Nueva serie: IDEAS SUGERENTES E INDELEBLES – La muerte Vudú

Hace un tiempo me di cuenta (es que soy mentalmente lento) que de los cursos, talleres o conferencias a las que asisto al cabo de un tiempo sólo recuerdo alguna idea que él o la docente expresó y que a mi me pareció tan sugerente o interesante que se me fijó en la memoria y ya no la he olvidado.

idea

Estas ideas permanecen en mi memoria incluso cuando, en alguna ocasión, se me borra el nombre de quien me las transmitió. Muchas veces van envueltas en forma de metáfora; otras envueltas en una anécdota; a veces en una experiencia personal…

Incluso he llegado a evaluar un curso, taller, etc. o a un autor en función del número de ideas sugerentes que me aportan. Incluso puedo decir que si de un curso me llevo dos ya me parece fantástico. Y con una… me conformo.

No cabe duda que las ISI (ideas sugerentes e indelebles) son personales e intransferibles. La que lo es para mí puede no serlo para otra persona. Entonces, y si para mi son indelebles y no necesito apuntármelas, y pueden no ser sugerentes para otros ¿por qué recogerlas?

Por lo mismo que cuando a una persona le chifla una canción le encanta que gente cercana a ella la escuche… ¡con ella! (aunque al otro quizá no le acabe gustando). Y ¿no es acaso un blog una forma de conectarse compartiendo ideas, experiencias, noticias…?

Un ejemplo, para mí muy claro, de ISI es la de la comparación que Boris Cyrulnik hace en algún lugar (recuerdo la idea pero no la fuente) de la salud mental de los ex-combatientes norteamericanos de la Guerra del Vietnam con los ex-combatientes norteamericanos de la Segunda Guerra Mundial. Cuando intentas explicar su idea del doble golpe o la doble herida observas las caras de desconcierto o no entender del auditorio. Pero cuando lo explicas con el anterior ejemplo, ineludiblemente todas las caras al unísono se relajan y asienten.

Y hablando de doble herida quiero compartir otra ISI relacionada con ésta y que, ésta vez, no he escuchado sino leído en el libro de Bernard Rimé “La compartición social de las emociones” (DDB). En el capítulo 8 sobre respuestas bienvenidas y no bienvenidas al la expresión del sufrimiento se habla del fenómeno de la “muerte vudú”

hechicero

En las tribus o pueblos donde se practica el vudú en ocasiones el hechicero lanza alguna maldición sobre alguna persona y, en ocasiones, y al cabo de unos días esa persona llega a morir.

La explicación psicológica se basa en dos fenómenos. Un primer proceso de profecía auto-cumplida. La noticia de la maldición provoca síntomas ansiosos que son interpretados como las primeras manifestaciones del hechizo entrando en una espiral auto-mantenida. Pero esto se agrava con la reacción del entorno que sabedor de la maldición la evita, se aleja de ella y la aísla.

La persona se convierte así en un “muerto en vida” y esta brutal reacción del entorno lo empuja a la desesperación y el sinsentido.

No podemos olvidar que muchas personas víctimas de un acontecimiento trágico expresan que desde ese momento tienen un sentimiento de “no pertenencia” (ya no soy como los demás). Pero como bien señalan las investigaciones y trabajos que recoge Rimé también el que escucha a la víctima desarrolla un pensamiento de “no pertenencia” al mundo de la víctima (Lo que le ha pasado es horrible, a mi no me ha ocurrido y no puedo estar a su nivel. A él lo torturaron, a mi no; a ella se le ha muerto un hijo, a mí no….)

Por eso cuando en las Jornadas de ADDIMA se nos preguntaba cómo debemos reaccionar ante la expresión del dolor por parte del otro yo sólo me atreví a responder que: reconociendo su dolor + acompañándole+ ¡Nada más!

Pero debía haber añadido: desplegando un puente con él a efectos de prevenir la “muerte vudú”

 

Pero como una cosa es que una idea sea una ISI y otra bien distinta es que yo la explique bien voy a copiar las conclusiones del capítulo del mencionado libro, y que me parecen magistrales (las negritas son mías). Si te basta con mi torpeza expositiva puedes dejar de leer. Pero yo te recomiendo que sigas.

