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Al ser este blog de WordPress y el de Reyes Adorna de Blogger no PUEDO o no SÉ rebloguearlo directamente.

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Es un post con el que coincido al 99% con ella. Solo discrepo en la recomendación de un blog ¡Nadie es perfecto!

http://elorigendelainfelicidad.blogspot.com.es/2015/08/resiliencia-fortaleza-interior.html

EL LIBRO

http://www.edesclee.com/products.php/ISBN9788433026767/cPath,7_21

Anotación 1

He leído una novela ¿Debo preocuparme? Y si es así ¿por leerla o por no haber leído nada de ficción en probablemente mas de un año?

Anotación 2

Es una novela de ciencia-ficción y encima estoy haciendo un post a propósito de ella !Definitivamente debo preocuparme!

No importa. Intentaré que sea una entrada de psicología-ficción. El marciano

Anotación 3

Vi el trailer de la película Marte: Operación Rescate que se estrenara en España el próximo mes de octubre. Una peli sobre un astronauta que se queda solo en Marte y tiene que apañárselas hasta que lo rescaten.

Luego averigüé que se basaba en una novela: El Marciano de un tal Andy Weir (Ediciones B). Y también que era la primera y única novela de un señor que se la había autopublicado en un blog. Una editorial se fijó en ella y se la publicó comercialmente. Luego las críticas y las ventas la llevaron derechita a las pantallas de los cines.

No sé si es mas asombrosa la historia de la novela (la que cuenta) o la historia de la novela (la de ella en si misma)

Anotación 4

En tres días he devorado todas las nosecuantas páginas (lo he leído en una tablet) para ver como un tipo, inteligentísimo como buen astronauta pero tipo al fin y al cabo, se las ingeniaba en un medio más que hostil y superando todos los imprevistos posibles.

Lo único que el trailer de la película no cuenta es el final (todo lo demás sí) y el final no seré yo quien te lo destripe. Siempre cabe la posibilidad que Hollywood haya contratado a Matt Damon para una película épica en la que a cinco minutos del final su personaje muere.

 Anotación 5

La mayor parte del libro (no toda) se basa en las entradas del diario de abordo del protagonista y que yo burdamente estoy imitando en este post.

Cuando acabé de leerlo me descubrí a mi mismo pensando:

Día 7 de agosto

Mi módulo terrestre de transporte (flagoneta) tiene que pasar la ITV (Inspección Técnica de Vehículos) El ingeniero mecánico que la tiene que preparar esta reponiendo sus propias baterías (vacaciones) Además la capacidad de financiación del proyecto es pésima y hay planteamientos diversos en la organización (familia)

¡Ya me gustaría a mi ver al “astronauta McGiver” resolviendo esto, como llegar a final de mes, o eligiendo colegio para su hijo y no las tonterías esas de conseguir agua o cultivar patatas en Marte!

Anotación 6

También me gustaría ver a mi al tipo ese sobrevivir no en una atmósfera física irrespirable sino en una atmósfera humana irrespirable o una atmósfera humana tóxica. Cualquiera de los niños o niñas que pasan por el Centro de Protección donde trabajo le da sopa con ondas al botánico-ingeniero de la novela de los… en eso de crecer en atmósferas con bajísimos niveles de afecto o con altísimos niveles de violencia.

Anotación 7

He repasado la anotación 6 que escribí ayer. Mal ejemplo. Los niños de mi centro no son representativos.

De hecho la mayoría de la gente no saben ni que existen. Y cuando los conocen provocan una reacción muy llamativa (un montón de ¡pobrecitos! y caras de pena y asombro) pero que pocas veces mueve nada. Los y las pobres ¡no sirven ni de ejemplo!

Anotación 8

Insisto. ¡Tanta habilidad para arreglar todo tipo de aparatos eléctricos y mecánicos!. Ya me gustaría a mi ver al protagonista de la novela intentando arreglar… ¡Una familia!

Han dicho en la radio que en la estación espacial internacional han conseguido cultivar una lechuga. Pero en lo de conseguir que una familia atienda mejor a sus hijos; que una pareja no se destroce al separarse o que una persona no use el alcohol para afrontar la vida, vamos dando palos de ciego.

Anotación 9

Marte tiene una atmósfera irrespirable para el ser humano. Pero en el planeta Tierra, ¿cuántas atmósferas humanas son irrespirables para los propios seres humanos? Sólo hace falta leer un periódico para saber que hay muchas zonas del mundo, donde hay las condiciones físicas óptimas para la vida, pero donde el mismo ser humano ha conseguido que una vida humana valga menos que una mierda.

Anotación 10

Pero no pongamos casos extremos. ¿Como se las apañaría el héroe del libro y la película simplemente con un compañero o compañera tóxico?

Si ese compañero o compañera que solo mira por si mismo o misma pero lo hace metiendo el dedo en todas las llagas ajenas. El compañero o compañera que siempre consigue sacar lo peor de ti.

