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Hace un mes publiqué un post recomendando la lectura del nuevo libro de Reyes Adorna “El origen de la infelicidad” (DDB).

Ahora os dejo el enlace al nuevo blog www.elorigendelainfelicidad.blogspot.com que Reyes ha decido crear para poder compartiendo reflexiones y materiales que tienen que ver con los temas que aparecen en el libro.

Adorna BlogEspero que, además, nuestras visitas y comentarios le sirvan para inspirar nuevas publicaciones, o simplemente que se convierta en un foro donde poder seguir aprendiendo de eso tan apasionante que es nuestra propia naturaleza.

Gracias, Reyes, por abrir este blog.

Si te parece interesante ¿me ayudas a difundirlo?

Os comunico que está abierto el plazo de pre-inscripción para el Curso de Posgrado/Especialización en “PROMOCIÓN DE LA RESILIENCIA” organizado por distintas entidades e instituciones y reconocido como propio por la UNIVERSIDAD DE BARCELONA (2º Edición)

Se desarrollará a distancia a lo largo del CURSO 2015-2016 (30 créditos) y está dirigido por Anna Forés Miravalles y Jordi Grané Ortega, con la coordinación de Pilar Surjo de Bunes.

Podéis descargar el folleto descriptivo del mismo pinchando aquí

Descubrí el “efecto conejo de Troya” cuando trabajaba en una Dirección General. No tenía experiencia en un “órgano directivo” de la Administración y era la época en que se estaban poniendo de moda los “Planes Integrales”.

Rápidamente me di cuenta de que la Administración, sea la que sea, primero divide la realidad en áreas y departamentos y luego tiene que hacer un montón de “planes transversales” para ajustarse a esa misma realidad, lo que te lleva a pensar que la división departamental estaba muy mal hecha. Pero esto, siendo paradójico, es probablemente inevitable.

Pero mucho más sorprendente fue descubrir que los planes integrales se construían y, una vez aprobados, directamente se… ¡evaluaban!. –¿Que pasa con la ejecución?– Me preguntaba. Era un pardillo pero, poco a poco, fui aprendiendo. –¡Ah! Esto se trata de que el plan se construye, no con lo que deberíamos hacer sobre un tema concreto, sino con lo que ya hacemos en cada uno de los departamentos y que tenga que ver, aunque sea de refilón, con ese tema. Simplemente lo pongo todo junto que queda más chulo y es más eficaz para la autojustificación. Ya lo pillo.

Y claro, lo que ya se está haciendo ya se puede evaluar. No me extraña que todos los planes integrales den resultados maravillosos.

Es decir, que pronto descubrí que un plan para la Administración es un gran artificio para que parezca que vas a abordar un problema pero sin tener que hacer nada especial o nuevo, excepto, seamos justos, algún detallito más.

Un tiempo después me di cuenta de que en la intervención social a veces pasa algo parecido. Salimos de las facultades cargados de preparación metodológica para hacer diagnósticos, análisis de necesidades y programar las intervenciones. Luego cada Administración competente y las normas de la materia nos dice que tenemos que diseñar distintos planes de protección, de tratamiento, etc o programar lo que vamos a perseguir en cada caso o usuario o usuaria. Pero, no lo que yo puedo considerar sensato y suficiente, sino que atendiendo, por narices, a áreas predeterminadas que alguna cabeza pensante ha diseñado. Y todo ello con la motivación fascinante de “por si viene la inspección”-

De tal manera que existe el peligro de que construido el plan de intervención todos nos vayamos a nuestra casa y nadie haga nada. Bien porque nos hemos agotado en el diseño o, lo que es peor, porque nos hemos convencido que lo importante era el diseño. En algún momento alguien dirá: ¡Este plan no funciona. Habrá que revisarlo!. Y volveremos al revisar el diseño y no la ejecución.

Es a esto a lo que yo, y sólo yo (no lo busques en Internet porque sólo te saldré yo) llamo el “efecto conejo de Troya”. El nombre surge de una genial escena de la película “Los caballeros de la Mesa Cuadrada y sus locos seguidores” de los Monty Phyton.

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En ella dichos caballeros tienen que tomar un castillo enemigo. Para ello construyen un gran conejo de madera, inspirado claramente en el caballo de Troya.

