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Llevo muchos días queriendo escribir este post y la vida no me ha dejado. Pero quizá todo sea para bien pues recomendar un nuevo libro de José María Toro es un deporte de riesgo. Tendré que medir mis palabras.

MI ALEGRÍA SOBRE EL PUENTE. Mirando la vida con los ojos del corazón

Desde que conocí las cosas que este maestro (creo que le pega más que profesor) va diciendo y escribiendo por ahí, y he empezado a citarlo en todas partes, voy comprobando algo que intuí desde el principio: no te deja indiferente. Algunas personas se adhieren rápidamente a mi entusiasmo. Pero otras no lo denostan pero si lo encierran en el “cuarto de los conferenciantes y escritores inspiradores” Es una especie de muy chulo, muy bonito pero irreal, poco práctico, para una charla, para motivar pero no para el día a día.

Y aunque me viene la frase extraída de una novela de Dostoievsky que dice “sólo la belleza salvará el mundo” no quiero hacer un alegato sino argumentar.

No cuestiono que el conocimiento científico, incluso en las ciencias sociales o humanas, tiene sus métodos o procedimientos para garantizar su fiabilidad. Pero, si repaso todo el bagaje que tengo en la cabeza a la hora de enfrentar el trabajo de cada día, nunca viene a mi cabeza una tesis doctoral o un libro académico.

Porque de igual manera que ahora sabemos que los recuerdos se fijan la mayoría de las veces por la carga emocional de la situación vivida, habrá que darse cuenta de que las ideas que nos mueven no han llegado a esa potencia en nuestras vidas solamente por el raciocinio.

Y no me refiero sólo a nuestras ideas políticas, religiosas, sociales… que ya se encargó Joaquín Sabina de dejarlo clarito en una entrevista cuando confesaba que sabía que no tenía argumentos para defender la fiesta de los toros y que, probablemente, la misma acabaría desapareciendo, pero que a él lo llevaba su padre siendo pequeño y no podía dejar de gustarle.

Me refiero a esas ideas exclusivamente teóricas pero que se fijan en tu mente por LA EMOCIÓN QUE PRODUCE LA MANERA EN QUE TE LAS HAN TRANSMITIDO (sí, las mayúsculas son aposta)

Pondré algunos ejemplos. Boris Cyrulnik es un maestro de decir cosas científicas o racionales pero “de otra forma”. Como cuando dice algo así (perdonad que no pierda tiempo en buscar las citas) como “las palabras son trozos de afecto que a veces transmiten algo de información” O cuando se refiere al abuso sexual como “una estafa moral” o resume el apego seguro como “Quiéreme para que tenga el valor de abandonarte” No soy capaz de retener una definición ortodoxa del apego, del abuso sexual o de los significados implícitos del lenguaje. Pero estas tres expresiones y otras muchas me acompañan siempre y están ahí para orientarme en mi trabajo y en mi vida. Cyrulnik aprende y luego destila la esencia de su conocimiento usando expresiones casi o totalmente poéticas. De la misma manera que tuvo que destilar el relato de su propia historia en 40 años de investigación o reflexión científica.

El padre de una superviviente del holoausto que sale en un documental sobre Alice Herz-Sommer le decía de pequeña “Mete ideas en tu cabeza porque eso no te lo podrán quitar nunca”. Pero no seamos ingenuos: el lenguaje científico a pelo no penetra fácilmente (excepto en los científicos) El resto de los mortales necesitamos vaselina. Y esa vaselina está en la literatura, en la narración y en la poesía con todos su recursos. Sin esa vaselina el conocimiento se quedará en las estanterías, en las librerías o en la red.

No es lo mismo decir “La actividad de la corteza pre-frontal permite controlar los impulsos de la amígdala que es el órgano de la emoción” que decir “Cerebro que no se ve, corazón que no se sienta” Y aún reconociendo que la segunda, que me la he inventado yo mismo, no es un dechado de alta literatura, es más fácil que en el día a día te acuerdes de la segunda que de la primera. Simplemente porque te sorprendió, te hizo gracia… TE… Por minúscula que sea la emoción seguro que es mayor que la de la primera.

