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No hace mucho, en una entrada, me refería a la película “Intocable”.

Esta tarde he descubierto con agrado en una librería que la Editorial Salamandra acaba de publicar “Una amistad improbable” (bello y certero título) en el que Abdel Sellou cuenta su vida y su encuentro con  Philippe Pozzo di Borgo

Lo he comprado. Creo que poder analizar detenidamente esta relación de ayuda tan “improbable” bien vale los 15 eurillos que cuesta. Copio algunos párrafos de  la web de la editorial y del propio libro:

«Llamé a la puerta de Philippe Pozzo di Borgo para pedirle una firma. Era 1994, y él aún no se había convertido en el héroe tetrapléjico más famoso de la historia del cine. Quería su firma para poder cobrar el paro. Él prefirió darme trabajo. Peor para mí. No. Mejor para mí. Yo tenía veintitantos años, acababa de salir de prisión, no sabía qué hacer con mi vida y sólo pensaba en divertirme. Philippe estaba desesperado, no tenía nada que perder. Juntos tentamos al diablo. Philippe me abrió los ojos a un mundo que yo creía detestar, el mundo de quienes lo tienen todo. Y yo lo invité a conocer mi mundo, el de quienes no tienen nada [...] Estábamos destinados a no entendernos. Pero acabamos siendo íntimos amigos.» Abdel Sellou

«He tenido la suerte de leer el libro de Abdel antes que nadie. Me he reído, he llorado [...] y he pensado: Abdel, nunca dejarás de asombrarme…» Philippe Pozzo di Borgo

Estrenada en Francia en noviembre de 2011, la película Intocable se ha convertido en un éxito formidable. Con casi 19 millones de espectadores, ha desbancado a la que durante décadas fue la máxima referencia del cine francés: La gran juerga, de Louis de Funes. Intocable narra la amistad de dos hombres separados por un abismo social: el aristócrata Philippe Pozzo di Borgo, director de Champagne Pommery, que quedó tetrapléjico tras un accidente de parapente; y Abdel Sellou, un joven del extrarradio de origen argelino que, contra todo pronóstico, se convirtió en su cuidador y lo ayudó a recuperarse de una profunda depresión. En este libro, la pieza que faltaba en el cuento de hadas en que se ha convertido la vida de estos dos hombres, Abdel ofrece sin sentimentalismo su versión de los hechos.

Abdel Sellou, nacido en Argel en 1971, fue un muchacho de barriada parisina que un día se convirtió en el improvisado ayudante sanitario de un millonario incapacitado. En la actualidad es un próspero empresario y padre orgulloso, que divide su tiempo entre Argelia, Francia y Marruecos, donde vive ahora su antiguo jefe, amigo y benefactor, Philippe Pozzo di Borgo.

Me gustan los aforismos porque son al entendimiento lo que el microcuento a la literatura.

Se trata de declaraciones u oraciones concisas que pretenden expresar un principio de una manera sucinta, ingeniosa o llamativa y coherente.

Son para mí una inspiración los libros (recopilaciones de aforismos propios) de Jorge Wagensberg en la editorial Tusquet

Portada de Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta? Portada de A más cómo, menos por qué  Portada de Más arboles que ramas

Me he sonreído con alguno de sus aforismos (“Una cebra no necesita correr más que una leona. Necesita correr más que otra cebra”) y he pensado con otros (“A más cómos, menos porqués” que yo completo con “… y más para qués“)

Pretendo (de pretencioso) imitarlo pero concentrándome en el tema de este blog: la resiliencia y la relación de ayuda.

 

 

 

Suponiendo que alguien siga asiduamente este blog le habrá extrañado que titule así esta entrada.

Siempre me he rebelado contra la concepción de la resiliencia como una cualidad personal que se tiene o no o, me da igual, que se puede adquirir como quien aprende a conducir o a manejar un ordenador. Prefiero (no digo que tenga razón) entender la resiliencia al menos como un proceso interpersonal.