Todo ello esperando que la editorial no me riña sino que lo considere como propaganda del libro y homenaje a su publicación

“Conclusiones: la preservación del lazo social:

    Las situaciones desgraciadas les son extrañas a la gente sana. Por tanto, generan en ellos un buen número de actitudes inapropiadas: torpeza, ansiedad, evitación, minimización, denegación, reprobación o denigración. Un mismo motivo subtiende lo esencial de esas manifestaciones. Es el de la propia protección ante una amenaza simbólica difícilmente tolerable, que constituye para ellos la exposición a la desgracia humana.

Entre las respuestas inapropiadas de los sanos, aquellas de las que dicen sufrir más las víctimas son la falta de reconocimiento y de implicación. Podemos extraer indicaciones importantes sobre la demanda social implícita de aquellos que sufren. Éstos saben que su experiencia negativa forma a partir de ese momento un compuesto indisociable de su personalidad, pero al propio tiempo experimentan el carácter fundamentalmente alienante de esta nueva parte de sí mismos; los coloca al margen del mundo al que han pertenecido hasta entonces. Los sentimientos de soledad y de ansiedad que engendra esta alienación son difíciles de soportar. La demanda implícita que esas personas dirigen entonces a su entorno apunta a la invalidación radical de la alienación. Esta demanda se articula en dos tiempos. Primero, ellos quieren reconocimiento: que sus allegados e incluso la sociedad entera admitan y validen incondicionalmente esa parte nueva de su identidad. A continuación, quieren implicación: que sus allegados se comprometan en su caso, que le aporten amor, intimidad, adhesión, ayuda, apoyo y asistencia. Mediante tales actos, los allegados garantizarán el carácter inalterable del vínculo que los une a la víctima. Darán prueba de facto de que ese lazo transciende los riesgos del destino, y que aquel que sufre sigue siendo objeto de las mismas atenciones sociales que en el pasado.

rime ¿Por qué es tan importante preservar el lazo social para aquel que sufre? El análisis del fenómeno de la “muerte vudú” propuesto en otro tiempo por Walter Cannon permite responder a esta pregunta de manera ilustrativa. En la cultura vudú, se le reconoce al brujo el poder de echar una maldición a un miembro de la comunidad. Cuando quiere ejercer este poder, el brujo apunta con un instrumento simbólico hacia su víctima. Posteriormente, ésta se va deteriorando y muere en un plazo de tiempo relativamente corto. Las descripciones antropológicas de este fenómeno intrigaron al gran fisiólogo de la emoción. Su lúcido análisis puso en evidencia las condiciones para que sea posible esta condena a muerte (Cannon, 1942). La condición más fundamental es la creencia consensual en el poder del brujo: es el origen del impacto emocional de la condena en la víctima. Ella cree en esa condena. Los importantes cambios fisiológicos que resultan de ello alimentan a continuación en esta víctima un análisis confirmatorio: se toman los síntomas emocionales como las primeras manifestaciones de los efectos de la maldición. Pero lo esencial viene después, con las manifestaciones del entorno. En la comunidad que comparte esa creencia, la víctima del brujo es a partir de entonces tratada como alguien que ya no pertenece al mundo corriente, al mundo de los vivos. Desde ese momento, la situación evoluciona rápidamente: las emociones de la víctima se acentúan, los síntomas se agravan, deja de cuidarse a sí misma, su estado se degrada. Muere en algunos días. Dos procesos diferentes se han combinado así para desembocar en esta ejecución a muerte social: el primero se deduce del poder simbólico atribuido al brujo; el segundo es el efecto de la exclusión social consensual. El ejemplo muestra de manera caricaturesca las consecuencias confirmatorias dramáticas que pueden resultar de la exclusión social cuando ésta se manifiesta en dirección a una persona predispuesta ya a creer que su destino está sellado.