Anotación 11

Todos hemos tenido algún compañero o compañera con un problema de olor corporal realmente incómodo de soportar. Pero hay gente a la que lo que le huele es el alma. No quiero hacer un juicio moral. No soy quién para ello. Es una descripción. Hay personas que, probablemente sin saberlo, introducen en los que le rodean siempre malos pensamientos, emociones negativas, conflictos ¿Estoy exagerando ahora?

El aire se vuelve irrespirable a su alrededor.

Anotación 12

Estoy llegando al final del viaje de este post. Será mejor concluir.

La novela El Marciano o la película Marte: Operación Rescate se basan en un fenómeno que ya he señalado en otras ocasiones robándole la idea, creo, a Steve Hayes (Terapia de Aceptación y Compromiso) el cerebro humano es una máquina prodigiosa para solucionar problemas materiales pero es un puto desastre para entenderse a si mismo. Y de rebote para entender a los otros cerebros y en consecuencia para solucionar problemas interrelaciones.

Anotación 13

Podríamos ademas señalar, como cuestiones relacionadas con la resiliencia, que las entradas del diario de a bordo del astronauta están repletas de sentido del humor (ya veremos si la película lo refleja) y que lo que le impulsa a sobrevivir es el pensar que el existe para otros. Incluso cuando no tiene comunicación con la NASA el da por hecho que la NASA está ahí y que quieren que se salve. ¿Para qué sobrevivir si a nadie le importa que lo haga, si nadie me busca?

Anotación 14

En El marciano el protagonista no puede cambiar la atmósfera de Marte. Pero las atmósferas humanas si pueden cambiarse (otra cosa es que no sea fácil). Excepto que el perfume de moda llamado “Agua de Ti” consiga embriagarnos del todo y hacernos olvidar que somos un ser inevitablemente social.

Resultado de imagen de Marte operación rescate

El trailer de la película comienza con las palabras con las que culmina el libro: “Los seres humanos tienen un instinto básico: ayudarse unos a otros. Si un excursionista se pierde en las montañas. la gente organiza una búsqueda. Si un terremoto destruye una ciudad, la gente de todo el mundo envía suministros de emergencia. Este instinto se encuentra en todas las culturas sin excepción”.

Es cierto, pero los mismos capaces de todo eso son capaces de contaminar la Tierra y capaces de contaminar el contexto relacional en el que viven. Arreglar un purificador de aire puede ser fácil pero purificar un contexto relacional tóxico es muchísimo más complicado.

Anotación 15

Lo he hecho. He escrito un post a partir de una novela de ciencia-ficción ¿Debo preocuparme?

No creo. Gente a la que admiro como Iñigo Martínez de Manjadona, José Luis Rubio y Gema Puig han escrito cosas muy serias utilizando La Guerra de las Galaxias. 

¿Nos estamos convirtiendo en un puñado de freakis de la resiliencia?

¿O ya lo somos?

 

Retomamos el libro “Out of the blue” de Bill O´Hanlon sobre 6 estrategias no médicas para ayudar a personas con depresión.

Resultado de imagen de Bill O´Hanlon

Recordemos que la primera de ellas, llamada “veteando la depresión”, consiste en intentar sacar a la persona deprimida de una especie de trance en el cual sólo es capaz de ver e interpretar la realidad de una única forma (deprimida). Para ello O´Hanlon propone, como ya vimos, una serie de técnicas para introducir en el discurso de la persona deprimida pequeñas variaciones más adaptativas, cual vetas de grasa en la carne o el jamón.

En segundo lugar, vimos técnicas de inclusión que intentan contrarrestar la “depresión de la depresión”, es decir, los sentimientos o pensamientos de culpa, frustración, etc. por estar deprimido.

Me quedaba por exponer la tercera gran vía para vetear o “marmorizar o marmolear” la depresión…

3. Excepciones

El estado de trance depresivo hace que la persona que lo sufre nos transmita su estado de una forma total: “No tengo hambre” “No duermo” “Lloro todo el rato” Pero la realidad es que la persona deprimida no tiene hambre, excepto cuando la tiene. No duerme, excepto cuando lo hace. Llora, pero sólo casi todo el rato.

Una persona deprimida puede reír ante un buen chiste y quizá pueda excitarse puntualmente ante un estímulo sexual, pero su forma de ver y de verse a si misma está focalizada en las conductas, sentimientos, pensamientos deprimidos o deprimentes y quizá no tenga ni conciencia de sus excepciones.

Así, el paciente le dirá al terapeuta que no puede levantarse de la cama para cumplir con sus obligaciones sin ni siquiera caer en la cuenta de algo obvio: ¡sí se ha levantado para ir a la consulta!

De igual modo las personas que le acompañan pueden caer perfectamente en la trampa y centrarse en las conductas propias de la depresión. Pero si se rastrea bien es posible que encontremos excepciones.