Así que no hay que confundir lenguaje con cientificidad.

Si eres profesional de la relación de ayuda (excepto quizá de la medicina y sus distintas especialidades) y utilizas expresiones como programación, planificación, objetivos, intervención, coordinación, trabajo en red, apoyo social, interpersonal, autoestima, técnicas, recursos, etc. parecerás un profesional serio.

Pero si usas palabras como encuentro, dar, recibir, mirada, acompañar, reconocer, corazón, querer, vocación… serás relegado al rincón de los meros inspiradores, de los juglares de lo social, la educación o la psicología.

Porque nos han vendido la cabra de que no sólo hay que ser rigurosos en nuestro trabajo sino parecerlo. Y a veces, sin embargo, es más serio quien no lo parece. Quien no se protege tras un muro de términos especializados.

Creo que necesitamos nuevas generaciones de profesionales inspirados, simplemente para que ellos y ellas puedan expirar en el día a día. Profesionales que se hayan formado (cogido forma) con la emoción de su trabajo y no con la razón de su metodología o sus datos.

No es una postura romántica. Es una realidad encarnada en el día a día. Tan real como que a M. mi niña de casi 13 años no la sacará adelante un profesor o profesora para quien ella es “la suma de las notas de los controles más la lista de incidencias apuntadas en la plataforma digital”. M. saldrá adelante gracias a, como dicen los de Dando vueltas, la “mirada apreciativa” de su tutora.

Por todo ello recibo con alegría la noticia de un nuevo libro de José María Toro. Que no por poeta deja de ser profesional, como Oliver Sacks no deja de ser un reconocido neurólogo simplemente porque convierte los casos en historias. Porque como decía, creo que Foucault, ya nos encargamos en su día de convertir la historia de las personas en casos. Nos convenía.

José María habla y escribe de cosas reales y concretas. Otra cosa es que hayamos perdido el rumbo. El recurre a la emoción (al corazón) para volver a la sensatez. Otros venden datos y métodos que nos llevan a la locura.

Como esas aulas cada vez más frecuentes donde los profesores y profesoras ya no les ven la cara a sus alumnos y alumnas pues están a la otra parte de un Ipad (curiosamente casi siempre de la misma marca). Y lo digo yo que soy un “friki” de los “gadgets” tecnológicos.

Quien relega a Toro al rincón de los conferenciantes posiblemente es porque esté quemándose ya en el horno del sistema. Y dicho sea de paso, igual de serio, aunque no lo parezca, es decir “burn-out” que “el cansancio de los buenos” como acuñó Roberto Almada. Como no es lo mismo decir “familia multiproblemática” que “familia con muchos problemas” como le oí decir a Jorge Barudy.

Tengo una compañera que trabaja en lo social y en su tiempo libre y en secreto escribe y lee poesía social. Y como sé que a veces me lee le diría: ¿Y si hicieras poesía en y de tu trabajo?

Así que te podrá no gustar José María Toro. No es ningún problema. Para gustos los colores. Siempre y cuando no dudes de que el verde es igual de color que el rojo.

Con todos los respetos.

Domingo mañana. Centro comercial. Pablo y yo tenemos que esperar a que llegue mi mujer. Veo un establecimiento que tiene sección de librería. Paso por un expositor de novelas, en los que no me suelo fijar demasiado pues prefiero la no ficción.

Pero el título de una me llama la atención: “Para acabar con Eddie Belleguele” de la Editorial Salamandra y en la faja de papel que rodea la portada y contraportada leo la palabra Autobiografía. Así que me intriga y vuelvo a mirar el autor: Édouard Louis.

