El Sermón de la Montaña de Libros de Autoayuda

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Me escapo un ratito a una de las librerías de mi ciudad. No pretendo comprar (estamos a final de mes) pero sí ver que novedades hay. Me llevo una grata sorpresa. Han cambiado la distribución de los libros y ahora las secciones que me suelen interesar (psicología, pedagogía, “autoayuda”…) están en una zona mucho más amplia y con unas mesas más grandes. Les estoy tan agradecido que voy a hacerles publicidad: se trata de la Casa del Libro.

Encuentro un par de cosas interesantes,  me voy satisfecho y pienso que el cambio era forzoso. Los libros de autoayuda que se publican cada año quizá puedan competir con los libros de ficción. No sé si en número de libros publicados pero a lo mejor en número de ejemplares vendidos. Y es curioso el fenómeno. No sé. No tengo ni idea pero no es el momento de averiguarlo.

Lo que si sé es que hace bastantes siglos algunos hombres judíos recogieron por escrito las enseñanza de su maestro espiritual. Uno de ellos llamado Mateo transcribe lo que se ha llamado el “Sermón de la Montaña”. Si lo leemos detenidamente descubrimos un conjunto de enseñanzas sobre como actuar pero con una característica muy peculiar. Siempre se dirigen a un TÚ en relación a un ÉL.

Parece que el autor de estas palabras no le importa un pimiento lo que le pase o cómo se encuentra el que le escuche. Sus enseñanzas parecen servir igual para un deprimido que para un eufórico; para un casado que para un soltero; para un hombre que para una mujer; para un joven que para un anciano, para un rico que para un pobre…

Y no sólo esto, sino que casi todas sus enseñanzas están enfocadas a un OTRO: no juzgar, reconciliarse, dar limosna, el enemigo… Incluso cuestiones privadas, como el ayuno y la oración, deben ser precisamente privadas para tener valor con otro Él (El Padre). Por decirlo de una manera, todas sus enseñanzas son, por decirlo de alguna manera, “relacionales” o “transitivas”. Nos guían en nuestra posición frente a alguien (el otro) o algo (el dinero, por ejemplo).

Sin embargo el Sermón de la Montana de Libros de Autoayuda es completamente distinto: TÚ (pero tu específico: hombre, o deprimido, o fracasado, o tartamudo, o solo, o padre o madre…) puedes, SIN AYUDA DE NADIE, resolver tus problemas. Ya ni siquiera hace falta acudir a un profesional. En definitiva, hoy cada UNO PUEDE AYUDARSE A SI MISMO (leyendo un libro solo, consigo mismo)

La resiliencia (la que a mi me interesa) se da en el ENCUENTRO. El encuentro del yo golpeado con un OTRO, con un acontecimiento, con algo… que le invita o sugiere un nuevo desarrollo.

Es por ello que odio la expresión “niños resilientes” “es un resiliente”. No me interesa en absoluto una resiliencia fruto de la simple fortaleza interior de quien sufre la adversidad. Eso, para mí, es invulnerabilidad, no resiliencia.

Hablar de “resilientes” es tan peligroso como hablar de personas “hechas a si mismo”. Hace un año (¡Dios mío este blog no avanza!) ya escribí una entrada llamada “Resilientes y fueras de serie”. A ella me remito.

(Ubicación en el Blog-rrador: 9.e.)

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