difícil traducirlo en felicidad”Resultado de imagen de Yuval Noah Harari

Y esa última frase me lleva necesariamente al libro de Reyes Adorna. Los planteamientos no son iguales pero es evidente que convergen. Y digo que convergen pues me consta que Reyes no conoce aún el libro de Harari, aunque parádójicamente ha sido el de ella el que me ha llevado a el de él.

Reyes ADORNA

Parece que Harari incide más en que la infelicidad pueda ser el pago que tengamos que hacer por nuestro camino hacia la “divinidad”. Adorna se centra más en la infelicidad provocada por los lastres de nuestra evolución. Ambos planteamientos son interesantes y quizá complementarios pero indudablemente los de Reyes son mucho más contrastables que los de Harari.

Pero la convergencia no termina aquí.

Harari mantiene que lo esencial de la revolución cognitiva en el Homo Sapiens fue la capacidad de contar, relatar y a partir de ahí imaginar y crear historias.

“Cotillear te permite crear sociedades de 150 o 200 individuos. Para crear grandes redes de cooperación política, la clave es la imaginación, la capacidad de crear y difundir ficciones. Realidades que existen porque nosotros nos las inventamos. El poder se basa en la ficción: la religión, evidentemente, pero también la economía y la política. La nación es una ficción. El dinero también. Pero sirve para que personas que no se conocen colaboren, porque ambas creen en una misma historia. Dos chimpancés de grupos distintos no sabrán intercambiar un plátano y un coco. Nosotros sí sabemos cambiar un trozo de papel en el que ambos creemos por una botella de agua”

Estoy seguro que a Reyes Adorna, cuya pasión es la escritura, y os recuerdo que su primer libro fue “Practicando la escritura terapéutica. 79 ejercicios” (DDB) no le costará aceptar, o no le disgustará, que alguien mantenga que la capacidad humana para narrar no es sólo un producto de la evolución sino la causa de la explosión evolutiva en el homo sapiens.

Pero hay algo más. Dice Harari ahora en otra entrevista  en Vozpopuli:

“El principal cometido de la historia no es conocer mejor el pasado, sino liberarnos de él. Eso de aprender de la historia es mentira, porque las condiciones siempre cambian. Es casi imposible aprender de la historia”. 

Curioso. Un historiador diferente. Un tipo que mira el pasado… ¡para liberarse del mismo! Reyes Adorna propone, en mi opinión, exactamente lo mismo pero, a diferencia de para toda la humanidad, para… ti, para la persona que lo lea.

En alguna de las entrevistas se le acusa a Harari de postmoderno y relativista. Como todo es ficción, todo vale. Se defiende utilizando una prueba del algodón de lo que es real: el sufrimiento. Las naciones, las instituciones, las empresas, los partidos, los bancos no sufren. Las personas, sí. Si Bankia acaba desplomándose no sufrirá, pero las miles de personas a las que se les engañó con una ficción, un relato, un mito llamado “preferentes” sí que están sufriendo. Lo que ha motivado a Reyes a escribir este libro es el sufrimiento real de las personas y no un simple análisis sociológico, antropológico o psicológico.

Y es que un momento pensé en remarcar que en “El origen de la infelicidad” no te ibas a encontrar un libro de autoayuda al uso. Sigo pensándolo pero, como la propia Reyes me ha señalado, sí ha sido escrito para ayudar. No se conforma con una reflexión teórica y magníficamente argumentada. Pretende que nos demos cuenta de que nuestra infelicidad muchas veces proviene de estructuras cerebrales y mentales que hemos heredado “por ser vos quien sois”.

Nadie cuestionará que intentemos liberarnos de deudas o cargas económicas que hayamos podido heredar de nuestros padres. Y por tanto también es lícito intentar liberarnos de cargas o herencias psicológicas que hemos recibido de nuestros antepasados por muy lejanos que estos sean. Para ella la autora nos localiza esas cargas o herencias y luego nos ofrece un ramillete de ejercicios para eliminarlas o ponerlas en el lugar donde molesten lo mínimo posible, como la ostra que rodea de nacar la partícula o el intruso que no consigue expulsar.

Mientras redacto este post he publicado un comentario de Merche al post anterior en el que me propone que se trate en el blog el tema de las “trampas mentales”. Pues aquí tienes Merche un libro para empezar.

Cuando le pregunté a Reyes que iba a escribir después de que se le publicara su anterior libro ese fue el asunto que me dijo que le estaba rondando la cabeza. Ella se ha centrado en aquellas que sabemos que nos vienen de serie por pertenecer a la especie Homo Sapiens. Pero, para empezar, más que de sobra.