Por ello O´Hanlon propone escuchar atentamente al paciente para detectar y recoger las excepciones. Cualquiera que haya leído sobre terapia enfocada a las soluciones está familiarizado con la búsqueda de excepciones al problema.

Excepciones muy puntuales pero también “tiempos libres de depresión” Quizá una persona deprimida consigue “descansar de la depresión” viendo una película (al meterse en la historia se “olvida de si mismo”)

Quizá también hubo unos días en el pasado que inexplicablemente estuvo mucho mejor. Cabría preguntarse ¿hubo algo en esos días distinto al resto de los días que pueda explicar la mejoría? Si lo hubiera tendríamos algo con lo que trabajar.

Este planteamiento es especialmente útil cuando la persona empieza a salir de la depresión puesto que es más fácil encontrar las excepciones y apoyarse en ellas para abandonar la “visión en túnel” característica de la depresión.

Una última manera de trabajar las excepciones es plantearse ¿por qué no está peor? Un ejemplo muy claro lo tomo no de Bill O´Hanlon sino del mismísimo Víctor Frankl quien, en ocasiones, preguntaba al o la paciente: “¿Por qué no se suicida usted?” En la respuesta (por mis hijos, por mi familia…) afloraban probablemente las excepciones a pensamientos depresivos como “Nada vale la pena” “La vida no tiene sentido” “No valgo para nada ni para nadie

Pero con independencia de las distintas estrategias terapéuticas el capítulo “Veteando la depresión” aporta mucho más de lo que parece a los que no tratamos profesionalmente con la persona deprimida, sino que los hacemos en calidad de familiares, amigos, compañeros. Todas las técnicas anteriores son vacías sin un determinado espíritu o actitud ante la persona deprimida y que O´Hanlon llama “Reconocimiento y Posibilidad”

Ayudaremos a la persona deprimida en la medida que contribuyamos a ampliar el espectro de posibilidades, más allá de las que le avocan a la depresión. Pero de nada servirá si no lo hacemos desde el reconocimiento de su dolor y sufrimiento.

El equilibrio tiene que ser finísimo. Si me limitó simplemente a devolverle una visión menos dramática de la vida, de él y de su situación, puede no sentirse comprendida y aceptada, no sintonizará con nosotros y no le serviremos de apoyo. Pero si me meto tanto en su sufrimiento, probablemente yo también entraré en un  “trance sobre su trance depresivo”.

Debo mirar a la persona deprimida con unas gafas muy especiales. Un cristal para reconocer y acoger su estado anímico y otro cristal para ver y reflejarle realidades y posibilidades más allá de la depresión.

Y eso nos lleva necesariamente al delicado tema del reconocimiento del dolor ajeno y a la respuesta adecuada al mismo que tan importante es para un blog como éste.

¡Qué difícil es mantenerse al lado de una persona deprimida!

Cuando la relación no se sustenta en la profesionalidad (“te aguanto porque para eso me pagas/pagan”) es muy difícil mantenerse por encima de las propias necesidades.

Si llego de mi trabajo cansado o cansada y me encuentro a mi pareja a oscuras, en la cama, donde ha estado todo el día, durmiendo o llorando es muy probable que, en mi necesidad de descanso, físico o mental, se me lleven los demonios y se apodere de mi la rabia. Nada constructivo saldrá de mi boca.

Resultado de imagen de incomprensión

En un instante mi querida persona enferma se convierte en mi enemiga, en quien me está quitando la vida. La persona que NO PUEDE se convierte en un segundo en la idiota o el idiota que NO QUIERE.

¿Somos monstruos si nos pasa esto? ¿Malas personas por juzgar o criticar a la persona deprimida? No lo creo. Simplemente somos humanos.

Hace muchos años oí a una madre de familia numerosa contar que le preguntaban a menudo ¿No te subes por las paredes? Solía contestar: Por supuesto. Me subo, me bajo, me vuelvo a subir… De igual modo un día podré aceptar la “depresión vecina” y al día siguiente no. Otro tampoco pero otro sí.

Pero lo que está claro es que, si pienso que mi familiar, amigo o amiga, compañero o compañera deprimida está así porque quiere, o pienso que en realidad no lo está y tiene mucho morro, nada constructivo voy a aportar. Puedo estar a su lado (loable) o no estar (comprensible) pero estar para empeorarlo es inútil.

Por eso creo que no perder de vista el binomio “Reconocimiento y Posibilidad” es importante. No para hacernos terapeutas de nuestro familiar, amigo o amiga, compañero o compañera. Sino para ofrecerle, como diría la gente de ADDIMA, un punto de apoyo para reiluminar su mundo.

En el próximo post de la serie entraremos en la segunda gran vía propuesta por O´Hanlon y que el llama “Deshaciendo la depresión”

Microcasos (4)

Apariencias

El agente de bolsa, con la chaqueta y la gabardina todavía en el brazo, salió tan precipitadamente que sin querer le pegó una patada al cartel de “Una alluda para mis tres ijos” del indigente que se sentaba en la acera.