Édouard Louis

Está escrita en primera persona y el protagonista es Eddie pero el autor es Édouard. ¿Cómo es posible que un tipo escriba la autobiografía de otra persona? Intento resolver el enigma leyendo la contraportada y las solapas.

Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía Pero ¿qué hace ese idiota? No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí.

«La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.»

Édouard Louis

Ojeo el libro y me atrapa lo que voy leyendo. Me cuesta poco descubrir el motivo del rechazo familiar y social: el protagonista tuvo desde muy pequeño una expresividad muy femenina y más tarde una orientación sexual hacia las personas de su mismo sexo.

La opresión y el rechazo familiar y vecinal es tan intenso que no queda otra solución que romper con todo. Una huida mucho más que física. Una huida hasta cambiar de nombre. De Eddie Belleguele a Édouard Louis. Un cambio de nombre entendido y confirmado con un libro.

Habrá que leerlo.

No sé si encontraré en él un ejemplo de resiliencia. Prefiero no prejuzgar. Pero últimamente siempre me viene a la cabeza que en la resiliencia se puede detectar casi siempre un punto de inflexión y un cambio de rumbo.

¿Puede haber un cambio mayor que cambiar de identidad?

Para acabar con Eddie Bellegueule

 

 

 

 

En el post que publiqué el domingo pasado hice una NO-reseña de la película Invencible (Unbroken). Le llamo así porque en él señalaba que la misma me estimuló más por lo que no contaba que por lo que veíamos en ella. Así que he ido a la fuente que es el libro de Laura Hillenbrand (Inquebrantable en Ed. Aguilar y cuyo título original es Unbroken: A World War II Story os Survival, Resilience and Redemption). He disfrutado tanto o más de su lectura (de los capítulos de infancia y post-liberación) como de la película.

Pero antes de hacer algunas reflexiones es preciso aclarar que el libro es el fruto de siete años de dedicación de su autora. La lista de agradecimientos a todas y cada una de sus fuentes de información es apabullante. Sólo con ella podría justificar el libro pero si se le añade que mantuvo 65 entrevistas con Louis Zamperini podemos entender que este mismo bromeara: Cuando quiero saber lo que me pasó en la Segunda Guerra Mundial se lo pregunto a Laura.

 La resistencia lo es hasta que no lo es.

Si sólo vemos la película, que acaba con el reencuentro con su familia, podemos concluir que Zamperini  fue efectivamente “unbroken” (inquebrantable o invencible) pero cuando seguimos leyendo su historia descubrimos pasajes como estos (y son sólo una pequeña muestra) :

“Pronto comenzó a beber tanto que se quedaba inconsciente”

“La ira comenzó a consumirlo. Una vez gritó a un hombre por cruzar demasiado lento frente a su coche y el hombre terminó por escupirle. Louie subió el coche a la acera, salió y golpeó al hombre hasta dejarlo tirado mientras Cynthia- su mujer- gritaba que se detuviera ya. En otra ocasión, cuando un hombre dejó que la puerta de un bar se abatiera sobre él sin querer, Louie lo provocó hasta protagonizar un penoso incidente en que restregó el rostro del supuesto infractor contra la tierra”

“Cynthia estaba desconsolada al ver al hombre en que su marido se había convertido. En público su conducta daba miedo y era vergonzosa. En privado solía mostrarse susceptible y duro con ella”

“En Hollywood Louie bebía aún más. Nadie podía llegar a Louie porque en realidad nunca había vuelto a casa. En la prisión había sido golpeado hasta caer en una obediencia deshumanizada, en un mundo gobernado absolutamente por el Pájaro - como los presos llamaban al militar japonés al mando y que se ensañó con él -, y Louie seguía viviendo en ese mundo. El Pájaro – Mutsuhiro Watanabe – se había llevado su dignidad, dejándolo humillado, avergonzado e impotente. Así, Louie creía que sólo el Pájaro podía restaurarlo si sufría y moría en sus manos (…) Durante la guerra el Pájaro no había permitido que Louie escapara de sus manos; después de ésta, era Louie quien no podía soltar al Pájaro”

La película no muestra esto, ni tampoco los subtitulos finales hacen mención a esta etapa de su vida. Saltan al segundo resurgimiento señalando que rehízo su vida y que viajó a Japón y perdonó en persona a sus captores. No pudo hacerlo con El Pájaro porque este se negó.