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Empujan el conejo hasta la puerta del castillo y dejándolo se esconden en la linde del bosque próximo. Y desde allí observan como los soldados enemigos abren el portón y empujan el conejo hasta el interior de la fortaleza. Entonces el estratega del grupo, entusiasmado, exclama algo así como: “¡Estupendo! ¡Esta noche, cuando todo el mundo duerma, descenderemos del conejo y tomaremos el castillo” Sus compañeros le escuchan atónitos y uno de ellos pregunta: “¿Quién has dicho que descenderá?” Y en el momento que el estratega comienza a contestar: “¡Nosotr…” se dan cuenta de su fatal olvido: ¡se han olvidado meterse en el conejo!.

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¡Cuantas intervenciones sociales están perfectamente diseñadas pero al final nadie se mete en el conejo y desciende a pelear con el problema! Vaya usted a la Unidad de Conductas Adictivas, apúntese en el INEM, acuda a los Servicios Sociales de su zona… ¿Y?

Así que puedo definir el “efecto conejo de Troya” como el fenómeno por el cual una persona, grupo o institución, con la intención de un objetivo bienintencionado, construye un gran artificio metodológico o administrativo pero luego se le olvida o se escapa de hacer lo verdaderamente importante para conseguirlo y que, casi siempre, tiene que ver con la relación interpersonal pura y dura con la persona a quien se quiere ayudar.

En realidad este efecto me lo había evidenciado muchísimos años antes mi propia mujer. Ella es maestra, aunque ahora no ejerce exactamente de ello, y yo soy psicólogo, aunque en realidad ahora no sé exactamente de que ejerzo. Así que, ante los problemas que una niña acogida de 6 años tenía para aprender a leer, yo planteaba trabajarle la lateralidad, la orientación espacial, el esquema corporal, la discriminación visual… Pero mi mujer fue contundente: ¡Aprender a leer se aprende leyendo!. Cada día, después del colegio, se sentaba con ella no menos de media hora, y cada día comprobaba asombrada como lo que parecía ya adquirido había sido “desaprendido”. Fue una batalla campal que duró semanas y semanas. Pero la niña aprendió a leer. Yo quería construir un conejo. Mi mujer bajó de él y se puso al cuerpo a cuerpo. Y creo que la niña pensó: “Esto de la eme con la a debe ser importante ¡y yo también! para que esta tipa se empeñe y se empeñe

Pues me temo que el “efecto conejo de Troya” está llegando a las aulas con gran fuerza.

Hace un minuto mi hijo que se examina de Psicología Escolar me ha preguntado ¿Que diferencia hay entre el Proyecto Global del Centro y el Proyecto Curricular del Centro? Como no tengo la obligación de saberlo pues no trabajo en la enseñanza y. aunque lo puedo intuir, he recurrido al socorrido: Búscalo en Internet.

Por esto me imagino (tengo amigas maestras e hijos en el cole) que un conejo de Troya se construye en el aula con:

– Media tonelada de programaciones y otra documentación exigida a los y las maestras

– Tropocientos kilos de requisitos para cumplir algún Sistema Básico de Calidad o similar

– Mil quinientos protocolos oficiales para abordar distintas problemáticas especiales del alumnado

– 25 conmemoraciones por curso lectivo de otros tantos Días Internacionales de Algo

– Cuarto y medio de Reglamento Interno, Normas de Convivencia, etc

– Una pizca de actividades educativas o convivenciales, subcontratadas o no, fuera del aula.

Y sobre todo, últimamente:

– 120 incidencias diarias/online/percapita para que los padres sepan en todo momento y gracias a una Plataforma Digital del comportamiento académico y social de su hijo o hija, en la mayoría de los casos negativo.

– Un porcentaje de tiempo dedicado a : “Seño, la tablet no se me enciende” “¡Quién ha estado toquiteando en la pizarra digital!” o “¡Vaya, justo ahora no va Internet” No sólo hay artificios sino cada vez más artefactos en el aula.

Y cuando el Conejo de Troya está construido se sabe que existe porque de los 50 ó 60 minutos que dura una clase el profesor o la profesora ha podido dedicar realmente a la enseñanza ¿30? ¿20? No sé, pero me temo que lo justito para decir: este es el tema en el que estamos; esto sí va, esto no va; os lo miráis y hacéis los 20 ejercicios en casa. Poquito más. Es que literalmente no da para mucho más si tenemos en cuenta que, a lo anterior, hay que añadir aún cosas como pasar lista, recados varios y conseguir silencio.