Reyes me pidió que no reseñará su segundo libro sin haberlo leído todo entero y, de alguna manera, me ha presionado para que sea crítico con ella. No he renunciado a ello y puedo prometerte que lo he hecho con el cuchillo entre los dientes. No descarto recoger más adelante algunas cuestiones que me han dado mucho juego para pensar y alguna otra en la que puedo hasta disentir. Pero no es el momento y además me va a costar Dios y ayuda argumentarlo.

Mientras tanto espero que Reyes venda tantos libros como Harari y gracias a los derechos de la propiedad intelectual (supongo que para el filósofo otro mito al que probablemente no haya renunciado) se enriquezca razonablemente. Si es así cuando por fin pueda conocer a Reyes en persona ella pagará la comida, y cuando le entregue los billetes al camarero rezaremos para que el mismo siga creyendo el relato de que esos papelitos siguen teniendo valor.

Aunque, tal como están las cosas… ¡igual nos pide que le paguemos con cocos y plátanos!

Ayer hablé con Merche. Hacía más de un año que no sabía de ella y de su marido e hijos. La vida nos juntó durante un tiempo en esa aventura que es acoger a un niño o niña en situación de desprotección. Cuando estábamos acabando la conversación y concretando un posible nuevo encuentro me dijo algo así como: “¿Qué pasa con el blog?… ¡Lo tienes abandonado!“.

Me quedé desconcertado. No era consciente de que Merche pudiera entrar en el blog y hasta el punto de controlar que llevaba tiempo sin publicar. Me dio todavía más corte saber que ella había hecho algún comentario y yo no había identificado que Merche era “esa Merche”. En todo caso, me dio pudor tomar conciencia de que, a través del blog, me estoy relacionando con personas sin saber que me estoy relacionando con ellas.

Pero además el comentario de Merche encendió una alarma en mi mente: ¡Se te muere el blog!¡Se te muere el blog!¡Se te… Y es que esto de ser bloguero no profesional es muy complicado. Es una afición pero, a veces, muy estresante. Cuando tienes tiempo no se te ocurre nada interesante y cuando tienes ideas potentes no encuentras tiempo. En mi caso tengo 6 ó 7 borradores empezados; un lista en mi teléfono de otros “posts pendientes” y además la certeza que muchas ideas brillantes (perdonad la inmodestia)… ¡se me han olvidado!

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Además empiezas a ver la realidad en formato post: Te cuentan o te pasa algo y piensas “Ummh … De aquí va a salir un post”  y lo que es mucho peor: ¡Te empiezas a citar a ti mismo! (“He escrito…” “Tengo un post sobre…“) A lo que hay que unir la compulsión (en mi caso, gracias por preguntar, mucho menor) de entrar constantemente al blog a ver el número de visitas; si hay comentarios o si alguien “Le gusta” si has colgado el link en Facebuque o Gugleplus.

Todo esto produce “el cansancio del bloguero” y esta mañana he tenido una idea para intentar rebajarlo. Se trata de los “post inversos”. Me explico. Que yo sepa las entradas o post son un texto donde el autor cuenta o expone lo que considere oportuno, lo publica, alguien lo lee y si quiere comenta.

Un post inverso es lo contrario. Sobre un tema, quien quiere comenta y luego, el autor o administrador del blog, escribe su planteamiento en otro post relacionado que en coherencia podremos llamar “hi(post)tesis”.

Lógicamente los comentarios tienen que estar dirigidos a un tema que a mi (que para eso es, con perdón, “mi blog”) me estén dando vueltas en la cabeza. Os pondré un ejemplo: Me preocupa mucho observar como muchos colegios se están lanzando a una carrera de sprint para sustituir los libros de texto por tablets y lo presentan como un ejemplo de innovación educativa. Pero preparar un post argumentando mi opinión al respecto no es moco de pavo. Me puede llevar días, semanas o meses. Pero ¿por que esperar? ¿No podemos ir dándole vueltas entre todos los que queramos?

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Habrá que probarlo.

Empezaremos ahora mismo con el primer post inverso, que llamaré…

NEUROFICCIONES

Imagina que la cirugía neurológica ha avanzado tanto que ya es posible el trasplante de cerebro. ¿Cómo evolucionaría la mente correspondiente a ese cerebro a lo largo del tiempo? (Para no complicarlo demasiado pensemos en un cerebro y un cuerpo receptor del mismo sexo)

Imagina también o si lo prefieres, qué pasaría si te conectaran tu cerebro a tu ordenador personal que a su vez está conectado a internet.

Y, por supuesto, los avances ya son tan claros que a las personas que les detectan un tumor inoperable e intratable en una de las estructuras inferiores del cerebro se le puede implantar el cerebro de un primate dejando sus hemisferios cerebrales intactos…

¿Que pasaría?

Me pregunto.