Llegaba tarde a hacer voluntariado en el comedor social de su barrio de toda la vida.

El comedor social en el que comían los hijos del mendigo cuando su padre se bebía las limosnas recogidas el día anterior.

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Fe

Dos hijas mías sufrieron la repentina muerte de su madre. Una de ellas se acercó a mí en busca de consuelo. La otra me culpó de lo sucedido y se alejó de mí. A las dos las entiendo, las quiero y las creo.

                                                                                                                                                             Dios

 

Mirar adentro, mirar afuera

– Maestro… ¿qué es el Mindfulness del que tanto oigo hablar?

Cerebro que no se ve, corazón que no se sienta

– Y… ¿es bueno?

– Siempre que no olvides que: Cerebro que no sabe ver, corazón que se duerme

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Desequilibrio

Una madre discutió con su hija adolescente y terminaron cada una en su cuarto. Bastaron 20 minutos para que la madre recordara su adolescencia y entendiera a su hija. Pero como sabía que su hija necesitaba 20 años para entenderla a ella decidió esperar sin darle demasiada importancia.

 

Esencia

“He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta”

Blaise Pascal (a un amigo)

(Hago una paradita en la serie sobre el libro de Bill O´Hanlon sobre la depresión simplemente para no deprimirme o para no aburrir demasiado. Para ello retomo otra serie)

Hace unos meses, en España, y tras las elecciones autonómicas y municipales, asistimos a un curioso fenómeno sociológico. Decenas de nuevos cargos electos se lanzaban a las calles virtuales, cual patos despavoridos, en busca de alguna empresa que rápida y eficazmente (no es posible) limpiara de Internet toda aquel comentario que él o ella hubiera podido hacer en la red y pudiera, al ser mal o bien interpretado, costarle el puesto, como al Señor Zapata.

Para quien no viva en España, el Señor Zapata es un joven que renunció al puesto de Concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid al salir a la luz unos antiguos whatsapps suyos con chistes que podían herir la sensibilidad de algunos colectivos o incluso personas concretas.

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Estoy seguro que todos, en espacios de intimidad, hemos contado chistes “políticamente incorrectos” sin que nos haya costado nuestro trabajo o la ruptura de relaciones. ¿Por qué? Porque en los contextos humanos podemos medir lo que se puede decir y lo que no. Podemos así saber que nuestros interlocutores nos conocen lo suficiente para diferenciar el chiste de nuestras propias ideas o actitudes y no catalogarlo de racismo, machismo, o cualquier otro -ismo. O por el contrario podríamos saber que nuestros interlocutores son más -ismos que nosotros m-ismos.

De hecho el Señor Zapata alegó que los chistes estaban en el contexto de un debate intelectual sobre los límites del humor y que se habían sacado del mismo. Estoy seguro que fue así (aunque no le hubiera costada nada enseñar el resto del debate)

Pero el Señor Zapata que, a pesar de su juventud, no creo que sea un verdadero nativo digital, la cagó, a mi modesto entender, con el argumento. ¡Zapata en Internet no hay contexto que valga!

Si una cosa debemos aprender, para cruzar el umbral digital sin riesgos, es que los contextos desaparecen en el mundo online. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que el contexto se sustenta sobre una dimensión temporal y otra dimensión espacial (qué es lo que he dicho o hecho en aquel lugar aquel día)  Y en Internet no hay tiempo ni espacio que valga.

Este mismo post es un ejemplo. He tenido que contextualizarlo (con la nota del principio; con el vínculo con otro post más adelante y con la referencia a una serie) porque probablemente tu seas un o una lectora fortuita que has aterrizado en él vete tú a saber desde dónde, por qué y cuándo. De poco me servirá el contexto si algo de lo que escribo te ofende, te indigna o molesta.

A mi todo esto me recuerda el fenómeno de los tatuajes. Hace unos años empezaron a ponerse de moda y pasaron de ser una manifestación de marginalidad a casi, casi, una manifestación de “glamour” (es decir, pasaron de un margen al otro)

Pero lo más divertido es que ahora empiezan a proliferar los negocios que ofrecen “borrar tatuajes” pues resulta que Rosita o Juanito ya no es el amor de mi vida; que llevar una cruz tatuada en algún país árabe es un deporte de riesgo o que en el convento al que ahora quiero ingresar no miran con agrado el signo satánico de mi cuello.

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Hacerme un tatuaje no neutro significa desconocer la llamada Ilusión del Fin de la Historia y que ya he explicado en otro post.

Esta Ilusión – y me traigo dos párrafos de aquel post – “es la que hace que seamos capaces de reconocer lo que hemos cambiado en los últimos años pero, inexplicablemente, ser incapaces de pronosticar que vamos a seguir cambiando. En cada momento de nuestra vida vivimos pensando que ya no vamos a cambiar más. Por eso la gente se jura amor eterno, por eso se hipoteca, por eso… (…) Pero los estudios de Dan Gilbert (en aquel post tienes un charla en TED sobre el tema)  demuestran que no sólo cambiamos de gustos, de aficiones, etc. sino que hasta la forma de ser, medida con test de personalidad, cambia.