Eso sí, en el examen, control o cómo se quiera llamar se les pedirá a los alumnos y alumnas un rendimiento como si el tiempo empleado a la materia hubieran sido los 50 ó 60. Y algunos profes, quizá quemados de todo lo anterior, esperarán que el alumno o alumna haya realizado un verdadero trabajo de construcción de conocimientos, analizando, relacionando conceptos… Y quizá ponga en el examen una pregunta “de pensar”.

Espero que si lo hace sea consciente de que ese objetivo lo habrá conseguido en su casa pues en clase poco se ha podido. O que sea consciente que quizá el trabajo “de profundizar” que les pidió en la evaluación, igual no lo ha hecho el alumno o alumna sino su padre o su madre (Lo confieso: Me llamo, Javier Romeu, y le he hecho trabajos a mis hijos cuando los he visto agobiados y desbordados)

Todo esto sin hablar de algo que va más allá del aprendizaje pero que lo condiciona: el encuentro personal. Algo que parece cursi y poco técnico pero que se puede palpar. Yo lo he palpado en la mirada de profesores concretos, y podría decir nombres, que han levantado a mis hijos e hijas (naturales y en almíbar) en momentos difíciles. No fue la programación curricular ni no sé que metodología. La mejor herramienta de intervención sigue siendo la persona nos pongamos como nos pongamos.

Y también se nota la importancia del encuentro personal en la manera como oigo hablar en casa a mis chavales y chavalas de sus “profes”. Más allá de que les caigan mejor o peor; de que cuenten más o menos extravagancias de ellos; o de que siempre les echen la culpa de sus malos resultados; se nota cuando un alumno o alumna aprecia a su maestro o maestra. Saben diferenciar perfectamente al docente que no los mira simplemente como  “una serie de notas e incidencias” (Me pongo a temblar cuando, en una tutoría con un profesor o profesora, lo primero que hace es abrir la planilla de la clase, buscar a mi hijo e hija y, desplazando el dedo por su linea, repasa las notas y positivos o negativos que ha tenido. Eso casi sin haberte mirado a la cara)

Por eso este post no es una crítica a los y las profesionales de la enseñanza. Ni mucho menos.Hace años y por unos años yo lo fui y en unas condiciones ambientales privilegiadas y fui un desastre de docente.

Esto es simplemente un aviso para navegantes de que quizá algunos de ellos y ellas ya no pueden encontrarse con sus alumnos y alumnas porque entre ellos se ha interpuesto…

…un enorme conejo construido de artificios y artefactos pedagógicos, administrativos y tecnológicos.

The Technological Post; Mayo 2015

“La empresa Emotional Networking ha anunciado la inminente puesta a la venta de un dispositivo asociado al ordenador personal con el fin de que éste detecte el estado emocional del usuario o usuaria y, en su caso, bloquee, sin el consentimiento de éste o ésta, algunas funciones del sistema, especialmente las relacionadas con el acceso a Internet.

De esta manera si la persona, conectada al dispositivo mediante electrodos adheridos a uno de sus dedos o muñeca, presenta valores fisiológicos indicativos de una alteración emocional muy significativa, cuando intente enviar un correo electrónico, publicar un comentario en Facebook, Google Plus, etc o cualquier tipo de envío de datos u orden de compra, el sistema bloqueará el mismo y, opcionalmente, apagará el ordenador. En todo caso lo único que podrá hacer la persona conectada al dispositivo es esperar a que sus variables fisiológicas bajen a valores normales y permanezcan en los mismos en un tiempo mínimo de 10 minutos. Sólo entonces el puntero del ratón o la tecla Intro podrán realizar la acción de envío de datos”

El dispositivo, que consta simplemente del cable USB-Sensores de Biofeedback y del software necesario, una vez instalado modifica el sistema operativo del ordenador de forma que no pueda ser eliminado a excepción de conocimientos avanzados de informática. A partir de la instalación el ordenador sólo se encenderá si detecta variables fisiológicas como el pulso o la conductividad de la piel.

Gary Eagleman, Vicepresidente de Emotional Networking, reconoció en la presentación del dispositivo, que se comercializará como “Internet Key”, que la idea para su desarrollo fue casual. Hace unos meses recibieron el encargo de una Asociación de Sexología de desarrollar un dispositivo para que los adictos a la pornografía pudieran usar internet en una fase avanzada de su proceso de rehabilitación. El dispositivo debía bloquear el acceso a internet cuando detectara la excitación del paciente.