Si se te ocurre algo sugerente y quieres compartirlo, gracias

26/03/2015 (Jueves)

09:00

Han pasado dos días desde el desastre del avión de Germanwings y ya se conoce por una de las cajas negras que el copiloto estrelló conscientemente el aparato.

No deja de ser paradójico que los aviones tengan un sinfín de mecanismos de seguridad;  que volar sea, a pesar de lo antinatural que es, el medio de transporte más seguro, y que, sin embargo no podamos poner límite a un cerebro que se desbarata.

Se confirma aquello de que el cerebro es un órgano maravilloso para incidir en la realidad externa pero un verdadero desastre para entenderse y manejarse a sí mismo.

27/03/2015 (Viernes)

09:00

Me levanto oyendo en la radio otros casos de accidentes aéreos de la historia que se conoce que el piloto estrelló el avión intencionadamente.

No son muchos pero ni uno ni dos. A pesar de lo espantoso se me escapa una sonrisa involuntaria cuando oigo el caso de un avión ruso estrellado por el piloto contra la casa de su ex-pareja, que por cierto, no estaba en ella. Quizá porque me recuerda el inicio de la película argentina “Relatos salvajes”. No puedo evitar este ramalazo de humor negro.

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La información lógicamente se está centrando en la figura del copiloto, Andreas Lubitz, de 27 años. Los primeras noticias hablan de un joven normal que había conseguido “el sueño de su vida: trabajar en lo que le apasionaba”

Y una idea se dispara en mi mente: ¿Y si fuera esa la clave de todo? ¿Qué pasa cuando uno alcanza el sueño de su vida ya en el primer tercio o cuarto de la misma?

Lufthansa ha asegurado que 630 horas de vuelo (parecen nada al lado de las más de 6000 del piloto)  son suficientes para el puesto de copiloto.

No lo dudo pues yo de esto no entiendo. Pero ¿serán también suficientes para que “el sueño” se convierta en monotonía?. Una cosa es volar a tu rollo y haciendo virguerías y otra llevar a turistas y ejecutivos estresados de aquí para allá.

¿Y si la vida a Andreas le fue tan extraordinariamente bien que cualquier pequeña decepción ha sido como una grieta en el fuselaje de su avión provocando una especie de despresurización mental que se ha llevado todo por delante?

Como me decía una vez una persona muy querida: “Cuando te crees que tienes una vida perfecta cualquier contratiempo es insoportable” ¿Y si cuando lo tienes todo, ya no te queda nada?

No es la primera vez que mantengo que existe un reverso de la resiliencia que no es la “no resiliencia” sino la “antiresiliencia” y que son como el anverso y el reverso de una misma página dependiendo probablemente de las mismas variables.

Tan sorprendente como que personas en situaciones límite puedan resurgir a una vida satisfactoria para ellos y los demás es que personas con unas circunstancias objetivamente favorables o privilegiadas entren en claros procesos autodestructivos (y en el caso de Andreas no sólo “auto-”)

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14:00

Me llegan las primeras noticias de un posible proceso depresivo de Andreas. Que si no salió de la cabina entre el viaje de ida y el de vuelta. Que si contestaba lacónicamente al piloto antes de que éste saliera de la cabina. Que si han encontrado en su casa un parte de baja laboral para ese mismo día pero roto en pedazos. Que si ya interrumpió su formación como piloto durante unos meses…Que si su novia le había dejado…

Aún así mantengo la hipótesis de la despresurización mental ¡Es tan interesante!… Todo es perfecto: soy joven, sano, gano dinero, tengo novia y trabajo en lo que he soñado siempre… Pero la vida que es muy puñetera te tumba una de las piezas, te rasga un poquito el fuselaje de ese mundo perfecto, y todo se viene abajo…

En todo caso no se trata de tener razón. Se trata de elaborar el asombro que tengo ante esa fuerza de la naturaleza que es la mente humana.

21:00

Algo preocupante en las noticias. Todas ellas se empiezan a centrar en aclarar sí Andreas sufría un “trastorno mental”.

En nada avanzaremos mientras nos paremos a ponerle nombre al trastorno porque muchas veces es lo que ocurre. Si nombramos lo incomprensible podemos pensar que ya lo comprendemos. No sirve de mucho saber que tras un suicidio o un atentado hay un trastorno mental. En realidad lo que necesitamos es saber cómo se genera y cómo crece en la mente de la persona la idea “lo mejor que puedo hacer es desaparecer” o “muchos deben morir para alcanzar el ideal”.