Y ahora me desayuno con un comentario titulado “Enseñar la resiliencia”. Pero el titulo tiene trampa como al final explicaré.

Todo viene a colación de que hace ya unos meses Elena Cobler, de Tarragona, se puso en contacto con el Grupo de Trabajo sobre Resiliencia de Valencia y compartió con nosotros su experiencia de inclusión de un Taller de resiliencia dentro de un programa de atención a las víctimas de violencia de género de la Guarda Urbana de Reus.

Aunque ya lo presentó en el Congreso de Resiliencia de Barcelona (2010) ha sido tan amable de enviarnos una breve reseña y autorizarnos a ponerlo a vuestra disposición (pincha AQUÍ) y a dar su e-mail por si alguien quiere ponerse en contacto con ella (lenacob@hotmail.com).

Particularmente pienso que es una buena idea introducir talleres sobre resiliencia en los programas de atención a las víctimas. Porque creo que los talleres pueden ayudar a equilibrar el resto de actuaciones que se hacen para ayudarlas.

Ante una desgracia humana la gente, y por tanto la sociedad puede adoptar muchas posturas diferentes pero, en todo caso, la relación de ayuda puede moverse entre dos extremos:

  • Reconozco tu problema pero depende absolutamente de ti superarlo. Otras personas lo han superado, inténtalo.
  • Reconozco tu problema, no te preocupes nosotros nos encargamos de todo.

La primera postura surge precisamente de una peligrosa interpretación de la resiliencia que ya han denunciado algunos autores. Si la resiliencia se tiene o no se tiene; si es una cualidad personal, tenemos la excusa perfecta para no hacer nada. Si eres resiliente saldrás adelante, si no lo eres da igual lo que te ayudemos.

La segunda postura es fruto de lo que yo he llamado “proteccionismo ilustrado” es decir “todo para la víctima… pero sin la víctima”. Y precisamente lo que se consigue así es la “victimización” (no me refiero a la re-victimización). No te miramos como persona, sino sólo como víctima. Tu sufrimiento nos escandaliza tanto que nos ponemos como locos a hacer un montón de cosas. Y ya de paso te digo yo lo que puedes y debes hacer o no hacer. Porque tu eres la víctima, pobrecita, y yo… tu salvador o salvadora.

Por eso pienso que son positivas todas aquellas iniciativas, como la que Elena nos explica, en la que se introducen talleres sobre resiliencia tanto para los usuarios o usuarias de programas de intervención social como para los profesionales. Con ellos se puede inocular una idea para mí esencial para definir bien la relación de ayuda: “No todo depende de ti, no todo depende de mi” (Si todo depende de mi tu eres nada. Si todo depende de ti, yo soy nada)

Esta reseña al trabajo de Elena no se llama “Enseñar resiliencia” sino “Enseñar la resiliencia”. Y además “enseñar” tiene muchas acepciones pero una de ellas es “mostrar”.

En definitiva, creo que mostrar la resiliencia, que es algo que siempre ha existido pero que no siempre hemos visto los interventores sociales, es una buena manera de posibilitarla.

Gracias, Elena.

Cuando hace ya un “tiempecito” conocí la famosa “Casita de la resiliencia” presentada por Stefan Vanistendael me chocó que el desván de la misma lo definiera como la “apertura a otras experiencias”.

¿Cómo podía ayudar a una persona en una situación difícil conocer otras experiencias distintas a la suya? Sin embargo, desde entonces, la vida no ha hecho otra cosa que convencerme de la importancia de una ventana a otras realidades.

Muchas veces (cada vez menos, es cierto) he oído a gente  criticando, por ejemplo, el acogimiento temporal de niños apelando a que se iba a poner al niño en una situación mejor que la que tenía para, probablemente, luego devolverle a su situación (peor) de origen.

Evidentemente la lógica de partida del acogimiento no es esa (la del acogimiento simple en España que no las estancias vacacionales de menores saharauis, etc.). Se pretende con esta medida que el niño o la niña vuelvan a una situación familiar de origen mejorada durante el acogimiento. Pero todos sabemos que no siempre podemos afirmar que esto sea así.