Sin embargo cuando el sistema ya estaba en fase avanzada de prueba su principal desarrollador, Steve Gate, tuvo una discusión con el responsable del proyecto y, en un calentón, publicó un comentario en Facebook en el que arremetía contra él haciendo una mención desafortunada a su raza. En los días siguientes recibió miles de comentarios y emails recriminándole su comentario, insultándole o amenazándole. La empresa, que podía haber solucionado el conflicto interno sin mayor dificultad, se vio, sin embargo, obligada a prescindir de sus servicios por una cuestión de imagen. Paradójicamente el creador de un software para no excitarse fue víctima de su propia excitación aunque fuera de otra naturaleza.

A raíz de esta experiencia Emotional Networking decidió desarrollar el nuevo proyecto en una filosofía más amplia. Proteger a las personas de la influencia de lo que ocurre en Internet no se limita a protegerle de lo que puede ver en la red sino también de lo que puede hacer o expresar en ella.

Eagleman ha anunciado que en los próximos meses estará lista la versión para Android. Finalizó la presentación bromeando que siempre se podrá conectar el electrodo a nuestro gato o perro pero recordó que los animales también se alteran  y que además habrá que depilarles”

La noticia que acabas de leer no es verdadera. No puedo afirmar que no exista algún dispositivo semejante o parecido pero yo lo desconozco. Pero lo que sí puedo afirmar es que me la he inventado.

Con este pequeño artificio narrativo sólo pretendo introducir una idea: el acceso a Internet y las nuevas tecnologías de comunicación no son ya una simple y potente herramienta de acceso a la información, la cual, como toda información, puede ser más o menos beneficiosa para el receptor de la misma. Las redes sociales, WhatsApp, los SMS, el correo electrónico… lo han convertido también en un modo de información sobre mí al mundo entero. Para lo bueno pero también para lo malo.

Además no es sólo un escaparate donde me doy a conocer (a veces intencionadamente y a veces sin intención) sino un espacio donde se producen verdaderas interacciones humanas con todas sus consecuencias. Y no me refiero a las ya habituales anécdotas como enviar un whatsapp a la persona equivocada, o decir que estoy en un lugar cuando mi móvil dice que estoy en otro; o ser invitado a dar un curso o charla por gente que no me conoce en persona; etc. Me refiero a cosas mucho más dramáticas como ser acosado, abusado, robado, despedido o insultado por algo que he dicho, he hecho, o se cuenta de mi en Internet. Justo esta mañana he escuchado que en Bangladesh un bloguero ha sido asesinado a machetazos de cuatro individuos por mantener una posición crítica frente al yihadismo.

Y si la premisa es válida (Internet, el ciberespacio, el mundo virtual o cómo queramos llamarlo es un escenario donde los humanos interactuamos los unos con los otros) ¿no deberíamos profundizar en cómo son las relaciones humanas en la comunicación digital? ¿siguen las mismas reglas y tienen los mismos efectos que las relaciones cara a cara o las relaciones presenciales?

Parece evidente que nadie se comporta exactamente igual en su ámbito doméstico que en el ámbito público. A todos nos han enseñado a adaptar nuestro comportamiento, en mayor o menor medida, al contexto o entorno en el que nos encontramos. Todos los padres y madres advertimos a nuestros hijos de ciertas cosas que pueden pasarles fuera de casa y como evitarlas o actuar ante ellas.

Pero ¿nos han enseñado lo mismo sobre el comportamiento humano en el terreno digital? A mi, al menos, no (excepto a poner buenas contraseñas y protegerme de piratas y hackers) Es, ahora a mis 54 añitos, cuando me voy dando cuenta de que las relaciones humanas en Internet también son humanas pero no exactamente iguales. Y que las consecuencias de mis acciones en la red no las puedo medir con los mismos parámetros que en casa, en la calle, en el trabajo… Cada vez que cruzo más allá del umbral digital pueden pasar cosas distintas a las situaciones equivalentes en la parta del más acá.

Y como intuyo que el tema tiene muchas ramas sirva este post para introducir una posible serie en la que de momento se me ocurre…:

– ¿Tiene sentido seguir hablando de real-virtual? ¿no puede llevarnos esto a confusión?

– ¿Que cambia en el mundo digital para que no podamos usar ciertas referencias sobre el comportamiento social habitual?