    A los ojos del que sufre, lo que acarrean las manifestaciones de su entorno de evitación, minimización, denegación, reprobación, denigración o ansiedad es claramente un sentido de aislamiento y de exclusión social. Y a la inversa, justamente sentirá su integración social salvaguardada mediante demostraciones de adhesión, escucha incondicional y comprensión empática con respecto a él. Toda manifestación del doble afán de reconocimiento-implicación será portadora de esta significación social. Cuando la víctima lo experimenta claramente, lo esencial está a salvo. No es entonces exagerado decir que el afán de reconocimiento-implicación representan el ABC de las respuestas que hay que dar ante la expresión de la desgracia.

    La doble tarea sobre la que acabamos de insistir está lejos no obstante de ser lo único que esperan las víctimas. Deben añadirse otras dimensiones importantes de apoyo social y, en particular, el enfoque cognitivo, con la información, el análisis y la ayuda para la comprensión de la experiencia emocional, así como las dimensiones de asistencia concreta e intervención pragmática. El desarrollo de los capítulos siguientes nos ayudarán a despejar lo que en profundidad está también en juego en esas dimensiones.”

3 Comments

  1. curioso post javier tienes k empezar a patentar los palabros. Me surge una pregunta el puente de donde a donde? sobre k lo cimentas? es como el de la imagen de dos anclajes o tiene en el medio soportes previos?

    1. Pues la verdad Iñigo es que me pillas… porque la metáfora del puente no la he pensado mucho. Simplemente quería reflejar la idea de que siendo capaz de reconocer el dolor de la víctima y no salir corriendo (fisica o psicológicamente) ya estaríamos frenando la “muerte vudú” de la víctima. Pero si acepto tu reto me inclino por pensar que se trata de un puente levadizo con dos segmentos, cada uno anclado en una orilla. Y eso porque ya sabes que para mi esto de la resiliencia es interactivo más que individual. Podemos aproximarnos a la víctima pero, por lo que sea, ésta puede no estar receptiva.
      Vosotros mismos trabajais (en vuestro Centro de Preservación Familiar de Salburua en Vitoria) desde vuestra orilla con la potencia de vuestra mirada distinta hacia los menores y sus familias. Pero me imagino que eso no evita que pueda haber una familia o un o una menor que por su historia o por lo que sea pueda ser muy refractaria a vuestra mirada.
      Tengo el pleno convencimiento (y cada vez más) de que vuestro enfoque es sin duda el perfecto y el que todos los interventores deberíamos usar (incluso como creyente creo que es la manera en que Dios mira a cada uno de nosotros: sé que eres un bandarra pero no me importa porque te quiero) pero suponiendo que ese Dios exista, sólo hay uno, y no podemos ser salvadores de todo el mundo ¿no?. Por eso pienso que el apoyo emocional tiene que ser ofrecido desde fuera pero que la víctima en su desesperación o, incluso, en su libertad, puede rechazarlo.
      Y como tu bien dirias… los pilares en la parte de quien ofrece el apoyo serían… QUERER, PODER y SABER darlo. Porque ya sabemos que hay gente que con toda la buena intención da ayudar consigue justo todo lo contrario.
      En fin… que ¡menudas preguntistas te gastas! Si sigues así te voy a tener que vetar.
      Un abrazo
      Y por el medio que quieras ya me das tu opinió (donde las dan las toman)

  2. Buena noches Javier. No quería ponerte en ningún brete, cundo ví lo del puente pensé, otra cosa que no se me ha ocurrido a mi jajaja. Me intrigaba saber qué plus añadías.
    Lo del tema de la refracción es muy claro: tiempo. Cómo se van a fiar alguno de nosotros si les han dado por todos los lados, en especial la gente que “más les quería”. La incondicionaldad rompe el cristal. Quizás, siguiendo con tu metáfora, nuestra labor es la de testear el puente, saltar encima de él, ir y venir para que vea que es seguro, sólido y lleva al otro lado.
    Aún así me gusta mucho el concepto de muerte vudú, y a la mente me viene dos o tres chavales que los hemos perdido por esa razón. Es muy interesante.
    un abrazo amigo

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