La Real Academia Española de la Lengua, la resiliencia y yo

En cada post que publico la Real Academia Española de la Lengua podría denunciarme por asesinato del castellano. Ninguno, incluso este, saldría indemne de la corrección, no de un académico, sino de muchos de los y las que los leéis y que tenéis un dominio de la lengua y de la redacción mayor que el mío (para mi es todavía un caballo salvaje).

Pero hoy soy yo el que se va a permitir el lujazo gratuito de corregir a la Real Academia.

Imagen de la cubierta del nuevo «Diccionario de la lengua española».

Hoy sale a la venta la 23ª edición de su Diccionario. Y si no se ha caído en el último momento aparecerá junto a tuitear o hacker (¡Si los españoles no van al inglés el inglés vendrá a ellos!) la palabra resiliencia

En el avance online de esta edición el término quedaba definido como:

1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.

Nada que objetar a la segunda acepción puesto que no soy físico. Pero sí soy Licenciado en Psicología aunque me autodefina como psicólogo light o de baja intensidad.

Reconozco que cuando descubrí esta definición, de primeras, no me pareció mal. Y sigue pareciéndome un digno punto de partida para alguien que te pregunta… resi ¿qué?

Creo que tiene algunas virtudes.

La primera es que el Diccionario de la RAE es lo que es. Pero no es un tratado técnico. Cuando en la cuarta acepción de Depresión leo “síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos” no me pongo a buscarle los tres pies al gato ni a compararla con el DSM IV o V.

Otra virtud, para mi gusto, es la expresión con flexibilidad. ¡Un 10 por mi parte para los académicos! Me parece estupendo que quede claro que la resiliencia tiene que ver más con la flexibilidad que con la fortaleza. Menos fortaleza y menos ¡podemos! y más flexibilidad y más ¡A veces no se puede!

No se puede superar una violación (y si lo decimos estamos agrediendo de nuevo a la víctima) Pero quizá, no soy yo quien puede afirmarlo, se puede vivir satisfactoriamente a pesar de haberla sufrido.

Pero vamos a las pegas.

1.- No me gusta la palabra capacidad.

Soy muy pesado pero, para mí, la resiliencia es simplemente un fenómeno, un suceso, algo que ocurre.

Nadie definiría la salud como una capacidad (como algo que nos podemos dar o garantizar a nosotros mismos) La salud es, según la misma RAE un estado o una condición.

Y no es que la resiliencia sea un estado. La resiliencia, a mi humilde entender, es en todo caso un proceso. De hecho no podemos apreciar si existe resiliencia o no sino observamos una secuencia.

2.- Me parece pobre y antropocéntrico limitarlo a una capacidad humana.

El término tiene su origen en la física, en el mundo de la materia no orgánica, y dio el salto a emplease para describir fenómenos humanos pero ¿por qué descartar a las gallinas, las bacterias o las palmeras? Los mejores ejemplos o metáforas de la resiliencia los encontramos en el mundo vivo no humano, como cuando Cyrulnik dice que el mejor ejemplo de resiliencia es lo que ocurre en la reforestación natural (o no) tras un incendio.

Sólo me sentiría cómodo con el término capacidad si se le añadiera “de un determinado contexto” (la capacidad de un determinado contexto para permitir asumir con flexibilidad a alguno de sus elementos una situación límite) Pero si para que encaje una palabra tengo que añadir más de diez para matizarla, mejor cambiarla.

3.- Situaciones límíte. Sí pero no sólo ellas.

Quiero pensar que los académicos empezaron a recopilar registros de su uso más allá de la física en publicaciones que hablaban de hechos extraordinarios como por ejemplo “Más fuerte que el odio” (las memorias de Tim Guenard) o testimonios de supervivencia a grandes desgracias.

Pero, hoy en día, los que contemplamos la resiliencia también lo hacemos en “desgracias más humildes”, en adversidades que no te tumban en la lona pero te desgastan poco a poco.

En mi trabajo estoy rodeado de niños y niñas a los que a su situación sociofamiliar (están en un Centro de Protección) no les encaja bien la expresión “situación límite”. De hecho ellos están adaptados y adaptadas a ella. Demasiado quizá.

Mi admirado Iñigo Martínez de Manjodana siempre se ha rebelado contra lo que el llama “los XXL de la resiliencia” (Guenard y Cia) porque sus historias son tan extremas que quedan muy lejos de los menores y familias con las que trabaja.

Y, digo yo,  porque no está tan claro que sea más duro que tu madre, cuando tienes 5 años, te ate a un árbol y te abandone (Tim Guenard) a que no lo haga y te designe chivo expiatorio de su sensación de fracaso matrimonial (Dave Pelzer) o a que simplemente que tu padre o tu madre no quieran, no sepan o no puedan cuidarte adecuadamente (los niños y niñas de mi “resi”).

Reconozco que al principio no entendía del todo la rebeldía de Iñigo pero ahora no sólo la entiendo sino que la comparto (¡Que cabrito!)