– ¿Qué consecuencias tiene todo esto para la educación de las nuevas generaciones? ¿Deberemos ir más allá del simple vigilar el tiempo en Internet y lo que ven nuestros hijos?

– ¿Cómo funcionan las emociones en la red? Y si en las interacciones humanas las palabras son “trozos de afecto que a veces llevan algo de información” (Boris Cyrulnik) ¿ocurre lo mismo en Internet?

– ¿Cómo afecta la red a nuestra reputación?

– ¿Ha quedado obsoleta la frase, también de Cyrulnik, de que “cultura es aquello que cambia cada 10 años y cada 10 kilómetros“?

– ¿Qué implicaciones tiene todo lo anterior para la relación de ayuda en la red?

Iremos pensando.

EPILOGO

Son las 21´30. La tele está puesta y acaban de dar la noticia de la detención de las dos personas que imprimieron y repartieron por los buzones de Casarrubueloslas (Madrid) conversaciones de WhatsApp de un grupo de profesores del colegio Tomé y Orgaz que provocó, entre otras cosas, la indignación de los padres y la destitución de la directora. Se les imputa un delito de revelación de secretos y les pueden imponer una pena de 1 a 4 años de cárcel.

No entraré a discutir si una conversación en un grupo de WhatsApps es un secreto o si la cosa tiene más o menos importancia. Lo que sé es que mucho de lo que se dijo en ese grupo quedará en Internet por los siglos de los siglos.

No diré “¡Así sea!” pero sí “¡Así es!

felicidades Fidel

F. Javier Romeu Soriano:

YA LO CONOCÍA Y ME ENCANTÓ LO DE TITIRIPEUTA. GRACIAS, ANNA, POR RECORDARME QUE ESTÁ AHI.

Originalmente publicado en Anna Forés Miravalles:

Fidel delgado

Ver original

Llevo una semana intentando hacer una reseña del nuevo libro de Reyes Adorna titulado “El origen de la infelicidad“, publicado en la Editorial Descleé de Brouwer, que esté a la altura del mismo, lo cual no es nada fácil debido a su precisión, su honestidad y su utilidad.

EL ORIGEN DE LA INFELICIDAD

Así que finalmente, y tras otros dos enfoques fallidos, voy a utilizar la reseña de otro libro para reseñar el de Reyes (¡Doble salto mortal! O triunfo o me la doy de pleno. ¡Va por ti, Reyes!)

El año pasado un joven historiador israelí, Yuval Noah Harari, consiguió vender en su país 300.000 ejemplares de un libro titulado “Sapiens. Una breve historia de la humanidad“. Se ha traducido a más de 20 idiomas. En España, la editorial Debate ha respetado el título original del autor: “De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad“.

Tras leer las primeras páginas disponibles en internet le sigo la pista al autor y encuentro varias entrevistas de cuando vino a España presentar el libro. En una en El Periódico encuentro estos dos párrafos:

“Empezamos hace 70.000 años como animales, no muy diferentes a otros animales. Y nos hemos desarrollado hasta una situación en la que estamos a punto de convertirnos en dioses. Y esto no es una metáfora, literalmente estamos adquiriendo capacidades que tradicionalmente eran consideradas poderes divinos, como crear vida y modificar nuestros cuerpos y mentes”

“Tenemos tres revoluciones, la cognitiva, que transformó hace 70.000 años a un animal africano poco relevante en la fuerza más potente del planeta. Después la agrícola, otro paso enorme. Y después la científica, que puede acabar dando a los hombres esas facultades divinas. El hilo común es el aumento continuo del poder, de transformar el entorno y a sí mismo, y que ese poder es muy difícil traducirlo en felicidad”Resultado de imagen de Yuval Noah Harari

Y esa última frase me lleva necesariamente al libro de Reyes Adorna. Los planteamientos no son iguales pero es evidente que convergen. Y digo que convergen pues me consta que Reyes no conoce aún el libro de Harari, aunque parádójicamente ha sido el de ella el que me ha llevado a el de él.

Reyes ADORNA

Parece que Harari incide más en que la infelicidad pueda ser el pago que tengamos que hacer por nuestro camino hacia la “divinidad”. Adorna se centra más en la infelicidad provocada por los lastres de nuestra evolución. Ambos planteamientos son interesantes y quizá complementarios pero indudablemente los de Reyes son mucho más contrastables que los de Harari.