Pero la verdad es que, como es normal y se ejemplifica con los fragmentos anteriores, Zamperini sí se quebró psicológicamente y fue vencido porque ya liberado siguió preso de sus pesadillas con El Pájaro, su principal captor.

De hecho tengo que decir que la parte que la autora dedica a explicar los efectos del estrés post-traumático es de lo mejor que he leído nunca al respecto. Tanto que debería ser de lectura obligada para cualquier persona que se dedique a ayudar, no a víctimas de guerra, sino a cualquier persona, incluidos niños y niñas, que haya sufrido malos tratos. Los ejemplos de cómo estímulos aparentemente inocentes “gatillaban” la reacción automática de miedo o defensa son impresionantes.

Particularmente admiro más a Zamperini cuando descubro que su perdón no fue neurosis ni alienación, sino camino para la liberación.

Resistencia y resiliencia son antagónicas.

Porque la resistencia significa aguantar, no bajarse del burro, insistir… pero la resiliencia significa cambiar de rumbo, dejar de empeñarse, ser flexible, re-surgir.

Efectivamente, Zamperini resistió un naufragio de más de un mes y resistió las torturas y malos tratos durante meses.  Pero como decía Iñigo en un comentario al anterior post resurgió dos veces. Gracias al atletismo, de una infancia y pubertad al margen de lo exigido por la sociedad y resurgió a la vida tras varios años de estrés post-traumático y alcoholismo.

Resistió o, mejor, sobrevivió (el survival del título en inglés) donde no tenía otra opción: en mitad del océano y siendo prisionero. Pero resilió (si el verbo existiera) en dos momentos de su vida donde, estando abocado al desastre,  pudo cambiar de rumbo.

La primera cuando pasó de llamar la atención de todo el mundo con sus constantes conductas asociales a buscar la atención de sus conciudadanos destacando en un deporte. La segunda cuando pudo releer su trágica historia para dejar de verse como víctima y verse como afortunado.

El sentido o significado aparece muchas veces por un cambio de mirada: de los demás hacia nosotros o de nosotros a nuestra vida.

La resiliencia se detecta alrededor de un punto de inflexión

Es curioso, pero el hombre puesto en una situación límite puede resistir más allá de él. Y eso es una virtud, algo admirable. Pero el hombre libre abocado al desastre también puede empeñarse en seguir y seguir en el mismo camino. Se pierde por no detectar el límite. Tan admirable como superar el límite es saber encontrar el límite.

Ser capaz de discriminar que un camino es intransitable o que no lleva a nada bueno es para mí la clave de la resiliencia. Zamperini, con ayuda de personas que lo querían, pudo bajarse de un tren y tomar otro en el sentido contrario o con otro rumbo (cosa que hizo literalmente cuando como adolescente obstinado se marchó de su casa ante la mirada angustiada de sus padres)

Resurgir no es surgir en el mismo sitio y de la misma manera que antes. Resurgir es volver a surgir (aunque sea en otro lugar o de otra manera).

La clave no es contar ni no contar, sino contar en su justo momento o tiempo

Siempre he utilizado la comparación que hace Cyrulnik de los porcentajes de trastornos mentales entre los soldados supervivientes de la II Guerra Mundial y de la guerra del Vietnam. Fue mucho mayor en los segundos porque fueron tratados como asesinos a su regreso y tuvieron que permanecer en un silencio devastador.