28/03/2015 (Sábado)

10:00

Estoy escribiendo lo anterior y al buscar el Internet leo noticias según las cuales una ex-amante y auxiliar de vuelo de la misma compañía ha declarado:  “Andreas Lubitz me dijo que algún día iba a hacer algo que cambiaría todo el sistema y que todo el mundo conocería su nombre y lo recordaría”

La idea de la despresurización mental se me va literalmente a la mierda (no pasa nada, tengo otras). Su idea asesina no parece el fruto de una simple pero arrolladora decepción. La chica mantiene que Andreas tenía miedo de cumplir su sueño pues su sueño no era sólo copilotar sino llegar a comandante y realizar vuelos transoceánicos.

Tendré que descartar catalogarlo como un caso de antiresiliencia para contemplarlo como un caso de “no resiliencia”. Andreas tenía un sueño pero la vida, a través de algún problema físico (se habla de un problema en la vista) y de un problema psíquico le dice:

– Va a ser que no, chaval

Y Andreas, con poca flexibilidad mental, sin recursos personales, ni de apoyo ni de sentido, no es capaz de contestar:

– Vale, guapa, lo que tu quieras pero entonces ¿qué me ofreces, reina?

La clave de la resiliencia está muchas veces en reconocer cuando un camino está agotado y que es hora de darse la vuelta y buscar otro camino lo más chulo posible. Quizá Andreas era hijo de la época del “Yes, we can”, del “Sí, se puede” y nadie le enseñó a añadirle el sanísimo “… o no, y no pasa ná”.

Mientras escribo un psiquiatra o psicólogo en televisión mantiene que probablemente Andreas padecía un trastorno narcisista de la personalidad.

Ya van dos diagnósticos.

30/03/2015 (Lunes)

10:00

Todo el fin de semana ha sido un aluvión de noticias (telediarios, radio y prensa escrita) en el que fluyen datos que, por un lado, reafirman la idea de que el copiloto era consciente de que tenía muy difícil que le renovaran la licencia el próximo mes de Junio, y por otro lado, que señalan “claros problemas psiquiátricos” pues afloran antecedentes de prescripción de fármacos de dicha índole.

Entre las noticias se habla de un trastorno de ansiedad generalizada (ya van tres) y alguien cita medicación prescrita que se usa para la… esquizofrenia (ya van cuatro)

Como es de esperar las miradas se vuelven hacia Lufthansa ¿cómo es posible que se les haya colado un desequilibrado? A una empresa alemana, del país europeo puntero en economía, en tecnología y en responsabilidad se les ha colado un enfermo mental en la tripulación de un avión. A la mentalidad cartesiana de los alemanes no les cabe en la cabeza que a alguien le den la baja y decida no cogerla.

Y mientras tanto los familiares de las víctimas haciendo esfuerzos titánicos para elaborar lo sucedido. Como los padres de un chico español que dicen buscar consuelo en su fe religiosa o la del padre de un joven inglés que reclama ante las cámaras un para qué.  Que la muerte de su hijo y sus compañeros de viaje sirva para algo. Es algo incipiente que no le permite no derrumbarse ante las mismas cámaras. El sentido se busca con ansia pero se encuentra poco a poco.

21:00

Todos los telediarios dan la noticia. El fiscal encargado del caso comunica que se ha conocido que Andreas, antes de obtener el título de piloto estuvo en tratamiento psicoterapéutico. Se detectaron tendencias suicidas.

La segunda hipótesis, la de la no resiliencia, también la puedo tirar por la ventana. Porque ya no estamos ante un tipo más o menos normal que ante una dificultad empieza a no saber como afrontarla o resurgir, sino un tipo infectado de ideas suicidas desde hace mucho tiempo. No pasa nada. Sigo teniendo más ideas.

Hoy hemos visto a Andreas de jóven, pilotando una avioneta con la supervisión de su instructor y bromeando con la idea de seguir volando hasta quedarse sin combustible.

Me estremezco de pensar la posibilidad de que en realidad el sueño de Andreas no fuera volar, sino el de matarse volando.

Y me sigo preguntando si no había que desarrollar un especie de oncología mental. El estudio de como, entre otras, una idea destructiva anida y crece y crece en una persona hasta provocar su muerte o la de otros.

En una tertulia de radio alguien con sentido común aclara: no todos los deprimidos o ansiosos se matan o matan (es lo que les faltaba… ahora ¡sospechosos!) Pero otro contertulio zanja el asunto: Por supuesto, Andreas lo que tenía era el “gen de la maldad”, simplemente era un ser humano pérfido. Estoy seguro que este contertulio no se habrá dado cuenta de como se parece su argumento al de Adolf Hitler para justificar el exterminio de los judios.

Y sólo a algunos “frikis” nos seguirá interesando más saber cómo se genera un monstruo. Como ciertas ideas asesinas infectan la mente de una persona y se replican hasta conseguir que se maten, maten a otros seres humanos o las dos cosas.