Pero la convergencia no termina aquí.

Harari mantiene que lo esencial de la revolución cognitiva en el Homo Sapiens fue la capacidad de contar, relatar y a partir de ahí imaginar y crear historias.

“Cotillear te permite crear sociedades de 150 o 200 individuos. Para crear grandes redes de cooperación política, la clave es la imaginación, la capacidad de crear y difundir ficciones. Realidades que existen porque nosotros nos las inventamos. El poder se basa en la ficción: la religión, evidentemente, pero también la economía y la política. La nación es una ficción. El dinero también. Pero sirve para que personas que no se conocen colaboren, porque ambas creen en una misma historia. Dos chimpancés de grupos distintos no sabrán intercambiar un plátano y un coco. Nosotros sí sabemos cambiar un trozo de papel en el que ambos creemos por una botella de agua”

Estoy seguro que a Reyes Adorna, cuya pasión es la escritura, y os recuerdo que su primer libro fue “Practicando la escritura terapéutica. 79 ejercicios” (DDB) no le costará aceptar, o no le disgustará, que alguien mantenga que la capacidad humana para narrar no es sólo un producto de la evolución sino la causa de la explosión evolutiva en el homo sapiens.

Pero hay algo más. Dice Harari ahora en otra entrevista  en Vozpopuli:

“El principal cometido de la historia no es conocer mejor el pasado, sino liberarnos de él. Eso de aprender de la historia es mentira, porque las condiciones siempre cambian. Es casi imposible aprender de la historia”. 

Curioso. Un historiador diferente. Un tipo que mira el pasado… ¡para liberarse del mismo! Reyes Adorna propone, en mi opinión, exactamente lo mismo pero, a diferencia de para toda la humanidad, para… ti, para la persona que lo lea.

En alguna de las entrevistas se le acusa a Harari de postmoderno y relativista. Como todo es ficción, todo vale. Se defiende utilizando una prueba del algodón de lo que es real: el sufrimiento. Las naciones, las instituciones, las empresas, los partidos, los bancos no sufren. Las personas, sí. Si Bankia acaba desplomándose no sufrirá, pero las miles de personas a las que se les engañó con una ficción, un relato, un mito llamado “preferentes” sí que están sufriendo. Lo que ha motivado a Reyes a escribir este libro es el sufrimiento real de las personas y no un simple análisis sociológico, antropológico o psicológico.

Y es que un momento pensé en remarcar que en “El origen de la infelicidad” no te ibas a encontrar un libro de autoayuda al uso. Sigo pensándolo pero, como la propia Reyes me ha señalado, sí ha sido escrito para ayudar. No se conforma con una reflexión teórica y magníficamente argumentada. Pretende que nos demos cuenta de que nuestra infelicidad muchas veces proviene de estructuras cerebrales y mentales que hemos heredado “por ser vos quien sois”.

Nadie cuestionará que intentemos liberarnos de deudas o cargas económicas que hayamos podido heredar de nuestros padres. Y por tanto también es lícito intentar liberarnos de cargas o herencias psicológicas que hemos recibido de nuestros antepasados por muy lejanos que estos sean. Para ella la autora nos localiza esas cargas o herencias y luego nos ofrece un ramillete de ejercicios para eliminarlas o ponerlas en el lugar donde molesten lo mínimo posible, como la ostra que rodea de nacar la partícula o el intruso que no consigue expulsar.

Mientras redacto este post he publicado un comentario de Merche al post anterior en el que me propone que se trate en el blog el tema de las “trampas mentales”. Pues aquí tienes Merche un libro para empezar.

Cuando le pregunté a Reyes que iba a escribir después de que se le publicara su anterior libro ese fue el asunto que me dijo que le estaba rondando la cabeza. Ella se ha centrado en aquellas que sabemos que nos vienen de serie por pertenecer a la especie Homo Sapiens. Pero, para empezar, más que de sobra.

Reyes me pidió que no reseñará su segundo libro sin haberlo leído todo entero y, de alguna manera, me ha presionado para que sea crítico con ella. No he renunciado a ello y puedo prometerte que lo he hecho con el cuchillo entre los dientes. No descarto recoger más adelante algunas cuestiones que me han dado mucho juego para pensar y alguna otra en la que puedo hasta disentir. Pero no es el momento y además me va a costar Dios y ayuda argumentarlo.

