Ayudar a conseguir una buena depresión (2b)

Retomamos el libro “Out of the blue” de Bill O´Hanlon sobre 6 estrategias no médicas para ayudar a personas con depresión.

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Recordemos que la primera de ellas, llamada “veteando la depresión”, consiste en intentar sacar a la persona deprimida de una especie de trance en el cual sólo es capaz de ver e interpretar la realidad de una única forma (deprimida). Para ello O´Hanlon propone, como ya vimos, una serie de técnicas para introducir en el discurso de la persona deprimida pequeñas variaciones más adaptativas, cual vetas de grasa en la carne o el jamón.

En segundo lugar, vimos técnicas de inclusión que intentan contrarrestar la “depresión de la depresión”, es decir, los sentimientos o pensamientos de culpa, frustración, etc. por estar deprimido.

Me quedaba por exponer la tercera gran vía para vetear o “marmorizar o marmolear” la depresión…

3. Excepciones

El estado de trance depresivo hace que la persona que lo sufre nos transmita su estado de una forma total: “No tengo hambre” “No duermo” “Lloro todo el rato” Pero la realidad es que la persona deprimida no tiene hambre, excepto cuando la tiene. No duerme, excepto cuando lo hace. Llora, pero sólo casi todo el rato.

Una persona deprimida puede reír ante un buen chiste y quizá pueda excitarse puntualmente ante un estímulo sexual, pero su forma de ver y de verse a si misma está focalizada en las conductas, sentimientos, pensamientos deprimidos o deprimentes y quizá no tenga ni conciencia de sus excepciones.

Así, el paciente le dirá al terapeuta que no puede levantarse de la cama para cumplir con sus obligaciones sin ni siquiera caer en la cuenta de algo obvio: ¡sí se ha levantado para ir a la consulta!

De igual modo las personas que le acompañan pueden caer perfectamente en la trampa y centrarse en las conductas propias de la depresión. Pero si se rastrea bien es posible que encontremos excepciones.

Por ello O´Hanlon propone escuchar atentamente al paciente para detectar y recoger las excepciones. Cualquiera que haya leído sobre terapia enfocada a las soluciones está familiarizado con la búsqueda de excepciones al problema.

Excepciones muy puntuales pero también “tiempos libres de depresión” Quizá una persona deprimida consigue “descansar de la depresión” viendo una película (al meterse en la historia se “olvida de si mismo”)

Quizá también hubo unos días en el pasado que inexplicablemente estuvo mucho mejor. Cabría preguntarse ¿hubo algo en esos días distinto al resto de los días que pueda explicar la mejoría? Si lo hubiera tendríamos algo con lo que trabajar.

Este planteamiento es especialmente útil cuando la persona empieza a salir de la depresión puesto que es más fácil encontrar las excepciones y apoyarse en ellas para abandonar la “visión en túnel” característica de la depresión.

Una última manera de trabajar las excepciones es plantearse ¿por qué no está peor? Un ejemplo muy claro lo tomo no de Bill O´Hanlon sino del mismísimo Víctor Frankl quien, en ocasiones, preguntaba al o la paciente: “¿Por qué no se suicida usted?” En la respuesta (por mis hijos, por mi familia…) afloraban probablemente las excepciones a pensamientos depresivos como “Nada vale la pena” “La vida no tiene sentido” “No valgo para nada ni para nadie

Pero con independencia de las distintas estrategias terapéuticas el capítulo “Veteando la depresión” aporta mucho más de lo que parece a los que no tratamos profesionalmente con la persona deprimida, sino que los hacemos en calidad de familiares, amigos, compañeros. Todas las técnicas anteriores son vacías sin un determinado espíritu o actitud ante la persona deprimida y que O´Hanlon llama “Reconocimiento y Posibilidad”

Ayudaremos a la persona deprimida en la medida que contribuyamos a ampliar el espectro de posibilidades, más allá de las que le avocan a la depresión. Pero de nada servirá si no lo hacemos desde el reconocimiento de su dolor y sufrimiento.

El equilibrio tiene que ser finísimo. Si me limitó simplemente a devolverle una visión menos dramática de la vida, de él y de su situación, puede no sentirse comprendida y aceptada, no sintonizará con nosotros y no le serviremos de apoyo. Pero si me meto tanto en su sufrimiento, probablemente yo también entraré en un  “trance sobre su trance depresivo”.

Debo mirar a la persona deprimida con unas gafas muy especiales. Un cristal para reconocer y acoger su estado anímico y otro cristal para ver y reflejarle realidades y posibilidades más allá de la depresión.

Y eso nos lleva necesariamente al delicado tema del reconocimiento del dolor ajeno y a la respuesta adecuada al mismo que tan importante es para un blog como éste.

¡Qué difícil es mantenerse al lado de una persona deprimida!

Cuando la relación no se sustenta en la profesionalidad (“te aguanto porque para eso me pagas/pagan”) es muy difícil mantenerse por encima de las propias necesidades.

Si llego de mi trabajo cansado o cansada y me encuentro a mi pareja a oscuras, en la cama, donde ha estado todo el día, durmiendo o llorando es muy probable que, en mi necesidad de descanso, físico o mental, se me lleven los demonios y se apodere de mi la rabia. Nada constructivo saldrá de mi boca.

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En un instante mi querida persona enferma se convierte en mi enemiga, en quien me está quitando la vida. La persona que NO PUEDE se convierte en un segundo en la idiota o el idiota que NO QUIERE.

¿Somos monstruos si nos pasa esto? ¿Malas personas por juzgar o criticar a la persona deprimida? No lo creo. Simplemente somos humanos.

Hace muchos años oí a una madre de familia numerosa contar que le preguntaban a menudo ¿No te subes por las paredes? Solía contestar: Por supuesto. Me subo, me bajo, me vuelvo a subir… De igual modo un día podré aceptar la “depresión vecina” y al día siguiente no. Otro tampoco pero otro sí.

Pero lo que está claro es que, si pienso que mi familiar, amigo o amiga, compañero o compañera deprimida está así porque quiere, o pienso que en realidad no lo está y tiene mucho morro, nada constructivo voy a aportar. Puedo estar a su lado (loable) o no estar (comprensible) pero estar para empeorarlo es inútil.

Por eso creo que no perder de vista el binomio “Reconocimiento y Posibilidad” es importante. No para hacernos terapeutas de nuestro familiar, amigo o amiga, compañero o compañera. Sino para ofrecerle, como diría la gente de ADDIMA, un punto de apoyo para reiluminar su mundo.

En el próximo post de la serie entraremos en la segunda gran vía propuesta por O´Hanlon y que el llama “Deshaciendo la depresión”

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