Quizá algún día sabremos combatir no sólo alterando la química del cerebro sino inoculando en mentes “enfermas” o “sufrientes” ideas que paren y deshagan las ideas destructivas. O, de otro modo, para que quien se suicide sea la idea suicida y no la persona

Seguiremos invirtiendo, gracias a Dios, miles de euros en la lucha contra el cáncer pero no tengo tan claro que lo hagamos en conocer y neutralizar el crecimiento en una mente de las  ideas de muerte. 

Pero estoy por apostar que algún día en los aeropuertos habrá controladores aéreos y controladores mentales para que esto no vuelva a ocurrir. Es muy probable que Lubitz acertara con su profecía.

Noche muy agradable de primavera. Mesa reservada para dieciocho personas en la terraza de un restaurante. No somos amigos ni amigas pero nos une el deporte de nuestros hijos y nos caemos bien. Al menos ellos a mí.

Uno de nosotros lidera la decisión sobre qué entrantes pedir para compartir, luego cada uno se pedirá el plato principal. El camarero va cantando las posibilidades y, llamémosle Jose, se encarga de recoger las sensaciones y aceptar o rechazar. En un momento dado el camarero dice: “Tenemos un carpaccio de…” Jose le interrumpe y sentencia contundentemente: “No, Carpaccio, no… que es cancerígeno” Nadie rechista. Ni una sola objeción. Y el camarero sigue sugiriendo.

Admiro a Jose en muchos aspectos. Es inteligente, culto, amable, divertido, con mucha experiencia y muy resolutivo. Por ello la anécdota se me fija en la memoria: por la sorpresa. Mi razocinio no encuentra ni un sólo dato por el que yo pueda sospechar que el carpaccio o lo que es lo mismo comer un alimento, normalmente carne o pescado, crudo y cortado a finas lonchas, tenga que ser cancerígeno. ¿Por estar crudo? ¿Por el corte? Me atrevería incluso a cuestionárselo al mismísimo Jose.

Sin embargo cuando ahora veo en el supermercado paquetes ya preparados de carpaccio de carne, o veo la carta de un restaurante, no puede dejar de venir a mi cabeza la idea de que sea cancerígeno. No la tendré en cuenta y,si me apetece y me lo puedo permitir, lo compraré o lo pediré. Pero la idea se me ha quedado pegada al cerebro como un chiclé al pupitre.

¿Por qué? ¿Solamente por la autoridad con que Jose la pronunció? ¿Solamente por la emoción (asombro) asociada a ella? No lo creo. Creo que hay una razón más poderosa. “El carpaccio es cancerígeno” no es una idea veraz, pero si es una idea potente. No de las más potentes pero bastante potente.

Porque las ideas no sólo se pueden clasificar en verdaderas o falsas, o en buenas y malas. Lo que yo llamo potencia de una idea se define en función de la utilidad para el cerebro. Y no podemos olvidar que el cerebro no es un órgano que ha evolucionado buscando la verdad o la bondad sino buscando la supervivencia. Si en el camino hacia ésta me encuentro con cosas buenas y verdaderas, estupendo, pero el cerebro está para reducir la incertidumbre y predecir los peligros futuros.

Y hay ideas falsas que son buenísimas para ello. Las ideas (que no necesariamente hay que equiparar a pensamiento) son su unidad principal de trabajo. Tan idea es un conocimiento como una creencia. Y al leer creencia no pienses sólo en las religiosas. Como siempre dice Cyrulnik hay creencias religiosas y creencias laicas. De hecho “El carpaccio es cancerígeno” no creo que esté en ningún libro sagrado de ninguna religión (las vacas, los cerdos, o las personas no se comen, sí)

Porque el cerebro busca siempre nuestra supervivencia, nuestra seguridad y si la idea me la proporciona no necesito que sea cierta. Del mismo modo si hay una idea verdadera que genera inseguridad e incertidumbre el cerebro intentará olvidarla por muy cierta que sea. ¿Puedes cuestionar que “Todos moriremos” es una idea cierta? Pero no se puede vivir con ella en la cabeza a todas horas. Como leí una vez “La muerte es como el sol. Todos sabemos que está ahí pero nadie la quiere mirar”

Como mantiene Nate Silver en su libro “La señal y el ruido” el cerebro humano está especialmente para detectar patrones . Y cita al neurocientífico Tomasio Poggio quien afirma: “El problema es que estos instintos evolutivos nos llevan a ver patrones donde no los hay” Y así creer, crear o aceptar ideas que nos ofrecen un patrón. Todos buscamos constantemente patrones, regularidades,… que nos permitan tomas de decisiones lo más rápidas posibles. Y, en definitiva, para reducir la complejidad de la realidad.

