Comentarios para la acogida (III)

(Este post viene de I y II)

 

Tres dificultades

En su exposición Martine no ha transmitido una visión idealizada de la acogida. Sus palabras dejan entrever momentos difíciles.

Me siento en sintonía con ella. Vienen a mi memoria momentos de nuestra experiencia donde si hubiera existido un pulsador mágico que pudiera extraer el acogimiento de nuestra vida (como desinstalar un programa informático y que el ordenador quede como antes de instalarlo) lo hubiera pulsado seguramente. ADVERTENCIA: si acoges y el acogimiento fracasa no se puede resetear tu familia al punto de restauración anterior al acogimiento.

No. No es que me arrepienta. Ni mucho menos. Es más bien un “¿En qué estábamos pensando cuando nos metimos en esto?. Momentos en que lo único que te sirve es encontrar un sentido último a todo esto. Un sentido que te de razón de por qué complicarte la vida. Y si no lo encuentras estás, literalmente, perdido.

Porque que nadie se engañe. Acoger es la manera más sencilla y eficaz de complicarte la vida.

Así que le preguntan a Martine por las dificultades de acoger. Y las resume de maravilla.

1ª Dificultad. Riesgo de peligro para los propios hijos o para tu integridad física. (No olvidar que ellos han acogido no sólo niños, sino personas de cualquier edad, a las que además no conocen de antemano). No creo que estés en peligro físico acogiendo a un niño o niña de unos cinco años. Físico no. Pero si se inventa que tu hijo de 8 le ha tocado sus genitales va a ser casi peor.

2ª Dificultad. Compartir el amor. No todos los miembros de la familia están en el mismo momento evolutivo y además cada uno es como es. A lo mejor alguien no está dispuesto a compartir a sus padres; a su pareja, a sus hermanos……

3ª Dificultad. Las heridas de las personas acogidas pueden despertar nuestras propias heridas.

Por este último punto es importante desterrar el mito de que un niño es un niño y que todo niño es “querible”. Pues no. Hay niños y niñas que se te atragantan. Probablemente algo de su historia o su forma de ser o actuar provoca una reacción emocional en ti de la que quizá ni seas consciente.

Martine propone hablar mucho. Buscar espacios y tiempo para poder hablar y sacar a la superficie lo que nos descompone de esa persona acogida. Probablemente no para que deje de afectarnos sino más bien para poder perdonarnos a nosotros mismos y no empeorarlo.

Sentirse acogido, sentirse bien

En su intervención Tim no se centra tanto en su experiencia como acogedor sino que desmenuza su experiencia de sentirse acogido. Y en ella, que ha contado en numerosas ocasiones, destaca en mi opinión una cosa: sentirse acogido no tiene nada que ver con la razón ni con el entendimiento.

Viene a ser algo así como “No entendía nada de lo que me decía pero me sentía bien oyéndole, estando a su lado”

Niños a la carta

Y lo anterior me lleva a meterme en un territorio del que sé que no voy a salir bien parado. Me van a dar por todos los lados, lo sé.

Porque si el que se siente acogido lo es por algo que ni siquiera sabe explicar, pero que probablemente tenga que ver con una mirada especial… ¿No podrían ser los protocolos de acogimiento de menores sensibles a esta mirada?

Lo diré en voz bajita pero por otros lares (mucho más avanzados en acogimiento que nosotros) se captan familias mostrando casos concretos de menores reales e incluso con fotos de los mismos.

Sin embargo eso por aquí no es así. Aquí usamos el matching o la asignación supuestamente científica. Se coge el perfil de niño que quieres acoger y alguien pensará que Fulanito o Fulanita encaja en tu disponibilidad. Y como se supone que eres un robot, una persona adulta, responsable y razonable se te ofrecerá ese niño o esa niña concreta. Pero resulta que cuando vas a conocerle- tu mirada (vete a saber por qué) se posa en otro niño o niña igualmente susceptible de acogimiento. Pero como se te ocurra preguntar por él o ella, es bastante probable que te pongamos “un negativo” o “bajo sospecha”.

Todos los técnicos sabemos que la vida no funciona así. Muchos niños supuestamente “incolocables” han sido acogidos por familias que primero los conocieron y hubo una mirada especial (un vecino, los padres de un compañero del colegio, una educadora del centro, una enfermera o enfermero del hospital…). Quizá es que nos empeñamos en meter la vida dentro de un protocolo.

Si uno se convierte en tutor de resiliencia de alguien porque es capaz de verlo de una manera diferente ¿no deberíamos al menos detectar o respetar esa mirada diferente en las personas que se ofrecen a acoger? Aunque suene a pedir “niños a la carta”

(Si alguien te invita a comer a un buen restaurante – ¡Yupi! – pero te dice que él elige porque sabe lo que hacen bueno – ¡Ohhhh!- y justo elige platos que tu no toleras o aborreces no va a ser una experiencia muy agradable. Y además te quedas con las ganas de haber probado otros platos de la carta)

Quizá “Niños a la carta”, no. Pero “Café para todos”, tampoco.

“Nunca sé como comportarme con ellos…”

¡Menuda confesión de Tim! El experto en adversidad, el experto en reconocer los tutores de resiliencia de su vida se vuelve tonto cuando se pone en el otro lado.

Pues bendita tontería. Porque prefiero alguien que reconoce que no sabe a alguien que cree que lo tiene que saber. Y no por una cuestión de humildad. Sino por una cuestión de verdad.

Porque los acogedores y técnicos usamos la expresión de “la mochila que traen los menores”. Y eso está bien. Pero en realidad no tenemos ni puta idea (perdón) de lo que hay dentro de ella. Y no se puede saber hasta que el niño, niña, chaval o chavala no decide abrirla para compartirla contigo.