En todo caso creo que la secuencia MALO – MEJOR – MALO siempre es mejor que la secuencia MALO – MALO – MALO. Por eso mantengo que el acogimiento familiar temporal de menores tiene sentido. Precisamente porque puede suponer hacer subir a un menor a un desván desde cuya ventana se ve un paisaje atractivo que le motive a (le haga desear) salir de una casa con goteras y grietas.

Entiendo que mucha gente no lo vea así. Pero me cuesta más entender porque entonces esa misma gente se toma todos los años su mes de vacaciones. ¡Es cruel si luego van a tener que volver a su trabajo!.

Ni tampoco entiendo que estén de acuerdo en que sus hijos vayan “de Erasmus” a Noruega, Bélgica e Inglaterra. Probablemente aleguen que es un experiencia enriquecedora.

Al parecer es aceptable una secuencia BUENO – MEJOR – BUENO pero es intolerable y cruel una secuencia MALO – MEJOR – MALO. Las experiencias temporales enriquecedoras  son crueles… ¡excepto para los ya ricos!.

Al parecer también a la gente que sufre la adversidad hay que convencerla de que debe salir adelante, de que luche por mejorar…¿Por qué? Porque sí. Por que es lo razonable. Lo cual sería acertado si el ser humano fuera razonable pero me temo, o quizá me alegro, que no es así. No hay nada como una buena emoción para que “movamos el culo” (perdón).

En todo caso ya dijo no sé qué padre de los planteamientos sistémicos: “la noticia de una diferencia es el primer paso para el cambio” (o algo así). Tendemos a pensar que la realidad es como es y no puede ser de otra manera. Pero el día que descubrimos que sí puede ser de otra manera ya nada será igual.

El jueves pasado tuve el placer de recoger y enseñarle el centro en el que trabajo a Iñigo,  educador de la entidad IRSE-Álava (Instituto de Reintegración Social de Álava) que trabaja en un Centro de Preservación Familiar en Vitoria. Cristina Rojo, la coordinadora del área residencial, que me conocía de este dichoso blog en el que ya es una “asidua comentarista”, me pidió si podía atenderlo ya que venía a Valencia al Congreso de Educadores Sociales.

Pues bien… la conversación con Iñigo, a lo largo de dos horas, fue para mí como si me abriera una ventana y viera un paisaje desconocido y atractivo. No se trata ahora de explicar los detalles de esta sensación. Simplemente diré que en la Comunidad Valenciana no existen Centros de Preservación Familiar. Tenemos Servicios de Intervención Familiar (SEAFIS) y Centros de Día de Menores. Pero no las dos cosas juntas.

Iñigo, que es un tipo de encantador, abrió la ventana y dijo: – Mira –. Y yo dije: -¡Ostras!…  Pero cuando se fue NO ME QUEDÉ FASTIDIADO pensando: ¡Que asco… nosotros no lo tenemos!. Al revés. Pensé… ¡Que chulo! ¡QUIZÁ ALGÚN DÍA…!

Si como profesionales a veces necesitamos subir al ático, abrir la ventana y mirar lo qué hay más haya de nuestros límites cotidianos, ¿no deberíamos pensar que la gente que está en situaciones desfavorables necesita experiencias gratificantes que le insuflen “el realismo de la esperanza”?

He sido beneficiario de la curiosidad de Cristina e Iñigo y además estoy seguro de que los menores y familias del Centro de Preservación Familiar de IRSE en Vitoria tienen suerte de que sus profesionales miren la vida con gafas de resiliencia.

(Ubicación en el blog-rrador: 8.d)

Ayer tuve el placer de compartir un rato con un grupito de padres del I.E.S. “La Vereda”  de La Pobla de Vallbona (Valencia). En una serie de charlas a lo largo del curso organizadas por Conexión Educación se propuso el tema de la “Formas de manipulación adolescente hacia sus padres”.