Nate Silver. La señal y el ruido. Ed. Península

Por eso cuanto más sencilla y clara sea una idea y al mismo tiempo nos permita situarnos ante un mayor número de situaciones, a modo de un mapa o guía, más potente será.  Es lo que ocurre, por ejemplo, con los estereotipos o incluso los refranes. “Los catalanes son tacaños” es una idea simple (y ni falsa ni verdadera) que me sitúa ante cualquier catalán que me encuentre en mi vida. “Los adolescentes son…” “Los cojos tienen mala leche” … Ideas sencillas pero que predicen de maravilla (aunque equivocadamente en gran parte de los casos)

Pero la necesidad del cerebro de predecir o prever no se agota en los estereotipos. Podemos encontrar ideas potentes hasta en corpus del saber más o menos científicos.

Hoy en día algunos psicólogos o psiquiatras se revelan contra el crecimiento desproporcionado de las categorías diagnósticas, concretado en el engordamiento evidente del DSM-V. Y yo me pregunto: ¿de qué se extrañan? ¡Si lo llevamos en nuestra propia naturaleza!

Como no va a ser tentador y potente la idea “Trastorno límite de la personalidad”. Es una idea potente porque me permite situarme rápidamente ante un numero de personas que parecen vivir a gusto en el conflicto.

El problema es cuando confundimos mapa y realidad. ¿Porque esta persona discute y se pelea con todo el mundo? – Porque tiene un trastorno límite de la personalidad -¿Y cómo sabes que lo tiene? -Porque discute y se pelea con todo el mundo.

La psicología ofrece un buen número de ideas potentes, de ideas atractivas que con muy poco contenido ofrecen mucho. Y además desde todas las orientaciones y escuelas.

 La idea de que los síntomas psicológicos tienen una causa profunda en el inconsciente es un ejemplo. Es, por definición, incomprobable (si hay mejoría he encontrado la causa profunda y si no la hay es que no la hemos encontrado, pero en ningún caso nos cuestionaremos que haya causa profunda) pero sencilla y con un pedir predictivo incuestionable (de hecho predice tanto el éxito como el fracaso de la terapia).

De la misma manera la idea sistémica de “resistencia al cambio” es muy potente también y se podría resumire en “Hay gente que dice que quiere cambiar pero en realidad no quiere“. Es potente para salvaguardar intacta la percepción de competencia profesional del terapeuta (si cambia soy un o una gran terapeuta, si no cambia la culpa es de ella)

Hoy en día no nos atacan leones dientes de sable. Peo si nos puede asaltar la idea “eres una mierda de psicólogo o de psiquiatra” y dejarnos mal herido nuestro espíritu  o con la autoestima (otra idea potente) por los suelos, suicidarnos y dejar así de reproducirnos. Ideas como las anteriores nos protegen.

Hasta la misma idea fundamental de la Teoría de la Evolución (“evolucionamos por selección natural puesto que las mutaciones genéticas que suponen una ventaja acabarán replicándose más por la reproducción”) ha sido una idea super-potente para explicar todo lo que nos ha dado la gana y más. Eso sí: “a toro pasado” Pero ¿que experto se atreve a pronosticar la evolución del ser humano en la complejidad del mundo global actual?. No sé si hay alguien que se atreva a decir qué mutaciones genéticas van a suponer una ventaja o no y en que manera dicha ventaja se va a plasmar en más descendencia.

Sé que los expertos darwinistas están empezando a introducir la cooperación como un tercer eje esencial de la evolución del ser humano pero entonces la idea de la selección natural ya no es ni tan sencilla ni tan tan atractiva porque habrá que matizarla una y otra vez para hacer predicciones.

Así que creo que la idea “El carpaccio es cancerígeno” se extendió de un cerebro a varios más en esa noche primaveral. En mi caso creo que la voy a sujetar pero apostaría que saltó a algún otro y de ese a unos cuantos más… El mecanismo sería: “¡Anda! ¡No lo sabía! ¡Que raro, pero si fuera verdad… Total, tampoco está tan bueno, no lo comeré” Al cabo de un tiempo a ese cerebro le preguntará otro cerebro ¿Por qué no comes carpaccio? Y el primero contestará simplemente: ¡Porque es cancerígeno! Y así una y otra vez.

También cuando apareció la sacarina pasó lo mismo (quizá impulsada por la gente que comía de la industria azucarera) Aún seguimos esperando los estudios que la confirmen (porque los que hay no lo hacen) y yo sigo oyendo frecuentemente “Dicen que la sacarina es cancerígena” (Por cierto ahora lo que dice hasta la OMS que tengamos cuidado con el azúcar porque casi todos los alimentos elaborados la llevan aunque no se note – y no tengo una empresa de edulcorante). El día que en la báscula pese menos de 83 Kg ya os contaré si la idea para adelgazar hay que ingerir menos calorías que las que se gastan no es otra idea potente pero, al menos, inútil. (Voy por 84 viniendo de 89) Y la vienen diciendo los médicos durante años.