No fue el caso de Zamperini que fue recibido como un héroe e invitado constantemente a contar su historia. Esto podía ser sanador. Pero justo eso fue, según Hillenbrand, lo que le abocó a la bebida.  Tener que enfrentarse constantemente a la recreación (que no recuerdo, como bien señala la autora) de los malos tratos le llevó a encontrar en el alcohol un anestésico.

Mucho más tarde, en su segundo resurgimiento:

“Louie iba alegremente por el mundo relatando su historia a auditorios maravillados”

Contar su historia lo acabó matando en un momento dado y en otra lo salvó.

En diciembre les decía a familias acogedoras en Albacete que los niños acogidos necesitan poder hablar de su historia familiar pero que hay que tener una sensibilidad extrema para saber cuando es el momento de favorecerlo y cuando hay que respetar su silencio.

Quiero pensar, como no, que la experiencia de Zamperini nos aconseja lo mismo.

Lo que ayuda a la resiliencia en una ocasión puede no hacerlo en otra.

Zamperini encontró (gracias a su hermano, a una humillación ante unas compañeras y a descubrir una habilidad especial) el atletismo como punto de apoyo (que dirían José Luis y Gema de ADDIMA) para cambiar de trayectoria.

Cuando regresó de la guerra y empezó a verle las orejas al lobo intento agarrarse a él y volver a la alta competición. Es cierto que las secuelas físicas de las torturas recibidas acabaron por impedírselo. Pero incluso antes de llegar a ese punto:

“… el atletismo no era igual que antes. Lo sentía forzado y no liberador como lo había sido en un principio. No sentía alegría alguna al correr”

Esta es la belleza de los tutores de resiliencia. No se pueden crear. Surgen cuando menos te lo esperan y no estarán ahí para siempre. Por eso hay que esperarlos. Porque no los podemos atrapar.

La resiliencia es restitutiva

El Louie adolescente era mal visto por la práctica totalidad de sus conciudadanos en Torrance. No sólo había sido marginado por su origen italiano sino que ya se había encargado él mismo con sus robos y tropelías que así fuera. Pero cuando se transformó en un deportista de élite y llegó a participar en los Juegos Olímpicos la ciudad de Torrence pasó del odio a la exaltación. De alguna manera con la fama restituyó a sus vecinos todo lo que les había quitado.

Cuando Zamperini se liberó del estrés post-traumático, rehizo su matrimonio roto, y encontró un sentido a su vida se dedicó a un proyecto social muy concreto: creó un campamento para chicos y jóvenes con problemas de marginalidad. Durante años se implicó totalmente y compartió horas y horas con ellos. Cerró el círculo. El niño que fumaba desde los cinco años, bebía alcohol desde los siete, y robaba sin parar acabó dedicando su vida a intentar ayudar a chicos como él.

La resistencia aguanta el mal. La resiliencia lo transforma en bien.

¿Se entiende porque la lectura de lo que no sale en la película me ha emocionado más que lo que sí sale?

Quizá me esté haciendo mayor. Pero siempre hay esperanza…

Zamperini aprendió a ir en monopatín a los 70 años.

 

Tengo un post atravesado desde hace meses y meses. Se llamaría Mindfulness versus Lifefulness. Supongo que no he encontrado tiempo para redactarlo pues necesita pies de plomo para no ser fácilmente malinterpretado por las personas que practican y recomiendan el Mindfulness tanto a nivel psicológico como educativo.

Así que no caeré ahora de meterme en arenas movedizas pero si me refiero a él es porque me surgió de un contraste (como casi todo). En aquel tiempo empezaba a ser consciente del auge, al menos en el mundo editorial, de la llamada Atención Plana, pero un día me topé con el libro “Educar en el Asombro ” de Catherine L´Ecuyer que me impactó y por ello lo reseñé en un post de noviembre de 2013 y me he referido a él en otros posts.