Hay gente que se dedica a esto y que nos pueden dar pistas muy útiles, pero al final cada niño trae la suya y te desesperas porque éste o ésta trae un cortauñas y no entiendes para que lo quiere o porqué no lo deja ya. Y lo lleva siempre encima y te enfadas. No lo entiendes. Quizá algún año lo entenderás. O no.

Quizá haya que pensar que si él o ella se siente a gusto contigo, sin entender un pimiento de ti, a lo mejor tú deberías cuidar que, el no entenderlo o entenderla, no te prive de disfrutar de su compañía.

EPÍLOGO

Es probable que muchos o muchas piensen que me han quedado unos comentarios para la acogida algo tétricos, pesimistas, desalentadores…

Puede ser. No ha sido mi intención consciente.

Pero os recuerdo que tengo un pie entre las familias de acogida y otro entre los técnicos de menores.  Y a veces me canso de unas y de otros.

De los técnicos insensibles a las familias de acogida y de las familias insensibles a los técnicos.

O quizá me canse de mi mismo. Del técnico que llevo dentro que le dice al acogedor: ¡No te enteras! ni del acogedor que cree que se lo sabe todo.

Y vivir en un reino dividido… ya se sabe.

8 Comments

  1. Gracias que bueno¡¡¡ como me gusta y me reconforta la ” bendita tonteria”, de la que hablas. Aprovecho aunque pertenece a otra entrada, para decir que lo relaciono tambien con el cuento de ” Lo mejor para el principe” de cuentos que curan que también me ha ” reconfortado”, que bien gracias.

  2. Hola….como has acertado ….has dado en el clavo en todo….en la mochila q traen nuestros niños acogidos….en la mirada que te hace conectar con ese peque….en que piensas….me habre complicado la vida….q haria yo en estos momentos sin nuestro peque…..en como lo viven mis hijos….mi pareja…en los comentarios de algunos q dicen ser mis amigos…pero si tenias la vida resuelta…..sabes….en mi casa, mi hijo d 18 y mi hija de 15, al igual que ya vivimos para y por nuestro peque, que ademas de guapisimo…vino con una gran mochila llena entre otras cosas de un tratorno que un gran neuro le asigno, autismo….estos dos años em casa estamos demostrando q de autismo nada, abandono, falta de muchas cosas, mal funcionamiento de la administracion….yo siempre digo q la sonrisa y la felicidad d este niño hace que en mi casa continuemos en esta aventura….es otro niño. No es autista es un niño increible, que avanza y por el estamos luchando a pesar de que nos cierran puertas ….emocionalmente es muy duro, muchisimo no lo voy a negar….pero ahi estamos…apostando por su inclusion en una escuela ordinaria. Por su inclusion en todo. Y lo mejor ahora tiene una mama, un papa y unos tetes que lo quieren con locura. Se merece lo mejor de nosotros mismos y os puedo asegurar que sr lo damos. A nuestro peque le dicen que ha tenido mucha suerte. Gracias Marina (mami acogedora de un nene de 6 años)

    1. Gracias, Marina por compartir tu experiencia. Ayer no te pude responder porque estaba derrotado y no quería hacerlo aprisa y mal.
      Aunque me gusta que te hayas sentido identificada con algunos comentarios míos lo que más agradezco de tu comentario es algo (que creo recordar que ya comentaste otra vez)que la gente debe saber. Hay mucho psicólogo, psiquiatra, neurólogo… (no todos, gracias a Dios) que no tiene ni idea de que la negligencia parental o social ( y no solo la grave o extrema) puede producir síntomas muy parecidos a patologías mentales “al uso”. Menos mal que parece haber una reacción generalizada en el ámbito de las ciencias sociales y médicas a los métodos habituales de diagnóstico (DSM ,ICE…). Y lo del ámbito educativo… agotador. Tienes toda la razón.
      Un beso y sigue aportando tu experiencia a este blog. Por favor.

  3. Si yo fuese una niña de acogida ¿Qué metería en mi mochila, además de las experiencias y vivencias previos que llenan los espacios interiores? Quizás no un cortaúñas pero si un sacapuntas y un lapicero para escribir las veces que me he sentiré atacada, agobiada, incomprendida y desesperada. Con esa lista seguro que podría confeccionar una alfombra desde la que levitar y poder subir a ella para ver lo que hay detrás (o debajo siguiendo la metáfora de la alfombra) de un acogimiento, que no es todo lo que se ve ni todo lo que se espera (no lo digo por experiencia propia, pero sí profesional). Es todo un desafío a ciegas. Algo así como luchar a oscuras con algo que está ahí en la sombra del niño o niña y que no lo ves pero que importa porque tiene efectos sobre él o ella. Y el principal riesgo: no tener las armas adecuadas, que no son otras que comunicación, afecto, paciencia y más afecto y más paciencia.

    Y sobre lo que cuentas acerca de la exposición de Martine…felicidades. Estuve allí, lo escuche, me encantó, me entusiasmo, me apoderé de ello pero…releerlo traducido con tus palabras que aderezan este primer plato especial es algo muy bueno!!! Gracias por traducir al lenguaje sensible, se saborea mejor.

    Un abrazo

    1. ¡Ojala todas las familias pudiéramos ayudar a que nuestros niños cambiaran las tijeras o navajas con las que llegan (¡les han herido tanto!) por bolígrafos y libretas para reescribir su historia!
      Y gracias por tu comentario sobre los post del acto de Familias para la Acogida. Si lees el último BLOG DE NOTAS te darás cuenta de que tú y yo somos un poco los Ferranes Adría … jajaja…. de la protección a la infancia… cogemos lo que ya han dicho otros y lo presentamos de otra manera ¿no?

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