Y te preguntarás ¿que tiene que ver todo esto con el tema del blog?

Pues que en las relaciones de ayuda también circulan ideas potentes. No siempre verdaderas. No siempre falsas. Pero que las compramos porque las necesitamos para orientarnos y protegernos. E ideas verdaderas que no siempre nos tranquilizan.

O… ¿me estaré convirtiendo en Punset?

Llevo muchos días queriendo escribir este post y la vida no me ha dejado. Pero quizá todo sea para bien pues recomendar un nuevo libro de José María Toro es un deporte de riesgo. Tendré que medir mis palabras.

MI ALEGRÍA SOBRE EL PUENTE. Mirando la vida con los ojos del corazón

Desde que conocí las cosas que este maestro (creo que le pega más que profesor) va diciendo y escribiendo por ahí, y he empezado a citarlo en todas partes, voy comprobando algo que intuí desde el principio: no te deja indiferente. Algunas personas se adhieren rápidamente a mi entusiasmo. Pero otras no lo denostan pero si lo encierran en el “cuarto de los conferenciantes y escritores inspiradores” Es una especie de muy chulo, muy bonito pero irreal, poco práctico, para una charla, para motivar pero no para el día a día.

Y aunque me viene la frase extraída de una novela de Dostoievsky que dice “sólo la belleza salvará el mundo” no quiero hacer un alegato sino argumentar.

No cuestiono que el conocimiento científico, incluso en las ciencias sociales o humanas, tiene sus métodos o procedimientos para garantizar su fiabilidad. Pero, si repaso todo el bagaje que tengo en la cabeza a la hora de enfrentar el trabajo de cada día, nunca viene a mi cabeza una tesis doctoral o un libro académico.

Porque de igual manera que ahora sabemos que los recuerdos se fijan la mayoría de las veces por la carga emocional de la situación vivida, habrá que darse cuenta de que las ideas que nos mueven no han llegado a esa potencia en nuestras vidas solamente por el raciocinio.

Y no me refiero sólo a nuestras ideas políticas, religiosas, sociales… que ya se encargó Joaquín Sabina de dejarlo clarito en una entrevista cuando confesaba que sabía que no tenía argumentos para defender la fiesta de los toros y que, probablemente, la misma acabaría desapareciendo, pero que a él lo llevaba su padre siendo pequeño y no podía dejar de gustarle.

Me refiero a esas ideas exclusivamente teóricas pero que se fijan en tu mente por LA EMOCIÓN QUE PRODUCE LA MANERA EN QUE TE LAS HAN TRANSMITIDO (sí, las mayúsculas son aposta)

Pondré algunos ejemplos. Boris Cyrulnik es un maestro de decir cosas científicas o racionales pero “de otra forma”. Como cuando dice algo así (perdonad que no pierda tiempo en buscar las citas) como “las palabras son trozos de afecto que a veces transmiten algo de información” O cuando se refiere al abuso sexual como “una estafa moral” o resume el apego seguro como “Quiéreme para que tenga el valor de abandonarte” No soy capaz de retener una definición ortodoxa del apego, del abuso sexual o de los significados implícitos del lenguaje. Pero estas tres expresiones y otras muchas me acompañan siempre y están ahí para orientarme en mi trabajo y en mi vida. Cyrulnik aprende y luego destila la esencia de su conocimiento usando expresiones casi o totalmente poéticas. De la misma manera que tuvo que destilar el relato de su propia historia en 40 años de investigación o reflexión científica.

El padre de una superviviente del holoausto que sale en un documental sobre Alice Herz-Sommer le decía de pequeña “Mete ideas en tu cabeza porque eso no te lo podrán quitar nunca”. Pero no seamos ingenuos: el lenguaje científico a pelo no penetra fácilmente (excepto en los científicos) El resto de los mortales necesitamos vaselina. Y esa vaselina está en la literatura, en la narración y en la poesía con todos su recursos. Sin esa vaselina el conocimiento se quedará en las estanterías, en las librerías o en la red.

No es lo mismo decir “La actividad de la corteza pre-frontal permite controlar los impulsos de la amígdala que es el órgano de la emoción” que decir “Cerebro que no se ve, corazón que no se sienta” Y aún reconociendo que la segunda, que me la he inventado yo mismo, no es un dechado de alta literatura, es más fácil que en el día a día te acuerdes de la segunda que de la primera. Simplemente porque te sorprendió, te hizo gracia… TE… Por minúscula que sea la emoción seguro que es mayor que la de la primera.

Así que no hay que confundir lenguaje con cientificidad.