"Un soplo de aire fresco (…) best-seller educativo de los últimos años" Revista Magisterio

Este contraste me hizo plantearme si el objetivo de enseñar a los niños a observarse a si mismos y a sus pensamientos y emociones no podría ir en detrimento del objetivo de ayudar a los niños a contemplar la vida y sensibilizarlos hacia la belleza que hay en ella y, así, mantener intacta su capacidad de asombro. Las dos cosas no están reñidas, ni mucho menos, pero ¿qué es prioritario? ¿Qué es primero:el huevo o la gallina?

Creo que elegí mis estudios por el asombro. Siempre he dicho que no necesito asombrarme al contemplar el universo porque ya me asombro bastante contemplando la naturaleza… humana. Creo que por eso estudié psicología y renuncié a Bellas Artes. Cambié un tipo de belleza por otra. Igual que hay cuadros o esculturas feas y bellas, también hay personas feas y bellas ¿no?

Creo que Catherine acertó en rescatar el asombro como una ¿emoción? ¿sensación? ¿sentimiento? ¿experiencia?… esencial en la vida. No sólo para el sentido de la misma sino incluso para la motivación y el aprendizaje.

Y ahora nos comunica que ataca de nuevo con una segunda obra: “Educar en la realidad”, de nuevo en Plataforma Editorial donde plantea “que la mejor preparación para utilizar las nuevas tecnologías tiene lugar en la realidad; es decir, que la mejor preparación para el mundo on-line es el mundo off-line”

No soy ni muchos menos un nostálgico de tiempos mejores o un detractor de las nuevas tecnologías. Ni por asomo estoy en su contra. En mi casa hay televisiones, PC, smartphones, tablets y consola. Y hasta un robot que barre el suelo y al que me he descubierto hablándole… Puedo hacer una lista de las ventajas y hasta beneficios educativos de todos estos gadgets.

Pero no nos volvamos locos. Calma. Copiando a Jose María Toro: el ordenador tiene su sitio en el aula pero no en el centro. Como espero que no sean los “aparatitos” el centro de mi familia.

Justo cuando empiezo a descubrir que muchos colegios valencianos están retirando libros de textos y los alumnos tienen que llevar obligatoriamente una tablet a clase (sospechosamente siempre de la misma marca – antes los niños llevaban una manzana a clase y ahora… también) oigo en una noticia que en EEUU están empezando a cuestionar su uso en los colegios pues han apreciado que los y las alumnas se distraen más.

Prefiero no sacarle jugo a esto pero no a sospechar que lo de las modas en educación es tan peligroso como la costumbre.

En definitiva: que está claro que lo de la educación y la crianza se está complejizando cada vez más y más. ¿Qué esperar de un mundo más complejo?

Aunque sólo sea porque ya tenemos que diferenciar que nuestros hijos e hijas crecen en mundos on-line; off-line, on-mind y on-life.

Por eso me atrevo a recomendar el libro de Catherine aún sin haberlo leído. No sé si compartiré todos sus argumentos pero sí le agradezco que lo haya escrito pues me parece necesario darle vueltas a “todo esto”.

- Seguro que haces un post de esta película -

Me dijo una de mis hijas después de haber visto Invencible (Unbroken) en el cine.

No sé, no sé – pensé, pues ya sabía el argumento, que estaba basada en un hecho real y que estaba dirigida por Angelina Jolie.  Tenía mis dudas sobre que aguantar en un campo de concentración japonés tuviera que ser necesariamente un ejemplo de resiliencia.

Ayer finalmente la vi y he acabado haciendo el post (¡Qué no se hará por los hijos!). Lo que ocurre es que no lo hago por lo que cuenta la película, sino más bien por lo que no cuenta.

Y como no quiero fastidiar a nadie la película que sigue de estreno sólo podré hacer algunos apuntes.

Louis Zamperini, nacido en EEUU en 1917 pero de padres italianos, fue un corredor de medio fondo que participó en los juegos olímpicos de Berlín y fue hecho prisionero por los japoneses durante la segunda guerra mundial. Murió el año pasado, el mismo año de estreno de la película, por lo que la directora de la película pudo conocerle y tratarle durante la preparación y rodaje.