Y esto, para colmo, no nos cuesta reconocerlo en los demás. Todos podemos conocer a alguien que de joven estaba posicionado en una determinada ideología política y en su madurez, sin embargo, milita en un partido en el otro extremo del espectro político. O conocemos a algún converso religioso. O a vegetarianos radicales que meses antes disfrutaban de todo tipo de hamburguesas, filetes o pescados.

Sin embargo ¿Cambiar yo? ¡Ni pensarlo!¡Yo soy el que soy! (frase, por cierto, atribuida en el judeocristianismo al mismísimo Dios)

Antes eran algunos tatuajes los que nos servían para ejemplificar los resultados hilarantes de la Ilusión del Fin de la Historia (me encantaría saber qué ha pasado con la pareja de la foto de arriba) pero ahora todos tenemos una segunda piel, una piel no formada de células sino de bits, de ceros y unos, una piel analógica.

Antes algunas cosas puntuales de tu vida las podías tatuar en tu piel. Ahora gran parte de tu vida es la que queda tatuada en la red. Algunas no dependerán de ti (sentencias, multas, puestos, premios …) pero otras muchas sí. Ten cuidado.

De nada te servirá alegar el contexto.

(Iba a darle a Publicar pero mejor lo dejo y mañana le doy otra vuelta. Por si acaso)

Hoy es mañana.

Bill O´Hanlon explica que hay dos características del cerebro humano que hay que tener en cuenta a la hora de entender cómo se construye una depresión. Una es el aprendizaje asociativo y otra es la utilidad neurológica de la repetición.

Por la primera es más probable que aprobemos un examen en un aula de color azul si hemos estudiado la materia en una habitación azul. O de una forma más sencilla, si oímos por primera vez o muchas veces una canción cuando estamos en una ruptura sentimental, cuando la oigamos al cabo de unos años algunas sensaciones asociadas al estado de ánimo que teníamos entonces reaparecerán (e incluso, en algún caso, puede ser que no seamos conscientes de que derivan de la canción) A veces le llamamos a eso “gatillar” el recuerdo.

La segunda característica es que el cerebro cada vez hace mejor y más fácilmente lo que hace muchas veces. En la autoescuela necesitábamos “pensar” cada acción al volante. Tras meses y años conduciendo lo hemos automatizado.

No te acuestas un día con un sentimiento de plenitud en la vida y cuando abres los ojos nada tiene sentido y no te quieres levantar. Los pensamientos, sentimientos y conductas depresivas van ganando terreno (a veces muy rápido pero no por ello de golpe) a las ideas, sentimientos y conductas no depresivas.

Si esos elementos depresivos se presentan más frecuentemente en la soledad de mi cuarto y poco a poco yo salgo menos de mi cuarto, el crecimiento de los mismos se acelerará. Si cada vez que voy al terapeuta me paso una hora revisando mi depresión lo que, probable y paradójicamente, aprenderé es a deprimirme cada vez mejor y más rápido.

Para evitar lo anterior (y en especial lo segundo) O´Hanlon propone vetear la depresión en las sesiones terapéuticas. La forma en que las vetas de grasa se incrustan entre la carne puede suponer la diferencia entre un buen jamón curado o uno no tan bueno. Un trozo de grasa pura a la plancha no es sano ni delicioso. Un filete sin nada de grasa puede ser muy sano pero algo insípido o seco. Un bistec veteado o marmorizado de una cierta cantidad de grasa puede ser exquisito.

jamon

Las personas que sufren una depresión no están el cien por cien del tiempo deprimidas. No todos y cada uno de sus pensamientos son lúgubres. No siempre no se levantan de la cama. No siempre les falta el sentido. Alguna vez incluso pueden sonreír o reír. Pero el propio proceso depresivo lleva a que, poco a poco su cerebro, se focalice en lo depresivo, dejando fuera de su campo preceptivo los pensamientos, ideas, sentimiento y acciones no depresivas. Es lo que al final del capítulo O´Hanlon compara con un “trance hipnótico” pues para eso tiene formación en hipnosis. La idea de un “trance depresivo” del que debemos ayudar a salir a quien lo padece me perece muy sugerente. ¡Cuantas veces vivimos la vida en estado de trance, con el piloto automático puesto! (Perdona la digresión filosófica, no he podido evitarlo)

Propone que durante las sesiones el terapeuta equilibre con sumo cuidado el repaso de lo disfuncional del cliente con lo funcional del pasado. del presente o de las expectativas de futuro. Las personas deprimidas tienden a la generalización (“Nada me apetece” “No tengo ilusión por nada” “No merece la pena vivir”…) Es muy posible que en la actualidad nada le apetezca pero si en la sesión el terapeuta dedica un rato a repasar lo que le apetecía cuando no estaba deprimido estará ayudándole a no focalizarse en lo negativo y, al menos, no contribuirá a hacer más grande la depresión.