Pero también esto tiene fácil solución jugando con la palabra límite… pongamos “situaciones limites o limitantes” La resiliencia es bienvenida tanto cuando un desarrollo vital ha quedado truncado como cuando está seriamente comprometido. Puedo impedir que el agua de un río llegué al mar con una presa o simplemente desviando continuamente parte de su caudal.

Por otra parte, no cabe duda de que la definición de la RAE nos deja en un territorio de gran subjetividad porque ni la flexibilidad ni las situaciones límite son fáciles de objetivar.

Concluyendo. Prefiero que el Diccionario recoja el término resiliencia como lo va a hacer desde hoy aunque luego tengamos que matizar o perfeccionar muchos aspectos de la misma. Y además podría haber sido mucho peor si en vez de sobreponerse (ponerse por encima, me imagino) a ellas se les hubiera colado superarlas. Sobreponerse es un verbo muy interesante para hablar de resiliencia y no es tampoco lo mismo que reponerse.

Peo como he dicho al principio me voy a dar el gustado de corregir al la RAE. Disculpadme.

Capacidad humana Fenómeno por el cual, y si se dan unas determinadas condiciones, un organismo, persona, grupo o institución es capaz de asumir con flexibilidad situaciones límite y limitantes de la vida y sobreponerse a ellas.

Aún así esta definición corregida y ampliada podría servir para describir lo que le pasó al pequeño Adolf que aprendió a no llorar cuando su padre le golpeaba con la correa y que de jóven no le dejó estudiar Bellas Artes. Se transformó en un Fuhrer y cada lágrima no derramada se multiplicó por cientos de miles del resto de la humanidad.

Por eso me parece que tiene toda la razón Stefan Vanistendael cuando afirma que la resiliencia tiene un componente ético ineludible. O, como digo a veces, la resiliencia humana es humana o no lo es. Así que añadamos un poco más y cerremos:

Fenómeno por el cual, y si se dan unas determinadas condiciones, un organismo, persona, grupo o institución es capaz de asumir con flexibilidad situaciones límite y limitantes de la vida y sobreponerse a ellas de forma satisfactoria para si mismo y para los que le rodean.

En fin… ¡qué a gusto me he quedado!

9 Comments

  1. Perdóname….. lo siento muchísimo!!!, pero es que me he quedado pegada a uno de los últimos párrafos.

    ” el pequeño Adolf que aprendió a no llorar cuando su padre le golpeaba ………… Se transformó en un Fuhrer y cada lágrima no derramada se multiplicó por cientos de miles del resto de la humanidad.”….

    Me he quedado enganchada a esas palabras… y el resto del texto se ha ocultado entre la niebla. Y no es justo después del trabajo que te ha costado, y de lo a gusto que te has quedado ;)))

    Pero es que ese párrafo, sobre todo esas últimas palabras “cada lágrima no derramada se multiplicó por cientos de miles del resto de la humanidad.”…. me abruma . Me abruma el peso que tiene nuestro comportamiento, !mi comportamiento ! ( no voy a andar con rodeos) en mis hijos, en nuestros hijos, en nuestros familiares…. amigos!!.

    Si cada uno fuese sólo una pizca más consciente de esta realidad, otro gallo nos cantaría a todos.

    Sobre la definición, por supuesto voto por la tuya ;))) dónde va a parar!!!

    1. ¡Nublarle la vista a la “gran Rosa”! jajajajaj !Me pongo una medalla¡ Pero sobre lo que dices… sí, ojala todos fuéramos conscientes del daño que podemos llegar a hacer. Pero por si las moscas me acojo a unos versículos del Apocalipsis que dicen: “…y Dios mismo estará entre ellos. El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas.…”
      Un beso muy fuerte

  2. Desde que Pepa Horno, mi compañera en Espirales Consultoría de Infancia, me habló de ti y recomendamos tu blog en el nuestro te leo con disfrute (y no es porque nos llamemos de forma parecida).

    Me ha gustado mucho este magnífico ensayo sobre la resiliencia a partir de algo tan sencillo como la nueva definición de la RAE, lo he leído como una invitación a la creatividad. Me ha encantado ver cómo desgranas cada uno de los aspectos y sus implicaciones, me ha hecho reflexionar sobre mi propio concepto de resiliencia y me lo ha enriquecido mucho.

    Creo firmemente en los conceptos vivos y que evolucionan, y tu definición me parece un punto de vista (y de vida) muy útil. ¡Felicidades por esta entrada tan profunda, una más que da nivel a tu blog!

    Gracias y un saludo,

    Javier

    1. Hola Tocayo. Yo también te sigo la pista junto a Pepa. Me dejas abrumado con tu comentario. No sé que decirte, así que lo dejo con un simple GRACIAS, Pero que es más, te lo aseguro, que una formula de cortesía. Gracias por compartir tu tiempo conmigo al enviar este comentario.

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