El guión de la misma se basa en un libro de gran éxito en EEUU de la autora Laura Hillenbrand. Un libro que no sé, pues aún no lo he podido conseguir, si obvia algunos aspectos de la vida de Zamperini que, rastreando en Internet, me parecen tan interesantes como su experiencia de resistencia a un naufragio, a un campo de concentración y a un oficial japonés especialmente enconado con él.

Apenas se desarrollan sus años de pubertad y adolescencia donde no paró de darle disgustos a sus entregados padres y a la policía local, y menos su motivación para empezar a practicar el atletismo como ya hacía su hermano mayor. La película deja entrever que fue una consecuencia natural de su rapidez para salir huyendo tras una fechoría. Sin embargo al parecer, su motivación fue la vergüenza de quedar el último o no poder aguantar en las primeras veces que fue invitado a competir. En una entrevista de la cual se recogen fragmentos en un artículo de Hoy Cinema expresó:

«Un día, mi hermano se cansó de que la policía llegara a nuestra casa para hablar de mí y sintió que el atletismo podría ser la respuesta a todo aquel problema. En la escuela estuvieron de acuerdo, así que me sacaron a la pista de 660 yardas y me hicieron correr. No he sufrido tanto en mi vida como en aquel momento, sentí dolores, agotamiento y severos calambres. Sólo podía pensar que aquello era absolutamente horrible»

En todo caso si que fue su hermano el que supo ver en él a un gran atleta y no solamente al hermano rebelde que amargaba la existencia a sus padres. De nuevo un ejemplo de la importancia de cómo nos miran y cómo miramos.

La película finaliza, me atrevo a decirlo porque cualquiera que haya visto el trailer se lo puede imaginar, cuando Loui regresa a casa tras acabar la guerra. Con fotos reales y subtítulos se nos indica que Zamperini fue capaz de perdonar a los soldados japoneses que lo maltrataron.

El resultado es que la película presenta así el perfil de un hombre inquebrantable y que inspirado por algunas personas muy cercanas a él con una fuerte fe cristiana (su propia madre y un amigo y compañero de desdichas) dedicó el resto de su vida a intentar cumplir la voluntad de Dios en agradecimiento por haberse librado de la muerte. Es indudable que la propia directora juega con la imagen de un nuevo crucificado en la escena en que se le obliga a mantener un pesado tablón de madera por encima de su cabeza durante horas.

Hasta aquí el título de la película parece perfecto. Y más cuando se lee este párrafo de un artículo de la edición electrónica de El País:

Les trasladaron al campo de internamiento de Ofuna, en Japón, donde pasarían el resto de la guerra. Allí, Zamperini fue objeto de la atención preferente de Mutsuhiro Watanabe, cuyas torturas y malos tratos a los prisioneros le valieron el honor de que el general Douglas MacArthur le distinguiera con el número 23 en su lista de los 40 principales criminales de guerra. Acabada la contienda, Watanabe logró escapar y Zamperini, muchos años después, buscó reconciliarse con él (Watanabe se negó).

Pero si seguimos al párrafo que sigue y lo que dice es cierto…

De vuelta a casa, Zamperini, afectado gravemente por el estrés postraumático, cayó durante años en el alcoholismo, del que fue rescatado tras atender a un sermón del famosísimo predicador evangelista Billy Graham, quien le ayudaría además a lanzarse al frondoso circuito estadounidense de oradores de autoayuda.

… ¿Inquebrantable? ¿afectado gravemente? ¿durante años alcoholizado?…

Esto es otra cosa. Pero para mí no fue una mala noticia leerlo. Todo lo contrario.

Cómo me hubiera gustado que la película, por cierto con guión de los hermanos Cohen, hubiera dedicado unos minutos más a sus otros muchos años perdido en la vida y en un océano etílico.