Si eres profesional de la relación de ayuda (excepto quizá de la medicina y sus distintas especialidades) y utilizas expresiones como programación, planificación, objetivos, intervención, coordinación, trabajo en red, apoyo social, interpersonal, autoestima, técnicas, recursos, etc. parecerás un profesional serio.

Pero si usas palabras como encuentro, dar, recibir, mirada, acompañar, reconocer, corazón, querer, vocación… serás relegado al rincón de los meros inspiradores, de los juglares de lo social, la educación o la psicología.

Porque nos han vendido la cabra de que no sólo hay que ser rigurosos en nuestro trabajo sino parecerlo. Y a veces, sin embargo, es más serio quien no lo parece. Quien no se protege tras un muro de términos especializados.

Creo que necesitamos nuevas generaciones de profesionales inspirados, simplemente para que ellos y ellas puedan expirar en el día a día. Profesionales que se hayan formado (cogido forma) con la emoción de su trabajo y no con la razón de su metodología o sus datos.

No es una postura romántica. Es una realidad encarnada en el día a día. Tan real como que a M. mi niña de casi 13 años no la sacará adelante un profesor o profesora para quien ella es “la suma de las notas de los controles más la lista de incidencias apuntadas en la plataforma digital”. M. saldrá adelante gracias a, como dicen los de Dando vueltas, la “mirada apreciativa” de su tutora.

Por todo ello recibo con alegría la noticia de un nuevo libro de José María Toro. Que no por poeta deja de ser profesional, como Oliver Sacks no deja de ser un reconocido neurólogo simplemente porque convierte los casos en historias. Porque como decía, creo que Foucault, ya nos encargamos en su día de convertir la historia de las personas en casos. Nos convenía.

José María habla y escribe de cosas reales y concretas. Otra cosa es que hayamos perdido el rumbo. El recurre a la emoción (al corazón) para volver a la sensatez. Otros venden datos y métodos que nos llevan a la locura.

Como esas aulas cada vez más frecuentes donde los profesores y profesoras ya no les ven la cara a sus alumnos y alumnas pues están a la otra parte de un Ipad (curiosamente casi siempre de la misma marca). Y lo digo yo que soy un “friki” de los “gadgets” tecnológicos.

Quien relega a Toro al rincón de los conferenciantes posiblemente es porque esté quemándose ya en el horno del sistema. Y dicho sea de paso, igual de serio, aunque no lo parezca, es decir “burn-out” que “el cansancio de los buenos” como acuñó Roberto Almada. Como no es lo mismo decir “familia multiproblemática” que “familia con muchos problemas” como le oí decir a Jorge Barudy.

Tengo una compañera que trabaja en lo social y en su tiempo libre y en secreto escribe y lee poesía social. Y como sé que a veces me lee le diría: ¿Y si hicieras poesía en y de tu trabajo?

Así que te podrá no gustar José María Toro. No es ningún problema. Para gustos los colores. Siempre y cuando no dudes de que el verde es igual de color que el rojo.

Con todos los respetos.

Domingo mañana. Centro comercial. Pablo y yo tenemos que esperar a que llegue mi mujer. Veo un establecimiento que tiene sección de librería. Paso por un expositor de novelas, en los que no me suelo fijar demasiado pues prefiero la no ficción.

Pero el título de una me llama la atención: “Para acabar con Eddie Belleguele” de la Editorial Salamandra y en la faja de papel que rodea la portada y contraportada leo la palabra Autobiografía. Así que me intriga y vuelvo a mirar el autor: Édouard Louis.

Édouard Louis

Está escrita en primera persona y el protagonista es Eddie pero el autor es Édouard. ¿Cómo es posible que un tipo escriba la autobiografía de otra persona? Intento resolver el enigma leyendo la contraportada y las solapas.

Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía Pero ¿qué hace ese idiota? No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí.

«La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.»

Édouard Louis

Ojeo el libro y me atrapa lo que voy leyendo. Me cuesta poco descubrir el motivo del rechazo familiar y social: el protagonista tuvo desde muy pequeño una expresividad muy femenina y más tarde una orientación sexual hacia las personas de su mismo sexo.

La opresión y el rechazo familiar y vecinal es tan intenso que no queda otra solución que romper con todo. Una huida mucho más que física. Una huida hasta cambiar de nombre. De Eddie Belleguele a Édouard Louis. Un cambio de nombre entendido y confirmado con un libro.

Habrá que leerlo.

No sé si encontraré en él un ejemplo de resiliencia. Prefiero no prejuzgar. Pero últimamente siempre me viene a la cabeza que en la resiliencia se puede detectar casi siempre un punto de inflexión y un cambio de rumbo.

¿Puede haber un cambio mayor que cambiar de identidad?

Para acabar con Eddie Bellegueule