Siendo padre y acogedor de adolescentes acepté el reto de prepararla y, no sé si a los padres que ayer me aguantaron, pero a mí  me ha servido para entender el para qué de la adolescencia. Sobre el porqué de la adolescencia ya hay mucho escrito ¿no?

Me he propuesto redactar la charla pero para obligarme un poco más voy a colgar la presentación. Y de paso inaugurar una serie más: Crecer y educar en tiempos difíciles, sobre la resiliencia y la relación de ayuda en las relaciones paterno filiales.

¿Qué permite a un niño sobrevivir de una situación traumática? ¿Qué herramientas pueden poner en marcha ante el sinsentido del maltrato, la humillación, vejación al que muchos están sometidos por los adultos que en principio le tienen que proteger?

Muchos estudios nos pueden dar alguna respuesta a estas preguntas.  Conocer el sufrimiento de las personas que han sobrevivido a estos traumas nos permite entender los mecanismos internos que se ponen en marcha para paliar el dolor.

Uno de estos puede ser la imaginación (Cyrulnik). Crear un mundo imaginario donde pasan a ser protagonistas de una historia feliz, donde se sienten aceptados, queridos, respetados por los demás, donde son capaces que eliminar las etiquetas que les han ido poniendo y les permite paliar la soledad a la que están sometidos. Se dice que uno de los peores maltratos a los que pueden someter a los seres humanos es la soledad, la incomunicación absoluta. ¿Cómo sobrevivir a esto? Las historias contadas por los protagonistas de estas situaciones nos ayudan a entender. En el cine tenemos varios ejemplos de la importancia de la imaginación o la fantasía que nos permite adentrarnos a un mundo que no es el nuestro (conscientes de ello), pero a la vez nos permite proyectarnos en un futuro por el que se puede luchar, si se dan también las condiciones externas necesarias.

Uno de estos ejemplos es “La vida es bella”. La imaginación del padre, la historia paralela a la realidad en la que introduce a su hijo, consigue el objetivo que persigue. La supervivencia de su hijo ante un mundo hostil.

Otra película quizá menos analizada en estos términos es “Nell”, basada en la historia del niño perdido de Avignon. No voy a desmenuzar la historia simplemente me centraré en su relación con la resiliencia.

 

A lo largo de la película aparecen diferentes escenas donde la protagonista juega con una niña, su hermana gemela muerta siendo pequeña. El recuerdo de esa hermana le permite sobrevivir del aislamiento social a la que está sometida por su madre como forma de protegerlas de la maldad de los hombres. Utiliza este recurso hasta que aparecen en su vida personas con la intención de ayudarla y “salvarla” de las condiciones de vida en las que vive. En este momento el director utiliza una metáfora muy significativa donde Nell imagina a su hermana hundiéndose en el agua, metáfora que nos ayuda a entender el cierre del duelo por su hermana y el inicio de una nueva vida acompañada de personas que le quieren.

Las personas necesitan cerrar heridas creadas por la adversidad para poder aprovechar las oportunidades que la vida les da e iniciarse su proceso de resiliencia, las personas que  permanecen centradas en el victimismo ante su adversidad difícilmente podrán coger la mano que se les tiende ni disfrutar de las pequeñas cosas cosas que la vida les da.

En la película, que no tiene desperdicio desde el principio hasta el fin,  podemos ver como se inicia la relación de ayuda y como esta relación nunca es unidireccional sino la que la relación de ayuda ofrece siempre una doble vía donde todas las personas implicadas en el proceso ganan.

Los protagonistas de la historia lo resumen así: “creíamos que nosotros la íbamos a ayudar y sin embargo tengo la sensación que ella es la que nos ha ayudado a nosotros” “No te diste cuenta, tú fuiste la primera en necesitarla”.