Y ni mucho menos por destrozar una figura a admirar, sino por todo lo contrario: por tener la posibilidad de admirar su verdadero resurgimiento, probablemente posible gracias a su familia, sus amistades y, en este caso, a una trascendencia que seguramente le aportaría significado a su historia.

Así que inquebrantable en sus 47 días a la deriva y en sus muchos meses de cautiverio. Pero señora Hilldebrand; Señores Cohen y Señora Jolie a mi me hubiera gustado tanto o más como esto conocer su resurgimiento de la delincuencia a la integración y del alcoholismo a una vida satisfactoria para si mismo y los demás.

F. Javier Romeu Soriano:

Una reflexión necesaria para los educadores que trabajan con menores y familias.

Originalmente publicado en Educador de menores:

what

Últimamente he escuchado a educadores/as hablar del wathsapp como una herramienta muy útil para contactar con las familias, para avisar a los menores, para informar al equipo, etc, pero pronto vemos que es mucho más que eso. Se trata más bien de un nuevo espacio de relación, de muchísima entidad y en el que además pueden operar nuevos modos de relacionarse.

Hace unas semanas tuvimos que “expulsar” del centro temporalmente a Lorena, una adolescente que demasiadas veces estaba faltando el respeto a compañeros y educadores/as. El objetivo educativo buscaba que en la distancia se diese cuenta de lo poco que estaba valorando el recurso que se le había ofrecido. A los días, cuando regresó y hablé con ella, me di cuenta que la distancia física que pretendíamos había sido real (no se había visto con nadie del centro), pero no así la relación virtual. Lorena desde su necesidad…

Ver original 832 palabras más

Mi obsesión patológica por encontrar libros interesantes, que no tengo tiempo de leer, me lleva a preguntar a amigos o amigas que sé que comparten esta neurosis ¿qué has leído últimamente o qué estás leyendo?

Así que cómo seguro que no soy el único que tiene este problema voy a compartir los libros que están en mi mesilla de noche. Mesilla de noche, claro está, virtual pues algunos están en mi smartphone o tablet, otros en cualquier rincón de mi casa y otros ni siquiera los he podido comprar todavía.

Esto último es lo que pasa con el ya anunciado pero no distribuido todavía, al menos en Valencia, de los chicos de ADDIMA  (José Luis Rubio y Gema Puig) en la editorial GEDISA

Un libro que hay que leer, sí o sí, si te interesa esto de la resiliencia. En la web de la editorial se puede leer el índice y ya sólo por los títulos de los capítulos habría que felicitarles.

A 469

COMO SENTIMOS. SOBRE LO QUE LA NEUROCIENCIA PUEDE Y NO PUEDE DECIRNOS ACERCA DE NUESTRAS EMOCIONES

de Giovanni Frazzeto en Ed. Anagrama

Mi smartphone de gran pantalla dice que llevo leido un 7%. Y de momento estoy disfrutando. Muy fácil de leer.

TERAPIA CENTRADA EN LA COMPASIÓN. Características distintivas

Para re-explorar la naturaleza humana

TERAPIA CENTRADA EN LA COMPASIÓN. Características distintivas.

Paul Gilbert.

Descleé De Brouwer

dar y recibir-adam grant-9788498753448DAR Y RECIBIR

Adam Grant

Ediciones Gestión 2000

Todo lo que trate el equilibrio entre dar y recibir me interesa. Y este libro tiene citas elogiosas de 7 autores que me gustan

PEQUEÑAS APUESTAS

de Peter Sims también

en Edición GESTIÓN 2000

Un libro citado en DECÍDETE de los hermanos HEATH

Como no hay mayor RELACIÓN DE AYUDA más intensa que la RELACIÓN DE PAREJA , dos libros de dos expertos (dicen)

Libro ebook ¿Qué hace que el amor perdure?, John Gottman, Nan Silver

Y algún día habrá que comprar un Siegel más

Disciplina sin lágrimas.