Muchos psiquiatras (aquellos que sólo tienen puesta su esperanza en que la medicación haya hecho efecto desde la última sesión) se pasarán la sesión oyendo como el paciente dice que todo está mal. Y si el paciente por si mismo no es capaz de ver (lo cual es probable) ni una ligerísima mejoría la sesión habrá cavado medio metro más la fosa depresiva, valga la redundancia. Y además saldrá, seguramente, con más medicación lo que le susurrará al oído al paciente: “No se ha atrevido a decírtelo pero es evidente que te encuentra peor porque te ha subido la medicación”

Y es que – esto no lo dice O´Hanlon sino Romeu – me parece bien que un psiquiatra no sea terapeuta sino quiere o no tiene formación pero al menos que sea consciente que lo que el dice y hace en la consulta no es neutro. O levanta o hunde

Para vetear la depresión Bill (como si fuera amiguete mio) propone una serie de técnicas (con la que estarás familiarizado si has leído otros libros de este autor) y que señalo por aquello de que el libro está en inglés y ya puestos…

Técnicas que introducen pequeñas variaciones en el discurso de la persona deprimida

1. Devolver en pasado

El paciente dice “Yo no quiero ver a nadie” y el terapeuta le contesta “De acuerdo, usted no ha querido ver a nadie” El paciente dice “Pienso en el suicidio” pero el terapeuta lo reconvierte “Usted ha pensado seriamente en quitarse la vida

Excepto que el o la paciente, y permíteme la broma – diga las dos frases anteriores tapándose los ojos – para no ver ni al o la terapeuta – y apuntándose con un revolver en la sien con la otra mano, la forma de hablar del paciente está proyectando su pasado sobre el presente. Con su sutil corrección el terapeuta intenta liberar el presente del paciente encerrando la experiencia de éste en el pasado, que es donde en realidad está.

2. Devolver de lo global a lo parcial

El o la paciente dice “Nada tiene sentido” Y el terapeuta cuando lo recoja lo convertirá en “No muchas cosas tienen sentido para usted estos días” (En este caso, muchas es menos que nada)

3. Validar las percepciones pero no invalidar la verdad o la realidad.

Debemos aceptar que la vida no tenga sentido para el o la paciente pero eso no significa que debamos aceptar que eso sea verdad. En otro libro Bill O´Hanlon ha contado como a los dos primeros amigos que les comunicó su intención de suicidarse en su juventud le dijeron que estaban de acuerdo con él en que la vida no tenía sentido y, que si fueran valientes, también lo harían. No fue ninguno de ellos a quien les debe haber salido de la depresión.

Y por el contrario, negar las verdades o realidades de paciente no debe llevarnos a que él o ella no se sienta comprendido (“¡No diga usted tonterías!¡La vida es bella!”)

Así si la persona dice “Nunca mejoraré” bastará convertirla en otro momento (no se trata de corregir) en “Usted piensa que no mejorará” (No cuestiono su pensamiento pero lo sitúo como lo que es: un pensamiento no una realidad)

Por supuesto estas tres técnicas no son excluyentes sino que pueden y deben combinarse unas con otras.

Técnicas de inclusión

1. Permiso

Las personas deprimidas no tienen sólo que lidiar con sus pensamientos y sentimientos deprimidos sino también con la culpa por tenerlos o por las conductas a las que les llevan. Podemos ayudar dándoles permiso para sentir, ser o pensar en la manera que lo hacen o para no sentir, pensar o ser de la manera que ellas no lo hacen. En realidad son dos permisos: para sentirse deprimido y para no tener esperanza por el momento.

Estos permisos son necesarios no por una cuestión moral o humana sino por algo completamente estratégico derivado del funcionamiento de la mente: cuando nos prohíben pensar en “osos blancos” sólo consiguen que pensemos en ellos. Cuando nos dan permiso para pensar en “osos blancos” es muy posible que dejemos de hacerlo al cabo de un rato. “No debería pensar usted esas barbaridades” es la mejor manera de avocar a las mismas.

No quiere decir que debamos decir “Es perfecto que piense en matarse” Pero el permiso lo podemos dar diciendo “No es raro que la gente que se siente tan mal como usted piense en suicidarse. No pasa nada. Que lo piense no significa que usted lo hará”

Bill O´Hanlon explica como algunos psiquiatras usan “contratos anti-suicidios” cuando creen que existe riesgo. No los critica pero se avisa del efecto paradójico que pueden tener aumentando la frecuencia de las ideas suicidas al focalizar al cliente sobre las mismas.