Otra de las reflexiones a las que nos puede llevar la película es la necesidad que en ocasiones tenemos de patologizar las cosas. Cualquier terapeuta nos diría que esta imaginación proviene de una patología mental, lo podríamos incluso tildar de brote psicótico donde Nell tiene y mantiene una alucinación con la que juega.

Visto desde fuera esta sería una interpretación válida de la historia, de hecho en un momento de la película el Doctor diagnostica a Nell con el síndrome de Aspenger por su incapacidad de relacionarse con los demás, y a partir de este momento no necesitamos ir más allá, tenemos la explicación perfecta para la conducta del sujeto y se inicia el proceso de tratar esta patología.

Cuantas veces interpretamos los síntomas sin conocer realmente lo que esta ocurriendo en el interior de la persona. En lugar de ver la imaginación como un recurso interno que favorece la supervivencia de la persona y el proceso de resiliencia, etiquetamos interpretando a partir de este momento toda conducta del sujeto en aras a confirmar nuestro diagnóstico.

Ejemplo claro lo vemos constantemente en consulta cuando nos llegan niños diagnosticados de hiperactividad en el mejor de los casos y que a partir de este momento tanto los padres como los profesionales tienen la excusa perfecta para explicar su comportamiento sin necesidad de reflexionar que estamos haciendo entre todos para mantener esta conducta.

Con esto no quiero evidentemente mantener que no exista la patología ni que haya que tratarla, sino simplemente que para poder diagnosticar tendremos que conocer realmente la historia del sujeto, los componentes externos e internos que mantienen las conductas y la función que cumple el síntoma tanto para el sujeto como para las redes sociales con las que cuenta.

Sirva como ilustración un caso que trate cuando me iniciaba en esto de la psicología, un profesor me derivó un niño al que califico de insufrible, movido, inquieto, incontrolable, falto de atención…. Es decir, la sintomatología de libro de una hiperactividad. La definición que hizo del niño fue simple: es malo. Al entrevistarme con él  a la pregunta de ¿cómo es Pepito? el niño contestó: Soy malo. ¿Que te hace decir esto?- le pregunté. El niño contestó: está claromi madre dice que soy malo, mi padre también igual que mis hermanos y mi profesor, por tanto soy malo.

A este niño sólo le quedaba una cosa: cumplir lo que le habían dicho de si mismo para lograr la atención de los demás.

A través de su conducta lo único que buscaba era encontrar un sitio en su familia, mantener la atención de una madre sobrepasada por la ansiedad y de un padre ausente cuya principal función era ganar dinero para mantener una familia numerosa y de paso huir de la locura y descontrol que se vivía en su casa. Su único contacto con el niño era para reñirle y castigarle por la retahíla de cosas que le contaba su mujer nada más abrir la puerta casa. Modificar la dinámica familiar sirvió para descargar a  Pepito de la etiqueta que le habían puesto. Podía tener otro lugar diferente al que le habían otorgado.

Quizá lo más sencillo sea medicar al niño para tranquilizarlo pero quizá también esto no haga más que enmascarar el problema latente y que en muchas ocasiones nos cuesta ponerle un nombre. Al fin y al cabo en las familias puede aparecer una voz disfrazada de síntoma que nos esté diciendo que algo no funciona bien.

Los mecanismos internos para la resiliencia pueden ser variados y uno de ellos es la imaginación. Intentemos por tanto favorecer este recurso en los niños que viven situaciones adversas estando atentos a la fina línea que separa un recurso adaptativo de una patología.

Cuando la vida se vuelve insufrible imaginar otros mundos posibles puede ser un tutor de resiliencia.

En una prueba evidente de que Internet permite fórmulas de colaboración antes impensables la serie de Estrategias para la resiliencia comienza con una aportación de Pilar Surjo de Bunes que ha sido más rápida que el propio de Grupo de Trabajo sobre Resiliencia de Valencia en proponerla. El Grupo se ha limitado a sugerir alguna idea, que ella ha aceptado, y por tanto, debemos agradecerle su trabajo y su entusiasmo.