Mientras tanto espero que Reyes venda tantos libros como Harari y gracias a los derechos de la propiedad intelectual (supongo que para el filósofo otro mito al que probablemente no haya renunciado) se enriquezca razonablemente. Si es así cuando por fin pueda conocer a Reyes en persona ella pagará la comida, y cuando le entregue los billetes al camarero rezaremos para que el mismo siga creyendo el relato de que esos papelitos siguen teniendo valor.

Aunque, tal como están las cosas… ¡igual nos pide que le paguemos con cocos y plátanos!

Ayer hablé con Merche. Hacía más de un año que no sabía de ella y de su marido e hijos. La vida nos juntó durante un tiempo en esa aventura que es acoger a un niño o niña en situación de desprotección. Cuando estábamos acabando la conversación y concretando un posible nuevo encuentro me dijo algo así como: “¿Qué pasa con el blog?… ¡Lo tienes abandonado!“.

Me quedé desconcertado. No era consciente de que Merche pudiera entrar en el blog y hasta el punto de controlar que llevaba tiempo sin publicar. Me dio todavía más corte saber que ella había hecho algún comentario y yo no había identificado que Merche era “esa Merche”. En todo caso, me dio pudor tomar conciencia de que, a través del blog, me estoy relacionando con personas sin saber que me estoy relacionando con ellas.

Pero además el comentario de Merche encendió una alarma en mi mente: ¡Se te muere el blog!¡Se te muere el blog!¡Se te… Y es que esto de ser bloguero no profesional es muy complicado. Es una afición pero, a veces, muy estresante. Cuando tienes tiempo no se te ocurre nada interesante y cuando tienes ideas potentes no encuentras tiempo. En mi caso tengo 6 ó 7 borradores empezados; un lista en mi teléfono de otros “posts pendientes” y además la certeza que muchas ideas brillantes (perdonad la inmodestia)… ¡se me han olvidado!

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Además empiezas a ver la realidad en formato post: Te cuentan o te pasa algo y piensas “Ummh … De aquí va a salir un post”  y lo que es mucho peor: ¡Te empiezas a citar a ti mismo! (“He escrito…” “Tengo un post sobre…“) A lo que hay que unir la compulsión (en mi caso, gracias por preguntar, mucho menor) de entrar constantemente al blog a ver el número de visitas; si hay comentarios o si alguien “Le gusta” si has colgado el link en Facebuque o Gugleplus.

Todo esto produce “el cansancio del bloguero” y esta mañana he tenido una idea para intentar rebajarlo. Se trata de los “post inversos”. Me explico. Que yo sepa las entradas o post son un texto donde el autor cuenta o expone lo que considere oportuno, lo publica, alguien lo lee y si quiere comenta.

Un post inverso es lo contrario. Sobre un tema, quien quiere comenta y luego, el autor o administrador del blog, escribe su planteamiento en otro post relacionado que en coherencia podremos llamar “hi(post)tesis”.

Lógicamente los comentarios tienen que estar dirigidos a un tema que a mi (que para eso es, con perdón, “mi blog”) me estén dando vueltas en la cabeza. Os pondré un ejemplo: Me preocupa mucho observar como muchos colegios se están lanzando a una carrera de sprint para sustituir los libros de texto por tablets y lo presentan como un ejemplo de innovación educativa. Pero preparar un post argumentando mi opinión al respecto no es moco de pavo. Me puede llevar días, semanas o meses. Pero ¿por que esperar? ¿No podemos ir dándole vueltas entre todos los que queramos?

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Habrá que probarlo.

Empezaremos ahora mismo con el primer post inverso, que llamaré…

NEUROFICCIONES

Imagina que la cirugía neurológica ha avanzado tanto que ya es posible el trasplante de cerebro. ¿Cómo evolucionaría la mente correspondiente a ese cerebro a lo largo del tiempo? (Para no complicarlo demasiado pensemos en un cerebro y un cuerpo receptor del mismo sexo)

Imagina también o si lo prefieres, qué pasaría si te conectaran tu cerebro a tu ordenador personal que a su vez está conectado a internet.

Y, por supuesto, los avances ya son tan claros que a las personas que les detectan un tumor inoperable e intratable en una de las estructuras inferiores del cerebro se le puede implantar el cerebro de un primate dejando sus hemisferios cerebrales intactos…

¿Que pasaría?

Me pregunto.

Si se te ocurre algo sugerente y quieres compartirlo, gracias