En definitiva, a la persona que te dice “Me siento vacía” se le puede responder “Sentirse vacío es muy común en las personas deprimidas. No tienes por qué sentirse de otra manera por el momento”

2. Inclusión de opuestos

Es una variación un poco más compleja de lo anterior pues supone dar permiso para sentir de dos maneras opuestas o contradictorias. A veces una persona deprimida siente que querría desaparecer del mapa pero al mismo tiempo no quiere hacer daño a los suyos. O puede no desear levantarse ningún día pero sin embargo lo hace para ir a terapia. Si valoro lo segundo solamente, puede sentirse culpable por sentir lo primero. Si reconozco lo primero, puede sentir que no reconozco lo segundo.

La conjunción “y” nos permite elegantemente no entrar en este conflicto: “Usted no puede encontrar sentido y usted piensa que usted estad pasando por esta depresión para algo”Usted no quiere morir y usted no quiere vivir así”

O´Hanlon reconoce que esta forma de pensar no es lógica para los occidentales pero nos recuerda que es mucho más normal en las culturas orientales.

Otra manera transmitir que es normal e incluso beneficioso tener percepciones contradictorias o ideas opuestas es el uso de oxymoros, una figura literaria por la que se combinan dos adjetivos o términos antagónicos (“dulce amargura” “la maravilla del dolor”…) El resultado serían expresiones como:”Es importante acordarse de olvidar ciertas cosas y no olvidarse de recordar otras”Parece que usted ha pasado tanto tiempo en la oscuridad que sus ojos se han adaptado y ahora puede ver cosas en ella que otros no pueden” “Usted está esperando contra toda esperanza que esta depresión desaparezca”

3. Incluyendo el No con el Sí

Se refiere al empleo de preguntas en las que se combina lo afirmativo con la negación: “Usted no piensa que conseguirá estar mejor ¿es así?” “Usted está empezando a sentirse mejor ¿no es así?”

En el próximo post de la serie resumiré el tercer gran grupo de técnicas, el que intenta sacar a la luz las excepciones a la depresión, y trataré de llevar todo lo anterior al terreno no terapéutico. Al terreno de los familiares, amigos, compañeros, etc de las personas que padecen una depresión.

Resultado de imagen de Bill O'Hanlon

A veces la relación de ayuda no es neutra: te ayudo pero si no lo consigo te quedas como estás. Hay asuntos para los que es perfectamente válido aquello de “Si no eres parte de la solución, eres parte del problema”. Probablemente uno de ellos es el de la depresión.

Estoy leyendo un libro sobre la misma de uno de los terapeutas orientados a la solución más admirados por mi: Bill O´Hanlon, del cual he leído todos sus libros publicados en castellano (que no son pocos) y de quien he usado muchas veces la historia de cómo una amiga (y no un psiquiatra o una psicóloga) le salvo del suicidio y de cómo la depresión le llevó a hacerse terapeuta.

Esta vez el libro no está traducido pero con Kindle y su acceso directo a diccionarios y traductores, la posibilidad de subrayar y de incluir notas, voy tirando. El libro de llama “Out of the blue. Six non-medication ways to relieve depression” (W.W. Norton & Company, N.York -London, 2014)

Se podría traducir por “De la nada. Seis maneras no médicas de aliviar la depresión

Lo que sigue en este post, y otros posteriores, no pretende ser unos apuntes o resumen del libro, pues uno es tan ególatra que se resiste a no poner algo de la propia cosecha. Es más bien el poso que la lectura de su libro está dejando en el menda.

Pero sí es suya la expresión “conseguir una buena depresión” con la cual consiguió sacar la sonrisa de una paciente deprimida al pedirle que le ayudara a comprender como se construía una depresión de alta calidad. La expresión tiene su mucha miga porque deja entrever muchas cosas: que las depresiones se construyen; que no salen de la nada (aunque ellas luego supongan hundirse en la nada) que son un proceso y no un estado;  que aliviar una depresión es ayudar a construir “una mierda de depresión” y que, sobre todo, con nuestras reacciones a la depresión de alguien la podemos agrandar o disminuir.

El libro, muy sencillo y claro, está dirigido muy especialmente a personas que se relacionan con personas con depresión en calidad de terapeutas pero, por lo que llevo leído, es válido e interesante para las personas que se relacionan con ellas por otros motivos (parentesco, convivencia, amistad…)

Y para empezar, un preámbulo.

¿Y si la depresión no fuera una enfermedad?

O´Hanlon, sin dedicar muchas líneas, cuestiona que podamos hablar de la depresión como una enfermedad equiparándola por ejemplo a la diabetes. En el caso de la segunda, la medicina conoce perfectamente el proceso por el cual se produce: qué falla, que efectos produce, qué hacer para… Ese estado del conocimiento científico de la depresión no es, ni por asomo, el mismo.