Puede sorprender que la primera estrategia sea en realidad un modelo teórico. Sin embargo el grupo considera que dicho modelo es en, en cierto modo, una meta-estrategia, es decir una estrategia para diseñar estrategias. De hecho consideramos que en las próximas fichas veremos muchas propuestas cuyo objetivo es alguno o algunos de los 8 recogidos en esta primera aportación a la colección, y que incluso, en este sentido, es útil que se publique la primera.

Por ello nos parece que Pilar ha tenido una intuición muy interesante al proponer “La Rueda de la Resiliencia” para este proyecto.

Si quieres descargar la ficha en formato PDF pincha AQUÍ.

 

1.- NOMBRE:

LA RUEDA DE LA RESILIENCIA (Seis pasos para fortalecer la resiliencia en la escuela)

2.- DESCRIPCIÓN:

Se trata de un modelo teórico propuesto por Henderson y Milstein, que se expone a continuación, que se representada gráficamente por los autores y que ha demostrado su utilidad para diseñar actuaciones para fomentar la resiliencia en contextos educativos. Se trata, por tanto, de una “estrategia para la planificación”

La bibliografía sobre el riesgo y la resiliencia recalca que las escuelas son ambiente clave para que los individuos desarrollen capacidad de sobreponerse  a la adversidad, se adapten a las presiones y problemas que enfrentan y adquieran las competencias –social, académica y vocacional- necesarias para salir adelante en la vida. De estas investigaciones surgen seis puntos relevantes que muestran de qué modo las escuelas, así como las familias y comunidades, pueden aportar los factores protectores ambientales y las condiciones que fomentan los factores protectores individuales. Estos temas conforman una estrategia de seis pasos para promover la resiliencia en las escuelas.

3.- OBJETIVOS:

Servir como guía a l@s docentes o l@s profesionales del contexto educativo (u otro contexto) para diseñar estrategias o líneas de actuación para favorecer la resiliencia de l@s alumn@s.

Para ello la “Rueda” propone 6 pasos.

Pasos 1 a 3: Mitigar el riesgo

1. Enriquecer los vínculos. Esto implica fortalecer las conexiones entre los individuos y cualquier persona o actividad prosocial, y se basa en pruebas indicativas de que l@s niñ@s con fuertes vínculos positivos incurren mucho menos en conductas de riesgo que los que carecen de ellos. De manera análoga, la bibliografía sobre el cambio escolar también hace hincapié en la necesidad de vincular alumn@s con el  rendimiento escolar y académico conectando a cada un@ con su estilo de aprendizaje preferido.

2. Fijar límites claros y firmes. Consiste en elaborar e implementar políticas y procedimientos escolares coherentes y responde a la importancia de explicitar las expectativas de conducta existentes. Estas expectativas deben incluir la de encarar las conductas de riesgo para l@s alumn@s y tendrán que ser expresada por escrito y transmitidas con claridad, indicando los objetivos que se espera cumplir.

3. Enseñar habilidades para la vida. Incluyen: cooperación, resolución de conflictos, estrategias de resiliencia y asertividad, destrezas comunicacionales, habilidad para resolver problemas y adoptar decisiones , y un manejo sano del estrés.

Enseñarlas y reforzarlas de forma adecuada ayudan al alumnado a sortear los peligros de la adolescencia como son el alcohol, tabaco y otras drogas. También son importantes para crear un medio que procure el aprendizaje “significativo” de los alumn@s y ayude a los adultos a participar de interacciones eficaces dentro de la escuela.

Pasos 4 a 6: Construir resiliencia

4. Brindar afecto y apoyo: Esto implica proporcionar respaldo y alientos incondicionales.

Es el más crucial de todos los elementos que promueven la resiliencia y de hecho, parece casi imposible “superar” la adversidad sin la presencia de afecto.

Este afecto no tiene que provenir necesariamente de los miembros de la familia biológica. A menudo lo brindan, docentes, vecin@s, profesionales, así como otras entidades. Los pares y hasta las mascotas pueden funcionar como constructores de resiliencia para adultos y niñ@s.