No olvidemos que en psiquiatría muchos medicamentos fueron creados para otras cosas y que, vete tú a saber por qué, se descubrió que tenían un efecto beneficioso en algunas patologías mentales. Si mañana sale al mercado una bebida llamada ChuchiCola y, muchos de los deprimidos que la toman mejoran, no por ello nos aventuraremos a afirmar que la causa de la depresión es una carencia en el organismo de ChuchiCola, o alguno de sus componentes.  Y si las casas con puertas blindadas reciben menos robos que las casas con puertas normales no diremos que las puertas no blindadas son la causa de los robos. Que yo sepa la causa de los robos son las y los ladrones ¡de toda la vida!

Pero no se trata de dilucidar la calidad del conocimiento científico que permitiría afirmar que la depresión es una enfermedad “como otra cualquiera”. Lo que pretendo es sacudir, para que caigan, los frutos de esa concepción.

El psicólogo social Kenneth J. Gergen ha cuestionado la idea de autoconcepto e incluso de identidad o self como una estructura cognitiva privada y personal y la redefine como el resultado de una red de relaciones. Nos relacionamos y en base a esas relaciones construimos historias o narraciones que nos definen y con las que definimos a los demás. Pero sin entrar en más profundidades, podemos aplicar el mismo cambio de foco a la depresión.

Podríamos ver a la depresión como el resultado de la narración que hacemos de nuestras relaciones: con los otros (la pareja, la familia, los amigos, la empresa, la sociedad,…) pero también conmigo mismo (me gusto, ya no me gusto, sin comentarios…) la misma vida (con o sin sentido) o mis propias ideas y creencias (religiosas o laicas) En esta visión la depresión ya no es simplemente una cuestión de neurotransmisores sino de transmisiones, de relaciones, en general.

Por tanto, considerar la depresión como una enfermedad bioquímica sin más es muy tentador. Y no me refiero a los grandes laboratorios (contra los que Bill O´Hanlon no arremete) sino para todos y cada uno de nosotros: Mi padre, mi mujer, mi cuñada, mi hijo, mi prima, mi empleado, mi amiga… no se levanta de la cama y se quiere morir ¿Qué le pasa? Tiene una depresión ¡Yo no tengo nada que ver!¡A mi que me registren!¡Es algo que pasa en su sistema nervioso y cerebro. ¡Ni un 0´005 % de lo que le pasa depende de mi!

Es curioso que, si por el contrario, mi pareja, mi padre, mi madre, mi hijo o hija, etc proclama a los cuatro vientos que es la persona más feliz del mundo ¿seré capaz de decir exactamente lo mismo? O, por el contrario ¿me atribuiré un pedacito de su felicidad en una proporción incluso de más de una cifra?

No se trata por tanto de negar la conexión entre química y emociones, entre cuerpo y mente. Se trata solamente de pensar lo que estamos diciendo cuando decimos que la depresión es una enfermedad y que, por tanto, debemos dejarla en manos de los médicos y, como mucho, de los terapeutas. Según eso mismo el que haya diferencias estadísticamente significativas en los índices de suicidio de unos países y de otros o entre unas culturas y otras ¿debe ser también entendido como el resultado de una especie de mala suerte colectiva?

La concepción de la depresión como “enfermedad” es una idea de las que yo llamo seductoras: no es necesariamente verdadera pero es tan atractiva que la aceptamos como tal y se propaga como la pólvora por lo bien que se vende.

Tras está disquisición (más mía que de Bill) el autor propone 6 caminos para ayudar a aliviar la depresión y que de momento sólo citaré para ir comentando en sucesivos posts (si no acabo deprimiéndome yo mismo)

1. Vetear la depresión.

Las personas deprimidas no tienen todo el día y a todas horas ideas, sentimientos o actuaciones propias de la depresión. Podemos ayudarles no centrándonos todo el rato en lo que está mal, focalizándolos cada vez más en la oscuridad, sino combinando el reconocimiento de su sufrimiento con la atención a los mejores momentos pasados, presentes o futuros.

2. Deshacer la depresión.

Quizá la persona no pueda no hacer cosas “deprimentes” pero si conseguimos ayudarle a hacer cosas incompatibles con la depresión estaremos contribuyendo a deshacerla.

3.  Mover o desplazar la relación del la persona deprimida con su propia depresión.

Ese movimiento se puede conseguir de distintas maneras:  interiorizándola (Mindfulness) externalizándola (yo no soy el problema, yo tengo un problema) compadeciéndonos a nosotros mismos o valorándola a ella (la depresión).

4. Cambiando el aislamiento, restaurando y fortaleciendo las conexiones.

Me viene de nuevo a la cabeza una de mis frases preferidas “Según me coloco, me encuentro a la gente o no veo ni a Dios” (de la canción “A tiro de la vida nueva” de Migueli)

5. Un futuro con posibilidades

Y ahora me viene aquello del “realismo de la esperanza” o lo que es lo mismo: que la esperanza es real con independencia de que la tengamos, la sintamos o no.

6. Reiniciando el crecimiento cerebral.

La hipotesis del déficit de serotonina como causa de la depresión está siendo desbancada por la hipóteis neurogénica o neurotrofica. Bill O´Hanlon nos introduce en sus implicaciones.