Quienes intentan reformar la educación reconocen que un ambiente afectivo es esencial como base de sostén para el éxito académico.

5. Establecer y transmitir expectativas elevadas (y realistas) que obren como motivadores eficaces (especialmente con aquell@s con aquell@s escolares que cargan con uno o más “rótulos” o “etiquetas” ) cuyo objetivo sea que las habilidades y potencial de alumn@s y docentes se reconozca y estime.

6. Brindar oportunidades de participación significativa: Significa otorgar a la comunidad educativa –alum@s, personal escolar y familias- una alta cuota de responsabilidad por lo que ocurre en la escuela, dándoles oportunidades para resolver problemas, tomar decisiones, planificar metas y ayudar a otros. Que la enseñanza se vuelva más “práctica”, el currículo sea más “pertinente” y atento al mundo real, y las decisiones se tomen más a menudo en el lugar de trabajo con activa participación de todos los miembros de la comunidad escolar permitiéndoles participar

4.- RELACIÓN CON LA RESILIENCIA:

Aplicados en combinación, estos seis pasos han dado como resultados en l@s alumn@s una concepción más positiva de sí mism@s, un mayor apego a la escuela, un mayor compromiso con las reglas y mejores puntuaciones en los test estandarizados, así como significativos descensos en actividades delictivas, consumo de drogas y suspensos. Se ha constatado que estos pasos son factores cruciales para fortalecer la resiliencia en niñ@s y adultos.

5.-OTROS FUNDAMENTOS:

El documental “Pensando en los demás” emitido en su día por TV3 (traducido del japonés al catalán y subtitulado en castellano) muestra como un profesor japonés maneja su clase durante todo un curso escolar. Aunque no tiene ninguna relación directa con la “Rueda de la Resiliencia” en nuestra opinión puede servir de ejemplo a cómo se pueden trabajar cada uno de los 6 objetivos de la misma en el aula. Se puede encontrar en Internet.

6.- AMBITO DE APLICACIÓN:

De utilidad para la planificación en contextos educativos de forma que los mismos sean favorecedores de la resiliencia en sus alumn@s.

Escuela, docentes y alumn@s.

7.- VARIACIONES:

La Rueda de la Resiliencia puede aplicarse a la construcción de resiliencia en individuos, grupos u organizaciones enteras, porque las condiciones necesarias para fomentar la resiliencia son las mismas en todos los casos. Otra manera de considerar la rueda es verla como una Red de Resiliencia. Cualquier persona, grupo u organización puede evaluarse en función de la fuerza que tiene los hilos de la red en cada uno de sus seis segmentos, y todos resultarán beneficiados al entretejerse más hilos, más protección, en cada segmento.

8.- FUENTE/S:

La estrategia ha sido propuesta y trabajada para su incorporación al proyecto por Pilar Surjo de Bunes

La fuente original es:

Henderson,Nan; Milstein, Mike M., La resiliencia en la escuela. Paidos, Barcelona, 2003

Otras  referencias  bibliográficas:

Bernard, B. (1991): Fostering Resiliency in Kids: Protective Factors in the Family, School, and Communty, San Francisco, WestEd Regional Educational Laboratory.

Hawkins, J. D. y Catalano, R. F. (1990): 20 Questions: adolescent Substance Abuse Risk Factors (material audio), Seattle, WA, Developmental Research and Programs.

Hawkins, J. D.; Catalano, R. F. y Millar, J. Y. (1992): “Risk and protective factors for alcohol and other drug problems”, Psychological Bulletin, 112 (1), págs. 64-105.

Werner, E. E. y Smith, R. S. (1992): Overcoming the Odds: High-Risk Children from birth to adulthood, Nueva York, Cornell University Press.

Wolin, S. J. y Wolin, S. (1993): The Resilient Self: How Survivors of Troubled Families Rise above Adversity, Nueva York, Villard.